Tráiler de STING. ARAÑA ASESINA: terror no apto para aracnofóbicos

El próximo 28 de marzo, llega a los cines españoles la película Sting. Araña asesina, un film de producción australiana, bajo la dirección de Kiah Roache-Turner (saga Wyrmwood), que promete angustia, fobia y terror a partes iguales.

Está protagonizada por Alyla Browne (Furiosa, Sonic 3), Jermaine Fowler (El Rey de Zamunda), Robyn Nevin (Matrix Reloaded, Matrix Revolutions) y Ryan Corr (Holding the man, María Magdalena).

Es la historia de Charlotte, una rebelde niña de 12 años, que adopta como mascota a una pequeña araña que encuentra en su ruinoso edificio. Pero cuando esta empieza a adquirir un tamaño gigantesco y su apetito es cada vez más insaciable, Charlotte y su familia se verán atrapados y obligados a luchar por su supervivencia.

Cartel de Sting. Araña asesina.
Cartel de Sting. Araña asesina.

CRÍTICA | CAPITAN AMÉRICA. BRAVE NEW WORLD. Ni valiente, ni nueva

Con un título que cita La Tempestad de William Shakespeare y, sobre todo, Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, nos ha llegado la nueva película del Universo Cinematográfico Marvel protagonizada por el Capitán América, aunque en este caso no sea el icónico Steve Rogers, al que hasta ahora ha interpretado en la franquicia Chris Evans, sino Sam Wilson, antes conocido como El Halcón, de acuerdo a los acontecimientos de Avengers. Endgame y la serie Falcon y el Soldado de Invierno. La película llega también en un momento donde Marvel Studios necesita hacer un cambio de rumbo y de tono después de la mala recepción de los últimos títulos de la serie.

CONTINUIDAD MARVELITA

Las llamadas Fases 4 y 5, es decir, aquellas que han llegado tras los acontecimientos Avengers. Endgame han mostrado una deriva nada positiva para la franquicia. A excepción probablemente de Spiderman. No Way Home y la segunda temporada de Loki, el último lustro de cine y televisión Marvel ha resultado muy decepcionante, lo que llevó a la compañía a hacer recapitulación y buscar la manera de recuperar el favor de los fans. Con la primera aventura de Sam Wilson como Capitán América, la idea era recuperar el tono de thriller político que convirtió a Capitán América. El Soldado de Invierno en uno de los títulos mejor valorados de toda la franquicia.

Capitán América. Brave New World retoma varios temas de la serie Falcon y el Soldado de Invierno (con la que comparte no sólo guionistas sino varios miembros del equipo de producción, técnicos, segunda unidad y especialistas), como las dudas de Sam Wilson acerca de ser el candidato idóneo para continuar el legado de Steve Rogers, su falta de superpoderes al no haber recibido el suero del supersoldado, o personajes como Isaiah Bradley, usado y traicionado por el gobierno de los Estados Unidos en su intento de crear un nuevo Capitán América, mientras Steve Rogers estaba congelado en las aguas del Ártico.

A esto se suma un mayor protagonismo del General (ahora presidente de los Estados Unidos) Thaddeus Ross, gran perseguidor en la historia de los comics de Bruce Banner/ Hulk, y que hasta su fallecimiento en 2022 había sido interpretado en el UCM por William Hurt, siendo aquí sustituido por Harrison Ford. En este sentido, otro antecedente relevante para esta nueva aventura es El Increíble Hulk de 2008, a día de hoy única cinta protagonizada por el Gigante Esmeralda en el UCM (la versión de Ang Lee de 2003, de momento queda fuera del canon, aunque eso podría cambiar con el proyecto de adaptar World War Hulk).

Harrison Ford y Anthony Mackie en Capitán América. Brave New World. © 2024 MARVEL.
Harrison Ford y Anthony Mackie en Capitán América. Brave New World. © 2024 MARVEL.

QUÉ MISTERIO HABRÁ

Capitán América. Brave New World se plantea como un thriller de acción con trama política, donde la mayor parte de la trama sigue la investigación de una infiltración terrorista en la propia Casa Blanca. Sin embargo, todo este apartado tiene dos problemas principales. El primero es un caso de escritura plana y carente de originalidad en el guion. La película está nutrida de diálogos incapaces de salirse del lugar común, con frases hechas y consignas nacionalistas estereotipadas. Los personajes carecen de peso dramático, incluso el protagonista, en su lucha interior por convencerse a sí mismo de ser el nuevo Capitán América, carece de convencimiento.

El escaso carisma de Anthony Mackie tampoco ayuda. Como secundario podía tener cierta gracia, pero si al personaje le queda grande el escudo, al actor le queda grande un protagónico así. Tampoco es que los secundarios más interesantes estén especialmente aprovechados. Harrison Ford, Tim Blake Nelson o Shira Haas (descubierta en la fantástica Unorthodox) hace lo que pueden con personajes a los que les falta combustible. A esto hay que sumar el desperdicio de actores como Giancarlo Esposito, quien, francamente, parece bastante desorientado con su papel.

El otro problema grave de la película tiene que ver con el componente de suspense. Una cinta de estas características está construida hacia un final revelador y sorprendente, algo que quedó sacrificado en el propio tráiler de la cinta. Todo el complot del villano, toda la trama de la película, toda el intento de tensión acumulado, iba dirigido a la revelación del clímax final. Visto el tráiler, ya toda esa pretendida construcción dramática se va al garete en favor de un efectismo para atraer a más público a la sala.

Anthony Mackie en Capitán América. Brave New World. © 2024 MARVEL.
Anthony Mackie en Capitán América. Brave New World. © 2024 MARVEL.

HALCÓN EN PILOTO AUTOMÁTICO

Capitán América. Brave New World es también un producto derivativo de una serie de televisión, donde ha participado gran parte de su equipo, y, desgraciadamente, lo que desemboca es en una sensación de capítulo televisivo alargado. Es verdad que, con sus casi 120 minutos de duración, reconduce las producciones Marvel a un minutaje más standard, y tampoco podemos negar que la película cuenta con un presupuesto suculento (180 millones de dólares); sin embargo, la película no luce como tal. La puesta en escena de Julius Onah es funcional, pero plana, desganada y rutinaria. Las secuencias de acción son vistosas, pero carecen de la garra que necesitan. Hay momentos espectaculares, pero el fuego de artificio se come todo valor dramático.

En general, esta nueva entrega del Universo Cinematográfico Marvel nos ha parecido un producto muy justito a nivel de entretenimiento y carente de la identidad para codearse con aquellas películas de la franquicia en las que se quería reflejar. Si este es el plan de Marvel para recuperar la confianza perdida, empezamos mal.

Víctor Matellano y Ángel Sala se sumergen en la historia de L’ULTIMO SQUALO

El cineasta Víctor Matellano y el guionista y escritor Ángel Sala, director del Festival de Sitges, vuelven a colaborar en un nuevo proyecto, tras el documental Call me Paul alrededor de la figura de Jacinto Molina, quien bajo el pseudónimo de Paul Naschy se convirtió en un nombre fundamental del cine fantástico mundial. Sendos expertos historiadores del género, ganadores del Premio a la Difusión del Fantástico del Festival Isla Calavera de Canarias, se han embarcado como codirectores en el largometraje documental Aquel último tiburón, que narra la producción de la película de Enzo G. Castellari L’ultimo squalo, que a través de una pirueta de la distribución trazada por José Frade llegó a los cines españoles en 1981 como Tiburón 3, haciéndose pasar por una continuación oficial de la saga Jaws (Tiburón), basada en el bestseller de Peter Benchley.

Sin embargo, la tercera entrega oficial de la franquicia llegaría a los cines el verano de 1983, en tres dimensiones, dirigida por Joe Alves y protagonizada por Dennis Quaid. La de Castellari no fue el único explotation que se realizó para aprovechar el tirón de la película de Steven Spielberg, pero su fugaz paso por las salas norteamericanas desencadenó una reclamación por plagio de Universal Pictures, paralizando el estreno y prohibiendo su comercialización en Estados Unidos, al tiempo que la cinta se convertía en un éxito sin precedentes en el resto del mundo.

Enzo G. Castellari durante el rodaje de El último tiburón en Roma.
Enzo G. Castellari durante el rodaje de El último tiburón en Roma.

Rodaje en Roma

Con guion de los propios codirectores Ángel Sala y Víctor Matellano, junto a Vanesa Bocanegra, Aquel último tiburón se rueda en Roma, con la participación del director del controvertido filme, quien visitó el Festival de Cine Fantástico de Canarias Ciudad de La Laguna, en 2018, para recoger el Premio Isla Calavera de Honor en reconocimiento a su trayectoria, venerada por cineastas de la talla de Quentin Tarantino.

Para abordar el curioso caso de la película, que se ha convertido en un popular y buscado título de culto, el documental cuenta también con intervenciones del actor italiano Gianni Garko (El devorador del océano, Llega Sartana), el cineasta Luigi Cozzi (Star Crash) y la actriz nacida en Canarias Fabiola Toledo (Demons), entre otros. A través de sus testimonios, recuerdan los tiempos en que la industria italiana, a veces junto a la española, copiaba claramente los modelos americanos logrando enormes beneficios.

Gianni Garko, en el rodaje de Aquel último tiburón.
Gianni Garko, en el rodaje de Aquel último tiburón.

Sobre Víctor Matellano y Ángel Sala

Con largometrajes de ficción como Wax, Vampyres o Stop Over in Hell, Víctor Matellano cuenta en su filmografía documental con Zarpazos! Un viaje por el Spanish Horror, el aplaudido Regresa el Cepa, Mi adorado Monster o El valle de Concavenator. Además, es autor de numerosos libros sobre el séptimo arte, entre los que se encuentran Diseñado por… Yvonne Blake, figurinista de cine, Decorados, Gil Parrondo, Rodando… Bienvenido, míster Marshall, Clint dispara. La trilogía del dólar del dólar de Sergio Leone, El Mago de Oz. Secretos más allá del arcoíris o Colin Arthur, criaturas, maquillajes y efectos especiales.

También Ángel Sala es autor, coautor y editor de una extensa lista de obras dedicadas al género fantástico y a sus protagonistas, entre los que cabe citar Cine fantástico y de terror alemán. 1913-1927, Universo Lynch, El demonio en el cine, American Gothic. El cine de terror USA. 1968-1980, Profanando el sueño de los muertos: 1896 – 2022 o Tiburón ¡Vas a necesitar un barco más grande! El filme que cambió Hollywood, publicado en 2005 por Círculo Latino.

Los directores Víctor Matellano y Ángel Sala junto a Enzo G. Castellari, durante rodaje de Aquel último tiburón.
Los directores Víctor Matellano y Ángel Sala junto a Enzo G. Castellari, durante rodaje de Aquel último tiburón.

THE MONKEY, de Osgood Perkins: «Como la vida»

Basada en el relato corto de Stephen King y producida por James Wan (Expediente Warren: The Conjuring, Saw), The Monkey es la nueva incursión del guionista y director de Longlegs, Osgood Perkins, de estreno, este 21 de febrero en cines.

Cuando dos hermanos gemelos encuentran un misterioso mono de cuerda, su familia se ve destrozada por una serie de muertes espantosas. Veinticinco años más tarde, el mono comienza un nuevo ciclo de asesinatos que obliga a los hermanos a enfrentarse al juguete maldito. «Como la vida». Eso es lo que promete el objeto que da título a The Monkey. No significa que sea un mono realista; no con sus ojos saltones y sus ropas de colores y tamborileando en su lámpara con baquetas en la mano. (Al fin y al cabo, los chimpancés no se visten así ni tocan instrumentos en la selva).

The Monkey es como la vida porque promete lo imprevisible, un caos seguro, risas que vienen seguidas de dolor y la constatación de que no tenemos ningún control sobre la mayor parte de lo que ocurre en nuestra existencia. Únicamente tenemos la capacidad de elegir cómo reaccionamos cuando algo ocurre. Bueno, también tenemos la opción de hacer girar la llave o no, y nadie debería hacer eso nunca, jamás.

The Monkey es la última propuesta de género del guionista y director Osgood Perkins, conocido por ser el responsable de la impresionantemente exitosa Longlegs de 2024, pero también desde hace años por su singular e implacable estilo en el terror. Con dicho género como lienzo, Perkins construye escenas terroríficas repletas de lugares aterradores y personajes inquietantes que los espectadores experimentan como alucinaciones colectivas. Aunque las películas de Perkins suelen ser especialmente silenciosas, siempre sabe cómo romper el silencio con una cuchilla tan afilada como el mismísimo diablo.

The Monkey, de Osgood Perkins.
The Monkey, de Osgood Perkins.

Una obra diferente a cualquier precedente

Este maestro de la narración sutil emerge de las sombras con un martillo de dibujos animados en su última película, y aunque el guionista y director siempre ha tenido
sentido del humor en su trabajo, The Monkey es tanto una comedia de corte absurdo como un trepidante thriller sangriento que narra las desventuras de una familia maldita.

The Monkey está basada en el relato homónimo de Stephen King de 1980. Trata de un hombre llamado Hal Shelburn, aterrorizado por un mono con platillos que trae la desgracia a quien lo posea. Hal encontró por primera vez el objeto en un armario entre las pertenencias de su padre, y tras descubrirlo comenzó a perder a seres queridos en trágicos accidentes. Creyendo que el mono está relacionado con las desgracias, Hal lo tira dentro de un pozo seco, pero de algún modo el objeto reaparece décadas más tarde para atormentarle de nuevo. Con el propósito de romper la maldición, Hal forma equipo con su
hijo para intentar deshacerse del mono de una vez por todas.

La idea de adaptar la obra de King llegó a Perkins de la mano de Atomic Monster, de James Wan, y The Safran Company, encabezada por Peter Safran y responsable de la producción de varias películas de Wan en el universo de Expediente Warren: The Conjuring, así como de películas de gran presupuesto como Aquaman y El Escuadrón Suicida. Ambas partes presentaron a Perkins tanto el relato corto como un borrador del guion, lo cual suscitó su interés aceptando trabajar en el argumento desde cero. Tras
leer el material original una sola vez, no volvió a consultarlo. Se suponía que debía ser simplemente un punto de partida para Perkins, y los productores no estaban interesados en un trabajo de «corta y pega».

En un principio, el equipo tenía la intención de recurrir a un estudio de producción, pero los ejecutivos no entendían lo que Perkins quería hacer. «El estudio empezó a decir: “¿No podríais rehacerlo para que se pareciera más a esta otra cosa?” La cual, por cierto, fue un fracaso», cuenta Perkins. «Yo les dije: “No, desde luego que no. ¿No lo entendéis?” Y los productores y yo estuvimos de acuerdo: paremos y reconsiderémoslo». Hacer otra película independiente no era una perspectiva desalentadora para Perkins, y con el apoyo total de Safran y Atomic se dispusieron a hacerla a su manera.

Tintes autobiográficos en la adaptación de Osgood Perkins

La adaptación que surgió de la nueva perspectiva de Perkins mantuvo las líneas maestras del relato corto de King con detalles añadidos que la personalizaron a gusto del guionista y director. El cambio más significativo fue que Hal pasó a tener un hermano gemelo llamado Bill; Perkins quería una dinámica fraternal en el centro de la película, ya que así fue como él creció. «Al desarrollarlo desde el principio, siempre tienes la tarea de averiguar cuál es la mitología o cuál es el monstruo y por qué funciona o cómo funciona, y es complicado porque se trata de un personaje inerte», dice Perkins. «No es como Chucky, los Gremlins o M3gan. Toca su tambor y la gente a su alrededor muere, así que tuve que
averiguar cómo podía tener sentido para mí. Porque siempre intento que las películas que hago traten de mí». La dinámica de Bill y Hal, su historia juntos y su reconciliación, fue como una inserción autobiográfica para el cineasta.

Tatiana Maslany es Lois

También se presta especial atención a la relación entre los chicos Shelburn y su madre soltera, Lois, interpretada por Tatiana Maslany, quien aceptó el papel porque, después de trabajar con Perkins en la película Keeper, estaba deseando volver a rodar con él. «Trabajé con Oz en una película el año pasado y fue una experiencia increíble», dice Maslany. «Era como una de esas películas pequeñas, de bajo presupuesto, con un equipo muy unido, gente que había trabajado junta durante años, y al entrar en ella tuve esa sensación de: “Oh, esto es lo que puede ser el cine”. Es posible llevarlo a cabo con un
presupuesto tan pequeño, y cuando la gente se involucra tanto como lo ha hecho este equipo es una alegría inmensa. Y Oz dirige confiando en toda la gente que ha contratado para que aporte lo mejor de sí y colabore con los demás. Fue una experiencia tan divertida que cuando surgió esta oportunidad pensé: «Sin duda. Haría cualquier cosa por volver a trabajar con él».

Uno de los elementos temáticos más influyentes de Longlegs fue el manejo por parte de Perkins de la tensión entre el mundo tal y como es y el mundo tal y como nos lo han moldeado nuestros padres. ¿A quién se protege realmente cuando los adultos mienten a sus hijos para crear una realidad mejor que la verdadera? ¿Qué nos ocurre a los adultos cuando tenemos que empezar a desenmarañar todas las historias que nos han contado para descubrir quiénes somos, qué somos y de dónde venimos? Las cuestiones del deber matrilineal también están presentes en The Monkey, y dado que el papel de la
madre ocupa un lugar casi sagrado para Perkins, el personaje de Lois requería de una actriz de gran talento y alguien lo suficientemente dinámico como para responder a la diversidad de tonos de la película.

«Tatiana es una actriz increíble», dice Perkins. «Hace 20 cosas diferentes en 20 tomas distintas, y todas son correctas, honestas, divertidas, interesantes e inesperadas. Y podría pensarse que se va a quedar sin recursos, pero lo cierto es que nunca se le terminan. Así que tener a alguien que interpreta a mi madre (o al menos lo que yo siento por mi madre) me pareció como estar realmente ante una de las mejores actrices que haya podido contemplar». Es a través de Lois que el público accede a una especie de
dispositivo descodificador para descifrar todo el tono de la película.

Vemos que es una madre soltera que cría a dos hijos, con una amargura persistente hacia su marido por haber abandonado el barco hace años. Maslany solo aparece en la película en la línea temporal de 1999, pero en apenas unas frases el espectador se hace totalmente a la idea de su personaje: humor negro, objetividad, amor ferviente por sus hijos y procacidad cuando la ocasión lo requiere. Lois no se limita a hacerlo lo mejor posible. Ha sacado lo mejor de su inesperada vida, y su amor y sabiduría protegen a sus hijos de las cicatrices que la cruel realidad podría dejarles sin necesidad de hacerlos ajenos a cómo
funciona el mundo. Es una especie de encarnación de la risa en un funeral; y como única actriz que ha ganado un Emmy en una serie en la que interpretó a más de 15 personajes, Maslany tiene sin duda el registro necesario para habitar todos los pliegues de The Monkey.

Christian Convery en The Monkey, de Osgood Perkins.
Christian Convery en The Monkey, de Osgood Perkins.

Christian Convery es los jóvenes Hal y Bill

Christian Convery, que interpreta tanto al joven Hal como al joven Bill, quedó tan fascinado por el trabajo de su madre en la pantalla como Perkins. «Es increíble trabajar con Tatiana», dice el actor. «Se mete de lleno en el papel y te hace querer jugar con ella. La forma en que interpreta sus escenas y sus diálogos cambia cada vez, y es realmente cautivadora. Me encantó trabajar con ella. Aprendí de ella».

Otro tema que Perkins retoma en The Monkey es el del padre misterioso o distanciado: un hombre que deja a sus hijos anhelando una pizca de verdad sobre el progenitor al que nunca han conocido realmente y que los trajo a este mundo sin preguntar, únicamente para mantenerlos a distancia por motivos ocultos. En The Monkey, los niños Shelburn son felices con su madre, pero los traumáticos acontecimientos de sus vidas hacen que cuando Hal se convierte él mismo en padre, se transforme en una versión del padre ausente con el que creció preguntándose con nostalgia. Cuando los gemelos encuentran el mono entre algunas de las cosas viejas de su padre, especialmente para el sensible Hal comienza como un cauce de conexión con el padre al que echa de menos. Era piloto y viajaba por todas
partes reuniendo souvenirs para sus hijos. Eso debe significar que al menos se preocupó alguna vez, ¿no? Al incluirse a sí mismo en sus historias, Perkins analiza cómo estas cuestiones sobre la madre y el padre han afectado a su propia vida.

«Es de sobra conocido que he pasado por situaciones bastante chocantes en mi vida, como la pérdida de mis padres», dice Perkins. «Quería utilizar esta propiedad como clave para sanar esas experiencias aplicándoles un toque cómico y esperpéntico. Sentía que la imagen del mono era una especie de indicador icónico de cosas malas por venir, pero también algo accesible, extraño y surrealista por derecho propio. Me pareció que todo eso encajaba».

Entonces, ¿qué es este mono?

No es un juguete. En cambio, lo que encierra el mono es inmenso. Por un lado,
es un impasible verdugo que parece funcionar como un bombo de bingo a la hora de elegir a sus víctimas. Cuando el público ve por primera vez al mono, es también la única vez que vemos al padre Shelburn, interpretado por Adam Scott, y este intenta desesperadamente empeñárselo al dueño de una tienda de baratijas. Scott lleva su uniforme de piloto y está cubierto de sangre. No es suya, le dice al tendero; consiguió este mono para sus hijos, pero se equivocó al comprarlo y ahora necesita deshacerse de él lo antes posible porque parece tener el poder de provocar grandes desgracias. El tendero no se inmuta ni siquiera cuando el mono comienza a tocar el tambor, presagio de la fatalidad que se avecina,
hasta que un percance al más puro estilo Rube Goldberg deja al tendero destripado y al Sr. Shelburn de nuevo a la fuga con el mono en la mano.

Theo James es los hermanos Shelburn adultos

«El propio mono, ¿o es una mona? ¿O no tiene género? Probablemente esto último», dice Theo James, que interpreta a las versiones adultas de Hal y Bill. «Este mono tiene una fuerza malévola detrás, una especie de habilidad para causar muerte y matanzas a su alrededor en cualquier momento. También tiene una forma muy extraña y turbia de conceder deseos, deseos de muerte. El mono es una parábola de la mortalidad, y la muerte nos persigue o se cierne sobre nosotros en todo momento. No podemos escapar de ella. Al final, todos llegamos a ella, pero lo que ocurre con la humanidad (¿quizá sea una bendición o una maldición?) es que pensamos durante la mayor parte de nuestra relativa juventud que la muerte no existe en nuestro horizonte, pero ha estado ahí desde el día en que nacimos. Así que se trata de cómo te enfrentas al espectro de la muerte y lo que eso le hace a una persona». James incluso se pregunta si el mono está ahí literalmente, o si es simplemente una manifestación del trauma de la familia Shelburn, un símbolo del ciclo de dolor o disfunción que les inmoviliza demasiado como para romperlo, sin importar el daño que siga perpetuando en el proceso.

Maslany ofrece otra posibilidad que encaja perfectamente en el tema recurrente de Perkins sobre lo que se transmite de padres a hijos y cómo nuestras historias influyen en nuestro futuro. «El mono es muchas cosas», dice. «¿Qué heredamos de los padres que no conocimos o de los que sí conocimos? ¿Cuál es el legado que nos dejan, las cosas que no podemos evitar ser o la mala suerte que no podemos evitar llevar con nosotros? ¿Qué es lo que la gente nos deja, tanto emocional como físicamente?».

Y Perkins tiene su propia visión de la criatura: «Se convirtió en esta cualidad casi absurda del mono que en realidad no hace nada. La gente muere constantemente. De hecho, todo el mundo muere tarde o temprano, de una forma u otra, y a veces es totalmente normal y natural y a veces es totalmente terrible y una locura».

El guionista y director continúa: «En mi vida personal he tenido una parte de ambas cosas. He tenido algunas muertes bastante extremas y trágicas en mi vida. Me han ocurrido cosas extrañas. Así que partí de esa base y me dije: “¿Y si el mono simplemente estuviera ahí?”. Por supuesto que está provocando que ocurran todas esas cosas, pero me apoyé en el concepto universal de que todo el mundo muere, es solo cuestión de cuándo».

En ese sentido, es como pone en la parte superior de la caja:

MONO DIRECTOR DE ORQUESTA
COMO LA VIDA

(N. del T.: La traducción literal de “organ grinder monkey” sería “mono organillero”, sin embargo “organ grinder” también significa en sentido figurado “el que mueve los hilos”, “el que lleva la batuta”, de ahí el juego de palabras.)

Y como la vida, el mono no acepta peticiones. Giras la llave y te arriesgas a ver qué pasa después.

Si todo esto le parece el colmo del absurdo, un monito con un tambor que causa estragos entre sus dueños, Perkins está de acuerdo con usted. Y los elementos de la historia en su conjunto proporcionaron la vía perfecta para que el director cambiara de marcha en lo que se refiere al humor. Porque una cosa de Perkins es que, aunque en el grueso de su filmografía no enarbole este atributo como bandera, es muy divertido. Es rápido de reflejos y hábil con las frases ingeniosas.

Terror y comedia

El diseñador de producción de The Monkey, Danny Vermette, cuenta que, mientras trabajaban en Longlegs, tanto él como el director de fotografía Andres Arochi hablaron de la posibilidad de que Perkins se centrara por fin en el humor: «Decíamos: Oz tiene que escribir una comedia. Es un tipo tan divertido. No se guarda nada y es muy generoso. Te cuenta lo que piensa y lo que siente en todo momento, y lo hace basándose en el humor».

En la rueda de prensa de Longlegs, el director compartió una anécdota de su hija adolescente que le decía: «Papá, es que no es tan profundo», y es una filosofía a la que parece aferrarse, especialmente con el paso de los años. «Creo que, cada vez más, en las películas que he hecho, lo importante ha sido hacer películas de terror que produzcan miedo, mantengan a la gente en vilo y la asusten», dice el director.

«Creo que a medida que me voy haciendo mayor, y que el mundo va evolucionando, una cierta ligereza y una especie de reflexión sobre cómo son las cosas resulta algo un poco más interesante, más estructurado e inteligente, por lo que la comedia hace que el conjunto me parezca más completo».

Los dos géneros, terror y comedia, son por supuesto compañeros íntimos.

Jordan Peele puso patas arriba el mundo cinéfilo con su oscarizado guion de Déjame salir, que hizo que los espectadores rieran a carcajadas en algunos momentos antes de dar un grito de terror, y la experiencia de Peele en la comedia parece haber sido un campo de entrenamiento ideal para ese juego de tiempos que también define a las películas de terror de éxito. Es un proceso de paciente acumulación y liberación, solo que la liberación
viene de los gritos en lugar de las carcajadas. Los momentos clave son los sustos, y utilizarlos en el sitio adecuado, como un buen chiste, es lo que mantiene al espectador en vilo.

El terror y la comedia también van de la mano en lo que se refiere a la textura de los comentarios que atraen a Perkins, y Maslany dice que ve estos mismos elementos mezclados en los escritos de King. «Hay tanta diversión en [las historias de Stephen King], y hay tantas cosas reales de las que habla de una manera terrorífica e inquietante, pero siempre lo hace con sentido del humor», explica la actriz. «Y creo que lo que Oz sacó de esta historia fue ese sentido del humor, ese humor negro, que él tiene a raudales».

Aunque el terror y los aficionados al género siempre han sido buenos con Perkins como cineasta, la historia de su familia hace que el director tenga cierto camino predeterminado hacia el negocio familiar.

Pero a medida que ha ido adquiriendo más experiencia y creciendo, dice que ahora siente la llamada de algo un poco distinto. «Creo que empecé a hacer películas de terror, no quiero decir por defecto, pero sí por mi padre y porque me parecía algo que debía hacer. Y había películas de terror que me encantaban, así que lo hice unas cuantas veces, y no es que no me guste, pero la verdad es que no suelo decantarme por el terror, especialmente por el nuevo. Prefiero las películas antiguas, como Los ojos sin rostro o Amenaza en la sombra», explica Perkins, que cita obras alocadas como La muerte os sienta tan bien y Maligno (que el director califica como «jodidamente divertida» y está dirigida por su productor Wan) como textos tonales de referencia para The Monkey.

«Pero las películas de terror en general me hacen sentir un poco mal. Siempre he sido consciente de ello en plan “¿voy a hacer que la gente se sienta mal con lo que pretendo hacer? Sé que les gusta, pero ¿me gusta a mí?”. Así que la idea de hacer algo que me haga reír me parece una evolución natural. Ya veré qué me apetece hacer después, pero me parece que podría ser difícil volver a la seriedad».

La elección de un protagonista con una mandíbula marcada y un aspecto muy atractivo para atormentarlo en The Monkey fue lo que llevó a Perkins a elegir a Theo James para el papel de los gemelos Shelburn. James ha ampliado su perfil en los últimos años con series ácidas como The Gentlemen y White Lotus, pero saltó a la fama interpretando papeles muy honestos en proyectos como Downtown Abbey y la franquicia Divergente. Encarnar a dos personajes emocionalmente dispares en The Monkey dio al actor espacio para jugar con ambos estilos.

«Hal es muy íntimo», dice el actor. «Siempre me gustan las interpretaciones en las que el detalle está en lo más minucioso. Lo lees en los ojos, y Hal se ha visto afectado por el trauma y la muerte a su alrededor. Pero Bill es todo lo contrario. Lleva una especie de ropa de género fluido. Le importa una mierda cómo le ve la sociedad. Se proyecta con un aura de confianza y locura».

Theo James no es exactamente la elección que cabría esperar para interpretar al nervioso Hal o al desquiciado Bill, pero el hecho de que esa elección fuera contraintuitiva es lo que atrajo a Perkins. «Pensé que era el más adecuado, porque quería a alguien que no fuera conocido por ser cómico pero que me pareciera divertido», explica el guionista y director, que conoció a James durante el momento álgido del COVID, cuando Perkins fue contratado para producir y dirigir una serie en la que James participaba, pero que
nunca llegó a ponerse en marcha. «Pensé que sería divertido desgastar su personaje de protagonista con el tartamudeo de Hal. Luego, haciendo de Bill, es capaz de encarnar más al tipo duro chiflado. Es casi como Tyler Durden. Los personajes son tan diferentes de lo que Theo hace normalmente. Creo que es emocionante».

James también tenía muchas ganas de trabajar con Perkins después de que su primer proyecto quedara en el cajón. En aquel momento, el actor vio toda la filmografía de Perkins para empaparse de su trabajo, y le encantó lo que encontró. «Pensé que, sobre todo desde su primera película, tenía un corazón de tinta negra con un toque de humor que me encantó», recuerda James. «Lo que está en juego en sus películas es realmente complejo y oscuro, pero tiene un matiz de vieja gloria cinematográfica, de los viejos tiempos del cine, que me encantó».

Cine de terror de autor

Los colaboradores de Perkins pueden afirmar que es un verdadero estudioso del cine, y su amor por los clásicos es más patente en The Monkey que en sus anteriores trabajos. Películas como Soy la bonita criatura que vive en esta casa y La enviada del mal tienen un aire muy de su época en el cine de terror de autor. Tienen una cualidad atemporal que atrae a los fans del terror de todo tipo, pero encajan a la perfección entre las prestigiosas propuestas de género que llegaron tras la estela de fenómenos como
La bruja y Buenas noches, mamá.

The Monkey, en cambio, es una adaptación con una sensibilidad descaradamente pop. Mientras que el trabajo anterior de Perkins podría describirse como melancólico,
The Monkey es grandilocuente. El director dio un giro hacia más sobresaltos con Longlegs, y ha llegado hasta la explosión de cuerpos en su última película.

«Siempre la define como Gremlins con una pizca de Hereditary, y creo que es bastante acertado», dice James. «Es un pequeño cambio para Oz, porque es muy cómica. Es una película muy divertida. Desde el principio, cuando me mostró lo que estaba haciendo, pensé que era sincera, cálida y aterradora, pero también muy divertida». Otra palabra que utiliza el actor es «Spielberguiana» en cuanto a «su dinámica familiar, su alcance cinematográfico», que es una referencia muy intencionada para Perkins en The
Monkey.

Al hablar de un recuerdo fundamental que relaciona con sus intenciones en esta película, el director comenta que fue a ver Gremlins con su familia al Teatro Chino de Hollywood Boulevard. Fue en el cine pequeño, no en la sala principal, y cuando el joven Perkins salió, pensó que era lo mejor que había visto en su vida. A su madre le pareció simplemente correcta, lo que provocó la indignación del pequeño Perkins. Para él era la cumbre del cine, y es un tipo de película que quiere rememorar con su nuevo trabajo.

Referencias y homenajes

«[The Monkey] es una comedia absurda y una película nostálgica de viaje de redención padre-hijo por carretera, así que se supone que tiene que parecerse más a algo que habría hecho Robert Zemeckis o Joe Dante o como una extraña película perversa de Chris Columbus o John Landis o algo así», explica Perkins. «Así que se aleja de esa especie de terror a lo Grizzly, y aunque hay elementos que son ciertamente de Grizzly, es desde luego más absurda y divertida».

En honor a Zemeckis, The Monkey tiene un reloj en uno de sus decorados más extravagantes que marca la misma hora que la icónica torre de Regreso al futuro. En una escena, una mujer llega a un motel en un Ferrari rojo, lo cual nos remite a la icónica escena de Christy Brinkley pasando por delante de los Griswolds en Las vacaciones de una chiflada familia americana. En ese mismo motel podemos ver a una familia descargando un vehículo familiar, otro guiño a ese clásico de la comedia.

Por supuesto, Perkins no quería saturar la película con huevos de Pascua y caer en la red del «tipo Stranger Things, donde obviamente está muy bien hecho, pero se convierte como en una especie de juego de bingo en el que encuentras todas las referencias y
todas las cosas. No queríamos distraer de esa manera».

Incluso a la hora de elegir a James, Perkins quería apelar a un protagonista de Hollywood más antiguo, un héroe de los tiempos de Landis. «La versión actual de eso es que contratas a alguien que en realidad es un poco tontorrón», dice Perkins. «Ese tipo de protagonista tontorrón también está muy bien, pero me parecía más clásico tener a un protagonista de mandíbula fuerte en esta película para reforzar el atrevido efecto hollywoodiense que buscábamos».

Comercialmente accesible

Mientras que las películas de Perkins operan a menudo en el espacio negativo entre lo que dicen los personajes, The Monkey oculta sus intenciones bajo la manga de su pequeño chimpancé. El joven y sensible Hal es el chico empollón con gafas; Bill, el matón, tiene ese peinado con raya al medio de los años 90 y lleva una camiseta negra abotonada con
llamas que podrías encontrar en una tienda Hot Topic. Perkins y su equipo querían telegrafiar los temas y sentimientos de la película utilizando algunos recursos fácilmente identificables nacidos de esos clásicos del cine adolescente de los 80 y 90, y el director de fotografía Nico Aguilar resume la directiva estética de la película en un solo concepto: accesible.

«The Monkey siempre tuvo la intención de ser comercialmente accesible en lugar de ser una película de culto o independiente o una película de arte y ensayo», dice Aguilar. «Es una novela de Stephen King. Queríamos que la película fuera accesible. Queríamos que le gustara a la gente, pero también queríamos que fuera de buen gusto, interesante y nueva».

¿Qué significa accesible en el lenguaje visual de una película? Aguilar lo explica: «Se trata de que el lenguaje de la cámara, a través del color, el movimiento y la composición sea lo más emotivo posible y se acerque lo más posible a la emoción de la escena. Porque así el público lo capta».

«Las películas de arte y ensayo suelen utilizar la composición y el color de una forma compleja, y a veces tienes que pensar por qué eligen algo de una forma determinada, y cuando te das cuenta, ¡es brillante! Pero en The Monkey, lo primero y más importante es que el público entienda lo que intentas transmitir cuanto antes, y eso para mí es ser
accesible».

Aguilar no quería que el mundo de The Monkey pareciera ordinario. Quería que pareciera «el mundo del mono», es decir, uno en el que un mono con una llave de cuerda en la espalda puede matar a la gente, lo cual quiere decir que hay que darle un estilo que lo lleve más allá de un contexto rutinario. Se seleccionaron objetivos de cámara vintage importados de los años 70 y, en la preproducción, se construyeron decorados de tamaño reducido para iluminar a los actores y a los dobles, de modo que Aguilar pudiera crear una paleta de colores para la película con el colorista Bryan Smaller, basándose en lo que sería realmente el diseño de producción. Aguilar incluso dividió la película en un arco visual en el que estableció cómo cambiarían los tipos de objetivos de cámara y los colores en función de la evolución emocional de los personajes principales.

Para entender cómo su cámara debía transmitir las emociones sinceras de los personajes, Aguilar tuvo que conocerlos a fondo, y lo mismo puede decirse de Danny Vermette. The Monkey es la tercera película del diseñador de producción con Perkins, después de Keeper y Longlegs, y cada una de ellas le ha brindado oportunidades creativas únicas. En Longlegs, había una sensación uniforme de premonición que emanaba de todos los paisajes e interiores. Los colores eran oscuros, al igual que el ambiente. El cielo era siempre gris. Las casas parecían prisiones donde solo ocurrían cosas malas. Pero la misión para The Monkey era diferente. Las órdenes de Vermette esta vez eran el color, el neón en cualquier lugar que pudiera funcionar en pantalla, y cada casa tenía que ser un personaje en sí misma. Si Longlegs transcurría en un entorno en el que todo era uniformemente poco acogedor, The Monkey es como estar en un parque de atracciones en el que cada atracción te lleva a un nuevo y extraño mundo con personajes estrafalarios.

«Principalmente, esta película trataba de divertirse y desde el principio la enfocamos como si todo debiera ser exagerado y divertido», dice Danny Vermette. El hogar estable en el que viven los gemelos Shelburn con su madre es acogedor y más normal, con juguetes de G.I. Joe y Transformers esparcidos por todas partes, cosas con las que los espectadores que fueron niños en la misma época puedan conectar. Pero cuando los hermanos se van a vivir con su tía Ida (Sarah Levy) y su tío Chip (interpretado por Perkins), las cosas se vuelven claramente más extrañas.

Elijah Wood en The Monkey, de Osgood Perkins.
Elijah Wood en The Monkey, de Osgood Perkins.

«[La idea original de Perkins] para la casa de Chip e Ida era “engalanada con taxidermia”». Los cálidos interiores de madera dan paso a oscuros pasillos y frías luces de neón. Cuando acompañamos al Hal adulto a visitar a su hijo Petey (Colin O’Brien), que vive con su madre y su padrastro, es como entrar en la caverna más patética del mundo. Elijah Wood hace una breve aparición como Ted, el padrastro influyente, rico e imbécil, y Vermette se lo pasa en grande asegurándose de que el público conozca exactamente quién es Ted desde el primer momento.

«¡Hablemos de Ted!», dice Vermette. «¡Este tío es obviamente un capullo! Recuerdo acudir a Oz y preguntarle: “¿Te molestaría que le pusiera un Rolls Royce en la entrada con un par de motos acuáticas de los 90 enganchadas?”. Me dijo, “¡Por supuesto que no!” Y luego Elijah está sentado en un enorme sillón de masaje, y le añadí una botella de agua gigante porque él es así». Y esos son solo los grandes detalles llamativos. Es el trabajo detallado lo que realmente entusiasma a Vermette, que cuenta con alegría la sesión fotográfica de la portada del libro que su equipo hizo con Wood. Ted escribe libros de
consejos, y se crearon nueve ediciones únicas para colocarlas en sus estanterías, completadas con láminas de cartón promocionales que se colocaron en su estudio.

Incluso los personajes más pequeños necesitan espacios totalmente creados para sí mismos. Tomemos, por ejemplo, el personaje de Thrasher (Rohan Campbell), que actúa como lacayo inconsciente del villano Bill. El público solo ve a Thrasher en su casa en dos escenas rápidas, pero la residencia está repleta de pequeños detalles. Vermette y su equipo decidieron que la madre de Thrasher fuera una amante de los pájaros, así que, además de contar con un loro vivo, el departamento artístico creó un loro de casi un
metro de alto, hecho de conchas marinas, al que llamaron «Shelly».

La guarida del archivillano

Pero la pièce de résistance en términos de decorados para The Monkey fue la guarida de Bill, que es donde la película alcanza sus cotas más pop art.

«Al intentar seguir esta especie de clásico absurdo de Hollywood, surgió la idea de que alguien tenía que ser una especie de archivillano, y el hecho de que Bill fuera esa clase de villano en su propia mente se convirtió en una especie de principio rector para este
personaje», dice Perkins. «Utiliza una terminología muy parecida a la de Lex Luthor. Es una especie de estrella de su propio cómic, si es que puede serlo, con ese extraño y exagerado ego de villano».

Destruido por el dolor de perder a su madre y seguro de que Hal fue el responsable al girar la llave del mono, Bill ha dedicado su vida adulta a volver a encontrar al mono para vengarse de su distanciado gemelo.

«Se trataba de encontrar la versión triste del tipo que en realidad no tiene poder, el típico matón tonto que impone su poder, aunque no lo tenga», explica el director. «Utilizar el traje del funeral de su infancia y transformarlo en su traje de supervillano tenía un sentido psicótico para el personaje. Se convirtió en una representación de cómo su infancia nunca le dejó en paz».

Vermette quería evitar, en la medida de lo posible, construir la guarida en un estudio, y la localización debía elegirse en torno a un gag en el que la gente cae por el techo. El equipo no dejaba de encontrarse con problemas, pero afortunadamente había un edificio antiguo en la zona que solía ser una estación eléctrica de una línea de ferrocarril. Ahora es como un estudio de arte, pero la naturaleza industrial de antaño lo convertía en un lugar ideal para un escondite Luthoriano.

«Cuando encontramos el lugar, Oz y yo empezamos a hablar de convertirlo en algo del estilo James Bond. Y de James Bond pasamos al Mago de Oz», dice Vermette. «Hay verde esmeralda y dorado, y nos volvimos bastante locos con ello». Dentro de la guarida de Bill, el mono tiene su propia sala del trono donde se sienta encima de una torre de televisores. El boceto original de la estructura, realizado por el diseñador de producción, medía casi 2,5
metros de altura, pero al final se elevó hasta casi 8 metros. «Fuimos aumentando la altura porque teníamos espacio para hacerlo», dice.

El hecho de que Vermette siguiera construyendo y construyendo hasta triplicar la altura de su idea original (con Perkins dando luz verde a los vuelos creativos de su director de fotografía) parece una metáfora adecuada de The Monkey en sí misma; una película que se alejó de las garantías de trabajar con un estudio para mantener la visión intacta y que aspiraba a invocar influencias tan refinadas como El asesinato de un corredor de apuestas chino y tan culturalmente masivas como Regreso al futuro.

Simplemente, seguir construyendo. Y es una hazaña conjunta que se antoja alcanzable para los artistas cuando reciben el respaldo de un director de la forma en que Perkins lo hace con su gente, confiando en que hagan su trabajo. «Encontramos cosas que nos gustan sobre la marcha, y he tenido la suerte de contar con gente con la que trabajo que tiene un gran gusto, grandes referencias y a la que le entusiasma lo que hace y quiere dar lo mejor de sí misma», dice el director sobre su receta secreta, que en realidad es más bien sentido común y buenos profesionales. «Te mentiría si te dijera que hay un gran
esquema detrás. Simplemente intentamos hacer lo que más nos gusta cada día».

Tatiana Maslany quiso formar parte de The Monkey porque vio el potencial que puede tener un plató bajo la dirección de Perkins. «¿Trabajar de nuevo con este equipo viendo la capacidad de todos estos artistas para hacer [Keeper] con menos de un millón de dólares canadienses? Y ahora, con este presupuesto mayor, ver cómo eso no afecta a la integridad ni a la creatividad, es impresionante. Es muy poco frecuente».

Christian Convery está de acuerdo con su coprotagonista. «Lo que me gusta de Oz es que sabe exactamente cómo quiere hacer las tomas, cómo quiere que se desarrollen, pero también es un gran colaborador», dice el actor. «Acepta ideas de los demás. Siempre acepta aportaciones o cambia algo a gusto de otro».

Próxima película de Osgood Perkins

Danny Vermette trabaja ya en su tercera película con el director, y el diseñador de producción afirma que Perkins saca lo mejor de la gente simplemente dejándoles trabajar. «Oz es un tipo listo y sabe lo que se le da bien, y creo que se rodea de colaboradores que cree que quizá son mejores que él en ciertas cosas», dice Vermette. «Ahí radica su fuerza. Te da flexibilidad, y es genial».

Nico Aguilar abunda en ese sentimiento al describir a Perkins como un «alma gemela» para él, y añade: «Gracias a Oz y a su confianza en mí (confió plenamente en mí de inmediato, lo cual fue increíble), pude dar rienda suelta al diseño visual de la película y aporté ideas muy locas».

El director de fotografía añade que trabajar con Perkins le recordó su experiencia rodando escenas adicionales con Martin Scorsese para Los asesinos de la luna. Aguilar afirma que los dos directores tienen un enfoque similar a la hora de comunicar las necesidades de una escena a través de la perspectiva de lo que necesita el público, en lugar de enfrascarse en los detalles técnicos de la composición de una toma. Cada cineasta tiene su propia manera, por supuesto, pero según la experiencia de Aguilar, él ve a Perkins como un director que sabe cómo mostrar una idea y no sólo contarla; y que te asocien y mencionen junto a Scorsese es estar en muy buena compañía.

En lugar de ser un microcontrolador, Perkins considera que su papel es más el de vigilante de una película que el de su amo y señor. El aspecto de sus obras denota una meticulosa atención al detalle en la música, la escenografía, los detalles del vestuario; puede ser tan económico con los diálogos que parezca que cada palabra que pronuncien sus personajes deba ser tenida en cuenta por su importancia.

Y aunque es cierto que Perkins se preocupa por todos los detalles de sus películas, sus colaboradores afirman que su confianza en sí mismo anula la necesidad de mantener un control férreo sobre las decisiones creativas de una filmación, y que el buen gusto es una cualidad que se tiene o no se tiene. Los equipos de Perkins saben que toma buenas decisiones porque tiene un buen sentido de las cosas, y evita categóricamente hablar del proceso o de la metáfora de forma reservada o con un aire de grave importancia.

Theo James en The Monkey, de Osgood Perkins.
Theo James en The Monkey, de Osgood Perkins.

«Una película de terror adorable»

«Creo que uno siempre corre el riesgo de ponerse serio o ensimismado o pretencioso, o en cierto modo demasiado cautivador, o demasiado encantado de conocerse, y la forma de neutralizar eso es pasarlo bien en la pantalla», explica el director. «Creo que el mundo se está volviendo bastante oscuro y serio, y un poco de alivio en forma de película de terror es una buena medicina. Hemos intentado hacer una película de terror adorable. Todo es irónico, distópico o negativo, y esto me pareció más adorable».

Adorable. “Spielberguiana”. Un homenaje al primer momento cumbre de Robert Zemeckis. Un retorno a la magia de ver Gremlins de niño. No son los calificativos más esperados para una filmografía como la de Perkins, pero además de la diversión sin límites de The Monkey, todo ello en conjunto es lo que la hace tan emocionante como siguiente paso en la carrera de un artista consagrado. Es un auténtico regalo sorpresa en un panorama cinematográfico que, a veces, puede dar la sensación de estar sirviendo
demasiado de lo mismo. Es una película que comprende la oscuridad contra la que luchamos, al tiempo que no renunciamos a mantener un corazón tierno. Lo cual se parece mucho… a la vida misma.

En lo que respecta al terror, del que The Monkey tiene mucho, Perkins no lo deja de lado, aunque rodar ese tipo de películas que te hacen sentir mal no sea algo que le interese en este momento. El terror, dice, es probablemente lo que quedará guardado en la cápsula del tiempo de la humanidad para que «dentro de mil millones de años» los extraterrestres puedan encontrarla y vean «lo que los humanos no pudieron afrontar». Es el género que acepta que nuestro mundo está lleno de cosas que no queremos ni podemos entender. Está lleno de crueldades inimaginables infligidas sin razón, y a menudo se define por el poder de la voluntad de sobrevivir frente a esa crueldad. Contiene terror, pero también puede
contener magia. También es libre de ser deliberadamente ridícula e hiperbólica. El realismo no es la moneda de cambio. Lo es la imaginación, y con The Monkey, Perkins imagina de una forma más divertida que nunca.

«Creo que cuantas más películas hago y en más cosas trabajo, más tangiblemente consciente soy del artificio de las cosas. Nada de esto es para tanto», dice Perkins. «Hacer películas no es tan importante, comparado con lo que la mayoría de la gente se encuentra en su día a día. Dios no lo quiera. Quiero decir que la capacidad de montar una película está al borde de lo ridículo en el contexto del mundo, así que creo que cuando uno llega a cierto punto con ello debe sonreír más que no hacerlo, y me parece que esta película lo consigue».

* Extracto de las Notas Oficiales de Producción de The Monkey.
The Monkey, de Osgood Perkins. (c) Neon
The Monkey, de Osgood Perkins. (c) Neon

CRÍTICA | BODEGÓN CON FANTASMAS. Aparécete que no es poco

Mientras en Hollywood el renacer de cine de fantasmas vino con propuestas firmadas por James Wan como Insidious o Expediente Warren o mientras la recuperación del fantasma con sábana les daba pie a una película de corte filosófico como A Ghost Story, en España los referentes son otros, desde el esperpento valleinclanesco al absurdo surrealista de José Luis Cuerda.

Con su opera prima, Enrique Buleo apuesta por el retrato costumbrista, por una fantasmagoría pedestre, por un más allá poco sofisticado. A lo largo de cinco breves relatos no sólo habla más de lo cercano que de lo sobrenatural, sino que nos anticipa que la vida después de la muerte va a ser igual de mediocre e insulsa. Olvídense de cualquier retrato épico, revelador y iluminador de la muerte.

Ambientada en un pueblo de La Mancha, Bodegón con Fantasmas usa el humor y lo paranormal para hablar de asuntos muy terrenales, como la identidad, la soledad, la pérdida de la fe, el envejecimiento de la población, la España vaciada o la pobreza. Lo extraordinario sucede en la película de manera desafectada, de manera que, cuando los sobrenatural y lo mundano se cruzan, ese choque de realidades carece del efecto trascendental que tanto ha anticipado históricamente el cine o la literatura.

Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo.
Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo.

Una historia poliédrica con una estética muy kitsch

Enrique Buleo presenta cinco historias independientes y autoconclusivas rodadas con planos principalmente estáticos, sin ningún tipo de planificación enfática, con una interpretación por aparte de los actores que resulta desapegada, ante una realidad que les resulta hastía y tediosa. Ese distanciamiento emocional de los personajes y sus historias, el desapego hacia circunstancias extraordinarias, nos recuerda al cine de Aki Kaurismäki, quien, pese a su frialdad narrativa, logra que el espectador empatice con los personajes.

Cada episodio parte de elementos mundanos, pero buscando un enfoque o algún giro original en la historia, ya sea como efecto cómico o como conclusión del tono desencantado de la película. Y es que, tras el humor absurdo que articula cada historia, hay un componente trágico en cada relato, que nos presentan historias tristes, contadas con humor.

Con pequeñas historias a modo de anécdotas, Bodegón con Fantasmas busca no tanto desplegar una comedia descacharrante, sino ofrecer un fresco de la realidad agridulce, donde el humor se convierte en la principal herramienta para afrontar los sinsabores de la vida (y de la muerte).

Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo.
Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo.

THE WOMAN IN THE YARD y PLAY DEAD: Jaume Collet-Serra regresa a sus orígenes

El cineasta nacido en Barcelona y afincado en Los Ángeles Jaume Collet-Serra comenzó su carrera en el terror con títulos llamativos y comerciales como La casa de cera (2005), con Elisha Cuthbert y Paris Hilton, y la aplaudida La Huérfana (2009), con Vera Farmiga, Peter Sarsgaard y una jovencísima Isabelle Fuhrman. A lo largo de los años se ha movido entre el género, con otras incursiones como la película protagonizada por Blake Lively y Óscar Jaenada sobre el ataque de un tiburón blanco Infierno azul (2015), y el cine de acción, donde destacan sus colaboraciones con el actor Liam Neeson, con títulos como Sin identidad (2011), Non-Stop: Sin escalas (2014), Una noche para sobrevivir (2015) o el explosivo thriller El pasajero (2018).

Más recientemente, el director catalán lograba un nuevo éxito con la película Equipaje de mano, de estreno en Netflix, que se convertía el pasado diciembre en una de las más vistas en la historia de la plataforma. Ambientada en el aeropuerto de Los Ángeles, gira alrededor de un misterioso viajero que chantajea a un joven agente de la TSA, la agencia federal para la seguridad del transporte, para que deje pasar un peligroso paquete por el control y lo introduzca en un vuelo el día de Navidad.

Pero también ha trabajado las vertientes más cómicas y superheroicas de la acción, al frente de Jungle Cruise (2021), basada en la atracción de Disneyland, y la película sobre el personaje de DC Cómics Black Adam (2022), ambas protagonizadas por Dwayne Johnson.

THE WOMAN IN THE YARD

Sin embargo, ha llegado el momento de su regreso al terror y el 28 de marzo se estrena en Estados Unidos The Woman in the Yard, producida por Blumhouse para Universal Pictures y protagonizada por Danielle Deadwyler en la piel de Ramona, quien tras sobrevivir a un accidente de coche en el que fallece su marido, tendrá que sacar fuerzas de flaqueza para sacar adelante a sus hijos en una aislada casa de campo. A esto se suma la repentina y misteriosa aparición de una desconocida en el jardín delantero, completamente vestida de negro, quien les indica que “Hoy es el día”.

PLAY DEAD

A esto se suma la noticia desvelada esta semana, sobre Play Dead, un nuevo proyecto de Jaume Collet-Serra descrito como un thriller de supervivencia que se mueve entre No respires, de Fele Martínez, y 1917, de Sam Mendes. Al parecer, la producción, que tendrá lugar a partir de mayo en los Docklands Studios de Melbourne, Austria, consistirá en un único plano secuencia.

CLIFFHANGER 2

Mientras tanto, Collet-Serra también prepara el reboot del clásico de acción de los 90 Máximo riesgo, de Renny Harlin, que protagonizaron Sylvester Stallone, John Lithgow, Michael Rooker y Janine Turner. Con guion de Ana Lily Amirpour (Una chica regresa a casa de noche, Mona Lisa y la luna de sangre) y Mark Bianculli, cuenta con Pierce Brosnan (quien aparecía en la mencionada Black Adam), Lily James (Orgullo, Prejuicio y zombies) y Nell Tiger Free (La primera profecía) y se ha rodado en Austria, en las espectaculares montañas Dolomitas con cámaras de gran formato, así como en Alemania e Italia.

CRÍTICA | A DIFFERENT MAN, de Aaron Schimberg. La identidad como muñeca rusa

A Different Man es una propuesta extraña por parte del cineasta independiente Aaron Schimberg, quien, como alegato sobre el proceso de cambio de la identidad masculina, nos presenta un extremo juego de muñecas rusas, cuyo origen es previo a la propia película. La película, que ha contado como efecto sorpresa en la temporada de premios hasta colarse en los Oscars en el apartado de Mejor Maquillaje y Peluquería (pero descartando a Sebastian Stan, quien sí opta a la estatuilla por su papel en The Apprentice. La Historia de Trump), supone un amalgama de referencias contrapuestas que van de David Cronenberg y David Lynch a Woody Allen y Charlie Kaufman, con guiños a Martin Scorsese o Jim Jarmush.

ORIGEN EXTRADIEGÉTICO

El origen de esta película lo podemos encontrar en la figura de uno de sus actores secundarios, Adam Pearson, un hombre que sufre de neurofibromatosis en la vida real, un trastorno genético que provoca el crecimiento de múltiples tumores en su cuerpo. A pesar de la deformación física producida por la enfermedad y enfrentándose a los prejuicios que abundan en la industria cinematográfica (como el resto de nuestra sociedad) con respecto al físico y con todo lo que no es normativo, Pearson ha querido desarrollar una carrera como actor, consiguiendo que A Different Man sea ya su tercera película. Lo vimos por primera vez en 2013 en Under the Skin de Jonathan Glazer y junto a Scarlett Johansson. En 2018 trabajó por primera vez a las órdenes de Aaron Schimberg en Chained for Life. No es difícil identificar este encuentro como el origen de un proyecto como A Different Man. Sin ser el personaje, Adam Pearson es la inspiración de Edward, y en un rizo irónico, en la película, acaba convirtiéndose en su propio Doppelgänger.

A Different Man, de Aaron Schimberg.
A Different Man, de Aaron Schimberg.

LA BELLEZA

Hay un claro componente heredado de El Hombre Elefante en A Different Man. Esta historia de una persona con una deformidad tal que le hace sentirse ajeno al resto de la sociedad, no ser visto como un ser humano. Sin embargo, en la película, Schimberg juega con la ironía de convertir esa discriminación en algo que sólo existe en la mente de su protagonista, mientras en el exterior, aquellos personajes con los que se va cruzando en ningún momento lo desprecian o lo repudian por su aspecto. La vecina de la que se ha enamorado no le rechaza por su apariencia, y hasta se siente atraída por ella. Cuando el giro de ciencia ficción se produce y Edward adquiere los rasgos apolíneos de Sebastian Stan, el personaje sigue sin desprenderse de algunos de sus complejos, quizás no tan motivados por su anterior físico, sino por complejos más internos de su personalidad. Con esto Schimberg nos ofrece un discurso sobre la importancia del carácter y la personalidad por encima del físico, reforzado posteriormente con el personaje de Oswald (Adam Pearson).

EL TEATRO DEL ABSURDO

A Different Man se mueve en un tono de comedia surrealista y absurda, repleta de personajes y situaciones anómalas, pero que, dentro del universo de la película, son vistas de manera cotidiana, ya sea por la mirada distorsionada de la realidad del protagonista o por el interés del director evidenciar al espectador que, independientemente de nuestro físico, todas las personas cargamos con nuestras propias taras, que nos hacen extraños en un mundo lleno de divergencias. La puesta en escena de Schimberg guarda la suficiente distancia de los personajes como para no ofrecer un juicio sobre ellos, pero al mismo tiempo sirve de espejo distorsionador, donde esa misma realidad llega al espectador de manera irreal y grotesca, creando un tono de comedia sin pretender la carcajada del espectador, sino que se sienta tan ajeno y extraño como los propios personajes, incapaces de encajar en su realidad.

Sebastian Stan en A Different Man, de Aaron Schimberg.
Sebastian Stan en A Different Man, de Aaron Schimberg.

BAJO LA MÁSCARA

A Different Man es una película que nos habla de las múltiples capas bajo las que nos escondemos en sociedad, cómo nos vemos, cómo nos perciben, y lo que realmente somos. Schimberg logra un equilibrio deambulando continuamente sobre la fina línea que separa la realidad de lo grotesco, lo absurdo de lo ofensivo, lo cómico de lo ridículo. Ahí cuenta con la complicidad de un trío de actores (Sebastian Stan, Renate Reinsve, Adam Pearson) volcados en sus personajes, en sus contradicciones, en sus complejos y en su belleza interior.

EL ABISMO SECRETO, de Scott Derrickson, llega a Apple TV+

La nueva película del director Scott Derrickson (Sinister, Black Phone), El abismo secreto, se estrena en Apple TV+ este viernes, 14 de febrero. Escrita por Zach Dean, está protagonizada por Miles Teller, Anya Taylor-Joy y Sigourney Weaver.

Dos agentes de élite (Teller y Taylor-Joy) son secretamente asignados a torres de vigilancia en los lados opuestos de un vasto desfiladero, para proteger al mundo de un misterioso mal que acecha en su interior. Se unen en la distancia, pero han de mantenerse alerta para defenderse del enemigo invisible. Cuando se les revela una amenaza fatal para la humanidad, deben trabajar juntos y poner a prueba su fuerza física y mental para mantener el secreto del desfiladero antes de que sea demasiado tarde.

De Skydance Media, El abismo secreto está producida por David Ellison, Dana Goldberg y Don Granger para Skydance, junto con Scott Derrickson, C. Robert Cargill y Sherryl Clark a través de Crooked Highway, así como Adam Kolbrenner, Zach Dean y Gregory Goodman. Miles Teller es productor ejecutivo.

HEART EYES: Una nueva película de terror para el Día de los Enamorados

Los escaparates y el ambiente nos recuerdan celebrar este 14 de febrero San Valentín, una festividad de origen católico que ha derivado en el popular y comercial Día de los Enamorados. Esta tradición se ha convertido en un punto de partida inspirador para el cine, desde la evidente comedia romántica a su contrapunto a través del terror y el slasher, que este año se fusionan a la perfección en la propuesta Heart Eyes, que llegaba el pasado viernes a la cartelera norteamericana.

Dirigida por Josh Ruben, responsable de las comedias de terror de corte independiente Un hombre lobo entre nosotros (2021) y Scare me (2020), presenta un nuevo asesino en serie, que causa estragos en la ciudad de San Francisco cada año, a mediados del mes de febrero, acechando y asesinando a enamorados. En este marco, Ally, quien trabaja para una compañía de modas y se encuentra extremadamente dolida tras una ruptura, conoce a Jay Simmons, un diseñador de moda, y al ser confundidos con una pareja por el misterioso villano tendrán que hacer lo imposible para sobrevivir. Mientras tanto, los detectives Hobbs y Shaw (en clara referencia a la franquicia Fast & Furious) investigarán el caso con el fin de evitar nuevos crímenes.

Reparto de HEART EYES

De la mano de los productores de las últimas entregas de la saga Scream, Spyglass Media Entertainment, cuenta en el reparto con la actriz y cantante Olivia Holt y con Mason Gooding, hijo de Cuba Gooding Jr., quien precisamente ya apareció en Scream (2022), Scream 6 (2023) y lo veremos próximamente en Scream 7. De otro lado, los investigadores están interpretados por Devon Sawa (recordado por el clásico del género Destino Final) y Jordana Brewster (otro guiño a las películas de A todo gas, en las que ha dado vida a Mia Toretto, además de protagonizar La matanza de Texas: el origen, de Jonathan Liebesman).

El guion alrededor del infame asesino de “Ojos de Corazón”, que probablemente se convertirá en una de las máscaras del próximo Halloween, está escrito por Phillip Murphy, Christopher Landon y Michael Kennedy, estos últimos curtidos en el cine de terror con títulos como Paranormal Activity, Feliz día de tu muerte 2 o Freaky: Este cuerpo está para matar.

Una versión del tema clásico Can’t take my eyes off you suena en el tráiler desvelado por Sony Pictures de Heart Eyes, que de momento no tiene fecha confirmada de estreno en España.

Cine de terror para un San Valentín sangriento

Mientras tanto, los aficionados al terror podrán celebrar este San Valentín recuperando clásicos como Picnic en Hanging rock (1975) o el slasher de los 80 San Valentín sangriento, aplaudido por Quentin Tarantino, y su remake de 2009 en 3D; sin olvidar Rayos X (1981), El asesino de Lover Lane (1999) o Un San Valentín de muerte (2001) del asesino de la máscara de Cupido, con un atractivo elenco repleto de rostros conocidos, como Denise Richards, David Boreanaz, Katherine Heigl y Jessica Capshaw.

CRÍTICA | LA ACOMPAÑANTE, de Drew Hancock. Amor artificial

El cine y la literatura de ciencia ficción nos tienen acostumbrados a advertencias sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial y la tiranía de las máquinas hacia los seres humanos. Muchos son los libros y películas que colocan el componente tecnológico como una amenaza que, en cualquier momento, se puede rebelar contra sus creadores, los humanos. La falta de empatía o brújula moral fuera de unos fríos parámetros de programación supone uno de los principales componentes de confrontación entre humanos y máquinas.

SER HUMANO CONTRA LA MÁQUINA, O VICEVERSA

Con La Acompañante, el director y guionista Drew Hancock le da la vuelta a este componente. La cinta arranca como muchas propuestas de terror, un grupo de amigos se reúnen en una casa apartada de la civilización para pasar el fin de semana. El aislamiento y la falta de comunicaciones se convierten, por lo tanto, en un elemento conflictivo en caso de que suceda cualquier cosa.

Descubrimos, además, que la pareja protagonista no es lo que parece, sino que ella es una robot de compañía, un modelo experimental para proporcionar acompañamiento físico y emocional. Un violento giro de acontecimientos y el trato vejatorio por parte él lleva a la androide a rebelarse contra su programación y defenderse de la agresión sufrida.

Como punto de partida es muy sugerente y promete sumergirse en los aspectos más oscuros de la raza humana, esa que, con o sin brújula moral, se sale de los parámetros de programación humana para transformarse en una versión perversa y maquiavélica de nuestra especie. Por el contrario, la parte tecnológica, por su falta de experiencia vital, se retrata como inocente y confiada.

LAS ESPOSAS PERFECTAS

Hay en la película una clara referencia no sólo al modelo de mujer de los años 50 en Estados Unidos, ama de casa y sumisa a los deseos del hombre, sino también a la novela de Ira Levin, Las Esposas de Stepford, con esa idea de erradicar la rebeldía femenina sustituyendo a las mujeres por complacientes clones robóticos.

Esto viene reforzado por la caracterización del personaje de Iris, interpretado por Sophie Thatcher. Su estilizada figura, su vestuario, el maquillaje y el peinado, todo apunta a la representación de la esposa ideal, como recién sacada de un catálogo de la revista Housekeeping Monthly. Todo esto escenificado en un contexto post #MeToo, de manera que las maneras tóxicas y dominantes del personaje de Josh (Jack Quaid) están aún más subrayadas.

CAPERUCITA Y EL LOBO

Desgraciadamente, la cinta no tarda demasiado en desprenderse de los aspectos más interesantes de su propuesta argumental para centrarse en el componente de thriller y persecución, más rutinario y donde los “giros inesperados” no resultan tan sorprendentes, ni tan maliciosos como se quieren presentar. Lo cierto es que toda la parte “criminal” de la película nos ha parecido muy endeble, de escasa verosimilitud y efectista al no poder agarrarse a ningún componente más sólido.

En su inocencia, Iris se transforma en una Caperucita moderna, que se deja encandilar por un lobo y, de repente, es consciente de las intenciones de este depredador. Aquí tenemos un bosque, tenemos una cabaña (más bien chalet de lujo) y un reparto de personajes de lo más inclusivo, incluso dos guardabosques, pero que ninguno de estos personajes despega más allá de la caricatura.

La acompañante, de Drew Hancock.
La acompañante, de Drew Hancock.

AMOR EN LA ERA DE ANDROID

De puesta en escena efectiva, pero nada sobresaliente, la película cuenta como mejor baza con sus dos actores protagonistas, Jack Quaid y Sophie Thatcher. El primero, procedente de la carga de irreverencia de The Boys, seduce a la cámara con sus modos inquietantes, pero elegantes, jugando con la falta de autoestima de Iris, pero también con su imagen de “chico bueno”. Por su parte, Thatcher se convierte en la reina de la función. Su personaje es el único que resulta convincente y los hace gracias al carisma y la notable interpretación de una actriz en pleno auge de su carrera en Hollywood. En este sentido, La Acompañante viene a reafirmar lo ya demostrado en títulos como Yellowjackets, The Boogeyman o Heretic (Hereje).

El resultado es una película con sus toques de irreverencia, sobre todo en el tratamiento de la violencia, pero que se queda corta frente a sus aspiraciones y que resiste lo justo para ser un divertimento entretenido, pero poco más.

La acompañante, de Drew Hancock.
La acompañante, de Drew Hancock.