TECNÓMADAS. Capítulo 3.2.

ARTHEMIS

El tóptero en el que viajaba la cazadora junto con el grupo de Tábanos de Bloush era un aparato pequeño y veloz, con grandes rotores que en lugar de hacer girar sus aspas las batían como si fueran alas de insecto. Con eso conseguía una buena sustentación —allá arriba sus alas tenían bastante aire que morder— y, lo que era más importante, discreción. El tóptero era un aparato silencioso, la típica sombra que te caía encima desde el cielo y que no veías venir hasta que era demasiado tarde. Eso era bueno para su profesión, y les resultaría útil sobre todo ahora, que se disponían a cobrar una presa que se conocía a la perfección todos los entresijos de su oficio.

Telémacus había sido el más talentoso de los cazadores en otra época, y aunque se hubiese marchado, Arthemis no iba a cometer el error de subestimarlo. Por los dioses, el hecho de que hubiese hundido nada menos que una barcaza de guerra habiendo sido sorprendido pescando, sin más armas que una barquita y una red, demostraba que seguía en forma. Si Arthemis había accedido a traerse a Bloush y a su gente era simplemente para usarlos como carne de cañón, en caso de que las cosas se pusieran feas.

—Ahí está ese poblado de pescadores cero-g —anunció, sobrevolando la línea de casas que se asomaban al acantilado. La salmuera, comprimida por las ondulaciones de antigravedad de la costa, se apelmazaba en las rocas formando una serie de circunvoluciones que desde el aire se veían como bellos anagramas, opacos y espesos como manteca—. ¿Estás seguro de que Telémacus vive ahí?

Bloush, el ragkordi, consultó un aparato con aspecto de rastreador grande y aparatoso.

—Sí. Y aún debe de tener escondida en alguna parte su armadura de randio, porque el material semiradiactivo me aparece claro en el escáner.

—Estupendo. Aterrizaré detrás de ese promontorio y nos acercaremos caminando. Que tus hombres se preparen.

El tóptero tomó tierra escudándose tras un contrafuerte tallado por la naturaleza como si fuera la cabeza de un crustáceo. Las alas se detuvieron dejando un movimiento borroso, zumbante y violento en el aire, y la comitiva de cazadores salió corriendo del aparato. Ocuparon posiciones estratégicas sobre el promontorio que dominaba el poblado y lo barrieron con sus gafas de seguimiento cinético en infrarrojo. Arthemis fue la primera en sorprenderse ante la febril actividad de sus habitantes, que corrían de una cabaña a otra empacando cosas y sacándolas fuera, cada familia haciendo su propio montón.

—Parece que tienen prisa por irse a alguna parte —dijo la cazadora. Bloush asintió.

—Sí… creo que no les gusta que los dravitas hayan entrado en modo reclutamiento. Como los pillen haciendo eso, los van a fusilar a todos.

—Démonos prisa, pues. ¿Te llega más clara la señal del randio?

—Parece proceder de esa choza de techo alto, la novena empezando por la izquierda. —Se dirigió a los Tábanos—. Preparad microgranadas aturdidoras. Modo rebote elástico. —Él mismo preparó cinco de aquellos proyectiles, que podían rebotar contra cualquier superficie hasta siete veces buscando firmas de calor, para liberar sobre ellas una carga aturdidora estática de alto nivel. Bastarían para derribar a un solo hombre… o no, si previamente había tenido tiempo de ponerse su coraza. Pero Arthemis no pensaba concederle el menor cuartel a Telémacus. Era un hombre demasiado peligroso.

La señal del randio llegaba fuerte y clara. Era un material con el que se fabricaban armaduras reactivas kinéticas, o lo que es lo mismo, blindajes que reaccionaban al impacto de cualquier objeto acelerado a velocidades letales endureciéndose justo en el punto del impacto, y disipando esa energía en forma de calor. El residuo térmico se acumulaba en las placas internas de la armadura y servía como escudo ablativo contra láseres y otras armas de energía, por lo que el blindaje era polivalente. No solo protegía a su portador contra la balística tradicional, sino también contra la munición energética más usada, como el plasma o los campos de nulificación atómica. El material era levemente radiactivo, pero eso era lo de menos: ningún cazador había vivido tanto como para sufrir en sus carnes las consecuencias de esa desintegración. Solían morir de maneras expeditivas mucho antes.

—Bajamos a la aldea, ya, ya, ya —ordenó la cazadora. El grupo se desplegó.

Por fortuna para ellos, parecía que los pueblerinos estaban demasiado ocupados preocupándose por su propio pánico como para fijarse en aquellas siluetas que avanzaban amparándose en las sombras. Uno de los zepelines blindados de los dravitas cruzó por la vertical de la aldea, arrojando su ominosa sombra sobre el litoral, pero no se detuvo sino que siguió de largo hacia la ciudad que estaba más al norte. Otros tópteros zumbaban a su alrededor como un nervioso enjambre de abejas.

Arthemis respiró el aire que traían aquellos vientos, tan distinto del de la ciudad, y se llenó de un optimismo despreocupado y vertiginoso. Tal vez fuera la fragancia afrutada de los cultivos de esponjas de mar, que cubrían con una elegante pelusa naranja la costa, pero lo cierto era que en aquel oxígeno había un componente que le recordaba a su niñez. La hizo sonreír. Si algún día se cansaba de su profesión y decidía ocultarse en alguna parte, como había hecho Telémacus, este podría ser un buen sitio.

A los pocos minutos de reptar sigilosamente estuvo frente a la casa de la que surgía la señal del randio. Seguramente sería la vivienda de Telémacus y su familia, si que es que tenía alguna. Vio a Bloush colarse por un callejón lateral y le hizo una señal afirmativa con la cabeza. Iba a entrar. Pero primero echó un vistazo rápido por la ventana, que no tenía cristal sino una cortina. En la penumbra de la habitación había tres personas afanadas en empacar cosas en maletas: una mujer de unos treinta años vestida a la usanza de los pescadores, un chaval que tenía un cierto aire en sus rasgos al propio Telémacus, y un hombre gordo sentado de espaldas cuyo rostro no podía ver. ¿Era el cazador, tanto se había descuidado físicamente? Desde luego, pensó, la vida sedentaria le puede a uno…

En el callejón, Bloush se situó bajo otra ventana y sacó de su bolsillo el puñado de bombas de rebote, listo para arrojarlas dentro. Pero entonces, algo ocurrió: percibió solo parcialmente una sombra que caía sobre él desde el tejado de la vivienda, la cual siguió allí cuando el último y breve instante de dolor explotó en la base de su cuello y acabó con todo. Después, solo la oscuridad.

Arthemis no se dio cuenta de eso, sino que cargó su pistola de pulsos y se preparó para entrar. Una carga térmica en la cerradura ardió con más fuerza que el sol del mediodía, y la puerta se abrió, medio derretida. La mujer y el adolescente retrocedieron asustados, seguramente creyendo que eran las tropas de reclutamiento que venían a su casa, pero el hombre gordo no se movió. Se quedó en el suelo, frente a la maleta que estaba intentando cerrar, y alzó los brazos cuando sintió el arma de la cazadora apoyándose en su nuca.

—Bueno, bueno, pero qué tenemos aquí —sonrió Arthemis—. Así que haciendo las maletas. ¿Nos vamos a alguna parte, Telémacus?

—Sí, es que nos han invitado a tu funeral —dijo otra voz igual de calmada que procedía de su derecha. Y antes de que ella pudiera reaccionar, otro cañón se apoyó en su casco: el del arma de Bloush, que ahora se hallaba en las manos de otra persona, con un frío rubí de luz señalando que su carga estaba al máximo.

La cazadora, sorprendida, dejó de apuntar al gordo y alzó los brazos en pose de rendición. El hombre que estaba detrás de ella, fuera de su cono de visión, tenía la voz de Telémacus.

—Veo que he vuelto a subestimarte —gruñó ella—. Ya me parecía a mí que esta bola de grasa no podías ser tú.

—No, es un amigo que nos está ayudando con la mudanza. Gracias, Yûh, vuelve con tu familia. Aquí me encargo yo.

El hombre sudoroso se levantó y salió de la casa con un traspiés, dándole gracias con la mirada a Telémacus. La mujer y el niño salieron también, llevándose las maletas, de modo que los dos cazarrecompensas se quedaron a solas.

—Sé que tus hombres están ahí fuera, rodeándonos. Diles que se congelen o tú serás la primera en caer, Arthemis.

—Ya están quietos, están escuchando todo lo que hablamos por el canal de radio.

—Bien. ¿Me dirás ahora a qué debo esta intromisión? Creí haberle dejado claro al gremio que me iba, y que no quería volver. —Telémacus se sentó en una silla sin dejar de apuntar a la cazadora, y se puso a mirar el dedo que tenía apoyado en el gatillo como si no le perteneciera. Arthemis giró su casco cromado hacia él, y los reflejos hicieron toda una representación gestual mientras le hablaba.

—Hemos venido por cuenta propia, no por el gremio. Estoy aquí para proponerte un trabajo.

Eso le hizo mucha gracia al hombre.

—Venga ya. ¿En serio? ¿Y no habría sido más fácil enviarme una carta?

—Déjate de tonterías, Telémacus. Los dos sabemos que jamás habrías vuelto si nos hubiésemos limitado a pedírtelo.

—Y aun así has venido.

—Sí, porque creo que mi oferta te puede interesar mucho. No he venido aquí a matarte, sino a obligarte a escucharla. Y una vez lo hayas hecho, comprenderás por qué no puedes decirme que no.

Telémacus le dedicó una sonrisa sin sentido. Le gustaba la desfachatez de la chusma como Arthemis, su arrogancia implícita. Intentó recordar cómo era el rostro de ella, pues alguna vez lo había visto, hacía años… pero no tuvo éxito. Lo único que le venía a la mente cuando buscaba a Arthemis en su memoria era aquel casco plagado de reflejos sobre metal líquido. Telémacus no había cambiado mucho en los últimos años, por lo que para ella sí que sería un rostro familiar: aquella cara llamativa, ligeramente redonda y adornada con bigote y chiva, la boca firme y equilibrada por una nariz de base un pelín acampanada, y unos ojos oscuros siempre fijos en algo que estaba más allá. El rostro atractivo pero a la vez despiadado de un cazador.

—Habla —la invitó—. No sé si te habrás dado cuenta, pero estamos en mitad de un éxodo.

—¿Adónde te piensas llevar a tu tribu, a algún lugar donde no os encuentren los dravitas? Sabes que ese lugar, si existe, está muy lejos de aquí.

—Lo sé, y conseguiremos llegar. Pero eso no es asunto tuyo.

—Puede que sí lo sea. —La cara de Arthemis, sus ojos ahogados en intenso mercurio, se giró hacia él—. Si intentas llevar a tu gente a través del mar cero-g no llegarás lejos. Sé que los dravitas han desplegado todas sus barcazas por temor a que los del Kon-glomerado o el resto de los clanes los asedien desde tierra. Interceptarán vuestra columna de refugiados y os llevarán a todos a las mazmorras de la fortaleza, acusados de fugitivos y traidores al régimen. Pero hay otra opción.

—¿Cuál?

—Te necesito para que me ayudes a entrar en la fortaleza móvil del drav Bergkatse, del Kon-glomerado, a por lo que tú y yo sabemos que esconde dentro. Ya has estado allí y te la conoces al dedillo. Serás nuestro guía.

Telémacus tuvo que combatir el asombro con una buena pastilla de incredulidad. No podía creer que le estuviese diciendo aquella barbaridad en serio.

—Estás de broma.

—Yo nunca bromeo con estas cosas. Dentro de la fortaleza hay vehículos aeroflotadores suficientes como para cargar con toda tu tribu y sus pertenencias, y llevársela muy lejos. Camiones repulsores enormes en los que cabría toda tu tribu. Bergkatse tiene esa tecnología. Con esos camiones podrás atravesar el Yermo de Bering y salir por el otro lado, en las tierras pacíficas del este. Nadie os perseguirá allí.

Telémacus afiló los ojos. La idea podía parecerle descabellada a cualquiera nada más oírla, pues el Yermo de Bering no era lo que se decía un prado alegre. Se trataba de una extensión desértica de más de tres mil kilómetros cuadrados que delimitaba por el este los litorales cero-g, y que se extendía como un desierto tierra adentro, hacia las profundidades del continente. Era justo el camino en sentido contrario al mar que tenían como única alternativa, si no se arriesgaban a navegar. Pero no era una opción fácil. Circulaban muchísimas leyendas sobre los peligros que aguardaban a los incautos que se arriesgaban a atravesarlo, pues muy poca gente —tan solo los exploradores que iban en busca de reliquias tecnológicas— se aventuraba en aquellas vastas desolaciones. Y aun así, muy pocos regresaban con vida.

El desierto tenía sus secretos, como casi todo en aquel planeta. Y no deseaba compartirlos con los seres humanos.

—El camino del Yermo es un suicidio —gruñó Telémacus, sabiendo que decía una obviedad.

—Lo es si no tienes el equipo adecuado, pero con los camiones de Bergkatse tendréis una oportunidad. Una vez estéis al otro lado de los barrancos de Devianys, ya no os perseguirán. Esas tierras lejanas no les interesan a los clanes.

Telémacus se lo pensó bien antes de contestar. Realmente, opciones había pocas. Lo que ella le acababa de contar sobre el despliegue de las barcazas dravitas seguramente sería cierto, no un farol, y si eso era así, entonces el camino del mar estaría cerrado. Ir por allí sería un suicidio para su gente. ¿Pero acaso el Yermo no lo era? ¿Es que ya no se acordaba de los cuentos que contaban los viejos en las tabernas sobre criaturas mutadas por extrañas energías que habitaban las estepas de fuego, o las tormentas de psicoprobabilidad, o los géiseres de tiempo estocástico? ¿Acaso no le ponían los pelos de punta las historias sobre cementerios enterrados en la arena de soldados androides de la última guerra, cuyos huesos descansaban como tibias quemadas bajo aquel sol abrasador, y que se levantaban como zombis cuando algo vivo pasaba cerca?

Sí, el Yermo de Bering era una auténtica frontera natural que separaba los dos lados del continente, y los clanes no estaban interesados en conquistarlo precisamente por la poca relación que había entre costes —elevadísimos— y beneficios —magros como ellos solos—. Si los lumitas lograban atravesarlo y llegaban ilesos al otro extremo, quién sabe lo que encontrarían allí… pero seguro que no sería lo mismo que tenían aquí, y que ya estaba poniendo sus vidas en peligro. Esa incertidumbre era un premio en sí misma.

—Está bien, acepto el trato —dijo con un siseo—. Pero añade esta condición: te ayudo a entrar en la fortaleza móvil y a recuperar la Llave de Iridio, y a cambio tus chicos y tú no solo me ayudáis a traer hasta aquí los camiones aeroflotadores del Kon-glomerado, sino que tú, en persona, me ayudarás a conducirlos por el Yermo.

Arthemis se tensó. Por un momento olvidó su condición de rehén, de persona que se encuentra en el lado equivocado del arma, y se puso en pie, indignada.

—¿¿Qué?? ¡Ni hablar, amigo! Yo te proporciono el material, los vehículos, y tú te las arreglas para conducirlos. Ese es el trato.

—No, no lo es. Yo solo no puedo, y aquí no hay nadie más que sepa hacerlo. Lo tomas o lo dejas, belleza de nariz cromada: te daré la llave, convirtiéndote en la mujer más poderosa de Enómena, y tú me ayudarás a conducir los camiones. Es eso o nada. Si no te interesa… ese agujero de la pared se llama puerta.

Ella apretó los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos bajo los guantes. Un estallido de argot por fuera de la casa les indicó que los aldeanos ya estaban listos para partir: todo el mundo había sacado lo mínimo indispensable de sus hogares y lo habían empacado para salir por pies en cuanto fuera posible. Adónde irían, era harina de otro costal.

—Está bien, capullo —claudicó Arthemis, lustrosa como una orca, su casco acariciado por ondas de mercurio—. Conduciré tu maldito camión. Pero como se me coma un insecto mutado gigante en medio del desierto, te vas a enterar.

Telémacus sonrió.

—¡Genial! Me encanta hacer tratos con gente tan voluntariosa. Venga, reúne a tu gente y despierta a ese imbécil de Bloush, que está tirado en el callejón de atrás. —Su rostro adquirió un aire triste—. A mí me queda por delante lo más difícil: contarle todo esto a mi mujer y a mi hijo, y sobrevivir. Seguro que no les va a hacer la menor gracia.

Nunca se pronunciaron palabras más proféticas que esas en la historia de aquella aldea. Pero eso el cazador ya lo sabía. Aun así, como dijo un explorador de la antigüedad, «la auténtica valentía es tener miedo, y ensillar de todas formas».

Y aquel día, Telémacus Olfhen ensilló su caballo, aunque no supiera exactamente adónde iba a llevarle. Ese día se dedicó, antes de salir, a un plato de gachas que le había preparado su hijo, denso y humeante y con olor a un lugar muy lejano.

 

Rodolfo Sancho y Ana Fernández protagonizan ‘VOCES’, primer largometraje de Ángel Gómez, de estreno este verano

Rodolfo Sancho protagoniza 'Voces', de Ángel Gómez. Foto: Manuel Fiestas
Rodolfo Sancho protagoniza ‘Voces’, de Ángel Gómez. Foto: Manuel Fiestas

eOne presenta el teaser tráiler de Voces, la película de terror clásico de este verano, claustrofóbica y profundamente perturbadora. Está protagonizada por Rodolfo Sancho (El Ministerio del Tiempo), Ana Fernández (Las chicas del cable), Ramón Barea (Abuelos), Belén Fabra (El Ministerio del Tiempo), Nerea Barros (Días de Navidad) y el niño Lucas Blas. La ópera prima de Ángel Gómez llegará a las salas de cine de toda España el 31 de julio de la mano de Entertainment One.

El director español Ángel Gómez, cuyo cortometraje de terror Behind ha ganado más de 50 premios nacionales e internacionales, debuta en el largometraje con Voces. Escrito por Santiago Díaz, sobre un argumento de Ángel Gómez y Víctor Gado, está producido por Feelgood Media (Juan Moreno y Guillermo Sempere), Kowalski Films (Koldo Zuazua), LaNube (Jose Carmona y Ana Figueroa) y Estudio V (Arantxa Domingo, Roberto Sanz y el propio Ángel Gómez).

Voces es una historia de terror clásico centrada en una familia y en el poder sugestivo de las psicofonías. Este título apunta a marcar uno de los debuts más brillantes en el cine de género en España de los últimos años.

Cuenta con la participación de Radio Televisión Española y la ayuda del ayuda del Ministerio de Cultura (ICAA). Los derechos internacionales han sido adquiridos por Film Factory,

SINOPSIS DE VOCES

Daniel, Sara, y su hijo de 9 años, Eric, llegan a la casa en la que pretenden comenzar una nueva vida, sin saber que esa propiedad ha sido conocida desde siempre en los alrededores como “la casa de las voces”. Eric es el primero en advertir que tras cada puerta se ocultan extraños sonidos y se intuyen voces que parece que intentan comunicarse con la familia. Lo que achacan en principio a un producto de la imaginación de Eric se convierte rápidamente en una inquietante realidad también para sus padres. ¿Hay realmente voces en la casa? Y de ser así, ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son? ¿Qué quieren?

Tráiler de ‘ANTEBELLUM’, de estreno en cines el 21 de agosto

Teaser póster de 'Antebellum'.
Teaser póster de ‘Antebellum’.

DeAPlaneta anuncia la fecha de estreno en España de Antebellum, el thriller de suspense del productor de Déjame salir y Nosotros, Sean McKittrick, protagonizado por Janelle Monáe. El lanzamiento del filme, inicialmente previsto para abril, fue aplazado por la crisis internacional de la Covid-19 y tendrá lugar el próximo 21 de agosto.

Gerard Bush y Christopher Renz debutan como guionistas y directores de largometraje con Antebellum, película de suspense con una impactante trama que retorcerá las expectativas del espectador a cada paso.

Antebellum está protagonizada por la cantante y actriz Janelle Monáe (Figuras ocultas), Eric Lange (Narcos) y la nominada al globo de oro Jena Malone (saga Los juegos del hambre). Completan el reparto Jack Huston (Ben-Hur), Kiersey Clemons (Enganchados a la muerte), y la nominada al Oscar por Precious Gabourey Sidibe.

En la misma línea de Déjame Salir o Nosotros, Antebellum cuenta una terrorífica historia en la que los derechos civiles y la cultura afroamericana cobran más protagonismo que nunca.

Antebellum se estrena en España el 21 de agosto de 2020, el mismo día que su estreno en Estados Unidos.

SINOPSIS DE ANTEBELLUM

La exitosa autora Veronica Henley (Janelle Monáe) se encuentra atrapada en una terrorífica realidad cuyo misterio debe resolver antes de que sea demasiado tarde. Antebellum es el nuevo thriller de suspense del productor de las aclamadas DÉJAME SALIR y NOSOTROS y dirigida por los directores revelación Gerard Bush y Christopher Renz (Bush+Renz).

Crítica: ‘EL MISTERIO DEL DRAGÓN’. Cine tronado

Después de dirigir dos thrillers ambientados en el mundo de la droga, el director ruso especializado en videoclips Oleg Stepchenko tuvo la oportunidad de rodar su primera gran producción, que España recibió el título de Transilvania, el Imperio Prohibido (2014). Tomando como punto de partida un relato de Nikolái Gógol, El Viyi, la cinta se presentaba como un pastiche entre humor, terror y aventuras ambientado en la Rusia cosaca del siglo XVIII, con una historia que combinaba ciencia y superstición. La cinta seguía las aventuras del cartógrafo británico Jonathan Green (Jason Flemyng), quien, en un intento de demostrar su valía y ganarse el respeto del padre de la mujer de la que está enamorado, recorre Europa para realizar un mapa detallado del continente.

Accidentalmente llega a un pequeño pueblo ruso marcado por la presencia de una bruja, El Viyi. Aparte de la presencia de Flemyng, la cinta contó con la participación, pequeña y poco afortunada, de Charles Dance como atractivo para el mercado internacional, aunque el grueso de su reparto estaba formado por actores rusos. Con un llamativo diseño de producción, un tono desprejuiciado que, al menos, nos permite tomarnos a guasa sus secuencias más delirantes y un abuso de los efectos digitales, no sólo a nivel de creación de criaturas fantásticas, sino sobre todo a la hora de ofrecer planos y movimientos de cámara recargados e imposibles, la cinta consigue sus mejores momentos en las escasas partes en las que mantiene cierta fidelidad con el texto de Gógol. Todo lo que concierne al supuesto protagonista carece de entidad y degrada las posibilidades del relato, aunque también es cierto que tampoco es que las partes más afortunadas de la película sean especialmente loables.

Acompañada por problemas de producción que se tradujeron a su vez en una pobre distribución internacional, a Stepchenko al menos la experiencia le sirvió como carta de presentación para poder levantar una segunda parte. Desde un principio, la idea era hacer una trilogía, sin embargo, los vericuetos de la coproducción hicieron que la secuela se apartara notablemente de la primera entrega.

Si Transilvania, el Imperio Prohibido contaba con producción de Rusia, Ucrania y la República Checa, El Misterio del Dragón se ha producido entre Rusia, China y Estados Unidos. En esta ocasión, las aventuras de nuestro cartógrafo Jonathan Green le llevan hasta China, donde se encontrará con la leyenda del Rey de los Dragones, protector del pueblo chino, pero abducido por una bruja que lo utiliza para sus propios intereses. Lo cierto es que esta película nunca hubiese visto la luz sin el dinero chino y la entrada de Jackie Chan en la producción. Es por esto que más que una secuela de Transilvania, el Imperio Prohibido se convierte en una más de las cintas de artes marciales y mitología que nos llegan desde China.

La parte dedicada a Jonathan Green es aquí prácticamente testimonial y la película sólo levanta cabeza cuando la parte puramente china toma el control. Se aprecia un contraste rotundo entre las partes rodadas por Stepchenko, que mantienen ese componente excesivo e infantil de la primera parte, y las rodadas por el Jackie Chan Stunt Team, con dirección de acción de He Jun. Mientras que lo primero es abigarrado y atropellado, lo segundo gana en esteticismo y plasticidad.

Como en la anterior, aquí tenemos reparto internacional que actúa como reclamo para el público. A parte del regreso de Flemyng, una nueva aparición testimonial de Charles Dance o la vista y no vista aparición de Rutger Hauer, lo verdaderamente llamativo es el reencuentro en pantalla de Jackie Chan con Arnold Schwarzenegger tras La Vuelta al Mundo en 80 Días.

Ninguno de los dos aporta nada significativo a la trama, su enfrentamiento está resuelto con dobles y el espectador, si acaso, podrá sacar algún chascarrillo medio decente del cara a cara de los dos titanes del cine de acción; sin embargo, no se puede negar que son el único gancho para conseguir atraer público a este desvarío. Sin el apoyo, aunque fuera demasiado libre, del texto de Gógol, aquí el argumento no tiene pies ni cabeza.

La película avanza como si no hubiese nadie al volante y si en algún momento puede resultar divertida es por el auténtico dislate que supone un guion repleto de sinsentidos y absurdos (como por ejemplo que británicos, rusos y chinos hablen todos el mismo idioma).

Ante una tronada así, no queda más remedio que dejarse llevar por la corriente e intentar quedarse con los aspectos más positivos, que básicamente son las secuencias de acción que se van sucediendo una vez los protagonistas llegan al poblado chino. El resto, en esencia, es un insulto a la inteligencia del espectador.

TECNÓMADAS. Capítulo 3.1. LOS TEMORES DE UNA MUJER SABIA

LIÁNFAL

No siempre había sido guardiana de las tradiciones, ni siquiera una mujer santa. Tenía un pasado, como todos allí, y al igual que todos, Liánfal era tan reacia a desvelar datos sobre él como a dejarse ver desnuda por la calle. No es que temiera que los demás pudieran usar ese conocimiento contra ella, sino que algunos podrían verse tan influidos por él que sus propias vidas cambiarían sin remedio. Y no quería eso. Deseaba que todo siguiera con la paz y la tranquilidad de costumbre, sin que nada cambiase.

Sin embargo, una vocecilla le decía que hiciera lo que hiciera a partir de ese momento, eso ya no sería posible.

A veces, cuando la campana del templo tocaba las horas o llamaba a cumplir con las abluciones, una parte de su pasado estallaba en su mente como una fotografía con cada martillazo del aldabón. No solía pedirle a ninguno de sus ayudantes que la tocara, sino que ella misma colgaba todo su peso de la cuerda y hacía sonar los tang, tang, tannnnggg tan reverberantes de aquella cosa que, pese a su tamaño y prepotencia, no dejaba de ser un instrumento musical.

Cada aldabonazo tenía una réplica en forma de recuerdo, bien fuera de su infancia en aquella gran ciudad cuyo nombre ya no recordaba —ella corriendo por las calles, medio desnuda, intentando encontrar algo que comer o poniendo cara de gatito abandonado para que algún paseante le tirase una moneda—; de su adolescencia en una casa de geishas en Tájamork —siendo usada para el placer de los extraños mientras sus ojos se perdían en los techos de las habitaciones, viendo cómo la luz que se colaba por los postigos hacía destacar los húmedos enyesados—; o cómo escapó de todo eso subiéndose a un transporte de mercancías que pasaba y que no tenía ni idea de adónde podría llevarla. Pero le daba igual, pues cualquier lugar del mundo sería mejor que aquel. A su espalda quedó para siempre la avenida de las caricias de Tájamork, yaciendo exhausta, sepultada sobre sí misma y oliendo a vino aguado.

Los lumitas la acogieron cuando la vieron flotando en el mar cero-g como el despojo de un naufragio. La aceptaron como miembro de su tribu después de que les demostrase que tenía una habilidad especial para memorizar e interpretar las tradiciones. No le resultaba difícil, pues un credo religioso era tan fácil de recordar como las normas de una casa de citas, y tenía tantos giros y excepciones como aquellas, así que pronto se convirtió en aprendiza del templo, y de ahí fue escalando hasta la posición que ocupaba ahora. Sesenta inviernos tenía aproximadamente —ni siquiera ella estaba segura, pues nunca le habían dicho con seguridad en qué año había nacido—. Y muchos recuerdos de los que sentirse avergonzada, aunque no menos cantidad de otros que la hacían sentirse orgullosa.

Como místar de la aldea había tenido que enfrentarse a ciertas decisiones peliagudas, incluyendo el arbitraje de casos difíciles de homicidio o de agresión por celos —era lo habitual en un entorno donde las religiones debían ser sobrias, solemnes y defensivas, y donde el diseño consciente del mito podía ser mucho más determinante que a la creatividad de su evolución natural—. Pero nunca se había encontrado con una situación tan drástica como la que se le presentaba aquella noche, en la que el concejo se había reunido en la casa consistorial. Estaban los ancianos, tan mustios como sus facciones y resignados a que el tiempo volviera débiles sus piernas e incierto su andar. También sus consejeros, jóvenes ambiciosos con un ojo siempre puesto en la silla de su maestro. Y ella, que como representante del clero tenía voz y voto en todas las áreas.

Telémacus fue el primero en hablar, y aunque omitió el suceso de la reliquia del Tapiz de Sílice, fue bastante claro en todo lo demás. A medida que lo iban escuchando, tanto su esposa como los miembros del concejo ponían caras de inquietud más acusadas.

—…Así que esta es la situación —dijo Telémacus para concluir su relato—: La mala fortuna quiso que los dravitas me encontrasen justo en aquel momento y que amenazaran a mi hijo, cosa que jamás toleraré. Tengo una deuda de sangre pendiente con ellos, y no cejarán hasta que la salde. Por eso —miró a Vala, su mujer— creo que el camino más sensato para mí y para mi familia es el del exilio.

Hubo rumores que cruzaron la sala de un lado a otro como una marejada de sonidos. Telémacus supo entonces que el futuro le estaba acechando: que le aguardaba un desenlace, una consumación. Por más que intentara evitarla, estaría esperándole emboscada en cualquier parte del camino.

Hay cosas en la vida de las que no puedes huir, solo enfrentarlas o dejar que te pisoteen. Y Telémacus no era un hombre acostumbrado a dejarse pisotear.

—¡Así que nos has puesto a todos en peligro solo por salvar a tu hijo! —exclamó iracundo uno de los vocales del concejo—. ¡Sabías lo vengativos que son los dravitas, y aun así nos marcaste a fuego en sus mapas, cuando hasta ahora ni siquiera sabían que existíamos!

Liánfal se puso en pie y dio un golpe con su báculo ceremonial en el suelo. Toda la sala se calmó.

—Defender a un hijo nunca ha sido, ni será, motivo para la vergüenza o el arrepentimiento. Tú deberías saberlo mejor que nadie —le reprochó al vocal—, pues te he visto salir en defensa de tus hijos cada vez que fue necesario. Así que no le eches en cara a Telémacus que hiciera lo mismo. Es cierto, hermanos y hermanas, que el peligro nos acecha ahora más que nunca, pero no por lo que vosotros creéis. Aunque penséis que el terrible acontecimiento en el que se vio envuelto Telémacus es lo más extraño que ha ocurrido últimamente, no es verdad. Como muchos sabéis, porque lo visteis ayer con vuestros propios ojos, el Tapiz de Sílice ha hablado. Lo ha hecho por primera vez desde que los dioses decidieron que fueran los lumitas quienes lo custodiaran.

Más murmullos y asentimientos de cabeza. El más venerable de los ancianos, que hablaba por boca de su ayudante pues ya no tenía fuerzas para alzar la voz, le susurró unas cosas al oído. Su ayudante se puso en pie y dijo con respeto:

—El padre Pollexfen quiere hacer constatar algo, y también tiene una pregunta. Respecto a lo primero, desea recordar tanto a los presentes como a los dioses invisibles que nos están escuchando que los lumitas somos un solo ser, una sola alma. Y que aunque Telémacus Olfhen no naciera en nuestra tribu, se ha ganado su pertenencia a ella como miembro de pleno derecho. Gracias a su talento para la caza no morimos de hambre hace unos inviernos, pues encontró los caladeros de los tiburones blindados y nos enseñó a pescarlos. —Hubo murmullos de asentimiento, sobre todo de Vala y de su hijo, que abrazaron a Telémacus al oír aquellas palabras—. Así que su opinión es que si la familia de Olfhen está en apuros, entonces lo estamos todos. Debemos enfrentarnos a la amenaza como un solo ser, no como un cuerpo en el que la cabeza está enfadada con los brazos y estos a su vez con las piernas. Un cuerpo así jamás lograría ponerse en pie y andar, y moriría de hambre tumbado para siempre en el mismo sitio.

»Respecto a su pregunta, al padre Pollexfen le gustaría saber si la místar ha examinado las otras dos reliquias, y si ha encontrado alguna pista en ellas sobre lo que le pasa a su hermana mayor.

Liánfal meditó la respuesta. Conocía a su gente y sabía lo susceptibles que eran a los augurios y las profecías, por lo que tenía que tener un cuidado enorme con las cosas que les contaba. Cualquier mala interpretación de un prodigio podría empujarlos a hacer algo de lo que luego se arrepintieran.

Dejó vagar la vista más allá de la línea de cabezas. Si hacía un círculo con los dedos podría ver enmarcados en él los edificios de la aldea, agazapados como sapos en las estribaciones de la bahía. La amenaza estaba escrita en las volutas de humo que salían de las chimeneas, en las calles vacías y en los establos que albergaban a los animales. «CUIDADO», proclamaban las veletas que seguían el capricho de los vientos, construidas con fragmentos de desconocidas aleaciones que, de ser sometidas al fuego, se sublimarían en asfixiantes nubes de miedo. Todo en la noche advertía que algo malo estaba a punto de pasar, y que los lumitas, creyeran o no en la profecía, sufrirían sus consecuencias.

—Respecto a lo primero, he de decir que pienso exactamente igual que el padre Pollexfen —dijo la místar—. Somos una sola piel, un solo ser, y si uno corre peligro, lo corremos todos. Nos enfrentaremos a los dravitas como una sola fuerza, y en el peor de los casos, si hay que huir… huiremos todos. En lo tocante a su pregunta, diré que sí, que he examinado las otras dos reliquias sagradas, pero no parecen haber sido afectadas por lo que le pasó al Tapiz. Este ha hablado por sí solo, y cualquiera que haya sido su mensaje, nos lo ha transmitido solamente a nosotros.

Eso pareció gustarles a los presentes, que se sentían importantes porque una reliquia sagrada les hubiese hablado a ellos y a no a las otras reliquias. Un poco de chauvinismo tribal no les vendría mal en estas circunstancias. Lo que no les había dicho a ninguno salvo a Telémacus era que el Tapiz no había dejado de latir en ningún momento después de su activación inicial: seguía palpitando con una señal mucho más débil que la del día anterior, y que solo podía ser escuchada si uno pegaba el oído a la placa dorada. Pero ahí estaba. Fuera lo que fuese lo que había desatado la actividad en la placa de circuitos, seguía activo.

Ella, precisamente por ser la sacerdotisa guardiana de los misterios, era quien menos relacionaba tales misterios con causas metafísicas. Los demás creían que las reliquias estaban de algún modo relacionadas con los dioses, y que eran objetos preternaturales. Ella no. Al igual que Telémacus, que también procedía de otra cultura más avanzada, sabía que aquellos tres pedazos de tecnología no eran más que eso, y que si uno de ellos había vuelto a la vida tras tantos años era porque algo lo estaba llamando. Algo que no tenía nada que ver ni con los lumitas, ni con los dravs, ni con ninguna de las culturas de aquel planeta. ¿Pero qué sería? ¿Y por qué se había puesto en funcionamiento justo ahora?

De repente, un chiquillo entró corriendo en la casa consistorial con tensión en la mirada.

—¡Cuidado, globos! ¡Vienen, se aproximan!

Los reunidos salieron a toda prisa. No les fue difícil distinguir las siluetas de los aerostatos a los que se refería el niño: grandes y de aspecto amenazador, los zepelines de guerra dravitas parecían mucho más pesados que el aire, pero se elevaban como enormes ballenas azules. Eran lentos, pero su sola presencia en medio de un cielo por lo demás tranquilo nunca era un buen presagio. Como lentos paquidermos, se diferenciaban con su brillo metálico del fondo de nubes, y cruzaban el azul dejando estelas de un vapor azucarado como rocío de mar.

Eran tres, y se acercaban a región de la costa donde no solo se levantaba el pueblo de los lumitas sino también otras ciudades como Tájamork o los enclaves comerciales del sur. Hacia allí se dirigieron los zepelines, cosa que tranquilizó por el momento a Telémacus. Si se trataba de un reclutamiento forzoso empezarían por los centros de mayor población, pero solo era cuestión de tiempo que los visitaran a ellos también. Ahora, más que nunca, estaban corriendo contra el tiempo.

El antiguo cazarrecompensas cruzó una mirada preocupada con Liánfal.

—Se nos acaban las opciones —murmuró, intentando añadir la cantidad correcta de inquietud.

—Sí —asintió ella, sus labios comprimidos en una fina línea blanca. Telémacus sabía que no era una expresión neutral, pero no sabía cómo interpretarla—. Recoge tus cosas, partiremos en cuanto el pueblo esté en condiciones de viajar. Nos lo llevamos todo menos las casas.

—Sin vehículos no iremos muy lejos.

—Tenemos las barcas. Intentaremos atravesar el mar hasta llegar a las otras costas.

Él sacudió la cabeza, taciturno.

—Son demasiado lentas. Nos verán desde el aire y nos cazarán.

—Si tienes algún plan mejor, dilo.

—No lo tengo, pero pensaré en uno. Dioses, estas situaciones me recuerdan lo viejo que soy.

—Hace tiempo aprendí, Telémacus, que las mujeres tienen fechas de nacimiento y los hombres «hacetantos». Hace tanto que no hago esto, hace tanto que no me preocupo por lo otro…

Él sonrió.

—Muy agudo. Da la alarma, que todo el pueblo se prepare.

—De acuerdo. Ordenaré empacar las reliquias. Se vienen con nosotros.

La actividad fue frenética a partir de ese momento, pues todos sabían lo que significaba una leva de reclutamiento: los dravitas pasaban con sus máquinas volantes por las ciudades y los pueblos y se llevaban a todo hombre y mujer en edad de resultar útil para una de sus locas incursiones en el territorio de los otros clanes. Y eso nunca salía bien para ellos, para los campesinos y pescadores, pues normalmente los usaban como carne de cañón.

Telémacus pensó que las palabras de la místar habían sido proféticas: «Somos una sola piel, un solo ser, y si uno corre peligro, lo corremos todos». Los temores de aquella mujer sabia se habían hecho realidad. Y había llegado el momento de que ese ser único moviera sus anquilosadas piernas y saliera de allí pitando.

 

‘SCARFACE’: Otra cicatriz para Cara cortada

El regreso de la historia de Scarface a la gran pantalla, que fue llevada al cine primero en 1932 de la mano de Howard Hawks y cinco décadas más tarde por Brian De Palma, con Paul Muni y Al Pacino como protagonistas, parece estar más cerca bajo las órdenes del italiano Luca Guadagnino. En el proyecto de Universal Pictures, primeramente estuvieron involucrados los directores Antoine Fuqua (Training Day, 2011) y David Ayer (Escuadrón suicida, 2016), y esta semana saltaba la noticia del fichaje del cineasta italiano, responsable de la nominada al Oscar Call me by your name (2017).

Los célebres hermanos Joel y Ethan Coen se han encargado de la reescritura del guion, sobre los borradores desarrollados por Gareth Dunnet-Alcocer, Jonathan Herman y Paul Attanasio. La nueva versión de los responsables de Fargo y No es país para viejos traslada a Los Ángeles la historia del gánster inmigrante llamado Tony Camonte en El terror del Hampa de Hawks y Tony Montana en El precio del poder de Brian De Palma.

El relato ya conocido bebe de la ficción, a partir de la novela Scarface de Armitage Trail, publicada en el año 1930, y la biografía de Alphonse Gabriel Capone, conocido precisamente como Al “Scarface” Capone, “Cara cortada” por la cicatriz que tenía en su rostro debida a los navajazos que sufrió en una pelea.

Remakes

Lo cierto es que, aunque siempre está sobre la mesa el debate sobre si son necesarias las reescrituras, revisiones y adaptaciones a los nuevos tiempos de películas de culto, tanto la versión de Scarface de 1932 como la de 1983 están consideradas obras maestras y confiamos en la mano de Guadagnino para ofrecer una vuelta de tuerca a los clásicos. El creador nacido en Palermo estrenó con éxito en 2018 el remake de Suspiria, la icónica cinta dirigida por Dario Argento en 1977. Además, trabaja en una nueva adaptación de la inquietante novela de William Golding El señor de las moscas, ya llevada al cine en dos ocasiones (1963 y 1990); ahora a partir de un guion de Patrick Ness, autor de la novela y el libreto de Un monstruo viene a verme, de J. A. Bayona.

Hasta el momento se ha hablado del actor mexicano Diego Luna para el papel principal de la nueva Scarface, pero se desconoce si continúa a bordo, así como cuándo comenzará la producción y el rodaje de la película, tanto por los retrasos provocados por la alarma sanitaria internacional debida a la pandemia de la Covid-19 como por los numerosos proyectos de Guadagnino. Su agenda también incluye la miniserie de HBO We are who we are, protagonizada por Chloë Sevigny y Jack Dylan Grazer, y la secuela de Call me by your name.

Capone

Mientras tanto, el verdadero “Cara cortada”, que ha sido llevado al cine en multitud de ocasiones en la piel de míticos actores como Robert De Niro o Rod Steiger entre otros, vuelve a las pantallas interpretado por Tom Hardy, fabulosamente caracterizado en el largometraje Capone, dirigido por Josh Tank (Los 4 fantásticos).

El pasado 12 de mayo veía la luz en Estados Unidos, en plataformas de streaming y vídeo bajo demanda, y se espera el anuncio de su lanzamiento en cines y otros mercados, incluido el español.

El FESTIVAL ISLA CALAVERA estrena online el nuevo corto de Alex Proyas, ‘STRANGE NOSTALGIA’

El director de El cuervo (1994) y Dark City (1998), Alex Proyas, se suma a la propuesta “Cine de Cuarentena” del Festival de Cine Fantástico de Canarias Isla Calavera con su nuevo cortometraje Strange Nostalgia, que el certamen ofrece en exclusiva con subtítulos en español.

La acción “Cine de Cuarentena” continúa así sumando títulos a su catálogo y ya acumula veinte cortometrajes, tanto de ficción como documentales.

El Festival Isla Calavera estrena en exclusiva el nuevo cortometraje del director de cine, escritor y productor australiano Alex Proyas Strange Nostalgia, un inspirador cortometraje realizado principalmente durante la cuarentena, empleando técnicas de colaboración remota, por primera vez con subtítulos en español. Esta producción explora los temas de la memoria, las vidas pasadas y los universos paralelos a través de composiciones en capas inspiradas en películas del expresionismo alemán y el cine noir.

Además, ha visto la luz, por primera vez en abierto, el drama fantástico Bonsai, escrito y dirigido por Óscar Martín (Amigo) y protagonizado por Javier Botet; así como el título de animación Nouvelle Cuisine, de Manuel Reyes Halaby, o el corto El gigante y la sirena, del canario Roberto Chinet, que participaron en la primera edición del Festival Isla Calavera; entre otras opciones como el poema visual La perrera, de Javier Yáñez; Hotel, de José Luis Alemán; La proeza, de Isaac Berrocal; La cañada de los ingleses, de Víctor Matellano; Coming to town, de Carles Torrens; 8 (Ocho), de Raúl Cerezo; Villa Offline, de Sergi Páez; Agapornis, de José Mellinas; La culpa, de David Victori; los documentales Un chico de portada: El arte de Macario Gómez, de David Muñoz, y El traje de Superman, de Juan Manuel Díaz Lima; y el adelanto del proyecto Oda a la sangre, de Cándido Pérez de Armas.

Todos los cortometrajes están disponibles en la web del Festival, donde también está en marcha otra acción prefestival que lleva por título «La Fantasía al rescate» y que consiste en recomendaciones de cineastas e intérpretes de trabajos propios que se pueden ver en estos días en plataformas.

El Festival de Cine Fantástico de Canarias, organizado por la Asociación Cultural Isla Calavera, la Asociación Cultural Charlas de Cine, la publicación especializada TumbaAbierta.com y Multicines Tenerife, trabaja en la celebración de su cuarta edición, que tendrá lugar entre el 13 y el 21 de noviembre de este año. Pronto se abrirá el período de inscripción de largometrajes y cortometrajes para participar a competición. Cuenta con la colaboración y el apoyo de la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, a través de la Sociedad de Desarrollo, Universidad de La Laguna, Canarias Cultura en Red, Tenerife Film Commission, Coca-Cola, Dorada Especial, Blackout Films, Reel One Entertainment, Juan Antonio Ribas Ediciones Digitales, Fly Luxury, TuBillete.com, Iberostar Heritage Grand Mencey, PlayMedusa Videojuegos, Mercado Nuestra Señora de África y Planet Horror, la única plataforma exclusiva de cine de terror en España.

«LA FANTASÍA AL RESCATE»: Cineastas y artistas recomiendan a los seguidores del Festival Isla Calavera algunos de sus trabajos

El Festival de Cine Fantástico de Canarias Isla Calavera lanza en sus redes una nueva acción para hacer más ameno el confinamiento y la desescalada a todos los amantes del cine. Bajo el lema “La Fantasía al rescate”, cineastas y artistas recomiendan algunos de sus trabajos, actualmente disponibles en plataformas, para que los seguidores del género tengan en cuenta opciones para ver estos días en sus hogares.

Ya se han sumado a esta iniciativa el realizador cubano afincado en Los Ángeles Alejandro Brugués (Juan de los Muertos), el director productor y guionista Mick Garris (Premio Isla Calavera de Honor 2018), el polifacético actor y cantante Carlos Areces, quien ha visitado el festival en dos ocasiones, y Javier Botet, el actor español más internacional, con una filmografía que abarca títulos como It, El Renacido, La cumbre escarlata, [REC], Alien: Covenant o La momia.

Esta segunda propuesta se suma a la acción “Cine de Cuarentena”, que continúa sumando títulos a su catálogo y ya acumula veinte cortometrajes, tanto de ficción como documentales. La última incorporación ha llegado de la mano del director de cine, escritor y productor australiano Alex Proyas, responsable de las míticas El cuervo (1994) y Dark City (1998). El Festival Isla Calavera estrena en exclusiva su nuevo cortometraje Strange Nostalgia, un inspirador cortometraje realizado principalmente durante la cuarentena, empleando técnicas de colaboración remota, por primera vez con subtítulos en español.

Tanto los cortometrajes que acoge “Cine de Cuarentena” como las piezas de “La Fantasía al rescate” están disponibles en la web del Festival. Próximamente, las dos iniciativas incorporarán nuevos títulos y recomendaciones de autores internacionales como los oscarizados maestros de los efectos especiales Rick Baker y David Martí, el técnico de efectos especiales de [REC] David Ambit, el guionista y director Víctor Matellano, y canarios, como la actriz Paola Bontempi, entre otros.

El Festival de Cine Fantástico de Canarias, organizado por la Asociación Cultural Isla Calavera, la Asociación Cultural Charlas de Cine, la publicación especializada TUMBAABIERTA.COM y Multicines Tenerife, trabaja en la celebración de su cuarta edición, que tendrá lugar entre el 13 y el 21 de noviembre de este año. Pronto se abrirá el período de inscripción de largometrajes y cortometrajes para participar a competición. Cuenta con la colaboración y el apoyo de la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, a través de la Sociedad de Desarrollo, Universidad de La Laguna, Canarias Cultura en Red, Tenerife Film Commission, Coca-Cola, Dorada Especial, Blackout Films, Reel One Entertainment, Juan Antonio Ribas Ediciones Digitales, Fly Luxury, TuBillete.com, Iberostar Heritage Grand Mencey, PlayMedusa Videojuegos, Mercado Nuestra Señora de África y Planet Horror, la única plataforma exclusiva de cine de terror en España.

«La casa del terror» de PLANET HORROR abre las puertas a Josemi Beltrán y Enrique López Lavigne

Planet Horror, el único servicio directo al consumidor especializado en cine de terror en España, sigue ofreciendo «La casa del terror», conversaciones en directo en el perfil de Instagram de Planet Horror entre el director del Festival de Sitges Ángel Sala y figuras clave del género de nuestro país.

Los próximos invitados son Josemi Beltrán, director de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, este jueves 14 de mayo, a las 12h; y Enrique López Lavigne, productor de títulos de la talla de Lo imposible, Un monstruo viene a verme, 28 semanas después o Verónica, el viernes 15 de mayo a las 12h.

De esta manera, Planet Horror es un punto de encuentro donde los fans del cine de terror y fantástico tendrán la oportunidad de ver y escuchar desde sus casas a grandes nombres hablar sobre su visión del cine. En semanas anteriores, han visitado «La casa del terror»: Álex de la Iglesia y Paco Plaza, y Paco Cabezas y Miguel Ángel Vivas.

«La casa del terror» se retransmite a pantalla partida entre el director y el invitado que conversarán sobre diferentes temas relacionados con el terror. Además, los usuarios pueden enviar previamente por mensaje directo a Planet Horror en Instagram sus preguntas para que sean contestados por el invitado. Al terminar cada conversación, que tiene una duración estimada de media hora, se puede disfrutar del contenido en las historias archivadas en la red social.

Planet Horror, producida por AMC Networks y RedRum, es la única plataforma bajo demanda de películas del género en España. Los títulos de Planet Horror se pueden ver directamente en la página web planethorror.es, en las aplicaciones para dispositivos móviles iOS y Android y en la aplicación de Samsung Smart TV. La suscripción a la plataforma se realiza mediante un pago único anual de 19,99€.

El catálogo de Planet Horror se nutre de películas inéditas en España, títulos premiados en los mejores festivales especializados y verdaderos clásicos de culto.

‘MARVEL’s Iron Man VR’ a la venta el 3 de julio

Sony Interactive Entertainment anuncia que el esperado título de realidad virtual MARVEL’s Iron Man VR, llegará el próximo 3 de julio en exclusiva para PlayStation®VR.

El anuncio se ha hecho público a través del perfil de Twitter oficial de PlayStation® y el estudio desarrollador, Camouflaj, ha querido mostrar su agradecimiento a los fans por su paciencia, además de mostrar su ilusión por la fecha desvelada.

El título meterá a los jugadores en la piel de Tony Stark, quien, tras varios años luchando contra el crimen y siendo un superhéroe de talla mundial, sufrirá el ataque de la temible y misteriosa Fantasma, una pirata informática que reutiliza armas antiguas de Industrias Stark para atacar sus instalaciones.

En este sentido, en MARVEL’s Iron Man VR los jugadores deberán ayudar a Tony Stark en su lucha contra Fantasma y usar los dos mandos de movimiento PlayStation®Move para activar los reactores de repulsión de Iron Man y surcar los cielos con un arsenal de última tecnología.

MARVEL’s Iron Man VR seguirá la estela típica del héroe, con momentos cargados de humor, emoción, suspense y adrenalina. Además, los jugadores serán capaces de convertirse en Tony Stark fuera de la armadura para interactuar con el mundo, elegir entre distintas opciones de diálogo y vivir su vida, o interactuar con personajes emblemáticos de Marvel. El juego, además de prometer momentos emocionantes y de muchísima acción, también se esfuerza en crear una historia de Iron Man real y profunda. Tanto es así que el propio Christos Gage, legendario guionista de Marvel, ha colaborado directamente en la parte narrativa.

Iron Man VR