El mundo del blues está repleto de leyendas que van más allá del mundo natural. Una de ellas es la historia de Robert Johnson, el rey del Delta Blues, quien supuestamente vendió su alma al diablo en un cruce de carretera para poder convertirse en el mejor músico de blues de la historia. Esta leyenda tuvo sus ecos en la cinta Cruce de Caminos de Walter Hill de 1986. Ahora Ryan Coogler y Michael B. Jordan vuelven a acercarse a ese componente fantástico de los inicios del blues con su nueva película, Los Pecadores.
Tras tres colaboraciones de éxito (Fruitvale Station, Creedy Black Panther), el tándem formado por el director y el actor vuelve a reunirse en una película que fluctúa entre la denuncia del racismo histórico en Estados Unidos, el terror y el musical.
Cine criminal y social
Como ya hicieran Robert Rodríguez y Quentin Tarantino en Abierto hasta el Amanecer, la película cuenta con un extensa primera parte, donde todo en la trama parece discurrir más por una línea de cine criminal ambientado en plena ley seca en Estados Unidos, con referencia a la situación de la comunidad negra en los estados del sur, bajo la llamada Ley Jim Crow, que promovía los privilegios de la población blanca sobre la población negra y la segregación racial hasta la llegada de la década de los 60.
El cine de Ryan Coogler, ya sea en su faceta más independiente, como en sus aportaciones más comerciales, siempre ha contado con un discurso abiertamente social y reivindicativo de la población afroamericana. En este sentido, Los Pecadoresno es una excepción. La ambientación, el retrato social, es fundamental en la película, recuperando el valor de la tradición de la música negra no sólo como un referente cultural, sino identitario de toda una población.
Los pecadores, de Ryan Coogler.
Película musical
La película no es un musical per se, pero la música en general tiene un gran peso narrativo, no sólo la partitura musical de Ludwig Göransson (no por nada, acreditado también como productor de la película), sino muy especialmente las canciones. El protagonismo de un músico como Miles Caton, junto al doble papel de Michael B. Jordan como los gemelos Smoke y Stack, evidencia esa intención por parte de los autores de la película.
A esto hay que sumar uno de los mejores momentos de la cinta, un número musical donde la habilidad musical del personaje de Sammie Moore (Caton) rompe la cuarta dimensión y las barreras del espacio tiempo desaparecen. Aunque no podemos decir que estemos ante un musical en el sentido tradicional del género, el trabajo sonoro de toda la película es extraordinario, siendo más relevante en la descripción de personajes y sus confrontaciones que el propio guion. Otro elemento vibrante de la película es la contraposición del blues con el folk irlandés para marcar los dos bandos de la historia.
Experiencia visual
Rodada en IMAX, la película busca también a través de la imagen llegar a un nivel de depuración estética que recuerda a otros cineastas como Christopher Nolan, Quentin Tarantino, Paul Thomas Anderson o Damien Chazelle, siendo, en cualquier caso, Coogler un cineasta inferior a estos referentes. El uso de la paleta de colores, los planos secuencia, los desafiantes movimientos de cámara, el imponente uso del montaje convierten a Los Pecadores en una película también de potente impronta visual.
Es una lástima que Coogler desperdicie algunas posibilidades narrativas que, especialmente en el clímax final, desluce el resultado final. Los que todo apuntaba a un duelo musical final no llega. No por deficiente, pero sí desoyendo lo que va proponiendo la película en favor de un giro final más comercial y prototípico. Afortunadamente, la cinta cuenta con un epílogo y dos secuencias post créditos que ayudan a recuperar el tono de la cinta y dejarla en un nivel superior.
Pese a algún altibajo en la narración o el ritmo, Los Pecadores se revela como una película fresca y que no tiene miedo de unir con incuestionable potencia el espíritu de autor con una muy disfrutable faceta comercial.
El director de The Boy: La Maldición de Brahms y La Huérfana: Primer AsesinatoWilliam Brent Bell vuelve con Ritos ocultos, una cinta de terror donde una fiesta pagana será el comienzo de la mayor de las pesadillas.
Protagonizada por Tuppence Middleton (Mank; Downtown Abbey: una nueva era) en el papel de Rebecca, Ralph Ineson (The Creator; Juego de Tronos) como Jocelyn y Evie Templeton (Pinocho; Silent Hill 2) como la pequeña Grace, Ritos Ocultosnos muestra un angustioso filme donde la verdadera maldad no tiene nada de sobrenatural.
SOBRE LA TRAMA
Cada año, Berrow (un pequeño pueblo inglés) celebra un festival de otoño para dar gracias por la cosecha. Los lugareños se visten con disfraces extravagantes y una figura enmascarada conocida como el Señor del Caos los dirige para expulsar a Gallowgog, un espíritu maligno. Este año, la pequeña Grace ha sido elegida para interpretar al Ángel de la Cosecha. Al anochecer, una procesión lleva a los habitantes hasta un campo ceremonial donde arden tres grandes hogueras y Rebecca pierde la pista de Grace entre la multitud. Temiendo que se haya adentrado en el bosque, Rebecca la busca en vano, pero su hija ha desaparecido.
El día siguiente es un infierno para Rebecca. La policía registra el área que rodea a Berrow en busca de Grace, pero no encuentra ningún rastro. Henry (Matt Stokoe), marido de Rebecca, descubre un video que muestra a Grace al borde del bosque, hablando con el hombre disfrazado de Gallowgog. El dueño del bar lo identifica como Derry Nash, un lugareño con problemas, y los Holland se dirigen hasta la granja de su abuelo para hablar con él, aunque se encuentran con que también ha desaparecido. Dentro de su coche descubren un horripilante santuario dedicado al espíritu de Gallowgog y todo apunta a que Derry sea el responsable de la desaparición de Grace.
SINOPSIS DE RITOS OCULTOS
Después de que la reverenda Rebecca, su marido y su hija se instalaran en un pequeño pueblo, la niña desaparece durante la celebración anual de la cosecha. Esto desencadenará una búsqueda desesperada que sacará a la luz la oscura historia de la comunidad. Cuanto más se acercan a dar con ella, más secretos emergen y Rebecca deberá decidir cuánto está dispuesta a sacrificar para rescatar a su hija de un destino cruel y macabro.
LA HISTORIA DETRÁS DEL PROYECTO
Gallowgog es un antiguo demonio que se cree que ronda la zona. Mientras que el guionista Tom de Ville investigaba las creencias paganas británicas para la película, se topó con el concepto del ‘Señor del Desorden’, maestro de ceremonias anárquico que solía supervisar las antiguas festividades paganas. “Me di cuenta de que un ‘Señor del Desorden’ era, en muchos sentidos, una figura opuesta e igual a la de un sacerdote: una figura que podía transformar por completo la fe e impulsar a la gente a hacer cosas terribles en su nombre”, comenta.
El director William Brent Bell recuerda su primer acercamiento a Ritos Ocultos, material que fue entregado por el productor James Tomlinson junto con una nota que decía “Esto es bueno”. Después de leer las primeras páginas, William Brent Bell pensó que James estaba en lo cierto. “Me cautivó la inquietante mitología pagana de Tom con imágenes impresionantes que enmarcaban este drama sobre una niña desaparecida. En mi experiencia, es raro encontrar un material tan bien escrito y maravillosamente oscuro. Mi cabeza daba vueltas con ideas sobre cómo hacer esta película y estaba sumamente ansioso por hacerla”, añade.
Póster de Ritos ocultos, de William Brent Bell. (c) Diamond Films
Este verano, la icónica serie de películas que dio comienzo en 1993 con Parque Jurásico toma un ingenioso y nuevo camino, tres años después de que la trilogía Jurassic World llegara a su fin, con una taquilla mundial superior a los mil millones de dólares para cada una de las entregas, dirigidas la primera y la última por Colin Trevorrow y la segunda, El reino caído, por J. A. Bayona.
Está protagonizada por la superestrella Scarlett Johnasson, quien asegura que Jurassic World: El renacer“es una historia de supervivencia” que “remite a la primera película”. Acompañan a la actriz Jonathan Bailey nominado a un Emmy y a los Premios del Sindicato de Actores en varias ocasiones, por sus interpretaciones en Compañeros de ruta, Los Bridgertony Wicked, y el dos veces oscarizado Mahersala Ali (Green Book,Moonlight). El reparto también incluye a las estrellas internacionales Rupert Friend (Homeland) y Manuel García-Rulfo (Los siete magníficos).
En la dirección, el visionario Gareth Edwards, quien estuvo al frente de otras superproducciones como Godzilla(2014) y Rogue One: Una historia de Star Wars(2016), quien ha adelantado que cuando leyó el guion de David Koepp -coautor junto a Michael Crichton del guion de la primera película de Parque Jurásico-, le “pareció una carta de amor a Steven Spielberg”.
Nace una nueva era
Cinco años después de los acontecimientos de Jurassic World: Dominion, en El renacer la ecología del planeta Tierra ha demostrado ser insoportable para los dinosaurios. Los pocos que quedan viven en ambientes aislados en las regiones ecuatoriales, donde el clima se parece al que conocieron antaño. Una expedición se aventurará en este remoto enclave tropical para extraer ADN de tres enormes criaturas prehistóricas, con el objetivo de lograr un avance médico revolucionario que aportará milagrosos beneficios a la raza humana.
Scarlett Johansson, doblemente nominada al Óscar en 2020 por sus papeles en Historia de un matrimonioy Jojo Rabbit, encarna a Zora Bennett, una experta en operaciones encubiertas contratada para dirigir a un equipo de especialistas en una misión secreta cuyo objetivo es conseguir el material genético. Pero la operación liderada por Zora se cruzará con una familia cuyo barco volcó por culpa de unos dinosaurios acuáticos y todos acabarán en una isla prohibida, donde se ubicó hace años un centro de investigación ultrasecreto del Parque Jurásico. Allí, en un lugar poblado por dinosaurios de numerosas especies, se enfrentarán a un descubrimiento tan sorprende como siniestro que lleva décadas escondido.
Ali da vida a Duncan Kincaid, la mano derecha de Zora y la persona en la que más confía; Jonathan Bailey es el paleontólogo Henry Loomis; Rupert Friend es Martin Krebs, representante de la “Big Pharma”; y Manuel García-Rulfo, es Reuben Delgado, el padre de la familia naufragada.
Jurassic en estado puro
“Siempre he querido rodar en celuloide. Quería que Jurassic World: El renacertuviera esa calidad cinematográfica naturalista”, afirma el director Gareth Edwards. Será una “historia de aventuras épica y se presentan nuevas especies de dinosaurios”, avanza Mahersala Ali. Entre estos colosos, que siempre ha sido uno de los aspectos más esperados de la saga, habrá un aterrador mutante, que se puede ver brevemente en el tráiler oficial y que fue creado con influencias de monstruos clásicos del cine como el Xenomorfo de Alien, el Rancor de El Retorno del Jediy el Tyrannosaurus rex de la película original de Jurassic Park.
Jurassic World: El renacer, se estrena en España el próximo 2 de julio, exclusivamente en cines.
Los pecadores, en resumidas cuentas, es un filme vigoroso, divertido, desprejuiciado, con el aroma de filmes más habituales de ver en décadas pasadas. Su planteamiento e inicial desarrollo es definitivamente estimulante. Sin embargo, posee igualmente la alarmante incontinencia del cine en estos tiempos de plataformas, donde “más es más”, es decir, donde todo debe de ser excesivo y las películas tienen que durar, lo necesite o no, más de 135 minutos como regla general.
El filme de Ryan Coogler, en otras palabras, no parece saber calibrar cuándo debe detenerse, cuando ser contenido y terminar dejando un buen sabor de boca. Es una lástima, porque las numerosas situaciones brillantes, son expandidas hasta la saciedad sin otra necesidad aparente que la referida de devorar minutos de metraje.
La historia transcurre en 24 horas
Frente al “dicho y hecho” respecto a la compra del aserradero de los gemelos por la mañana y esa misma noche ya está preparado todo (y publicitado) para celebrar la gran fiesta, a la que acude numerosa gente de color. En contraste a esa velocidad, el cineasta estira determinadas situaciones, hasta convertirlas en ciertamente redundantes. El enfrentamiento final de Stuck frente toda una “banda” de miembros del KKK, en otro intento de sorpresivo “giro de guion”, tratado como si fuese una especie de fantasía de todo afroamericano de ametrallar a los racistas miembros de la siniestra agrupación sureña, realmente suena redundante.
Previamente, tan sólo uno de ellos, Hogwood (David Maldonado) había aparecido en escena, al comienzo del filme, cuando vende el mencionado aserradero a los dos hermanos. Su aparición con su séquito por el club Juke, cuando ya toda la secuencia del asedio ha finalizado no puede ser más elástica.
Poscréditos
La larga escena poscréditos, ambientada, como el epílogo el 16 de octubre, de 1992, por otra parte, juega como guiño a los filmes de los 80 mencionados. También a la nostalgia que impregna la propia filosofía congénita a las identitarias características de la música blues. Por supuesto, constituye un guiño a las estructuras apuntaladas en el universo compartido de Marvel en el cine. Sin embargo, extrapolada esa secuencia tan larga a este filme, francamente, poco aporta a la narrativa central.
En cualquier caso, es un filme bastante más disfrutable que la decepcionante e interminable anterior película de Coogler, Black Panther: Wakanda forever, de 161 minutos, ese regreso banal e innecesario al imaginario país africano después del estupendo primer film y de la muerte del actor principal, Chadwick Boseman.
Los pecadores, por tanto, carece de la contención y contundencia de Fruitvale Station (Estados Unidos, 2013), su maravilloso debut, de apenas 90 minutos. Este era un filme profundamente anclado en la necesaria reivindicación por los derechos civiles de la población afroamericana en la segunda década del milenio, la de los asesinatos de Ferguson y Minneapolis y surgimiento de movimientos como el Black Lives Matter. Carece también de las habilidades desplegadas en ese atractivo replanteamiento de la saga Rockyque es Creed(Estados Unidos, 2015), magníficamente realizada. El mejor, con diferencia, de los tres filmes que componen de momento este reboot (el único de los tres por cierto acometido por Coogler).
Los pecadores, de Ryan Coogler.
Gánsteres, romance, contrabando de alcohol, planos cenitales de los campos de algodón, buena música (que se reparte entre el blues, el góspel y el ragtime), unos planos secuencia de ensueño, así como generosas dosis de hemoglobina y elementos fantásticos, en plena américa de la segregación racial inundan las prodigiosas imágenes del filme.
Escrita y dirigida por Ryan Coogler
El guion está hábilmente trufado de referencias históricas para dotar de autenticidad a la narración. Destacan la mención a Mound Bayou, la ciudad del estado de la magnolia, fundada en 1887 por antiguos esclavos; a Jim Crow, el término peyorativo utilizado para referirse despectivamente a los afroamericanos, utilizado para denominar las leyes que durante tantos años apuntalaron la segregación racial; a la (insólita) utilización del dinero confederado, expedido durante la guerra de secesión.
Detalles de este tipo configuran el atractivo y rico ecosistema que promete y entrega con creces el quinto filme de su director y contribuyen de manera óptima a una convincente ambientación. El viaje y la evocación están asegurados y servidos con rotundidad y energía en una experiencia destinada a ser disfrutada.
Si echabas de menos algunos de los filmes de los 80 referenciados, y otros, la película constituye en todo un goce a nivel referencial, visual y sonoro. No es poco, pero una lástima que no se mantenga en unos 100 minutos de metraje.
Ryan Coogler, aplicado cineasta, competente artesano, aplica en Los pecadores, su quinto largometraje, las reglas de los filmes ochenteros inventariados en el apartado anterior, y probablemente algunos más, casi al pie de la letra. Se da la circunstancia de que el californiano nació en 1986, en el año de estreno de la mentada Cruce de Caminos. Es 1986 el año que media entre el estreno de los últimos filmes mencionados, los dirigidos por Holland y Schumacher.
Con todos estos ingredientes, el director de Black Panther(Estados Unidos, 2018) construye su thriller vampírico de casi 140 minutos de duración, con dos secuencias poscréditos (se trata de repescar al público que ha ido a ver las aventuras Marvel a la gran pantalla), una de ellas de longitud y variación considerable respecto del filme que acabamos de ver, al que toda hay que decirlo le sobra metraje, precisamente porque le sobra entusiasmo y también ideas visuales.
16 de octubre de 1932
Los pecadores arranca como un filme de gánsteres ambientado en el corazón de América. Concretamente en Clarksdale, Mississippi, en los años 30 del siglo XX, concretamente el 16 de octubre de 1932. El entorno es, por tanto, el de plena era de racismo y la segregación racial del sur del país en todos los aspectos de la vida. Entre campos de algodón, contrabando de licor, trato con blancos segregacionistas miembros del Ku-Klux-Klan y acordes de música blues, que se toca y se baila como si no hubiese un mañana discurre el filme, desplegado con mucha imaginación y eficacia artística. Como se dirá, la música es “algo que no es impuesto” a la raza negra. Como también se dirá, “a los blancos les gusta el blues, no de donde viene” en clara alusión a los prejuicios raciales.
El filme podría haberse quedado perfectamente en esas coordenadas, digamos realistas o historicistas y habría estado bien. Habría tenido gran interés. El elemento nuclear y el cénit dramático del filme podría haber sido, por ejemplo, el enfrentamiento y ajuste de cuentas entre los gánsteres protagonistas Smoke y Stack con los gánsteres irlandeses e italianos a los que les robaron dinero y mercancía al irse de Chicago.
Cuando comienza el filme, ambos personajes ya se encuentran en Misisipi, hartos de su vida en la gran ciudad al borde del lago Michigan, donde las circunstancias de la segregación son las mismas que en el sur, cambiando los campos de algodón por grandes edificios. Hartos de cierto rodaje por la vida, ambos han combatido en Francia, en la Primera Guerra Mundial, al comienzo el filme, acaban de regresar al delta natal. Prefiriendo “lo malo conocido”, regresan a casa bien provistos de cerveza irlandesa y vino italiano siete años después.
Una nueva visión del miedo
La trama entra en contacto con el género fantástico aproximadamente a los 45 minutos de metraje, cuando entra el personaje de Remmick (Jack O’Connell), aparentemente un hombre indefenso que huye de un grupo de indios que lo persiguen sin descanso. El hombre, en circunstancias extrañas, con una capa de humo a su alrededor, recaba protección de un matrimonio que posee una cabaña junto a un campo de algodón. Una vez la acción se emplaza en el aserradero, bautizado como “Club Juke” adquirido por los dos hermanos, convertido en un local de música blues, el asedio de las fuerzas del mal lideradas por el definitivamente vampiro Remmick, está servido.
En Los pecadores, ese canje de la condición demoniaca por el virtuosismo musical, magníficamente expuesto en el filme de Walter Hill de 1986, se conserva en su esencia. El demonio irlandés sabe bien lo que es bailar y sabe apreciar la buena música. No solo porque esté dotado de un gran gusto musical y cultiva su música tradicional irlandesa que expande entre sus acólitos, grandes bailadores y cantantes como él. La buena música blues, sin embargo, ejerce un enorme poder de atracción entre los demonios de la noche. Permitiría al villano convocar a los ancestros fantasmales sembrando la tierra de caos y destrucción.
Los pecadores, de Ryan Coogler.
«Si sigues bailando con el diablo, un día te seguirá a casa»
El demonio irlandés Remmick (Jack O’Connell) es atraído, en definitiva, por la personalidad, la enérgica presencia y el talento del joven bluesman Sammie Moore (Miles Caton), primo de los dos gemelos, a quien todos conocen como el hijo del predicador. Su padre es un sacerdote que advierte a su hijo que, si baila con el diablo, corre el riesgo de que éste le persiga hasta casa. El joven porta una guitarra muy especial, con caja metálica, que toca maravillosamente con el slide. El joven ha nacido para ello. Los gemelos cuando le proporcionan el instrumento de cuerda, le aseguran que perteneció al auténtico músico Charlie Patton, uno de los padres de la música del Delta. Una de las primeras celebridades-iconos de la música blues que, como Robert Johnson, alimentó todo tipo de especulaciones y leyendas.
Efectivamente, las enormes habilidades del joven llaman la atención del vampiro irlandés, quien persigue a Sammie para absorber su talento musical y las letras de canciones que el joven se sabe, conoce y compone, así como todo tu talento. Las personas a las que convierte en seres de la noche, poseen una conexión directa con aquel, como ocurría con Valek (Thomas Ian Griffith), el vampiro líder del referido filme de John Carpenter.
Además de ser un virtuoso de la música irlandesa, Remmick está convencido de que el talento del joven guitarrista y cantante, servirá para convocar otros espectros del mal. Ese estímulo motiva el asedio del aserradero que se va intensificando a media que los invitados se van convirtiendo en demonios nocturnos.
Los pecadores, de Ryan Coogler.
Michael B. Jordan, el actor fetiche de Coogler, presente en todos los filmes de este, salvo, por razones obvias, en Black Panther: Wakanda Forever (Estados Unidos, 2022), se enfrenta a un importante reto actoral. Como Robert De Niro en Alto Knights (Estados Unidos, 2025), de Barry Levinson, Jordan se desdobla en dos personajes, dos gánsteres bien diferentes, apodados los gemelos, Smoke y Stack. El actor, como De Niro, acomete cada personaje con un acento y fonética diferentes, contribuyendo así a la delimitación de ambos personajes, aportando una mayor riqueza actoral.
El villano es abordado por el actor Jack O’Connell de un modo distante al comienzo, hasta el punto que parece esbozar su personaje en la mini serie Godless(Netflix, Estados Unidos, 2017), puesta en marcha por Scott Frank. Constituye todo un acierto recrearlo como un vampiro de clara ascendencia irlandesa. El elenco actoral se completa con presencias tan estimulantes como el veterano Delroy Lindo en la piel del pianista Delta Slim, alcohólico, virtuoso, carismático; Hailee Steinfield como Mary, o Jayme Lawson como Pearline, familiarizada con criaturas sobrenaturales y augurios de magia negra.
Detrás de la cámara
El apartado musical, teniendo en cuenta la importancia que los movimientos musicales y los diferentes estilos y corrientes tienen en la narración, ocupa un lugar muy especial. Se erige en todo un personaje más. Guitarra acústica, armónica, piano y percusión irlandesa con violín y tambores, se unen a grandes voces y coros, para marcar constantemente la época y el lugar emocional en el que nos encontramos. La música siempre ha tenido un peso muy específico en los filmes del joven realizador californiano.
El encargo vuelve a realizarse a Ludwig Göransson, que no solo ha compuesto el score para previos filmes de Coogler. La serie televisiva del universo Star Wars, El Mandaloriano (The Mandalorian, Estados Unidos, Disney, 2020-) u Oppenheimer(Estados Unidos, 2023), de Christopher Nolan llevan su sello. Ahí está el excelente documental que puede verse en la plataforma Disney+ denominado Voices Rising: The Music Of Wakanda Forever(Estados Unidos, 2023), donde puede verse el proceso de búsqueda de la variedad musical de aquel filme y la pasión y coordinación de Coogler y Göransson.
Un virtuoso plano secuencia
En el ecuador del filme, Coogler se permite componer un virtuoso plano secuencia por el interior del club que es todo un homenaje a su pasión musical. Gente tocando y bailando sensualmente, que, con la voz del narrador explicativa de las fusiones e influencias de la música del Delta, se va mostrando en imágenes una onírica (por atemporal) fusión de acordes rítmicos de diferentes épocas y lugares. De este modo, las sugerentes imágenes trascienden la localización y época acotadas. Una expresión visual, en definitiva, acerca de cómo los ritmos de la música autóctona del Delta del Misisipi eran tan auténticos, que invocan las melodías de otros tiempos, entroncados con la música africana e influyentes en estilos musicales de la modernidad como el rap.
Para acentuar, si cabe, aún más ese canto de amor a la música autóctona, el personaje de Sammie Moore en el epílogo y la secuencia poscréditos, que transcurren en Chicago en 1992, está interpretado por el bluesman auténtico Buddie Guy, a quien vemos en plena actuación musical.
Seguramente cuando el guionista y realizador californiano Ryan Coogler se sentó ante la mesa de juntas con los ejecutivos de Warner Bros. asignados para escucharle hablar de su siguiente film, tenía preparada una contundente punchline. Las frases con gancho, explicaciones breves, rápidas y chispeantes, lo suficientemente gráficas para iluminar los rostros de los CEOS, que no pueden contener su lenguaje no verbal, suelen ser tremendamente eficaces. Steven Spielberg dijo una vez algo parecido a que, si eres capaz de contar una historia empleando menos de 25 palabras, seguro que es realmente buena.
Pues bien, con independencia del número de palabras empleadas, la explicación debió ser algo como lo que sigue. Los pecadorespodría definirse como si los personajes, el ambiente y la geografía del filme de Walter HillCruce de caminos(Crossroads, Estados Unidos, 1986) se topasen, en las inmediaciones del club Juke, un local de música blues, con los Vampirosde John Carpenter (John Carpenter’s Vampires, Estados Unidos, 1999) asediando a la gente de color que se divierte en el interior del mismo.
Cruce de Caminos
Cruce de Caminosse construía en torno a una leyenda de tradición africana. Si estabas dispuesto a acudir a cierta intersección en el sur profundo para pactar con el mismísimo diablo (cuando este apareciese con ropaje y modales distinguidos) y accedieses a canjear tu alma, podías convertirte en todo un virtuoso de la música. Serías envidiado por muchos, las mujeres más bellas se rendirían a tus pies y con el devenir de los años, pasarías al censo de las grandes leyendas musicales.
Esa especie de halo fantasmal siempre rondó a un bluesman célebre como fue Robert Johnson. Halo o leyenda que él mismo alimentó en vida, expandiéndose por el mundo de la música durante los años 30 y 40 del siglo XX. Ese misterio prevaleció casi intacto durante décadas después, fascinando a músicos del mundo entero.
El californiano Walter Hill, en definitiva, construyó una historia realista, ambientada en garitos, comisarías de policía, moteles de carretera y trayectos junto al río Misisipi, que, en un momento determinado, giraba hacia el género fantástico. El joven Eugene Martone (Ralph Macchio), deseoso de ser reconocido como un virtuoso, hace un viaje iniciático al delta del Misisipi. Con él, el veterano bluesman, Willie Brown (Joe Seneca) hace el mismo viaje, con fines aparentemente nostálgicos, de regreso a sus orígenes. Ambos, entre encuentros y desencuentros, algunos desengaños y decepciones considerables, necesarios para el desencanto del aprendizaje, afrontan en un momento dado la verdadera razón de ser del trayecto. Ambos han de enfrentarse al demonio que obtuvo contractualmente el alma del bluesman veterano. El joven Martone se enfrentará, en un lugar concreto, un local de música poblado por demonios donde se baila frenéticamente y donde el diablo es el maestro de ceremonias. Lo hará a golpe de guitarra en lugar de con armas de fuego. El adversario es un músico demoníaco, provisto de una destreza excepcional, interpretado por el guitarrista Steve Vai. El alma del viejo Willy Brown, que pecó de soberbia una vez, está en juego.
Vampiros de John Carpenter
El mentado filme de Carpenter constituye toda una sangrienta cacería que cabalga entre el efectismo operístico de Sergio Leone y la sobriedad narrativa y realce de la camaradería masculina de Howard Hawks. La película constituye un triunfo en el empleo de fotografía terrosa y el partido obtenido de las cinematográficas localizaciones principalmente de Santa Fe, Nuevo México. El escritor y guionista encuadra maravillosamente a los actores en el panorámico. Se convierte en su parte final en un asedio implacable a una antigua misión española empleada como prisión en los siglos previos donde se refugian los cazadores de demonios de la noche. Todo ello en una narrativa y planificación, salvando las distancias, muy semejante a la de Rio Bravo (Estados Unidos, 1959) de Hawks.
Carpenter y su estructura rinde absoluta pleitesía al referido clásico. El cineasta clásico revisó al menos en dos ocasiones adicionales esa situación narrativa. Fue en El Dorado (Estados Unidos, 1966) y en Rio Lobo (Estados Unidos, 1970), donde comparecen un grupo de personajes antagónicos condenados a entenderse, enclaustrados en un lugar reducido, con enemigos en el exterior intentando entrar. Dicho planteamiento ha sido reorganizado en numerosos filmes modernos, destacando por derecho propio Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault On Precint 13, Estados Unidos, 1976), del propio Carpenter, su excelente remake, Asalto al distrito 13(Assault On Precint 13, Estados Unidos, 2005), de Jean-Francois Richet, El tiempo de los intrusos (Trespass, Estados Unidos, 1992) nuevamente de Walter Hill, o la muy disfrutable Nido de avispas (Nid de guêpes, Francia, 2002), de Florent Emilio Siri.
Abierto hasta el amanecer
Las (multi) referencias de Los pecadores no terminan ahí. Abierto hasta el amanecer (From Dusk Till Down, EE. UU. 1996), de Robert Rodríguez, era un thriller “de atracos y rehenes” con demoledoras líneas de diálogos surgidas de la pluma de Quentin Tarantino… en su primera media hora. La llegada de los personajes principales, los dos hermanos Seth y Richard (George Clooney poniendo toda la carne en el asador en su gran oportunidad de salto al cine mainstream y el propio Quentin Tarantino en una de sus travesuras actorales, respectivamente) y sus rehenes, el sacerdote Jacob Fuller (Harvey Keitel) y su hija Katherine (Juliette Lewis) a La Teta Enroscada, marca el cambio de paradigma narrativo. El acceso al local nocturno fronterizo y el subsiguiente (y sugerente) baile de Satánico pandemónium (ese demonio azteca ancestral camuflado bajo los sensuales rasgos de Salma Hayek) el filme cambia de género por completo.
La secuencia conducía a la película del thriller al terror, de las carreteras de Texas a las entrañas de las catacumbas de una tumba azteca milenaria, guarida de vampiros sedientos de sangre humana como mandan los cánones. Un género, en definitiva, irrumpía sobre el otro, fagocitándolo. Esa idea, sin duda, debió cautivar a un joven cineasta californiano que el tiempo va otorgándole un merecido prestigio.
Los pecadores, de Ryan Coogler.
Y la referencialidad de Los pecadorescontinúa en opinión de este cronista. En Noche de miedo(Fright Night, Estados Unidos, 1985), de Tom Holland, se suceden los guiños a los filmes de terror de la productora británica de referencia Hammer Films se suceden, empezando por un sensacional Roddy McDowall en la piel de un actor en paro, una especie de sosias del cazavampiros Van Helsing, un tanto superado por los acontecimientos, pero definitivamente eficaz en su lucha frente a un vampiro de modales distinguidos encarnado por Chris Sarandon y su séquito. Jóvenes ocultos(Lost Boys, Estados Unidos, 1987), de Joel Schumacher, es un filme que, bajo la estructura de las disfrutables películas “de moteros” que en los años 60 la productora American International Pictures estrenaba con mucho éxito, posee igualmente una trama vampírica, donde un inquietante Kiefer Shutherland, interpreta al líder vampiro de un grupo de bikers marginales que siembran el terror en un pequeño pueblo costero bañado por el Océano Pacífico.
Estos dos filmes emblemáticos de la década de los 80 sentaron importantes y definitivas bases, no solo de la mescolanza del terror vampírico con la comedia. Además, apuntalaron las reglas de cómo tratar los chupasangres en el celuloide y en particular, de cómo aniquilarlos. Ajo todo el que se pueda, plata, agua bendita, estacas de maderas improvisadas con lo que sea (patas de sillas, trozos de mesa, palos de billar, etc.) que hacen chorrear hemoglobina a borbotones a rabiar mientras la vida se escapa del cuerpo vampirizado. También está en estos filmes la idea de que hay que permitir entrar al vampiro al lugar cerrado.
Filmada en IMAX
Ryan Coogler ha filmado todo este desfile vampírico-musical con ayuda de la tecnología de cámaras IMAX (su exhibición es en pantallas de 24 metros de altura). Se promociona igualmente prometiendo una experiencia litúrgica, la de propiciar emisiones en celuloide a lo largo del planeta.
Entre los agradecimientos finales figura, precisamente, el nombre del cineasta británico Christopher Nolan (de 54 años de edad al momento de estreno de Los pecadoresy en pleno proceso de rodaje de su ambicioso film The Odyssey), toda una autoridad en el sistema de proyección cinematográfica, que parece haberle ganado la batalla a las proyecciones en 3D. Ha dicho el joven realizador oriundo de Oakland, California (de 38 años cuando acomete su quinto filme como realizador) lo siguiente respecto a su consulta al experimentado cineasta británico: “Suelo pedirle consejo acerca de la vida, pero en esta ocasión, se lo pedí acerca de trabajar con el IMAX. Fue al primero a quien llamé”.
Por otra parte, el tráiler promocional deja perfectamente claro y pone de relieve el giro que va a dar el filme. Con lo cual, si lo has visto (como para no verlo si vas regularmente al cine), ya conoces algunas sorpresas y giros importantes de antemano. De todas formas, si no has visto su tráiler, no importa, enseguida sospecharás del “giro” de Los pecadores. La suspicacia cinéfila se instalará igualmente en tu cabeza, cuando seas capaz de responder a la pregunta ¿por qué los exhibidores pasan los avances de la última entrega de la saga de muertes tan imaginativas como macabras, Destino Final?, ¿o del slasher con ribetes fantásticos, Until Dawn (EEUU, 2025), de David F. Sandberg?
Resulta paradójico tanto respeto a la hora de exhibir este filme (según donde vivas tendrás sala que emita en celuloide y/o en IMAX, o no), para luego revelar en el tráiler claramente las claves y giros narrativos. Es evidente que para los exhibidores prima hacer un montaje-resumen de todo lo atractivo de la película, para asegurarse el reclamo a los espectadores, especialmente los más jóvenes, que permitirles llegar “vírgenes” a la pantalla de exhibición.
Lucasfilm celebra el regreso de Star Wars: La Venganza de los Sith (Episodio III)a la gran pantalla del 25 al 27 de abril con motivo del 20º aniversario de la película. Será un estreno limitado en cines y estará disponible en varios formatos, incluyendo VOSE 2D, DBOX y 4DX.
Star Wars: La Venganza de los Sith (Episodio III) tiene lugar años después del inicio de la guerra de los clones, los nobles caballeros Jedi llevan un ejército masivo de clones a una batalla contra los separatistas. Cuando el siniestro Sith revela un complot milenario para gobernar la galaxia, la República se derrumba y de sus cenizas surge el malvado Imperio Galáctico. Anakin Skywalker se convierte en Darth Vader, el nuevo aprendiz del emperador
La película está protagonizada por Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Ian McDiarmid, Frank Oz como Yoda, Jimmy Smits, Peter Mayhew, Ahmed Best, Oliver Ford Davies, Temuera Morrison, Anthony Daniels, Silas Carson, Kenny Baker, con Samuel L. Jackson como Mace Windu y Christopher Lee como el Conde Dooku. George Lucas escribió y dirigió la película.
La Star Wars Celebration 2025, celebrada del 18 al 20 de abril en Tokio ofreció la oportunidad a fans de todo el mundo congregados para celebrar el fenómeno cultural Star Wars, un primer avance exclusivo de la película The Mandalorian and Grogu.
El día inaugural, el director y co-guionista Jon Favreau subió al escenario del Centro de Convenciones Makuhari Messe para hablar sobre el esperado estreno cinematográfico de Lucasfilm The Mandalorian and Grogu, que llegará a los cines el 22 de mayo de 2026.
Lo acompañaron las estrellas de la película, Pedro Pascal, Sigourney Weaver y el propio Grogu, para una breve conversación sobre lo que los fans pueden esperar cuando los personajes de la galardonada serie de Disney+ lleven su mayor aventura hasta ahora a la gran pantalla.
Algunas imágenes tras las cámaras y un adelanto exclusivo del largometraje se compartió en exclusiva con la audiencia. En la película, el Mandaloriano y su joven aprendiz, Grogu, emprenden una emocionante aventura mientras viajan por la galaxia.
El elenco y los cineastas de Star Wars posaron para una foto histórica
El día concluyó con una sesión de fotos en el templo Zojoji de Tokio, que contó con la participación de actores, actrices y cineastas de Lucasfilm, incluidos Kathleen Kennedy, Dave Filoni, Jon Favreau, Pedro Pascal, Sigourney Weaver, Tony Gilroy, Diego Luna, Rosario Dawson, Hayden Christensen, Shawn Levy y Ryan Gosling, así como Grogu y los icónicos Stormtroopers.
La Star Wars Celebration 2025 arrancaba el 18 de abril en Japón con una impresionante presentación de próximas producciones de Lucasfilm, tanto películas como series de Disney+. La convención, que se llevó a cabo durante todo el fin de semana en el Centro de Convenciones Makuhari Messe de Tokio, es una oportunidad para que fans de todo el mundo se reúnan para celebrar el fenómeno cultural que es Star Wars. El año 2025 marca la 16ª edición de este evento global que sucede cada 2 años. La presentación incluyó varios anuncios, adelantos de nuevas series y otras que regresan, y un desfile ininterrumpido de actores, actrices y cineastas.
El evento comenzó con un vídeo que destacó los títulos emblemáticos de la compañía y sus personajes, que han cautivado a audiencias de todo el mundo durante las últimas cuatro décadas.
Después, los droides C3PO y R2D2 dieron la bienvenida oficial a los 9.000 fans presentes. También estuvieron acompañados por la presidenta de Lucasfilm, Kathleen Kennedy, y el director creativo, Dave Filoni, quienes agradecieron a los fans por su continuo apoyo y pusieron de pie a todo el auditorio con el anuncio de un nuevo estreno cinematográfico: Star Wars: Starfighter, que estará dirigido por Shawn Levy y protagonizado por Ryan Gosling.
Ryan Gosling en la Star Wars Celebration 2025.
Avance y fecha de estreno de STAR WARS: STARFIGHTER
Kathleen Kennedy conversó con el actor y el director, ofreciendo algunos detalles exclusivos sobre lo que los fans pueden esperar de esta nueva aventura, que tiene lugar aproximadamente cinco años después de los eventos de Star Wars: Episodio IX. El Ascenso de Skywalker(2019).
La película, cuya producción comenzará este otoño, es una aventura completamente nueva con personajes totalmente originales, ambientada en un período de tiempo que aún no se ha explorado en pantalla. Star Wars: Starfighterse estrenará en cines el 28 de mayo de 2027.
Christopher Landon se labró su carrera en Hollywood primero como guionista, con productos comerciales como La Marca del Lobo, Disturbiao la franquicia Paranormal Activity. Precisamente estas últimas son las que ayudaron a fraguar la productora Blumhouse e identificarla como una compañía pequeña, dedicada a películas de terror o suspense de presupuesto modesto. Landon ha desarrollado con Blumhouse la mayor parte de su filmografía como director, empezando con Paranormal Activity. Los Señalados, pero sobre todo con títulos que combinan comedia con terror y fantasía, como las dos entregas de Feliz Día de tu Muerte, Este Cuerpo me Sienta de Muerte y, ahora, La Cita.
Queda claro que es en el componente fantástico, principalmente cuando está combinado con comedia y un gusto por la referencia cinematográfica, donde Landon se siente más cómodo. Los guiños a Atrapado en el Tiempo en Feliz Día de tu Muerte, a Regreso al Futuro en su secuela o a los slashers en general en sus películas corroboran que estamos ante un director que no sólo conoce el género, sino que además lo disfruta.
Las primeras citas siempre son estresantes
La Citase desprende de varias de las líneas de identidad del cine de Christopher Landon. Por un lado, aunque no sea la primera vez, aquí no firma el guion, sino que éste corre a cargo de Jillian Jacobs y Christopher Roach, firmantes de otras producciones de Blumhouse como Verdad o Reto y Fantasy Island. Por otro lado, aunque incluye elementos de humor, la cinta elude el tono de comedia de anteriores títulos suyos. Y no es una película abiertamente fantástica, sino un thriller de tensión y suspense.
Todo esto hace que la película nos haya parecido desnaturalizada. Cuenta con la puesta en escena juguetona de Landon, pero ésta queda lastrada por un guion que parece dar círculos, alargando una trama que carece de sustancia. Resulta difícil empatizar con los personajes. Meghann Fahy responde al patrón de heroína del cine de Landon, pero la trama es tan inverosímil que obliga al personaje a dilatar situaciones de la manera más absurda.
Tampoco nos convence Brandon Sklenar como paciente cita. Ya desde su primera aparición, llegando a la cita con ropa del trabajo, camisa abierta y aire despreocupado, todo parece apuntar a que había más interés en mantener esa imagen romántica del actor procedente de su trabajo en 1923que en dar entidad a su personaje.
Todos son sospechosos
El resto de los personajes, en busca del suspense del whodunit, carecen de mayor descripción, aunque abundan los personajes antipáticos o repelentes, como el pianista o el camarero/ cómico. El humor, uno de los puntos fuertes de anteriores películas del director, aquí, al no ser el elemento principal y carecer del guiño referencial, resulta forzado y hasta chirriante (de nuevo, el personaje del camarero).
El cine de Christopher Landon nunca ha buscado la trascendencia, simplemente la complicidad con el espectador y hacerle pasar un rato entretenido. Con La Cita, esa complicidad se pierde y eso lastra las posibilidades de la película. Hay elementos que intentan sacar a flote el conjunto, como la factura técnica, muy por encima de ese insípido guion; sin embargo, hace falta mucho más que eso para sacar de ahí una buena película.
Póster de La Cita, de Christopher Landon. (c) Universal Pictures