Vivimos una nueva era de culto al cuerpo, con proliferación de gimnasios de horarios flexibles, el regreso de dietas milagro a través de redes sociales y la aparición de medicamentos como Ozempic, inicialmente pensado para controlar los niveles de azúcar, pero que se ha convertido en la última revolución en adelgazamiento rápido. Esto no ha pasado desapercibido y ya estamos viendo cómo queda reflejado en el cine reciente, especialmente en el género fantástico, sin duda, el vehículo perfecto para tratar estos temas (Crudo, A Different Man, La Hermanastra Fea, La Sustancia).
CON SELLO FEMENINO
A la directora australiana Natalie Erika James la descubrimos gracias a su película Relic, una interesante opera prima sobre la salud mental y el traspaso de traumas de generación en generación. Con Apartment 7A se atrevió a ofrecernos una precuela de La Semilla del Diablo, con la que reforzaba el discurso femenino de su debut. Insaciable prescinde casi por completo de los personajes masculinos y los que hay carecen de peso en la trama, salvo en cierta medida el padre de la protagonista, pero éste de manera, por lo general, colateral y fuera de plano.
SOMOS LO QUE COMEMOS
La adicción a la comida, el body shaming, la obsesión por el peso y la necesidad de resultar atractiva hacia el exterior se convierten en conceptos fundamentales en este retrato de la protagonista femenina en la sociedad moderna. Resulta llamativo que, en su desafección por los personajes masculinos, la cineasta haya prescindido de uno de los tópicos habituales en este tipo de temáticas, la presión social sobre las mujeres por resultar atractivas para los hombres, abogando en este caso por una atracción lésbica.
Si bien aquí el interés amoroso es hacia otra mujer y es cierto que parte de la motivación de la protagonista está en acercarse a los patrones de belleza de la persona por la que se siente atraída, hay otros factores de mayor peso. La obsesión compulsiva de la madre por el orden, la limpieza y el aspecto físico supone uno de los condicionantes psicológicos más arraigados en el personaje, así como su miedo a caer en la obesidad mórbida del padre.
EL CAPITALISMO COMO ESPECTRO DE BUDISTA
La película envía un mensaje crítico a la sociedad capitalista en la que vivimos, al bombardeo constante que sufrimos, que nos incita a un consumo desmedido y voraz, convirtiendo en atractivos y deseables alimentos ultraprocesados, saturados de azúcar y carbohidratos, que estimulan nuestras papilas gustativas, pero que poco aportan a nivel alimenticio. En una jugada morbosa, la estética de la película juega a equiparar esos productos con los elementos más gore de la cinta, de manera que, a lo largo del metraje, vísceras y bollitos puedan resultar igualmente apetecibles, como repugnantes.
La directora conecta estas ideas tan arraigadas en la sociedad consumista occidental con la figura tradicional budista de los “espíritus hambrientos”. En su afán por reconfigurarse de acuerdo con los patrones de belleza de la sociedad, la obsesión de la protagonista adquiere la presencia metafísica de un espectro que, como la propia publicidad que consumimos, reclama un sacrificio de carne por gula.

ENTRE EL TERROR ELEVADO Y EL ASIAN HORROR
Esta lectura en clave de terror de nuestra sociedad emparenta a la película con otra línea de películas, como Babadook, Una Chica Vuelve a Casa Sola de Noche, Saint Maud, Alpha o la propia Relic. Natalie Erika James construye una potente imaginería que funciona como lectura directa de cinta de terror, pero también como metáfora social. Al mismo tiempo, en todo lo referente al espectro de Bertha, quizás por esa inspiración original en la tradición budista, la cineasta opta más por una puesta en escena plagada de recursos estéticos propios de la moda del terror asiático de principios de siglo. A esto se suma la espléndida interpretación de Midori Francis, con una espectacular transformación física en pantalla.
UN MENÚ INCOMPLETO
El resultado es una película que ataca al espectador con todos los sentidos, ofreciendo imágenes desagradables, de una fisicidad morbosa, pero también un empaque sonoro que busca y consigue generar malestar. Desgraciadamente, los frentes que la película quiere atajar son tantos, les dedica tanto tiempo a presentarlos, que, llegado el momento de la resolución, se opta por una salida fácil, ofreciendo una conclusión que no está a la altura de las ideas que abandera. Esto no quita para que Insaciable siga siendo un título inteligente, atractivo y cargado de buenas ideas, la lectura social está bien afinada y la complicidad entre directora y actriz sabe construirla bien en pantalla. Desgraciadamente, eso hace que el desenlace resulte más insatisfactorio, con una resolución facilona y tópica, cuando la película venía apostando por una mirada fresca y original.









