Crítica: SAINT MAUD. Misticismo oscuro

Estreno en cines (España): 23 de diciembre de 2020

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Saint Maud, de Rose Glass
Saint Maud, de Rose Glass

El misticismo es el estado de perfección religiosa que consiste en la unión del alma con Dios. Este contacto se puede conseguir a través de diferentes vías, como el ascetismo, la devoción, el amor o la contemplación. Autores como San Juan de la Cruz, Fray Luis de León o Santa Teresa de Jesús relataron a través de su poesía sus trances místicos de comunión con lo sagrado, equiparándolos muchas veces con un sentimiento amoroso e incluso sexual. La protagonista de Saint Maud (interpretada por una espléndida Morfydd Clark) se encuentra ante un momento de profundo vacío existencial y busca llenarlo precisamente con una senda hacia lo místico, supliendo la falta de sentido de su existencia con un fin marcado por Dios.

Para ello se autoinflige un proceso de sufrimiento, torturando su cuerpo para sanar sus pecados y poder alcanzar a través del dolor esa comunicación con la divinidad que tanto ansía.

La directora y guionista Rose Glass lleva aquí a cabo una película que por conecta con esa nueva línea de terror marcada por cineastas como David Robert Mitchell (It Follows), Roger Eggers (La Bruja), Jennifer Kent (Babadook) o Ari Aster (Hereditary), pero que también tiene puntos en común con Joker de Todd Phillips.

Al fin y al cabo, lo que Glass nos propone es un retrato de la esquizofrenia, utilizando para ello, no la estética del cómic, sino una iconografía religiosa cargada de sadismo, acompañada por una escenificación oscura, sucia y degradada de la realidad, un montaje asfixiante y un uso del sonido y la música agresivo y angustioso.

Saint Maud es una película incómoda, desagradable, opresiva, que cumple a la perfección su objetivo, llevando al espectador por un viaje a los infiernos sin apenas respiro.