Eli Roth regresa a las pantallas con una película que le devuelve al terreno donde se siente más cómodo, el gore desatado, en esta ocasión con tono de guiñol caricaturesco. Partiendo de la famosa leyenda alemana de El Flautista de Hamelín, en Dulce Sabor a Muerte un cóctel que bebe de títulos como El Pueblo de los Malditos, ¿Quién Puede Matar a un Niño? o Los Chicos del Maíz, pero que sobre todo nos retrotrae a todo un pionero como Herschell Gordon Lewis.
DE AQUELLOS DESNUDOS, ESTA SANGRE
¿Y si dijéramos que Ingmar Bergman es el detonante de la creación del gore? Parece descabellado vincular a un cineasta tan prestigioso con el nacimiento de uno de los subgéneros más vulgares y prejuiciados de la historia del cine, pero, en ocasiones, los caminos de la historia del cine son una carambola impredecible. En la década de los 50, el cine estadounidense estaba estrictamente acotado por el Código Hays de censura, especialmente vigilante en todo lo que fuera sexo o desnudos en pantalla; sin embargo, el cine europeo, que se estrenaba en el país subtitulado, iba por un sector alternativo, las salas de arte y ensayo, donde la censura era menos vigilante (¿quién iba a querer ver aquellas pedantes películas habladas en idiomas extranjeros?).
En 1955 llega a ese circuito Un Verano con Mónica de Ingmar Bergman. La imagen de la actriz Harriet Andersson desnuda en la playa no sólo provocó una peregrinación de espectadores a estas salas (como años más tarde los españoles a Perpiñán para ver El Último Tango en París), sino que dio pie al nacimiento de las “nudies”, películas de desnudos que amparadas en la independencia de las salas alternativas empezaron a proliferar en la segunda mitad de la década de los 50, como antesala de la contracultura de los 60 y 70.
De aquí salieron dos cineastas que han pasado a la historia del cine, Russ Meyer (quien llevó este subgénero a la hipérbole con películas como Faster, Pussycat! Kill! Kill!, Vixens o Megavixens) y Herschell Gordon Lewis, el llamado padrino del gore. Ambos surgieron de la cantera de la revista Playboy; sin embargo, Lewis buscó rápidamente distinguirse de otros directores de nudies introduciendo violencia explícita en sus películas. De ahí salieron Blood Feast de 1963 y 2000 Maníacos de 1964, generalmente consideradas como las películas que inauguran el cine gore. El esquema de estas películas era muy sencillo. A modo de comedias de humor negro y muy caricaturescas, ofrecían una sucesión de secuencias truculentas donde atractivas jóvenes con sugerente vestuario (o sin él) eran sometidas a todo tipo de torturas homicidas.

LA RECETA SECRETA DEL HELADO
Miembro del entourage de Tarantino, Roth nunca ha ocultado su fascinación por el cine de serie B y serie Z clásico, sobre todo en su faceta más truculenta. Con una filmografía plagada de títulos de excusa postmoderna para canibalizar todo aquel cine, con su nueva película nos devuelve a aquel cine pionero, desprovisto de aspiraciones artísticas y dedicado a satisfacer las aspiraciones más básicas y oscuras de sus espectadores.
Dulce Sabor a Muerte tiene mucho de 2000 Maníacos en cuanto a comedia negra, que se regodea en todo tipo de secuencias truculentas, aunque sin el componente de erotismo macabro de Herschell Gordon Lewis (lo que hubiese sido altamente inapropiado, teniendo en cuenta el protagonismo de los personajes infantiles y juveniles).
La película carece de cualquier aspiración o atributo artístico; no existe guion que sustente de manera sólida la propuesta; el apartado interpretativo es inane, donde niños y adultos ofrecen interpretaciones muy autoconscientes y ridículas (quizás con la excepción de Ari Millen como El Heladero); la puesta en escena de Roth es absolutamente básica, sin un atisbo de originalidad o de rédito narrativo; a esto se suma su polémico uso de la IA generativa para los fragmentos inspirados en los dibujos animados de los años 20. Sólo hay un elemento en el que la película destaque, lo brutal y excesivo de sus imágenes gore (a las que no le vamos a negar un valor de placer culpable).
NO ACEPTES IMITACIONES
Si en 1964 el cine de Herschell Gordon Lewis tenía una justificación como ruptura de un sistema de censura y como pionero en una nueva vía cinematográfica, Dulce Sabor a Muerte nos parece una película mediocre, incapaz de elevarse por encima de las propuestas más básicas ya presentadas hace más de 60 años, como si el cine gore no hubiese evolucionado nada desde los tiempos de 2000 Maníacos.













