Qué curiosa y dispersa está resultando la carrera cinematográfica de David Robert Mitchell. De debutar en el cine con la película que inauguró la etiqueta del terror elevado con It Follows pasó a cocinar una pequeña obra de culto como Lo que Esconde Silver Lake. Después de eso, ocho años de silencio, que se rompen ahora con El Final de Oak Street, una película producida por J.J. Abrams, que homenajea el cine de los 80 (especialmente a Steven Spielberg) y que marca también las distancias con sus dos obras anteriores.

SPIELBERG Y ABRAMS

Pese a sus divergencias con sus películas anteriores y su formato de blockbuster veraniego, El Final de Oak Street es una cinta claramente de autor, algo que podemos apreciar en su particular sentido del humor y los toques abruptamente adultos de una cinta que apela al cine familiar de los años 80. Pese a esa identidad propia, la tercera película de Mitchell no oculta la influencia de otros dos cineastas, uno de manera honorífica, el otro como parte creativa de la producción. Si hablamos de películas de dinosaurios, es inevitable vincularlo con Steven Spielberg y Parque Jurásico, aunque Mitchell se vaya por otros derroteros.

Lo cierto es que la película parece más cercana al Spielberg de los 80, no sólo como director, sino como productor de otros cineastas a los que la película hace varios guiños como John Landis, Robert Zemeckis o, en nuestra opinión muy especialmente, Joe Dante. En cierta forma, podemos decir que Mitchell ha querido reflotar aquí el sello Amblin. Que la película esté ambientada en 1982, año en el que se estrenaron títulos clave del fantástico como Blade Runner, E.T. El Extraterrestre, La Cosa, Poltergeist, Cristal Oscuro o Tron, no es casual, ni baladí. Puestos a producirse una confluencia cósmica capaz de cruzar un periodo tan iconográficamente cinematográfico con la prehistoria, no se nos ocurre un año más adecuado.

Por otro lado, la presencia como productor de J.J. Abrams, es también clara. A nivel de guion hay varios aspectos que conectan con el espíritu de su cine. Sin entrar en si la película pertenece o no al Universo Cloverfield, aquí podemos identificar parte de ese espíritu postmoderno que reformula la ciencia ficción de finales de los 50 y principios de los 60, también presente en Super 8.

CUANDO DESPERTÓ, EL DINOSAURIO TODAVÍA ESTABA ALLÍ

El Final de Oak Street juega a ser una gran blockbuster veraniego, que se estrena en pleno mes de agosto, pero realmente es un lobo con piel de cordero. Mitchell recupera aquí la capacidad que tenía el cine de los 80, y que ahora resulta inaudita, de saber conjugar el tono familiar, hasta el target juvenil, con una concepción del terror y la violencia más adulta. La película está construida con inteligencia, jugando con los patrones, pero desligándose lo suficientemente de ellos como para dejar claro hasta dónde llega el homenaje y la cita y dónde comienzan las aportaciones del director. En este sentido, el ritmo nos ofrece un crescendo paulatino, pero perpetuo que permite al espectador subirse a la montaña rusa, sin perder de vista a los personajes y con los suficientes giros como para cogerles desprevenidos.

GENOMA FANTÁSTICO

La integración de los dinosaurios en el entorno cotidiano de una zona residencial de Estados Unidos hace que lo ordinario y lo insólito se integren en un imaginario a la vez familiar e inhóspito. Mitchell juega en esa tierra de nadie, apoyado en una conmovedora labor del elenco de actores, una espléndida labor del equipo de efectos especiales (siempre atentos a las coordenadas del cineasta de saber integrar y esconder a los monstruos en el decorado), o un Michael Giacchino que vuelve a ofrecer una partitura que reflota el espíritu musical del cine de la década.

Más equilibrada y coherente que las últimas entregas de Parque Jurásico, El Final de Oak Street es un amalgama de nostalgia, fantasía y terror que nos recuerda cuál era el sentido original del blockbuster de verano, retrotrayendo a los espectadores veteranos al cine de su infancia y a los más jóvenes a un sentido de la aventura más acorde a los valores de la sociedad del siglo XXI.