A lo largo de su filmografía, Christopher Nolan se ha caracterizado por defender un discurso personal, tanto en la forma como en el contenido. Incluso en sus películas basadas en materiales preexistentes, como la trilogía de El Caballero Oscuro, sus películas tienen una firma clara. En ellas, además, el cineasta ha ido reseñando sus lecturas de nuestra sociedad moderna.

NOLANLOGÍA

Sabemos que es un director al que le gusta jugar con las líneas temporales, que suele apoyarse en conceptos científicos, psicológicos, en ocasiones complejos, que le gusta que sus historias, incluso aquellas de ciencia ficción, tengan un anclaje realista, o que aspira siempre a un tratamiento visual y sonoro grandilocuente. Aun así, nunca pierde de vista el valor comercial de sus películas, especialmente al trabajar con grandes presupuestos, por lo que, pese a sus demandas intelectuales, se preocupa por armar un envoltorio de entretenimiento para mantener la atención del espectador.

Cuando anunció que iba a adaptar La Odisea, las posibilidades estéticas y temáticas que esto suponía levantaron grandes expectativas. Al mismo tiempo, se trataba de la primera vez que el cineasta iba a abordar una historia abiertamente fantástica, poblada de todo tipo de dioses y criaturas mitológicas, sin escudarse detrás de ninguna conjetura científica como en el caso de Origen o Tenet.

LA TRILOGÍA DE LA GUERRA

Lo primero que podemos decir es que la película no es una adaptación fidedigna de la obra de Homero, sino la reinterpretación de Christopher Nolan. En este sentido, resulta más coherente en la filmografía del cineasta que en la epopeya griega. Es más, aquí vemos cómo Nolan aborda algunos temas, como la deshumanización de la guerra, el sentimiento de culpa ante un acto violento o el derrumbe de la civilización, que no estaban tan presentes en el poema, pero que, a nuestro entender, emparentan la película con otros títulos del director británico, como Dunkerque u Oppenheimer.

Nolan nos presenta el viaje de Odiseo no como el viaje del héroe, sino más bien al contrario, como uno de los indicios de la caída de la civilización (el colapso de la Edad de Bronce). De fondo tenemos la guerra y el egoísmo de los hombres como aspectos que han acompañado la debacle de las diferentes civilizaciones humanas y lo que puede ser una analogía con la situación actual de nuestra civilización occidental con tantos frentes abiertos (Ucrania, Palestina, Irán).

El cineasta establece como uno de los indicadores de este colapso la ruptura de la xenia o ley de Zeus, un contrato de hospitalidad que obligaba a dar comida, refugio y regalos a cualquier viajero y cuya ruptura acarreaba la ira de los dioses y la perdición. La ruptura de esta ley, la falta de cobijo y el rechazo al extraño es lo que etimológicamente hoy conocemos como xenofobia, algo que, en la película, Nolan equipara a la corrupción de una civilización y que, con una mirada contemporánea, podemos vincular con el trato a las personas migrantes.
El cineasta crea un mundo atemporal donde resulta llamativo el contraste entre aspectos históricos bien documentados y representados frente a otros claramente anacrónicos (el barco de Ulises, las armaduras de los lestrigones). En algunos casos, podemos argumentar decisiones estéticas y artísticas. En nuestra opinión, con esta combinación de elementos pertenecientes a diferentes épocas y civilizaciones, creemos que Nolan pretende representar la circularidad de la Historia, con ciclos de auge y caída que se repiten y donde, como decíamos antes, la guerra y la ambición acaban llevando culturas a la extinción.

LA ULISEA

El Odiseo que encarna Matt Damon guarda similitudes con el Ulises de Homero, pero no es el mismo personaje. Ulises es un personaje que se caracteriza por su ingenio, por su capacidad para enfrentarse a situaciones adversas y darles la vuelta con su ingenio y engaños. Es también un seductor, varios son los personajes femeninos que se sienten atraídos por su personalidad y carisma, especialmente Circe y Calíope. Por encima de todo, es un guerrero que busca la gloria en la batalla.

El Odiseo de Nolan es un ser atormentado, marcado por la culpa de la brutalidad del ataque a Troya y para quien el viaje de regreso a Ítaca supone un itinerario de castigo y expiación, tanto para él como para su tripulación. Si Oppenheimer se denominó a sí mismo el Destructor de Mundos, Odiseo se siente también el responsable de la destrucción del mundo micénico, respectivamente como creadores de la bomba atómica y el Caballo de Troya, instrumentos del cataclismo.

Nolan hace una lectura actual, pensada para una audiencia actual, por lo que los componentes psicológicos que marcan el devenir de los personajes se basan en conflictos contemporáneos. En el siglo VIII A.C. los escarceos amorosos del protagonista a lo largo de sus 10 años de viaje de regreso no suponían un conflicto, mientras que para el espectador moderno eso colisiona de lleno con la historia de amor y lealtad de Odiseo y Penélope y nuestra propia moral cristiana (obviamente, inexistente en la época de Homero). Nolan omite esa faceta del personaje, excepto en el caso de Calíope, donde escuda a Odiseo bajo el consumo de la flor de loto.

DIOSES Y MONSTRUOS

Como comentábamos antes, La Odisea es un proyecto que sitúa a Christopher Nolan por primera vez ante una historia de raíces fantásticas, algo que el cineasta había evitado en sus trabajos previos, buscando siempre la manera de dar una justificación realista, incluso científica, a aquellos elementos ajenos a nuestra realidad. Aquí hace un proceso similar. Pese al peso de los dioses en la trama de Homero, en la película estos brillan por su ausencia.

La tripulación de Odiseo se refiere en varias ocasiones a Poseidón, pero ni éste, ni ningún otro dios del Olimpo aparecen en la película. Calipso no deja constancia de sus atributos sobrenaturales y únicamente Atenea, encarnada por Zendaya, puede responder a la existencia de seres superiores, aunque la verdadera naturaleza de este personaje es uno de los aspectos a debatir que Nolan nos deja a los espectadores.

Sí aparecen monstruos. Así, Polifemo se convierte en la primera criatura abiertamente fantástica del cine de Christopher Nolan, junto con los lestrigones, las sirenas, Escila y Caribdis. También tenemos la magia de Circe, en uno de los tramos más apasionantes de la película. Con Polifemo y Circe, Nolan se extiende un poco más, mientras que con el resto pasa bastante de puntillas, quizás para no romper el tono de la narración.

Mia Goth y Anne Hathaway son Melantho y Penélope en La Odisea. (c) Universal Pictures España
Mia Goth y Anne Hathaway son Melantho y Penélope en La Odisea. (c) Universal Pictures España

LA ESFERA FEMENINA

Christopher Nolan es un director y guionista cuyas historias suelen tener una mirada muy masculina, habiendo sido criticado varias veces precisamente por dar poco espacio a los personajes femeninos en sus obras. La Odisea es probablemente la película de su filmografía donde encontramos una mayor cantidad de personajes femeninos con un peso relevante en la trama. A pesar de esto, en comparación con la obra de Homero, estos mismos personajes han quedado muy mermados y en ocasiones casi inexistentes (como el caso de Euriclea), a lo que se suma la ausencia de otros de gran relevancia en la epopeya, como Nausícaa. Una vez más, no es ésta una adaptación fiel a la obra de Homero, sino que estos personajes van a servir para construir el discurso de Christopher Nolan, de nuevo un discurso desde una mirada masculina y de un orden patriarcal del mundo.

Que estén subordinadas a los personajes masculinos, social y narrativamente en la trama, no quiere decir que los personajes femeninos de La Odisea sean sumisos. Es cierto que, en todas sus películas, Nolan ha dado siempre un mayor espacio a los personajes masculinos, pero, al mismo tiempo, los personajes femeninos que nos presenta siempre han sido personajes fuertes e independientes. Aquí lo volvemos a corroborar. Aunque guarden un rol más secundario, todos los personajes femeninos tienen en común su rebeldía y su fortaleza a la hora de plantar cara a la amenaza que para ellas suponen los personajes masculinos.

Por supuesto, Penélope es un personaje con gran peso en la película, especialmente gracias a la poderosa interpretación de Anne Hathaway. La Circe de la película es muy diferente a la del poema y su protagonismo en la historia ha quedado muy condensado. Lo mismo podemos decir de Calíope. Sin embargo, un elemento común que Nolan utiliza para conectar a estos personajes es su lucha contra las imposiciones de la sociedad patriarcal en la que viven. De nuevo, la figura masculina aparece como eje de violencia y destrucción, como podemos ver en la primera reacción de Circe al ver a los soldados en su casa, o en el asedio al que se ve sometida Penélope por parte de la manada de pretendientes durante los años en que Odiseo está fuera. A esto podemos añadir el episodio de Helena, a la que Nolan presenta castigada por Melenao tras su traición con Paris o esa sacerdotisa del templo de Atenea en Troya que va a ser tan relevante para Odiseo.

Jimmy Gonzales, Matt Damon y Himesh Patel, en La Odisea. (c) Universal Pictures España
Jimmy Gonzales, Matt Damon y Himesh Patel, en La Odisea. (c) Universal Pictures España

EL OLIMPO NOLANIANO

Como en películas anteriores suyas, Christopher Nolan se rodea de un amplio elenco de actores que dan a la película un elenco estelar. Evidentemente, todos están liderados por la presencia dominante de Matt Damon, quien ofrece aquí una esforzada interpretación, probablemente de las mejores de su carrera. El actor lleva a cabo aquí un trabajo físico que es de auténtica proeza y se esfuerza también en reflejar las facetas más introspectivas del personaje; sin embargo, la labor de Himesh Patel, John Leguizamo y, especialmente, Samantha Morton, nos parece la más destacada de toda la película. También esforzado nos parece el trabajo de Robert Pattinson, Anne Hathaway y Tom Holland.

En cuanto a la polémica que ha arrastrado la película antes de su estreno, nos parece carente de valor. La presencia en la película de actores racializados como Lupita Nyong’o, Himesh Patel, Zendaya, Travis Scott o Corey Hawkins, o de un actor trans como Elliot Page no nos supone un problema en una película con un reparto con plagado de actores anglosajones, que hablan en un inglés llano, y mucho menos cuando en el pasado se dio por válido y se toma como referencia la presencia de intérpretes de rasgos germánicos como Brad Pitt o Diane Kruger en Troya de Wolfgang Petersen.

Como decíamos, la interpretación de Patel nos parece de las más destacadas de la película y, en sus breves apariciones, nos parece que Nyong’o y Page hacen espléndidas interpretaciones y logran dar entidad a sus personajes, más allá de prejuicios raciales o de identidad sexual. Ya puestos, y recogiendo la exigencia de una precisión histórica o a la obra, qué rápido se incendiaron las redes ante la posibilidad de que Elliot Page pudiera interpretar a Aquiles, pero seguimos sin ver en el cine, para indignación de ninguno de los ofendidos, una representación fidedigna de la relación de Aquiles con Patroclo.

UNA ODISEA CINEMATOGRÁFICA

A nivel visual, La Odisea nos parece una película que responde a los altos estándares de puesta en escena del cine de Nolan. La fotografía de Hoyte van Hoytema es extraordinaria y la película deja imágenes icónicas para la historia, como ese caballo de Troya varado en la playa, un inesperado cíclope, el viaje al Hades o las imágenes de destrucción de Troya. Como sucedía con Oppenheimer, las tres horas de metraje no pesan en el espectador, es más, el ritmo de la película apenas deja pausa al espectador, ni espacio para el aburrimiento.

El empeño de Nolan en prescindir todo lo posible de los efectos digitales hace que nuevamente con esta película nos ofrezca algo que el espectador experimenta de manera más cercana. Se agradece que siga recurriendo a elementos prácticos en la escena, a juegos visuales con la cámara y que apreciemos más la fisicidad de la interpretación de los actores. Siendo un cineasta netamente moderno, hay en su forma de concebir el cine algo que nos conecta con el gran cine clásico de Hollywood y en esta incursión en el terreno del péplum es imposible no apreciar ecos de algunos de los grandes clásicos, desde lo majestuoso de películas como Espartaco o Cleopatra hasta la fantasía de Ray Harryhausen y sus argonautas.

Es cierto que esto y la necesidad de acomodar una historia tan extensa en el metraje hacen que haya momentos de la película que nos parecen precipitados y que hubiesen necesitado un poco más de detención en ellos y que, curiosamente, coinciden con algunos de los momentos más abiertamente fantásticos, como los episodios de los lestrigones, las sirenas, Escila y Caribdis, dejando escaso protagonismo a partes fundamentales del relato. También echamos de menos algunos episodios del poema fundamentales como los feacios y el personaje de Nausícaa. Sin embargo, como comentábamos al principio, ésta es La Odisea de Nolan, y el cineasta ha tomado del poema de Homero aquellos elementos que necesitaba para contar la historia que él quería contar, y no necesariamente la que encontramos en las traducciones que han llegado hasta nuestros días.

También en el aspecto sonoro, encontramos en La Odisea una película íntegramente nolaniana. De la misma manera que la imagen nos seduce, el sonido de la película nos envuelve. La música de Ludwig Göransson evita la narración musical tradicional del cine de Hollywood, basándose más en la sonoridad de una instrumentación atípica que en el uso de leitmotivs y otros patrones musicales cinematográficos. Además, la música se integra dentro del diseño sonoro, formando una unidad omnipresente, pero nunca invasiva a lo largo de todo el metraje. Es, sin duda, un formato en absoluto purista, pero que, dentro de las características del cine de Nolan, funciona y se integra a la perfección con la imagen y el tono de la narración.

ÍTACA

En nuestra opinión, con La Odisea, Christopher Nolan vuelve a demostrar que es uno de los grandes cineastas del Hollywood moderno y un director que busca siempre un equilibrio entre un cine de entretenimiento y de gran superproducción, con propuestas más arriesgadas y que estimulan al espectador no sólo con su pirotecnia visual y sonora, sino también con un discurso reflexivo sobre nuestra sociedad, en esta ocasión, emparentando nuestro momento actual con el propio germen de nuestra civilización.

La Odisea, de Christopher Nolan. (c) Universal Pictures España
La Odisea, de Christopher Nolan. (c) Universal Pictures España