Con tres largometrajes en su haber, Johanna Moder se ha caracterizado por jugar con las características de diferentes géneros, pero evitando caer en la repetición de patrones. Con su tercera película, Mother’s Baby (La Semilla), se adentra en el terreno del thriller, el terror, la claustrofobia y la ciencia ficción con una propuesta que se ganó con pleno derecho su selección en la novena edición del Festival de Cine Fantástico de Canarias Ciudad de La Laguna Isla Calavera, alzándose con el premio a la Mejor actriz para Marie Leueberger.

Una mirada femenina sobre el fantástico

Podríamos vincular el cine de Moder con el de otras cineastas contemporáneas, como Julia Ducournau o Coralie Fargeat, en el sentido de que han sabido traducir a modo de mirada femenina un lenguaje de cine fantástico construido por pilares masculinos como Alfred Hitchcock, Roman Polanski o David Cronenberg. Hay elementos temáticos y de puesta en escena que claramente apuntan a estos cineastas, sin embargo, como Ducournau o Fargeat antes que ella, Moder los emplea no tanto para generar un discurso de género, sino para reflejar la realidad femenina en primera persona.

El lado oscuro de la maternidad

Hay un tema relevante que vertebra la película, la depresión postparto y los difíciles (y generalmente desconocidos) procesos psicológicos por los que puede transitar una mujer tras dar a luz. En una sociedad que impone no sólo la obligatoriedad de ser madres a las mujeres, sino que las adoctrina con el mensaje de que la maternidad les aporta su mayor felicidad en esta existencia, lo contrario las convierte en malas madres o malas mujeres.

La protagonista de la película, maravillosamente interpretada por Marie Leueberger, es una mujer profesional, que ha priorizado su carrera sobre su deseo de ser madre. Es por esto que su entorno la juzga duramente cuando, tras el parto, siente un despego y una falta de reconocimiento hacia su bebé. En este sentido, la verdadera historia de terror no reside tanto en la ciencia ficción ni en la naturaleza cuestionable del bebé, sino en el abandono y la falta de comprensión del entorno ante la crisis psicológica de la protagonista. La propia amenaza contra el bebé se convierte en un terror telúrico que la película despierta en el espectador.

En la trama podemos identificar aspectos visuales heredados de Hitchcock, una trama que combina realismo y ciencia ficción, como hiciera en su momento Michael Crichton en sus novelas, con un aspecto de body horror que nos retrotrae al primer Cronenberg en películas como Cromosoma 3 o un cuestionamiento de la capacidad de la protagonista de distinguir la realidad de la paranoia que es muy propio de Roman Polanski (“Repulsión”, La Semilla del Diablo); sin embargo, lo que distingue a Mother’s Baby (La Semilla) de Hitchcock, Crichton, Polanski o Cronenberg es su comprensión íntima de la protagonista.

La maternidad como imposición social

Moder es la madre del título. No tiene inconvenientes en retratar un perfil femenino ambiguo con el que al espectador le cuesta empatizar. Los prejuicios de la sociedad hacia las mujeres profesionales, intelectuales, de alto perfil están ahí y el bebé se convierte en la metáfora perfecta de las imposiciones de la sociedad sobre las mujeres, cuestionando su independencia y su propia individualidad.

Es cierto que al final hay una claudicación a los patrones del género y que eso es lo menos original de la película; sin embargo, esta producción austríaca es una espléndida propuesta, fría, distante y cerebral (como su personaje protagonista) que logra dar un giro postmoderno y feminista a un discurso sobre la mujer hasta ahora monopolizado por la mirada masculina.