FESTIVAL ISLA CALAVERA 2019: ‘COLOR OUT OF SPACE’, de Richard Stanley

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Póster 'Color out of space'.
Póster 'Color out of space'.
“…Era simplemente un color del espacio exterior, un terrorífico mensajero de unos reinos del infinito sin una forma definida situado más allá de la naturaleza en el sentido que la conocemos; de unos reinos cuya mera existencia nos aturde el cerebro y nos adormece con las inmensas posibilidades extra cósmicas, que proyecta ante nuestros frenéticos ojos…”
H.P. Lovecraft
El Color del Espacio Exterior (Colour out of Space) (Publicado en la revista Amazing Stories; septiembre de 1927)

 

El relato Color out of Space del escritor de novela fantástica, Howard Philips Lovecraft, creador del llamado “Horror cósmico”, literatura de terror combinada con elementos de ciencia ficción, juega con una idea absolutamente sensacional.

A diferencia de la corpórea invasión marciana que propone su contemporáneo H.G. Wells en su famosa Guerra de los Mundos, la presencia extraterrestre que propone Lovecraft no proviene de unas criaturas con una forma física o monstruosa determinada, sino que se visualiza a través de un color muy específico, con una tonalidad que jamás se ha visto en la Tierra, que forma una especie de manto gelatinoso que progresivamente va corrompiendo de una manera putrefacta y maloliente todo aquello que invade, contaminando la tierra, el agua, la producción agrícola, deformando animales y a los seres humanos de un modo lento pero imparable.

El cineasta sudafricano Richard Stanley llevaba 25 años sin dirigir un filme. Muchos dirán que se lo ha ganado a pulso y tendrán bastante razón. A Stanley pudimos verlo en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, en octubre de 2019, cuando unos cuantos “calaveras” llevamos la bandera diplomática de nuestro Festival para llevar a cabo un acto de presentación de la programación de la tercera edición, en la carpa de la FNAC, justo frente del Auditorio Meliá Sitges, sala donde se exhibió este maravilloso filme, entre otras, en una sesión matinal donde no cabía un alma.

Stanley tuvo una carrera fulgurante, pero de cierto culto. Su ópera prima, Hardware, Programado para matar (Hardware, Reino Unido, 1990), es una película distópica, protagonizada por Dylan McDermont, con toques marcadamente cyberpunk, en la línea de Terminator (EEUU, 1984), de James Cameron, en el sentido que propone un futuro donde las máquinas van tomando el control y poco a poco exterminan a la población humana. Un filme que contra muchos pronósticos tuvo cierto éxito de taquilla que no vino nada mal, teniendo en cuenta su ajustado presupuesto.

El siguiente filme de Stanley, El Demonio del Desierto (Dust Devil, Reino Unido, 1992), protagonizado por Robert Burke, confirmó su capacidad para crear atmósferas y universos monstruosos.

A partir de ese momento, Stanley se encontró en el punto de mira de la industria y según él comenta, los estudios de cine “comenzaron a cogerle el teléfono”. Su gran oportunidad llegó cuando un gran estudio, Warner Bros., mostró interés en el guion que llevaba cuatro años escribiendo, que adaptaba La isla del Doctor Moreau, la excelente novela del mencionado escritor H. G. Wells acerca de un mad doctor, un científico bastante enloquecido, y su tribu de seres mitad humanos mitad criaturas monstruosas, novela que ya había sido adaptado en dos ocasiones al celuloide. Cuando el realizador confirmó que había fichado nada menos que a Marlon Brando y a Val Kilmer, parecía tener todo un filme revienta taquillas entre manos. El rodaje, como es bien sabido, lo llevó a cabo el veterano John Frankenheimer, que se incorporó a los pocos días del comienzo de la filmación. La filmación se complicó nada más empezar. El set en Australia fue azotado por inclemencias climatológicas, como huracanes e inundaciones, enfermedades entre numerosos miembros del equipo, y por supuesto, con problemas adicionales derivados de tener a dos actores-divos en un lugar remoto. Fueron destacables las ausencias de Brando, o el ego desmedido del actor Val Kilmer, que discutió de una manera muy acalorada con Stanley. El miedo del estudio a la posible falta de experiencia del director hizo que el eslabón se rompiese por la parte más débil y fue despedido a los tres días. Un miembro del equipo lo acompañó personalmente al aeropuerto. Sin embargo, el avión destino a los Ángeles, no llevaba a Richard Stanley a bordo.

En el documental de 2014 Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau, de David Gregory, podemos apreciar el caos de esa filmación y el particular “corazón de las tinieblas” vivido por el realizador sudafricano. Desaparecido en la selva australiana durante meses, el cineasta fue hallado casualmente, o no, por algunos extras del equipo de rodaje sobreviviendo literalmente a base de yucas, cocos y de su generoso acopio personal de marihuana. Pese a que tenía con el estudio una sanción contractual por la cual si se acercaba a menos de 40 kilómetros del set de rodaje perdería todo derecho a compensación económica por el filme, al sudafricano le pudo la curiosidad. Ataviado como uno de los miembros de la tribu del Dr. Moreau, no sólo se acercó vestido de mutante con una máscara de perro y una capucha, justo a tiempo para participar en la violenta escena final, durante la cual las criaturas se rebelan contra su creador y queman su campamento. Stanley pasó la noche destruyendo con un hacha los decorados del filme, destruyendo con esa acción, ese sueño que tanto tiempo le había llevado construir…y su carrera.

Tras la experiencia, Stanley dejó Hollywood (se podría interpretar que poco futuro tenía en la industria), para instalarse en el Pirineo francés. Desde entonces, además de coquetear con la antropología y el ocultismo, ha rodado algún que otro documental. Sigue confiado en que algún día no muy lejano podrá filmar su propia versión del clásico de Wells, y, al parecer continúa con su ilusión intacta por crear mundos y civilizaciones perdidas para la gran pantalla, como manifestó, con su apasionamiento habitual, en una rueda de prensa en Festival Internacional de Toronto (TIFF) Toronto, en septiembre de 2019.

Color out of Space es el primer filme que dirige en 25 años. Stanley tuvo la inmensa suerte de contactar e interesar a Spectrevision, la productora fundada por el productor Josh C. Waller, el actor Elijah Wood y el productor Daniel Noah, que está detrás de filmes emblemáticos como Una Chica Vuelve Sola a Casa de Noche (A Girl Walks Home Alone at Night, EEUU, 2014), de Ana Lily Amirpour, o Mandy (EEUU, 2018), de Panos Cosmatos.

El esperado regreso del realizador Richard Stanley, se salda con una solvente y muy personal adaptación del relato de Lovecraft, traído a nuestros días, con sus licencias y peajes, pero, curiosamente, extremadamente fiel a las letras de su autor.
Su estreno se produjo en el mencionado Festival de Toronto, ese festival de cine donde se estrena todo aquello que, presuntamente, hay que ver durante el siguiente año en salas regulares y que suele ser la antesala de los premios Óscar de la industria del entretenimiento estadounidense.

El recorrido festivalero del filme incluye el Festival de Cine Fantástico de Sitges, como ya comentamos, el Festival TerrorMolins, y, por supuesto, su pase en la tercera edición del Festival de Cine Fantástico Isla Calavera, en la sala 17 de Multicines Tenerife el sábado 24 de noviembre.

La sesión calavera tuvo el aliciente de que fue presentada, nada menos, que, por el coproductor del filme, Daniel Noah, auténtico impulsor del proyecto, quien persuadió a los inversores del filme, de que Stanley podía ser un realizador de confianza. Noah estuvo unos días entre nosotros, durante la semana del Festival, participando, entre otras actividades, en el I Encuentro de Industria: Rodar en Canarias, con otros productores, directores y actores, celebrado el lunes 25 de noviembre. Un auténtico hombre de cine, que transmite muchísimo entusiasmo, a quien le encantaron las posibilidades cinematográficas de nuestra isla.

La adaptación de Stanley sin duda constituye un filme de terror con aderezos de ciencia ficción, como no podría ser de otro modo, pero, contiene un equilibrado mestizaje, con ciertas dosis de melancolía y de brotes de comedia desatada, que ofrece una colección de imágenes francamente grotescas, pero muy bien iluminadas y encuadradas. Ciertas secuencias del filme, pese a parecer, por momentos extraídas de La Cosa (The Thing, EEUU, 1982) de John Carpenter, pasarán a formar parte de los archivos más emblemáticos del Fantástico.

El filme igualmente contiene otra de esas interpretaciones absolutamente descontroladas de Nicolas Cage. Nuestro festival de cine fantástico Isla Calavera no sería tal festival… sin un filme de Nicolas Cage desatado. Si en la primera edición, disfrutamos en primicia aquella especie de “noche de los padres vivientes” llamada Mamá y Papá (Mom and Dad, EEUU, 2017) de Brian Taylor, en la tercera edición tocaba, por derecho propio, este memorable filme de culto instantáneo que es Color Out Of Space, dotado de la frenética personalidad de su realizador.

Stanley y la productora Spectrevision planean nuevas aventuras fílmicas en torno a las letras de H.P. Lovecraft.