Este año la sección Brigadoon del SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, que celebrará su 56ª edición del 5 al 15 de octubre, cambia su emplazamiento de forma excepcional y tendrá lugar en la Sala Jofre Vila, en la planta 1 del Cine Prado.
Además, llega el primer avance de programación para este espacio, de entrada gratuita, dedicado al cine fantástico de corte más independiente, alternativo, radical y culto:
En el apartado de largometrajes de ficción, podrá verse The Barn Part II, de Justin M. Seaman: Este año, las chicas de la casa de la hermandad de mujeres Gamma Tau Psi llevarán fuera del campus su infame atracción embrujada para recaudar fondos. Desafortunadamente para ellas, algún practicante del «truco o trato» no invitado llama a la puerta y quiere recolectar algo más que dulces…
Thorns, de Douglas Schulze.
También llega Thorns, protagonizada por Doug Bradley y dirigida por Douglas Schulze: Un exsacerdote que trabaja para la NASA es enviado a investigar un observatorio remoto que quedó en silencio después de recibir una misteriosa señal de radio del espacio profundo. Al llegar, descubre que la señal abrió un portal que desató un monstruo de espinas. El ex sacerdote ahora debe invocar su fe perdida para evitar que la señal propague el infierno en la Tierra.
Sección documental
El apartado de documentales estará marcado por un fuerte sabor italo-argentino. En otros, podrá verse Otra película maldita, de Alberto Fasce y Mario Varela. Se trata de una invitación a desandar el camino de la historia del cine de terror en Argentina, una historia llena de películas olvidadas, perdidas o truncadas. Se podría decir que la historia del cine de terror argentino está hecha de películas malditas.
También se proyectará Il museo degli orrori di Dario Argento, de Luigi Cozzi: En Roma, Italia, desde 1989, los cineastas Dario Argento y Luigi Cozzi administran una tienda que vende recuerdos de terror, fantasía y ciencia ficción, inspirados en películas, además de un museo único que muestra a los visitantes los accesorios originales utilizados durante la realización de sus propias películas más famosas. Muchos miles de fans de todo el mundo ya la han visitado…
Más títulos: Un millón de zombies: La historia de Plaga Zombie, de Nicanor Loretti y Camilo de Cabo: En 1997, un grupo de amigos de 17 años llevó adelante de manera totalmente artesanal el primer film de muertos vivos de Argentina. Todo un hito que derivaría en una saga de culto. Un Millón de Zombies cuenta la historia de estas películas y de los cineastas que crecieron a la par de ellas.
Por último, y de momento, también han anunciado la sesión especial de Hall of Frame. María Luisa Pino, de Guillermo López Aliaga y Fran Mateu, con la presencia de María Luisa Pino, una obra que explora su extensa trayectoria, bajo su propio testimonio, como experta en el campo del montaje cinematográfico y de los efectos especiales, trabajando en películas de género fantástico que forman parte de la memoria de la cinematografía universal.
Premio Nosferatu de Brigadoon 2023
El Premi Nosferatu de este año irá a la icónica actriz Barbara Bouchet (Gangs of New York, Casino Royale).
“Los personajes que me interesan no son ni héroes ni villanos, sino aquellos que contienen un poco de ambos en su naturaleza, cosa que creo que tienen la mayoría de los seres humanos, que no tienen daños mentales dentro de sí. Creo que todos poseemos la capacidad de hacer el bien y hacer el mal. Yo creo que es una lucha constante en la naturaleza humana para hacer que nuestro mejor lado emerja. A menudo algunos perdemos esa lucha diariamente”.
William Friedkin (2003)
I. EN LA MUERTE DE WILLIAM FRIEDKIN
El lunes 7 de agosto de 2023 trascendía la noticia de la muerte del realizador William Friedkin en Los Ángeles, California, con 87 años de edad y como consecuencia de un fallo cardiaco y una neumonía. Su esposa, la ex productora Sherry Lansing, ex ejecutiva de Paramount Pictures y de 20th Century Fox en los 80 y 90, realizó el anuncio del deceso.
Francis Ford Coppola salió a la palestra en sus redes sociales, concretamente en su perfil de Instagram el mismo 7 de agosto, para expresar su pena por la pérdida y resaltar sus logros a lo largo de su trayectoria. Coppola expresó lo siguiente en torno al fallecimiento de William Friedkin:
“William Friedkin fue mi primer amigo entre los cineastas de mi generación y lamento la pérdida de un compañero amado por muchos. Sus logros en El Cine son extraordinarios y únicos. Él es el único colega que conocí cuyo trabajo realmente salvó la vida de un hombre (El pueblo contra Paul Crump). El trabajo de Billy representa auténticos hitos en El Cine, una lista que jamás será olvidada. Ciertamente The French Connection, The Exorcist y Sorcerer, pero todas sus películas están vivas con su genialidad. Elige cualquiera de ellas al azar y quedarás deslumbrado. Su adorable e irascible personalidad era la tapadera de un hombre hermoso, brillante, profundo… todo un gigante de hombre. Es muy duro comprender que jamás disfrutaré nuevamente de su compañía, pero al menos su trabajo habla por él”.
El último filme del cineasta, The Caine Moutiny Court Martial, el primero en los últimos 10 años, es una nueva versión del proceso de la jurisdicción militar por el famoso motín del acorazado USS Caine, después de las recreaciones de Edward Dmytryk y Robert Altman (esta última para televisión), se estrena mundialmente en la 80 edición del Festival de Cine de Venecia, la del año 2023. Este filme cuenta con un reparto atractivo donde los actores más jóvenes, Jake Lacy y Lewis Pullman, comparten cartel con Kiefer Shutherland, Jason Clarke y Lance Reddick (en su última aparición para el cine).
Venecia es un festival muy querido por el cineasta. Allí estrenó Insectos(Bugs, EEUU, 2006), Killer Joe (EEUU, 2011) y su regreso al documental y al universo de El Exorcista, es decir, The Devil and Father Amorth(EEUU, 2017), donde documenta como el cineasta fue autorizado a presenciar un exorcismo. En la isla de Lido Di Venezia se le otorgó en 2013 un merecidísimo León de Oro como premio a toda su carrera y una vida dedicada al cine. Ese mismo año de 2013 verá la luz el libro The Friedkin Connection. A Memoir (Harper Collection, 2013), su libro de memorias, de una honestidad y claridad apabullantes a la hora de revisar su propio trabajo y actitudes. 497 páginas de oro puro. Finalmente, en dicho festival, edición 74 se estrenó mundialmente el excelente documental William Friedkin sin censuras (William Friedkin Uncut, Italia, TCM, 2017), de Francesco Zippel, que realiza un espectacular repaso a sus grandes hitos fílmicos. contiene una suculenta entrevista personal. El cineasta aprovecha para dejar inmortalizado su canto de amor por el festival de cine de Venecia. Siempre que lo llamen irá, manifiesta el artista, nunca estará cansado ni comprometido con otros menesteres como para dejar de asistir a Venecia.
William Friedkin en Sitges 2017.
El documental recoge su paso por los festivales de Sitges, Lyon, Marsella, siempre entusiasta y dispuesto a hablar de cine con mucha pasión y contundencia. La exquisita propuesta viene acompañada de sustanciosas opiniones de algunos actores que trabajaron con él (William Petersen, Willem Dafoe, Mathew McConaughey, Juno Temple, Ellen Burstyn y Gina Gershon), algunos colaboradores como el guionista Walon Green o el director de fotografía Caleb Deschanel, También tienen cabida en el espléndido documental realizadores jóvenes en pleno candelero como Quentin Tarantino, Edgar Wright, Wes Anderson y Damien Chazelle (de quien Friedkin dice que es el futuro del cine americano).
Comparecen igualmente para el documental referenciado, algunos compañeros suyos de generación como son los realizadores Walter Hill y Phillip Kaufman (que lo conoció de niño en el colegio en Chicago, cuando Friedkin era una especie de delincuente juvenil) y por supuesto, el propio Francis Ford Coppola. Pese a que Friedkin comenzó su andadura en la televisión en los 60, no puede incardinarse su figura en la generación de cineastas que emergieron en la primera televisión estadounidense (Lumet, Mulligan, Frankenheimer, Penn, Shaffner, etc.).
Friedkin pertenece a la generación de directores inmediatamente posterior. Aquellos que hicieron del cine y su estudio, una vocación que los llevó a ser cineastas. De Palma, Spielberg, Scorsese, Schrader, Milius y los mencionados Coppola, Hill y Kaufman son algunos de sus compañeros de generación. Ese amor por el cine llevó al cineasta a realizar el espléndido documental de 1975 Fritz Lang Interviewed by William Friedkin (Conversation with Fritz Lang). Un espléndido documento donde el veterano cineasta alemán se confiesa ante Friedkin. 51 minutos de auténtica historia del cine archivada.
Su propio legado fílmico es considerable: veintiún películas para el cine, tres documentales, algunos videoclips para Barbra Streisand, Lonna Branigan o Johnny Hollyday, series como La Hora de Alfred Hitchcock, Grupo Antiterrorista (en la que se implicó incluso como guionista), Historias de la Cripta, CSI, dos óperas (una de ellas nada menos que Aida, de Giuseppe Verdi, a la que contribuyó con un exhaustivo estudio del movimiento corporal según las clases sociales en el antiguo Egipto), o el remake de otro clásico judicial, el filme de televisión Doce Hombres sin piedad: El Veredicto (12 Angry Men, EEUU, 1997), nueva versión del filme de Sidney LumetDoce Hombres sin piedad (12 Angry men, EEUU, 1957). Este filme se acomete sin cambiar un ápice del sólido guion de Reginald Rose, salvo para otorgar a los 12 miembros del jurado que deliberan una mayor variedad étnica y racial. Aporta Friedkin al relato una puesta en escena dinámica, cargada de travellings y planos secuencia, en un escenario radicalmente diferente y más abierto. Estos factores hacen que se desmarque bastante de las formas imperantes en el clásico de Lumet, que, recordemos, contenía aquel conjunto de planos cada vez más opresivos y tendentes al inquisitivo primer plano, a medida que los prejuicios de los personajes salían a la luz en el reducido espacio de la sala de deliberaciones.
Vamos a tratar de documentar en este artículo la esencia y la personalidad de un cineasta único, a través de su propia actitud ante dos filmes concretos de su filmografía, y su manera de ser, en dos épocas bien diferentes, pero que remarcan su trayectoria como realizador. Estas dos películas, sin constituir lo más célebre ni lo más representativo, constituyen dos filmes sobrios, acometidos con solvencia, irregulares, especialmente el primero, que revelan la asunción de ciertos riesgos profesionales, y, por supuesto, ponen bien de relieve la pasión, la satisfacción y la aventura de rodar.
Carga maldita (Sorcerer, EEUU, 1977) y La Presa (The Hunted, EEUU, 2003), están separadas por 25 años. Constituyen dos filmes tremendamente deseados por cineasta. En ese sentido, es inevitable que sus imágenes revelen un palpable entusiasmo. El paso del tiempo y su reciente muerte colocan estas películas, y otras, como eslabones de una filmografía ya concluida definitivamente, a ratos apasionante, siempre interesante, y rara vez decepcionante.
Años 70 del siglo XX. El mundo del cine está a los pies del treintañero William Friedkin. En 1971, obtiene el óscar al mejor realizador por French Connection (The French Connection, EEUU, 1971), un filme influyente donde los haya en el género policiaco. Revisa el género y lo reconstruye y cambia para siempre. Siendo muy consecuente con el cine de aquellos años, el vigoroso filme posee unos logros artísticos enormes en el campo del retrato de personajes. Astutamente opera una profunda inversión de roles entre las dos figuras principales, reversos de una misma moneda, siendo más atractivo el sofisticado villano que incorpora Fernando Rey que el malhumorado, vicioso y a ratos fascista agente de la ley que afronta Gene Hackman.
La secuencia de la persecución del vehículo policial al tren que circula por encima de la vía, donde el agente no se reprime en poner en peligro la seguridad de los viandantes, sería copiada hasta la saciedad en largometrajes venideros. El estilo cuasi documentalista y realista constituye otra importante innovación, que sería igualmente imitado hasta la saciedad. Por si todo ello fuese poco, al éxito profesional y artístico, resulta que el público se rindió incondicionalmente y la taquilla fue tremendamente generosa. Un éxito económico rotundo.
‘El Exorcista’
Su siguiente filme El Exorcista(The Exorcist, EEUU, 1973), fue ofrecido previamente a Mike Nichols, Arthur Penn, John Boorman o Peter Bogdanovich. Friedkin vio una oportunidad de revisar otro género, el de terror. El estudio Warner Bros. aprovechó la estela de éxito de la novela de William Peter Blatty, todo un bestseller desde su publicación en 1971. El filme todavía lo hizo mejor en el recién descubierto arte de pulverizar la taquilla. Con El Exorcista, Friedkin renovó el género del terror de una manera más decisiva, que el cine policíaco con su previo trabajo.
Friedkin era el realizador perfecto para imprimir el necesario tono realista del relato. No podemos olvidar que debutó en el documental con el impresionante filme The People Vs. Paul Crump (EEUU, 1962), que tuvo el enorme mérito de poner en libertad a un hombre inocente recluido en el corredor de la muerte en una penitenciaría de Chicago a la espera de la ejecución de la Sentencia (6 meses lo separaban de la silla eléctrica). Al Gobernador de Illinois se le pasó el filme. Conmovido, decidió revisar su caso e indultarle.
El realismo de El Exorcista, unido a la memorable plasmación de la idea del terror del filme catalizado en el miedo del padre Merrin (magnífica la presencia de Max Von Sydow) a perder la fe en Dios en su enfrentamiento con el demonio que posee a la niña Reagan (Linda Blair), confieren al filme una convicción absolutamente perturbadora. El público hizo por vez primera enormes colas para ver un filme de terror. Nadie había visto nada igual jamás en una pantalla de cine. Todavía en la actualidad permanece como uno de los filmes más taquilleros de la historia, teniendo en cuenta que la entrada de cine en la época de su estreno valía 3 dólares.
El realizador de Chicago fundó con sus compañeros de profesión Francis Ford Coppola, cuyo éxito con El Padrino (The Godfather, EEUU, 1971) era igual de prodigioso, y Peter Bogdanovich, en absoluta racha con La Última Película (The Last Picture Show, EEUU, 1971) y ¿Qué me pasa, Doctor? (What’s Up, Doc?, EEUU, 1972), la compañía The Directors Company, con la idea de trabajar en plena libertad creativa.
Coppola abrió fuego con La Conversación (The Conversation, EEUU, 1974). Friedkin se permitió, además de remitirle una carta diciéndole cómo debía hacer las cosas (no dejes improvisar a los actores, especialmente a Gene Hackman, mantente en el presupuesto y en la agenda de rodaje… es mi dinero el que vas a gastar, sé comercial, etc.), decirle a su artífice que, el filme resultante era un desastre. Al final, el “desastre” se hizo con la Palma de Oro en Cannes 1974.
Bogdanovich hizo, por su parte, dos trabajos para la recién creada compañía. Luna de Papel (Paper Moon, EEUU, 1973), fue todo un éxito de público (y artístico) y Una Señorita Rebelde(Daisy Miller, EEUU, 1974), que fue un fiasco en ambos sentidos.
Friedkin, igualmente, destrozó verbalmente y a la cara de su realizador, el segundo de sus filmes, reprochándole que su caprichosa atracción por Cybill Shepherd lo hubiese llevado a hacer una basura de esas características. Friedkin, que nunca llegó a realizar ningún filme para The Directors Company, simplemente se marchó. La compañía terminó disolviéndose. El cineasta se había labrado a pulso una fama de tirano, de decir siempre y en todo momento lo que piensa, sin preocuparle herir sensibilidades, poniendo en peligro, incluso, su propia posición en la industria, y careciendo de la menor empatía con los equipos a su cargo. No tenía pelos en la lengua para despedir a cualquiera, sin importar los lazos de amistad o profesionalidad que les uniera.
Friedkin era tremendamente ambicioso y competitivo con otros cineastas y aceptaba o rechazaba trabajos con la mentalidad de mejorar la realización de un realizador, u otro, ya fuera Coppola, Bogdanovich o el propio Spielberg.
La noche del estreno en Francia de El Exorcistarevelaría al mundo cuál sería su siguiente proyecto. Esa noche, Friedkin tiene el inmenso placer de intercambiar halagos con la élite del cine galo, que el cineasta oriundo de Chicago siempre admiró profundamente. El 11 de septiembre de 1974, después de asistir al estreno parisino de su más reciente filme, William Friedkin cenó en el restaurante Le Fouquet’s de la ciudad de la luz (que forma parte del Hotel del mismo nombre en la zona de los Campos Elíseos), nada menos que en compañía de Henri Georges Clouzot, François Truffaut, Claude Berri y otros importantes realizadores de la filmografía francesa.
A todos les había encantado The French Connection. A todos les encantaba el cine americano en general y así se lo manifestaron. Por supuesto, todos, según confesaron, se quedaron deslumbrados con el nuevo filme de Friedkin. El cineasta estadounidense, en la euforia del momento, confesó haberles robado ideas a todos ellos, desglosando, incluso, como había adaptado secuencias completas de filmes de los realizadores allí presentes, para incorporarlas a sus películas.
Para Clouzot tuvo un trato especial, llamándolo “maestro” prácticamente cada vez que se dirigía a él, expresándole una y otra vez el impacto profundo que había tenido en su juventud las películas del artista, que había visto numerosas veces. Lo demostró, recitando numerosos instantes de varios de sus filmes más emblemáticos. Y llegó el momento. Fue el propio Clouzot quien le preguntó a Friedkin cuál sería siguiente proyecto. Éste le respondió que quería hacer su película El Salario del Miedo(Le Salaire de la peur, Francia, 1953). Clouzot, sorprendido, le recomendó que no lo hiciera. Le dijo que era un joven muy brillante y que esa adaptación le iba a dar muchísimos problemas, así como que era un filme ya vetusto y trillado. Al final de la noche, Friedkin había convencido al maestro, que le cedió unos derechos, que el tiempo demostraría que no tenía y había que adquirir. La velada culminó con una promesa del joven cineasta estadounidense al veterano realizador francés: “Le prometo no hacerla tan bien como usted”. En esa cena estuvo Joe Hyams, jefe de producción de Universal Pictures, dispuesto a afrontar sus labores en el proyecto.
Endiosado, como consecuencia de su posición en la industria, y con el chip siempre de que pensaba abordar su nuevo y ambicioso proyecto exactamente cómo quería, en el tiempo que le diera la gana, en las condiciones que consideraba que la historia requería, y diseñando estrategias para neutralizar a los productores y sus quejas y sugerencias, Friedkin acomete la que sería su más catastrófica aventura.
Se contrata como guionista a Walon Green, escritor del notorio filme de Sam Peckinpah, Grupo Salvaje (The Wild Bunch, EEUU, 1969). Con Green vienen, obviamente, los guiños a ese filme. La secuencia de los niños con las hormigas y el escorpión en aquel filme de 1969, ve una cierta réplica en similitud en las imágenes del filme de 1977. El tiroteo final con los bandidos y la muerte de uno de los personajes centrales, en la manera de explotar la violencia, posee un toque cercano al cine del realizador con sangre india en sus venas. Uno de los grandes reveses a la producción se produce en torno al actor principal.
El filme se construyó pensando en Steve McQueen. Cuando el libreto se le dio a leer a éste, quedó encantado, confesándole a Friedkin que le parecía uno de los mejores guiones que había leído nunca. Sin embargo, el actor se encontraba en un momento delicado en su relación con la actriz Ali McGraw. Tal era así, que consideraba que no podía abandonar EEUU unos meses sin terminar con su matrimonio. Propuso la filmación en EEUU. Cuando Friedkin le dijo que no era posible pues había que cuidar el realismo del filme, el actor planteó la posibilidad de la escritura de un papel para la actriz. La negativa de Friedkin llegó incluso ante la propuesta de la estrella de nombrarla a ella Productora Asociada para que pudiera acompañar al equipo a la filmación. La imposibilidad de llegar a un entendimiento, hizo que el carismático actor se desentendiera definitivamente y que por supuesto, el realizador siguiera adelante sin él. Al fin y al cabo, ya había luchado (pensaría), contra Warner Bros. y contra William Peter Blatty, empeñados en contratar a un divo como Marlon Brando en el papel del padre Merrick.
El actor Roy Scheider, secundario en French Connection, acababa de estrenar el blockbuster Tiburón(Jaws, EEUU, 1975), de Steven Spielberg. Se subió al camión cargado de nitroglicerina cuando el rodaje estaba ya comenzado. Sí, efectivamente, Friedkin inició la filmación de Carga Maldita sin tener aún un protagonista. Los productores caen en la cuenta que el casting no es precisamente el más atractivo para el público estadounidense de películas de acción. A Scheider le acompañan el francés Bruno Cremer, protagonista de algún filme de Costa-Gavras y varios de Pierre Shoendoffer; el marroquí Amodou, con carrera considerable igualmente en el país galo, y el español Francisco Rabal, en su primera incursión en un producto internacional. Rabal había sido la primera opción de Friedkin para el papel del traficante Charnier, enviándole el equipo de producción por error a Fernando Rey en lugar de Rabal para esa filmación. En resumidas cuentas, no había el menor rostro carismático, para los productores, una presencia a la que el público estadounidense pudiera aferrarse y empatizar, sino un puñado de desconocidos a los mandos de la narración y un protagonista perfectamente prescindible e intercambiable.
El filme iba a ser en un principio, una película modesta, con un presupuesto de dos millones y medio de dólares. Entraba en lo razonable teniendo en cuenta que Friedkin había rodado French Connection con 1.8 millones de dólares, 200.000 dólares menos del importe que habían ofrecido desde Fox. El hecho de que el presupuesto de 4 millones para El Exorcista, finalmente hubiese pasado a 12 millones, era algo que había quedado sepultado ante el apabullante éxito del filme, que supuso un 15% del beneficio bruto de la Industria del cine de Hollywood de aquellos años.
Carga Malditaenseguida se convirtió en un caballo desbocado presupuestariamente hablando. El número 12 (millones) volvió a rondar en la economía de un filme de Friedkin, pero seguía subiendo imparable. Una astuta maniobra de producción intentó amortiguar la inflación presupuestaria. Se involucró a Paramount Pictures, que coprodujo la ventura de la empresa con Universal Pictures, con el compromiso de filmar en República Dominicana (se filmó en algunos de los poblados más paupérrimos del mundo), un país bastante más “acotable” que otras geografías latinas en términos presupuestarios. Pero es que el realizador se empeñó en filmar igualmente los segmentos iniciales en otras localizaciones extranjeras. Concretamente en Francia e Israel, además de las escenas en Nueva Jersey, Estados Unidos. Allí se filmó el atraco, localizado en la ciudad de Elisabeth, el posterior accidente del vehículo de los atracadores y la huida de Scanlon (Roy Scheider).
Avanzado el rodaje, la filmación se trasladó a la profunda jungla amazónica de México. El despido de John M. Bush como director de fotografía, por diferencias creativas con el realizador, requirió la inmediata contratación de otro operador, Dick Stephens.
Las inclemencias meteorológicas de lluvia y viento en el país caribeño, fueron implacables en la filmación y retrasaron considerablemente la misma. La reunión del cineasta con los ejecutivos del estudio, Barry Diller y Sid Sheinberg, con sus preguntas y sugerencias, se encontró un muro demasiado irracionalmente intransigente por parte del realizador.
El reconocimiento de Friedkin en la primera proyección del filme a los ejecutivos de los estudios de que no se había equivocado cuando le prometió a Clouzot que no haría el filme tan bien como él, fue un adelanto de la tumba que el cineasta de Chicago había cavado en la industria para sí. Según la fuente que se consulte, hubo remontaje o no. Algunos libros especializados refieren que los estudios remontaron el filme a espaldas de su artífice, reduciendo la duración a las dos horas y casi dos minutos, en un intento de salvar la debacle que venía y poder proyectar más veces al día. Sin embargo, Walon Green refiere en el documental de Zippel que respetaron el montaje y expresa su plena satisfacción con el libreto, que para él posee el toque perfecto (pese a ser escrito para McQueen y recitado por Scheider). Al visualizar el filme, Green considera que los diálogos reflejan exactamente aquello que la historia requiere.
El tráiler del filme se pasó en el estreno de La Guerra de las Galaxias(Star Wars, EEUU, 1977), de George Lucas en el Teatro Chino de Los Ángeles. Pareció una absoluta nimiedad en comparación con la exploración de universos y criaturas que proponía el filme galáctico.
A la semana siguiente del estreno del filme de Lucas, estaba previsto el screening de Carga Maldita. La sala vacía que albergó el estreno de la cruel y pesimista película de Friedkin en el mencionado cine angelino, rápidamente volvió a albergar la optimista aventura sideral en su lugar. Con esa decisión, la sala de cine volvió a llenarse hasta los topes. La maniobra tendría reflejo en salas de cine de todo el país. La debacle se cumplió fatalmente. Carga Maldita, cuyo presupuesto final fue de 21 millones de dólares, hizo un bruto de tan solo 9 al final de su recorrido por el box office mundial. 6 millones domésticamente y otros 3 en el resto del mundo.
Pese a todo, Friedkin manifestó en su presentación del pase en el Cine Prado del mencionado Festival de Sitges edición de 2017, que Carga Maldita es el filme más importante que ha hecho nunca y por el que le gustaría ser recordado. Como dice Francis Ford Coppola en el documental italiano, en los tiempos de Carga Maldita y Apocalipsis Now “…si querías mostrar algo extraordinario, tenías que hacer algo extraordinario… y fotografiarlo”.
Francis Ford Coppola y William Friedkin.
Carga Malditano es en absoluto un mal filme, por mucho que constituya un remake, o una adaptación, completamente innecesaria de un filme original que, además de existir, es magistral. Por otra parte, carece de esa equilibrada combinación que sí poseen otros filmes del período del sabor genuinamente estadounidense en fusión con las olas europeas, y con la frescura de osadas formas, que tanto gustaban aquellos días, y que podían percibirse con rotundidad en películas como Bonnie & Clyde (EEUU, 1967), o Un Largo Adiós(The Long Goodbye, EEUU, 1974), de Robert Altman.
Carga Malditaestá cargado de buenas ideas, y se desmarca astutamente del filme original, con unos personajes totalmente nuevos (los “héroes” son un asesino mejicano, un terrorista palestino, un estafador francés y un atracador estadounidense), y algunas situaciones son realmente novedosas, regresando de vez en cuando al material original para “guiñarle el ojo”. Si en el filme de Clouzot tenemos unos 40 minutos introductorios de una duración total de unas dos horas y media, el filme de Friedkin se toma más tiempo en la presentación de los personajes.
Así, de las dos horas que dura el filme, una hora entera la constituye la introducción de cada uno de los caracteres, primero en sus respectivos entornos geográficos, para en segundo lugar reunirlos en el ficticio país latinoamericano donde transcurre el resto de la acción, antes de ponerlos a conducir los camiones cargados de nitroglicerina. La idea de que los personajes escogen dos camiones destartalados y proceden a repararlos en un cementerio de máquinas, herramientas y piezas destartaladas, antes de ponerlos a conducir, constituye un punto de ruptura interesante respecto al original. Resalta la seguridad de los personajes y su propia autoconfianza.
El cambio, aunque leve, respecto a la enorme roca que obstruye el camino en el filme de Clouzot, por un inmenso tronco de un árbol en el remake, y la escena de la muerte de los ocupantes del segundo camión, se encuentran bien replicadas, sin perder su toque específico. La impactante secuencia de los vehículos cruzando el vulnerable y balanceante puente sujeto con cuerdas y lianas en medio de la tormenta, posee un gran poder de convicción. El contraste entre el puente colgante, que se balancea, el camión cruzándolo, la tormenta de agua y viento, y el copiloto de cada uno de los dos camiones guiando desde delante a quien lo conduce, transmite una curiosa sensación de vulnerabilidad. El camión filmado de frente en un puente de estas características, parece una criatura demoníaca y fantasmagórica que va a devorar al hombre, que parece insignificante delante de la máquina. El efecto, salvando las distancias de dos filmes diferentes, recuerda al del camión frente al conductor del vehículo en el memorable filme de Steven Spielberg, El Diablo sobre ruedas(Duel, EEUU, 1971).
La especie de revolución que se establece entre los familiares y amigos de los trabajadores muertos en la explosión del pozo petrolífero cuando la compañía trae los cuerpos calcinados envueltos en plástico, confiere al filme un toque humano y reivindicativo acorde con los años 70. El guiño final al personaje interpretado por Vera Clouzot en el filme original, queda como algo entrañable. El mencionado tiroteo de los conductores del primer camión con unos asaltantes, donde fallece el personaje incorporado por Paco Rabal, queda como todo un guiño al cine de Sam Peckinpah, al western en general, y al cine de acción que causa furor en el cine estadounidense.
Sobre la banda sonora de CARGA MALDITA
Es destacable la banda sonora, compuesta por el grupo alemán, especialista y pionero en el campo de la música electrónica Tangerine Dream. Es evidente que Wendy Carlos para La Naranja Mecánica (The Clockwork Orange, EEUU, 1972) inauguró la música electrónica en el cine, mucho antes de que Giorgio Moroder tuviese un éxito inconmensurable con la banda sonora de El Expreso de Medianoche (Midnight Express, EEUU, 1980), de Alan Parker, que marcó, sin duda, un antes y un después en el mundo de la sonoridad musical del cine.
En ese nuevo ecosistema, hasta músicos como Jerry Goldsmith abrazaron la música de sintetizador en la década siguiente. Entre 1972 y 1980, el filme de Friedkin, y Los Amos de la noche (The Warriors, EEUU, 1979), de Walter Hill, con música de Barry DeVorzon, constituyen dos importantes ejemplos palpables de la importancia que va tomando el sintetizador en el devenir sonoro de las imágenes, erigiéndose en auténticos precursores en el uso de la misma.
El grupo Tangerine Dream aporta unas melodías que van en consonancia con la tragedia existencial de los personajes, anticipando cierta melancolía del final del recorrido. Michael Mann utilizaría magníficamente a Tangerine Dream en su modélico y precursor Ladrón(Thief, EEUU, 1980).
William Friedkin en Sitges 2017.
Friedkin comentó en la extensa rueda de prensa (de casi hora y media) en el Festival de cine fantástico de Sitges de 2017 (donde se pasaronEl Exorcista y Carga Maldita con su presencia), que conoció al grupo musical poco después del estreno de El Exorcista, en Frankfurt, Alemania. Alguien le comentó que habría un concierto en una antigua iglesia abandonada. Se le dijo que iba a llamarse “música de las esferas”. Intrigado, el realizador acudió. No había luz alguna, salvo por las ráfagas de luz que desprendían los instrumentos musicales, concretamente los sintetizadores, de los tres miembros del grupo. El efecto fue que las casi mil personas asistentes se quedaron absolutamente transportadas por la música. Friedkin pudo conocer a los miembros del grupo a partir a las 3 de la madrugada, cuando el concierto terminó. Les dijo que cuando llegase el momento de hacer su siguiente filme quería que ellos hiciesen la banda sonora. Aún no sabía cuál sería, pero tenía claro que sonaría a música del conjunto alemán.
Años después, cuando el realizador tuvo claro que su siguiente propuesta sería Sorcerer, le envió el guion a Edgar Froese (el ya fallecido líder del grupo) y habló con él explicándole cuál era el concepto del filme. Todo ello sin que hubiese comenzado la filmación.
Estando en la jungla amazónica de México en pleno rodaje, el cineasta recibe tres horas de música que no puede escuchar hasta un mes después. Cuando lo hace, en la misma sala de edición, se queda absolutamente impactado con ella. Toma una drástica decisión: edita el filme en función de la música y no al revés. El proceso habitual, obviamente, es que la música se adapte a las imágenes que va a acompañar. Ese mismo proceso inverso, que satisfizo muchísimo al cineasta, lo repetiría con la música de Wayne Chang para Vivir y Morir en Los Ángeles.
Resulta verdaderamente llamativa la consideración que posee el séptimo filme de Friedkin entre algunos de sus compañeros cineastas. Quentin Tarantino con su habitual entusiasmo, deja bien claro en su imprescindible libro Cinema Speculation(Meditaciones de cineen español) que para él Carga maldita es “vastly superior” (sic), es decir, “considerablemente” o “infinitamente” superior al original dirigido por H. G. Clouzot. Tarantino avanza un poco más en dicha consideración. En el citado documental de Zippel afirma categóricamente mirando a cámara que Carga Malditaes “…una de las más grandes películas que se han hecho…” (sic).
Llama la atención el comentario de alguien más comedido como el realizador Walter Hill respecto a este filme en el mencionado documental. Afirma Hill con su habitual raciocinio y su impecable capacidad analítica: “En muchos aspectos creo que es una película más perfecta que las dos anteriores. Pero no es un secreto que fue un desastre comercial en aquel tiempo. De alguna manera sacudió al sistema y digamos que reforzó la idea de que los estudios debían concentrarse en otro tipo de entretenimiento que le resultara menos desafiante al público”.
En Francia, el filme se ha bautizado con el nombre deLe convoy de la peur, es decir, El convoy del miedo, en clara referencia al título del filme original. Es el único país que ha editado en formato doméstico un “director’s cut”, lo que da a entender el impacto de este filme en el país vecino.
Si el filme La Puerta del Cielo (Heaven’s Gate, EEUU, 1980) lo cambió todo para su realizador Michael Cimino, puesto que se convirtió en uno de los grandes fracasos de la historia del cine (presupuesto de 44 millones, frente a una recaudación de 1,3 millones), convirtiéndose en un “paria” en la industria del cine,Carga Maldita supuso igualmente un contundente cierre de puertas de la industria en torno a la megalomanía de Friedkin.
EL MAYOR ROBO DEL SIGLO
La década de los 70 terminó para éste con un filme absolutamente invisible en comparación con el resto de sus trabajos de la década. El Mayor Robo del Siglo (The Brink’s Job, EEUU, 1978) narra el atraco en los años 50 a un furgón de seguridad de una modesta entidad bancaria por un grupo de delincuentes un tanto marginales. El guion correspondió nuevamente a Walon Green.
Peter Falk, Peter Boyle, Gena Rowlands, Warren Oates y Paul Sorvino están en el sólido reparto. Pudo haber pasado algo similar al Friedkin postCarga Malditacon Steven Spielberg y su fracaso (relativo y tan solo en comparación con su trayectoria) con 1941(EEUU, 1979), si no fuera porque sus siguientes proyectos serían, nada menos que En Busca del Arca Perdida (Riders of The Lost Ark, EEUU, 1981) y ET El Extraterrestre (ET, The Extra-terrestial, EEUU, 1982) que barrieron las taquillas de todo el mundo.
Podría haberle ocurrido lo mismo a Coppola si su Apocalipsis Now (Apocalypse Now, EEUU, 1979) hubiese sido un fracaso, cosa que, pese a muchos agoreros, no fue. Ya le llegaría su momento debacle a Coppola con su monumental fracaso de Corazonada(One from the heart, EEUU, 1982), con la gran diferencia de que el dinero que gastó en este filme era el suyo, no el de ninguna major. Hollywood perdonó la arrogancia de Coppola, por su actitud durante la bancarrota de sanear su economía y reconciliarse con la industria. No así la de Cimino ni la de Friedkin.
El milenio sorprende a William Friedkin en otra postura personal y profesional bien diferente. En el año 2000 tiene 65 años. Como prolongación de su personalidad ególatra, en los años 70, el cineasta carecía de capacidad de compromiso sentimental. Empataba una relación sentimental tras otra, sin la menor vocación de continuidad. Kitty Hawks, modelo con una notable carrera que la llevó a ser portada de revistas como Vogue, era nada menos que la hija de uno de los grandes realizadores clásicos, Howard Hawks. Su “suegro” le recomendó a Friedkin que se dejase de hacer películas artísticas “para ver en un museo”, e hiciese películas comerciales que entretengan al público.
El veterano cineasta abrió, sin duda, una importante dicotomía en la mente del joven Friedkin entre lo que es el arte y la comercialidad de las películas. Friedkin se detuvo e hizo autocrítica.
Sus filmes Buenos Tiempos (Good Times, EEUU, 1967), a mayor gloria de los entonces famosísimos Sonny y Cher; La Fiesta de Cumpleaños (The Birthday Party, Reino Unido, 1968), escrita por el dramaturgo Harold Pinter, basado en su propia obra teatral y protagonizada por Robert Shaw; La Noche del Escándalo Minsky’s(The Night They Raided Minsky’s, EEUU, 1968), sobre las bambalinas del teatro de baja estofa, con Britt Ekland y Jason Robards; y Los Chicos de la Banda (The Boys in the Band, EEUU, 1970), basado en la célebre obra de teatro de Mart Crowley, y uno de los primeros filmes en tratar la homosexualidad sin hacerlo desde la óptica trágica, son filmes tremendamente competentes, muy artísticos, pero de muy poco recorrido comercial.
La ruptura entre sus cuatro primeros filmes y el quinto, French Connection, es notoria. Jennifer Nairn-Smith era una bailarina del entorno de Bob Fosse que accidentalmente quedó embarazada del realizador. La realidad es que Friedkin, una vez rompió relación, jamás se desentendió de la criatura.
Con Jeanne Moreau, siete años mayor que él, tuvo un romance muy apasionado al final de la década. Dos factores tuvieron su influencia en esta relación. La pasión del cineasta por el cine de la Nouvelle Vague de la que la actriz era un exponente importante. Jules et Jim(Francia, 1962), de François Truffaut era una de las películas más hermosas para Friedkin. La importancia de la figura materna en la vida del realizador sería el otro (inconsciente) factor determinante.
Años 90 del siglo XX. Alejado de la presión de ser el realizador del momento, perdida para siempre su condición de reclamo para la taquilla, y habiendo sufrido una aplastante cura de humildad, William Friedkin contrae matrimonio con Sherry Lansing en 1991, matrimonio que duró hasta la muerte del cineasta, insistimos, en agosto de 2023.
En los 80, el cineasta recupera el prestigio crítico con dos filmes considerables y que permanecen entre la cúspide de su obra: A la Caza(Cruising, EEUU, 1980), un controvertido thriller con Al Pacino interpretando a un policía que se infiltra en la comunidad sadomasoquista gay para investigar una serie de asesinatos que sacuden a la misma, y Vivir y Morir en Los Ángeles (To Live and Die in L.A., EEUU, 1985), donde realiza un retrato de la ciudad californiana tan auténtico como el del Nueva York del filme protagonizado por Gene Hackman, y lo hace de la mano de dos actores prácticamente desconocidos por aquel entonces: William Petersen y Willem Dafoe. El filme toma un osado viraje en medio de la trama entorno al policía protagonista insólito y absolutamente impactante para el espectador que se acercó a ver el soberbio filme.
A esa década pertenece otro filme destacable a medio camino entre el thriller y el cine de terror con psicópata ejecutando un macabro ritual de sangre y muerte: Desbocado (Rampage, EEUU, 1987), protagonizado por Michael Biehn, Alex McArthur y Deborah Van Valkenburg. Un filme muy reivindicado en España desde el entorno del festival de cine fantástico de Sitges donde pudo verse en primicia en la edición de 1988.
En los años 80 realiza el veterano director un filme muy discreto, claramente para reverdecer laureles, protagonizado por el cómico Chevy Chase, acompañado por dos excelentes actores: Sigourney Weaver y Gregory Hines. El filme es El Contrato del Siglo (The Deal of The Century, EEUU, 1983), una parábola sobre el tráfico de armas que en España se vio gracias al boom del VHS.
En 1990 estrena su regreso al terror, La Tutora(The Guardian, EEUU, 1990) sin demasiado éxito (unos paupérrimos 17 millones de dólares en su recorrido mundial final) y sin ser un filme desdeñable.
Con la llegada del milenio, muchos realizadores de su generación, o han dejado de hacer cine, o han sufrido importantes desengaños, retomando sus carreras en parámetros mucho menores. Walter Hill, Paul Schrader, John Milius y Brian De Palma se suman a una larga lista en tal sentido. Spielberg y Scorsese son especies diferentes que han sabido jugar y permanecer en ligas mayores. El espacio para sus filmes relativamente pequeños de géneros va desapareciendo irreversiblemente con la entrada de los super héroes en el panorama mundial.
La presa (Hunted), de William Friedkin.
THE HUNTED
En la década de los 80, Friedkin había conocido a Tom Brown, un rastreador que durante su juventud en Nueva Jersey había aprendido una serie de habilidades de un sabio indio. Brown enseña técnicas de supervivencia, de evasión, o para matar, a gente de las Fuerzas especiales, como la fuerza delta, o el equipo seis de los Seals, así como a gente dedicada a la seguridad en general, o fuerzas policiales de todo el país. Friedkin se quedó asombrado con el hecho de que Brown pudiese ver pisadas humanas donde nadie que no tuviera su entrenamiento podría. También lo dejabas perplejo el hecho de que fuera capaz de detectar el estado emocional de la persona simplemente por sus (casi invisibles) pisadas, así como sus habilidades para fabricar armas con trozos de silex (rocas que puedes encontrar en el bosque), o con algún trozo de metal abandonado.
Pero todavía había algo que asombraba aún más a Friedkin. Tom Brown, pese a que había formado a muchas “máquinas de matar”, jamás había matado personalmente a nadie. Cuando Friedkin lo conoció, el rastreador estaba particularmente desilusionado con las muertes políticas que se habían llevado a cabo gracias a las habilidades que él había enseñado a numerosos alumnos suyos. Había sin duda toda una película en esta dualidad y en esas habilidades, que esperaba su momento.
A comienzos del milenio, los hermanos David y Peter Griffiths deciden enviarle a William Friedkin el guion The Hunted. Friedkin vio los cielos abiertos para llevar a cabo su proyecto soñado con Brown a través de ese libreto. Los hermanos Griffith, paradójicamente ni habían oído hablar de Tom Brown, pero casualmente contaban algo muy parecido a su historia. El realizador procedió a maridar el guion de los Griffiths con todo lo que sabía acerca de Tom Brown, convirtiendo a éste en consejero técnico del filme, junto a otras personas que trajo con él. Se trajo a asesores de lucha para diseñar las coreografías de combate cuerpo a cuerpo y para extenderlas en el tiempo lo suficiente como para filmarlas e integrarlas en la narración.
La elección de Tommy Lee Jones para interpretar a L.T. Bonham, vino de manera natural. El realizador había quedado contentísimo con el actor en Reglas de Compromiso (Rules of Engagement, EEUU, 2000).
Benicio del Toro y William Friedkin.
Con Benicio del Toro, el cineasta deseaba trabajar. Además, Del Toro era el actor perfecto para el personaje de Aaron Hallam. Friedkin introdujo igualmente esa idea presente desde el comienzo del filme con las estrofas de la canción Highway 61 revisited, de Bob Dylan. En lugar de acudir directamente a la biblia, Friedkin cita el mito de Abraham y su compromiso de matar a su hijo Isaac para probar la lealtad ante Dios, a través de las letras de la mencionada canción, sin perjuicio de que la biblia y un cuadro de Rembrandt reproduciendo el momento en el que Abraham demuestra lo dispuesto que está a matar a su hijo, aparecen de soslayo en el filme. Las estrofas de la canción serían recitadas por Johnny Cash, a quien se le grabó exprofeso proclamándolas en su casa en Tennessee, una vez se recabó el consentimiento de Dylan. De esa manera, se traza la singular metáfora: el “padre”- mentor Bonham, como Abraham, debe demostrar al Dios-Gobierno de EEUU que está dispuesto a acabar con su “hijo”-Ex Alumno Hallam. La idea del discípulo torturado que escribe a su profesor y éste decide no responderle (se ha retirado a paraje nevado, y no está capacitado para asumir responsabilidad de tipo alguno en lo que le ocurre a su discípulo), de modo que aquél comienza a dejar rastros para que el mentor venga a buscarle con el propósito de que tener con él una confrontación final, fue una de las aportaciones de Friedkin como elemento dramático.
Al constar en los créditos del guion que hay dos equipos de guionistas, el que trabajó a cuatro manos (la letra “&” así lo deja claro), es decir, los hermanos Griffiths, autores del libreto de Daño Colateral (Collateral Damages, EEUU, 2000), de Andrew Davis, y un tercer guionista (separado de los dos primeros por la letra “y”), que trabajó solo, Art Monterastelli, autor, a su vez, del libreto de John Rambo (Rambo IV, EEUU, 2008), de Sylvester Stallone, es bastante posible que éste realizase labores de revisión del texto, con la incorporación de los detalles visuales y narrativos planteados por Friedkin.
La Presa(que no hay que confundir con el filme del mismo título en español, dirigida por Walter Hill, ni con el filme del mismo título en inglés protagonizado por Christopher Lambert, que en España se llamó Presa de la Secta), fue rodada en el estado de Washington y de Oregón. Las ciudades de Portland, en Oregón, y Port Ángeles, en Washington, se vieron invadidas por los equipos de filmación, así como los espacios naturales de Silver Falls y Monte Hood, ambos en el mencionado estado de Oregón.
Los resultados, siendo discretos, no constituyeron un fiasco enorme. De un presupuesto de 55 millones de dólares, se recaudaron 46 millones. No sería el filme que reverdecería los laureles de principios de los 70 (eso ya era imposible), pero demostró lo dotado que estaba Friedkin para la acción y su vitalidad como cineasta, muy lejos de agonizar.
La Presa es, en definitiva, un filme dinámico, preciso, entretenido, y cargado de apasionantes detalles visuales que explican perfectamente la sensación de desolación y estrés que vive el personaje de Hallam, que se ve a sí mismo como una víctima, pese a que en su enferma mente considera a toda persona como un posible objetivo. De igual modo el filme ilustra maravillosamente lo que pasa por la mente de Bonham cuando está siguiendo las pistas de su alumno. Las secuencias boscosas son bastante ilustrativas en su búsqueda, no sólo de huellas, sino de cualquier indicio que indique su paso, su alteración de la naturaleza (un canto de un pájaro puede indicar que alguna presencia extraña le inquieta), etc.
Las interpretaciones de los dos actores, tan diferentes entre sí, son portentosas. El trabajo de investigación del realizador, le llevó a indagar sobre la presencia femenina en el FBI aquellos años. El resultado le hizo conservar el personaje de Abby Durell, estupendamente acometido por Connie Nielsen, a quien se le facilitó contactar con algunas agentes del cuerpo en Portland y en Los Ángeles, para que hiciese su propia mimetización. La Presa constituye, en definitiva, 90 minutos de cine intenso y apasionante, debidamente servido por un realizador sensacional que todavía tenía muchísimo que decir.
William Friedkin poseía en 2003, y hasta su muerte veinte años después, una mayor categoría de miras. Aquella que proporciona a los seres humanos el paso del tiempo, el haber vivido el éxito y el fracaso y la propia experiencia y trayectoria vitales.
Que descanse en paz, Señor Friedkin, y muchísimas gracias por los servicios prestados y los instantes de gran cine, que pertenecen desde hace tiempo al imaginario colectivo en general y cinéfilo en particular.
Tras su llegada a las salas de cine el pasado 20 de julio, Oppenheimerde Christopher Nolan acumula 17.267.487€ millones de euros de recaudación en taquilla superando las cifras de las icónicas cintas Origen, El caballero oscuro o Interstellar. El filme, que sigue sumando espectadores y ya ha sido visto por más de 2,6 millones personas, continúa arrasando en las salas manteniéndose entre las 3 películas más vistas de la cartelera en su quinta semana en cines.
Además, Oppenheimersigue disponible en formatos especiales y los espectadores pueden seguir disfrutando de la cinta en IMAX y 70 mm. En estos formatos la película ya ha sido vista por casi 100 mil espectadores y lleva recaudados 893.207 euros, un 5% del total de la taquilla.
Sinopsis de OPPENHEIMER
Escrita y dirigida por Christopher Nolan, Oppenheimeres un épico thriller rodado en IMAX que transporta a los espectadores a la trepidante paradoja de un enigmático hombre que deberá arriesgarse a destruir el mundo para salvarlo.
La película cuenta con Cillian Murphy en el papel de J. Robert Oppenheimer y con Emily Blunt interpretando a su esposa, la bióloga y botánica Katherine Oppenheimer. El ganador de un Oscar Matt Damon se convierte en el general Leslie Groves Jr., director del Proyecto Manhattan, y Robert Downey Jr. da vida a Lewis Strauss, un miembro fundador de la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos.
La nominada al Oscar Florence Pugh es la psiquiatra Jean Tatlock, Benny Safdie es el físico teórico Edward Teller, Michael Angarano es Robert Serber y Josh Hartnett es el pionero científico nuclear estadounidense Ernest Lawrence.
Oppenheimertambién cuenta con el oscarizado Rami Malek y reúne una vez más a Nolan con el actor, guionista y cineasta Kenneth Branagh, nominado en ocho ocasiones a los Oscar.
En el reparto encontramos además a Dane DeHaan (Valerian y la ciudad de los mil planetas), Dylan Arnold (la saga La noche de Halloween), David Krumholtz (La balada de Buster Scruggs), Alden Ehrenreich (Solo: Una historia de Star Wars) y Matthew Modine (El caballero oscuro: La leyenda renace).
La película está basada en el libro ganador del Premio Pulitzer Prometeo americano: El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer, de Kai Bird y el difunto Martin J. Sherwin. La cinta está producida por Emma Thomas, Charles Roven de Atlas Entertainment y Christopher Nolan.
Oppenheimerestá filmada con una combinación de IMAX de 65 mm y película cinematográfica de 65 mm de gran formato, e incluye, por primera vez en la historia, imágenes analógicas IMAX en blanco y negro.
La filmografía de Nolan, con títulos como Tenet, Dunkerque, Interstellar, Origeny la trilogía El caballero oscuro, ha recaudado más de 5000 millones de dólares en taquilla en todo el mundo y ha recibido 11 Oscar y 36 nominaciones, entre ellas dos a Mejor Película.
Oppenheimer, de Christopher Nolan. Universal PIctures
El próximo 25 de agosto se estrena en cines españoles No tengas miedo (Cobweb), la nueva película de suspense y terror dirigida por Samuel Bodin, el creador, director y coguionista de Marianne, la serie de terror francesa que triunfó entre los fans del género. La película está protagonizada por Antony Starr (The Boys), Lizzy Caplan (Castle Rock) y Woody Norman (C’mon C’mon. Siempre adelante).
SINOPSIS DE NO TENGAS MIEDO (COBWEB)
Peter, de ocho años, vive atormentado por culpa de los misteriosos golpes provenientes del interior de la pared de su dormitorio. Sus padres insisten en que sólo están en su imaginación. A medida que el miedo de Peter se intensifica, empieza a creer que sus padres podrían estar escondiendo un terrible y peligroso secreto… y ¿qué hay más aterrador para un niño que dejar de confiar en su familia?
No tengas miedo (Cobweb). Vértice 360
SOBRE LA PELÍCULA
No tengas miedo (Cobweb) es la ópera prima de Samuel Bodin como director de largometrajes. Está inspirada en el cuento El corazón delatorde Edgar Allan Poe publicado en enero de 1843.
El guion, de Chris Thomas Devlin, responsable también de otro proyecto de terror muy esperado, el remake de La matanza de Texas (2022), se incluyó en la plataforma internacional de guiones conocida como «Lista Negra» en 2018.
Está producida por Roy Lee y Jon Berg, de Vertigo Entertainment, y Seth Rogen también participa en la producción junto a Point Grey, Evan Goldberg y James Weaver.
TRÁILER DE NO TENGAS MIEDO (COBWEB)
No tengas miedo (Cobweb) llegará a los cines españoles de la mano de Vértice 360.
“Ahora me he convertido en la muerte… un destructor de mundos…”. Julius Robert Oppenheimer (Cillian Murphy) parafraseando el texto sagrado hindú Bhagavad Gita
«Es incuestionable que cambió el mundo… y lo cambió para siempre y sin vuelta atrás». Christopher Nolan sobre Robert J. Oppenheimer
1. LA CONVERSACIÓN
Princeton, New Jersey, años 40 del Siglo XX. Las zonas ajardinadas del Instituto de Estudios Avanzados. Julius Robert Oppenheimer y Albert Einstein (Tom Conti) conversan junto a un lago. Se acerca a ellos Lewis Strauss (Robert Downey Jr.), director del Instituto y futuro Senador del país. Interrumpe o precipita el final de la charla.
Einstein se aleja sin saludar a Strauss. Esa situación perturbará al político en potencia (que renunció a estudiar física para vender zapatos), hasta el punto de acrecentar un odio sordo y visceral hacia el científico estadounidense, que le lleva a entregarle una carta con una serie de cargos utilizados como excusa para retirarle sus credenciales de seguridad nacional en los días previos a la navidad de 1953. El intercambio de puntos de vista de esa conversación y de la sobredimensión de la misma por parte de Lewis Strauss, constituye un catalizador esencial del filme. La convicción especulativa (como el público, no llegó para escuchar la conversación), de que Oppenheimer ha dicho algo a Einstein en su contra, se presenta como eje vertebrador y precipitador de una venganza política que ya se venía cociendo. Strauss estaba resentido contra J. Robert, al considerar que éste le había humillado ante el Congreso de su país, por oponerse vivamente a la exportación de isótopos radioactivos a otros países.
Hasta tres horas después no conoceremos con detalle esa conversación entre las dos mentes prodigiosas. Oppenheimer, el filme número 12 de la trayectoria de su artífice, transcurre entre que el esbozo y la asistencia a la charla de genios, inicialmente fuera del alcance del público, en una de las brillantes deconstrucciones cronológicas de su director. La realidad es que ambos científicos en ese instante ni si quiera mencionan o se refieren a Strauss. Su diálogo constituye una reflexión en toda regla acerca de los efectos y consecuencias de los logros alcanzados con la energía atómica. Cómo los científicos son adulados por los gobiernos de la misma manera que son utilizados y abatidos y esgrimidos como instrumentos políticos sin importar las consecuencias para sus existencias. Cuando una posterior administración presidencial decida darle una medalla, le dice Albert Einstein a Robert Oppenheimer, esa medalla “no será para ti”.
Tom Conti es Albert Einstein y Cillian Murphy es J. Robert Oppenheimer, en Oppenheimer de Christopher Nolan.
Los efectos de la bomba como una aceleración para la destrucción irreversible del mundo, se ponen en el tapete en la desencantada conversación acerca de la era que comienza. Y ambos lo saben bien. Esa conversación, fundamental en la narración del filme, al parecer nunca tuvo lugar realmente. Al menos entre Oppenheimer y Einstein. La propia consideración del creador de la teoría de la relatividad como un icono del Siglo XX, probablemente alberga el motivo por el cual el cineasta británico haya decidido incorporar al filme la secuencia entre ambas mentes privilegiadas y hacerlo como elemento narrativo vehicular.
Cuando Oppenheimer se hace cargo del proyecto Manhattan, aplica su particular visión metafísica oriental. Como el filme deja claro en una de las secuencias de intimidad que Robert comparte con Jean Tatlock (Florence Pugh), lee perfectamente el sánscrito, cuyas letras le fascinan. La innata capacidad para aprender diferentes idiomas, como el holandés, que aprende en breve espacio de tiempo con capacidad para dar un discurso, son puestas de relieve en las imágenes de este modélico filme. El antagonismo presente en la idea de destruir para crear algo indestructible después, rondaba su cabeza una y otra vez. Esa dualidad de un acto que sirva al mismo tiempo para la guerra y la paz, así como la idea de que el mal destructor utilizado de la manera más apropiada, puede traer paz y prosperidad al planeta, reverberan desde lo más recóndito de su mente. Esa línea filosófica proviene de la fascinación por el poema-epopeya hindú Bahagavad Gita y la filosofía del Dios Vishnú, dios de la destrucción y de la creación. En un momento del poema, intenta convencer a un príncipe, también comandante de ejército, que duda justo antes de una importante batalla.
La divinidad para persuadir al mortal de su deber e incitarle a acometer su labor destructiva, aparte de aparecerse con varios brazos, pronuncia las mismas palabras que el científico esgrimió cuando vio por vez primera la explosión de la bomba atómica en la prueba en el área trinidad, Álamo Gordo, en julio de 1945 y que encabeza el presente texto. Al ver esa inmensa expansión de calor seguido del trueno arrollador y una nube en forma de hongo con la siniestra mezcla de tonos naranja, morados, azules, amarillos, al presenciar, en definitiva, algo que la humanidad jamás había podido visualizar, Julius Robert Oppenheimer se llamó a sí mismo “destructor de mundos”, como hizo el dios Vishnú al guerrero que dudaba.
Prometeo, como se sabe, fue ese osado Titán que retó a los dioses, y en particular a su primo Zeus, rey de todas las divinidades. Curiosamente, su desafío no fue por la mera vanidad de poder, ni de la gloria para sí, sino para hacer avanzar a la raza humana, especialmente en la versión del poeta Esquilo en adelante. Más estratégico que forzudo, Prometeo tuvo éxito en su tarea robando la tecnología del fuego, pero, pagó un alto precio. Devolvió la tecnología más valiosa para el hombre de entonces, que había sido deliberadamente retirada por Zeus. Encadenado a una roca, un águila devoraba su hígado que los dioses le regeneraban para ser devorado nuevamente en un bucle de sufrimiento indescriptible. Heracles mató al águila, lo cual fue permitido por Zeus para gloria de aquel, liberando así al titán.
Tal vez los dioses del olimpo Warner se han cansado de la ambición artística del “titán” Christopher Nolan. Esta circunstancia ha dado vía libre a que Universal Pictures (tras pujar con otras productoras y plataformas como Apple TV), tome las riendas financieras y de distribución de este megaproyecto, con una garantía de exhibición en salas de 300 días.
Christopher Nolan, guionista, director y productor de Oppenheimer, en el set de rodaje.
Sea como fuere, desde la filmación de Tenet(EEUU, 2021), todo apuntaba a que la nueva historia de urdida y adaptada por el director de Insomnio(Insomnia, EEUU, 2002), iba a girar en torno al científico más dual de la historia. En el filme último para Warner planea ya el pensamiento apocalíptico del padre de la bomba atómica. Existe incluso una referencia explícita cuando el personaje de la anciana Priya Singh (interpretada por Dimple Kapadia) le pregunta a al personaje central, interpretado por John David Washington, si le suena de algo el proyecto Manhattan, no por casualidad, el nombre en clave del desarrollo encubierto de la bomba atómica, paradójicamente como Oppenheimer, el filme, nos da a entender, construida en el lugar favorito de EEUU para su creador.
Durante la fiesta de clausura de la filmación del mencionado filme número 11 en la carrera de su realizador, el actor Robert Pattinson le regala una recopilación de los discursos pronunciados por Robert Oppenheimer, donde se puede dilucidar que el científico expresa y comparte sus dudas sobre el poder de la bomba atómica y la imposibilidad de su control. El 8 de octubre de 2021, el artista anuncia que su siguiente proyecto girará en torno al erudito académico Robert Julius Oppenheimer, basado en la obra El Prometeo Estadounidense: El Triunfo y la Tragedia de J. Robert Oppenheimer, escrito por Kai Bird y Martin J, Sherwin, la biografía ganadora del Premio Pulitzer en 2006.
Cillian Murphy es J. Robert Oppenheimer in OPPENHEIMER.
En Oppenheimerconviven dos intensas películas perfectamente articuladas la una a la otra. Una es la vida del personaje vinculada a la creación de la bomba atómica y a la ciencia. La dualidad entre el hombre y el científico, juega al mestizaje entre el titán Prometeo, que arrebató un poder a los dioses, y el dios hindú Vishnú, destructor y creador de mundos. La existencia del hombre, para Christopher Nolan, el guionista y realizador creador de la trilogía de ElCaballero Oscuro, no puede entenderse sin la ciencia y su impronta en la personalidad y su manera de tomar las decisiones más trascendentales. El hombre es indisoluble a sus monstruosas creaciones. En este aspecto, el filme hace un completo retrato de la personalidad, de su privilegiada inteligencia, y de su relación con las personas más próximas: su esposa Katherine, su amante, Jean Tatlock y con aquellos que se mantuvieron íntegros a su lado y quienes no supieron soportar ni gestionar la paranoia comunista y la implacable persecución. Fue este último el caso de Edward Teller (Bennie Safdie), quien declaró claramente que no se sentiría cómodo si la seguridad de su país estuviera en manos de J. Robert.
El otro filme que se entrelaza en la virtuosa narración es de contenido claramente político y jurídico. El artista británico realiza uno de los retratos más brillantes que ha dado el cine, acerca de la era de la paranoia estadounidense, y en concreto de la clase política del país contra el comunismo, y esa histriónica y neurótica persecución del mismo, siendo su figura más popular la de del Comité de Actividades Antiamericanas del siniestro senador McCarthy, que persiguió el comunismo de una manera patética y ridícula, pero consiguiendo arruinar vidas.
Oppenheimer, escrita y dirigida por Christopher Nolan.
El centro neurálgico de la trama del filme viene dado por el Comité creado ad hoc para valorar el cese de las credenciales de seguridad del científico. Creada de tapadillo, aparentemente en secreto, de un modo discreto, y sin repercusión penal (lo que permite la indignidad de que no exista un sistema de garantías procesales como en un juicio criminal, como se le dirá al abogado), en el seno de la comisión no se le permite el acceso a la documentación que se utilizará contra él.
Se permite un durísimo interrogatorio (la expresión anglosajona cross examination da la justa medida al calvario del personaje) por parte de un fiscal, Roger Robb (Jason Clarke), ávido de hacerse un nombre a costa de la caída de la persona investigada. La comisión que es creada a los efectos de retirarle al científico las credenciales de seguridad (es creada exclusivamente, porque el científico se opone expresamente a su retirada de credenciales convencido de que es merecedor de las mismas), se convierte en un juicio a su persona, sus ideas y sus decisiones en la vida, incluidas las que toma fuera de la ciencia. Christopher Nolan cruza las vistas de esa comisión, con una posterior Comisión del Senado de EEUU contra Lewis Strauss, concretamente contra su nombramiento como secretario de Comercio por parte de la presidencia de Eisenhower.
Los propios “Dioses” que colocaron al científico en Los Álamos (el lugar elegido por J. Robert para conseguir el “fuego nuclear”) son aquellos que encadenaron a Oppenheimer en la roca para que el águila del oprobio y el deshonor, en forma de retirada de credenciales de seguridad nacional, devorase una y otra vez su hígado ante la opinión pública.
El arma empleada contra él no podía ser otra que las acusaciones de comunismo (el arma de destrucción masiva más letal de aquellos años, más incluso, en algunos aspectos que la propia bomba atómica), puesto que ninguna brecha de la seguridad nacional se le podía imputar.
Robert Downey Jr es Lewis Strauss en Oppenheimer.
El 21 de diciembre de 1953, Oppenheimer recibiría formalmente una carta remitida por Strauss, presidente de la Comisión de Energía Atómica, donde se le declaraba una amenaza para la Seguridad Nacional con la enumeración de 34 cargos prefabricados ad hoc para vilipendiarlo públicamente, entre los que figuró su verbal oposición a la fabricación de la bomba de hidrógeno, mil veces más devastadora que las dos bombas ya lanzadas.
El hombre que había sido upado como patriota, portada de las revistas Time y Life, una vez revisado su historial confeccionado por el FBI (al que ni el científico ni su defensa tuvieron acceso) y sus “filiaciones políticas” en los años 30 (cuando no estaban ni siquiera mal vistas las afiliaciones al partido comunista), por supuesto, su relación con Jean Tatlock, o la cuestión de si su hermano era y/o había sido miembro del partido comunista, fueron creando el ecosistema propicio para su declaración como toda una amenaza en nombre de la Seguridad Nacional. Las razones injuriosas empleadas, aplastan los derechos civiles de las personas como si de una apisonadora se tratase. Las conversaciones privadas y personales con su letrado fueron interceptadas y utilizadas en su contra en la comisión.
Como suele ocurrir en estos casos, se toman decisiones que afectan a la reputación de la persona, sin que ésta puede defenderse apropiadamente. Su letrado hace lo que puede y no es poco. Su lucha y resistencia ante los envites carentes de garantías constituye una lucha heroica contra la quiebra institucionalizada de garantías civiles y constitucionales. Entre la lectura de su declaración al comienzo de la sesión, soportar duros interrogatorios y las declaraciones de testigos otrora admiradores, hoy auténticos judas, dando muestras de absolutas indignidades (como diría Orson Welles «Lo más triste es que la izquierda americana traicionó para salvar sus piscinas«), y gente leal a su causa, transcurre la vida y los recuerdos de un hombre claramente superado por sus logros, defenestrado de la vida pública después de servir a su país y proporcionar el arma definitiva que acabaría con todas las guerras. La grandeza de un filme de Christopher Nolan, nunca ha estado tan apoyada en la caída de uno de sus personajes. En este caso, la del titán de la ciencia que jugó a ser Dios.
Oppenheimer jamás se recuperaría emocionalmente del varapalo sufrido con el oprobio de la retirada de las credenciales de seguridad, circunstancia que se proyectó en la prensa del mundo entero. Ingenuamente subestimó el poder de su Gobierno en aquellos años, así como la intensidad de la maquinaria anticomunista. Poco importa que en diciembre de 2022, el Ministerio de Energía de EEUU, bajo la presidencia de Joe Biden, decidiera revertir expresamente la revocación de la Audiencia de Seguridad de la Comisión de Energía contra el científico, y considerarlas deficientes en términos de garantías y de rigor. La propia secretaria del Departamento de Energía de EEUU (sucesor de la Comisión de Energía Atómica), Jennifer Granholm, dejó claro que la toma de decisiones de esa comisión llevada a cabo en 1954 se realizó a través de un “procedimiento viciado”, que llegó a infringir clara y deliberadamente las normas de la propia comisión.
La finalidad de la misma, según Granholm, persiguió en todo momento la desacreditación pública del científico. La prueba de ello es que, ni en el seno de la comisión, ni en el documento de revocación de sus credenciales, jamás se cuestionó la lealtad de Oppenheimer a su país, ni que hubiera hecho un mal uso de la información privilegiada que manejó. El científico había muerto en 1967 víctima de un cáncer de esófago por su adicción al tabaco, que le había sido diagnosticado el año anterior.
En un momento del filme, el “destructor de mundos” comparece ante el presidente Truman (un sensacional Gary Oldman) y le dice que siente que tiene las manos manchadas de sangre. El nuevo inquilino de la Casa Blanca, le pregunta al hombre de ciencia si cree que alguien en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki les importará algo quien diseñó la bomba. Para el mandatario, lo realmente importante es quién la arrojó sobre sus cabezas. “¡Yo la tiré!”, añade. Cuando el científico está saliendo del despacho oval, el presidente da la instrucción de que no se le vuelva a permitir la entrada a “ese llorón”.
Christopher Nolan se ha entregado vivamente a su objetivo de llegar a la mente de uno de los científicos más importantes del Siglo XX. Y lo hace con una excusa argumental que no es original (no es un pero, pues todo está ya escrito y no es necesario sorprender, sino narrar bien las cosas) pero que da mucho juego dramático: el desarrollo de una de esas “comisiones” execrablemente famosas en el siglo XX creadas desde el senado de EEUU para dilapidar figuras notorias, declarando que son comunistas, personas non gratas o si merecen o no credenciales de seguridad. El astuto cineasta aprovecha esa desafortunada comisión cuasi judicial para repasar la vida del científico, sus hitos, sus zonas oscuras, sus miserias y sus dos relaciones, la que mantuvo con su esposa Kitty (Emily Blunt) y con su amante Jean Tatlock (Florence Pugh).
Florence Pugh como Jean Tatlock, junto a Cillian Murphy, protagonista de Oppenheimer.
Memorables interpretaciones a cargo de actores y actrices tan reputados como los nombres ya mencionados, más Matthew Modine, James Remar (como el secretario de guerra Henry Stimpson que decidió descartar Kyoto como objetivo nuclear entre otras razones porque fue allí de luna de miel), Kenneth Brannagh (como Niels Bohr) o Matt Damon, como el General Leslie Groves, Casey Affleck, o Rami Malek, entre otros nombres memorables.
Sensaciones como desencanto, fascinación, euforia, decepción o hipocresía, recorren las bellísimas y temporalmente fragmentadas imágenes del nuevo filme de su director. El montaje, el ritmo y su particular manera de entender la música (excelente la labor de Ludwig Göransson, en su segunda colaboración con el director) que acompaña la totalidad del viaje como una sensación adicional complementaria a las imágenes. Como resultado, los fotogramas de Oppenheimerencajan maravillosamente en una de las trayectorias más consecuentes del cine actual, que alcanzan un grado de compactación y captación del interés a tal intensidad que logran que sus tres horas transcurran como una exhalación atómica. Si la sensación de sus artífices es que la bomba no es de este mundo, las imágenes concebidas por el artífice de Mementoproducen un regusto similar. Pocas veces en nuestras vidas tenemos ocasión de presenciar unas imágenes tan estructuradas y tan compactas en la onda expansiva que persiguen, si exceptuamos otros eslabones de su filmografía u obras de compañeros generacionales suyos como James Gray o Wes Anderson.
Tal vez la eternidad terminó por perdonarle la vida al creador de la bomba atómica y el cambio de administración presidencial optó por devolverle el prestigio perdido. La figura del presidente John Fitzgerald Kennedy fue importante en esa rehabilitación posterior (por eso su mención en el filme no es baladí), aunque su asesinato impidió el personal restablecimiento de los honores. La eternidad y el paso del tiempo también contribuyó a extinguir el dolor para sí y para las personas a su alrededor (no para el personaje de Kitty como vemos cuando la misma elude claramente estrechar la mano a Edward Teller años después).
¿Y el perdón para sí mismo? Julius Robert Oppenheimer nunca pidió perdón por la devastación de Hiroshima y Nagasaki, pero como muy bien apunta el propio Christopher Nolan, el científico cuidó muchísimo siempre sus declaraciones públicas en torno a las secuelas y la devastación de los artilugios diseñados en Los Álamos, y a su participación en ellas. Para muchos, las dos bombas atómicas pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial.
Hay quien sostiene que no era necesario dicho despliegue y que el final de la contienda hubiese llegado pronto, con o sin la bomba. En cualquier caso, el científico natural de Nueva York, se convirtió en una suerte de “oráculo de la ciencia”. Sus actos posteriores en la vida, revelaron claramente a una persona corroída por un implacable sentimiento de culpa.
Oppenheimer, el filme, constituye entre otras muchas cosas, un tratado de esa culpa en un trabajo de introspección magistral, al que el estado de gracia interpretativo de Cillian Murphy (en su sexta colaboración con Christopher Nolan) contribuye de una manera prodigiosa, llevando maravillosamente el peso de la poliédrica narración.
El Festival de Cine Fantástico de Canarias Ciudad de La Laguna Isla Calavera ha hecho entrega este martes de uno de sus premios honoríficos en reconocimiento a toda una trayectoria al cineasta estadounidense John Malkovich, quien se encuentra en las islas con motivo de la representación del aplaudido espectáculo teatral The Infernal Comedy. Confesiones de un asesino en serie, dentro de la programación de los Veranos del Taoro. Isla Calavera ha contado con la colaboración del festival de artes escénicas que se celebra estos días en Puerto de la Cruz, dirigido por Enrique Camacho, para entregar el galardón.
El actor, productor y director cinematográfico, ganador del Premio Emmy por la adaptación a televisión de la obra de Broadway Muerte de un viajante y nominado a los Premios Óscar por sus papeles en En un lugar del corazón (1984), su primera película, y En la línea de fuego (1994), recogió el Premio Isla Calavera de Honor con ilusión y manifestó su deseo de visitar el certamen en un futuro.
En su filmografía de género fantástico, destacan títulos como Amistades peligrosas (1988), Con Air (1997), Jennifer 8 (1992), El hombre de la máscara de hierro(1998), La sombra del vampiro(2000), en la que dio vida a Friedrich Wilhelm Murnau, Eragon(2006), Beowulf(2007), Jonah Hex(2010), RED(2010) y su secuela, Bird Box: A ciegas (2018) o Velvet Buzzsaw (2019).
John Malkovich recogió el Premio Isla Calavera de Honor de manos de la dirección del Festival de Cine Fantástico de Canarias Ciudad de La Laguna, Ramón González Trujillo, Daniel Fumero y Vanesa Bocanegra.
El Festival de Cine Fantástico de Canarias Ciudad de La Laguna Isla Calavera celebrará su séptima edición del 10 al 19 de noviembre, con una programación que girará en torno al 90º aniversario de King Kongy contará con el actor norteamericano Sam J. Jones como primer invitado confirmado. El protagonista del clásico de 1980 Flash Gordon recogerá el Premio Leyenda del Fantástico. Próximamente se dará a conocer un nuevo avance de programación.
Sobre el Festival de Cine Fantástico de Canarias Isla Calavera
Organizado por la Asociación Cultural Charlas de Cine, la Asociación Cultural Isla Calavera, Multicines Tenerife y la publicación especializada TumbaAbierta.com, con el patrocinio del Ayuntamiento de La Laguna, a través de la concejalía de Cultura, el Cabildo de Tenerife, el Instituto Canario de Desarrollo Cultural, Canary Islands Film y Tenerife Film Commission; y la colaboración de la Universidad de La Laguna, entre otras entidades públicas y privadas, el Festival de Cine Fantástico de Canarias Ciudad de La Laguna Isla Calavera nace en 2017 y en sus seis años de trayectoria ha logrado una importante repercusión nacional y ya está considerado como uno de los cinco festivales de cine fantástico más relevantes del país.