El Universo Superheroico de DC en cine sigue intentando definir su tono. La avalancha de descalabros tras el Snyderverso (y durante él también) se ha convertido en un ensayo y error, sin margen para desarrollar ideas, personajes o una continuidad. La entrada de James Gunn como nuevo showrunner del emporio superheróico tampoco parece estar siendo especialmente exitosa. Es cierto que, a día de hoy, el fenómeno fan en redes está siendo tan virulento y agresivo, que casi toda película que llega a las salas, llega ya herida de muerte.

Con Supergirl ha pasado, y previamente con Superman. Los ataques a la película o al físico de la actriz han proliferado desde el primer avance. Antes de entrar en la valoración de la película, consideramos que sería necesario un poco de autoevaluación y autocrítica por la atmósfera casi irrespirable en la que se ha convertido la afición a la fantasía o al género de superhéroes en general.

Dicho esto, esta nueva Supergirl cinematográfica se aleja del perfil más naïf del personaje tal y como nació en el cómic, o como la habíamos visto en la fallida versión de 1984 o en la popular serie de televisión dentro del Arrowverso. Aquí el punto de referencia ha sido la reinvención del personaje llevada a cabo por Tom King en la miniserie Supergirl. La Mujer del Mañana. Con trabajos como éste o su aportación de La Visión para Marvel, King se ha convertido en uno de los guionistas más interesantes del panorama actual del cómic de superhéroes en Estados Unidos. Llama la atención que, tras la infantilización que Gunn hizo del personaje de Superman en la película de 2025, alejándola de la oscura y existencialista lectura de Snyder en El Hombre de Acero, para la primera película en solitario de su prima kriptoniana en más de cuarenta años, se haya optado por una mirada más ácida, irreverente y cínica.

FEMINISMO DE CUARTA OLA

Como si se apuntara al grito feminista promovido por Irene Montero en 2020 “Sola y borracha quiero llegar a casa”, la nueva Supergirl prefiere salir de fiesta por galaxias de Sol rojo para que el alcohol haga su efecto, que quedarse en La Tierra, junto con su primo, ayudando a la humanidad. Hay en la película un caso de sororidad accidental cuando la protagonista se ve arrastrada a ayudar a una joven adolescente cuya familia ha sido asesinada por una banda de forajidos. También tenemos una subtrama de trata de blancas liderada por los villanos de la historia, ampliando el discurso de la película sobre la violencia hacia las mujeres. Incluso la aparición estelar de Lobo, aunque aliado accidental, no se aleja de una representación egoísta, violenta y condescendiente de la masculinidad.

Supergirl nació como un intento de una industria tan masculinizada como la del cómic de los 50 (tanto por parte de creadores como de consumidores) para crear un nicho de niñas lectoras de historias de superhéroes, pero transmitiendo un modelo de mujer ingenua y sumisa, subordinada a la figura masculina, más heroica y poderosa (Superman). Esta nueva Supergirl pretende también resonar en el público femenino, pero con un mensaje más emancipado, incluso reivindicando comportamientos menos moralistas, como el consumo de alcohol o un estilo de vida desenfadado y reticente a tomar responsabilidades.

PASTICHE CINÉFILO

Más allá de la libre lectura del cómic de Tom King, la película ofrece un conjunto de referencias cinematográficas que abarcan desde el evidente homenaje a Valor de Ley en el argumento, hasta el cruce entre Guardianes de la Galaxia y Mad Max: Furia en la Carretera que define el tono y la estética de la película. De la primera coge el tono desenfadado, irreverente y gamberro; mientras que de la segunda toma esa estética de cuero y proliferación de perforaciones corporales, además de la subtrama de las esclavas sexuales, engendradoras de una nueva pléyade de masculinidad tóxica. Pero no acaba ahí la cosa. A lo largo del film proliferan muchos guiños a otros títulos, como, por ejemplo, la escena del villano Krem con los padres de Ruthye, antes de ser asesinados, y la posterior promesa de venganza de la niña, que claramente nos recuerda al inicio de Malditos Bastardos.

BLOCKBUSTER DESPERSONALIZADO

Desgraciadamente, como suele pasar con muchos productos superheróicos contemporáneos, la película evidencia que ha pasado por demasiadas manos y opiniones, imponiendo criterios que buscan llevarla por demasiados caminos al mismo tiempo, no siempre complementarios, y restando posibilidad de desarrollo a algunas de las ideas principales. El resultado es más un batiburrillo de escenas y situaciones que se van encadenando sin una coherencia clara y donde hay personajes irrelevantes que, de repente, reciben mucha atención, mientras que otros más relevantes apenas tienen presencia (por ejemplo, toda la trama de las esclavas sexuales queda muy de soslayo).

Craig Gillespie, interesante autor de títulos como Yo, Tonya, Cruella o la miniserie Pam y Tommy, aquí pierde cualquier toque de personalidad en una película que responde más a la impronta de su productor, James Gunn, pero sin alcanzar el virtuosismo visual y el humor absurdo de éste. Se repite la estrategia de muchas películas del género, que reclutan a cineastas de perfil autoral, pero que después tienen que adecuarse a las consignas del estudio.

A nivel de reparto, nos parece que Milly Alcock consigue hacerse con un personaje que busca romper con sus encarnaciones anteriores. Tal vez la actriz no fuera la elección obvia en un principio, pero no se le puede negar carisma y un buen hacer, más allá de que lo que nos llega del personaje al final resulta mucho más conservador de lo que prometía. Lo mismo podemos decir de Eve Ridley y Matthias Schoenaerts, quienes tratan de dimensionar personajes demasiado encorsetados. En cuanto a la esperada presencia de Jason Momoa como Lobo, si su elección como Aquaman rompía (de manera acertada, en nuestra opinión) la imagen previa del personaje; en esta ocasión, la elección del personaje no sólo era evidente, sino que venía solicitada por los propios fans de los cómics. Ahora nos quedaría saber si el fan service da para una película en solitario del personaje.

Y PESE A TODO…

En nuestra opinión, “Supergirl” no es el desastre de película que vaticinaban las redes antes incluso de su estreno. Tiene muchas taras y es, desde luego, una película construida a base de retazos. Ni la dirección, ni el guion son los adecuados y se aprecian muy condicionados por elementos externos a la propia película, impuestos por el estudio. Sin embargo, no deja de ser un producto de entretenimiento divertido, desenfadado y con un mínimo de mala uva y reinvención del personaje.