Steven Spielberg siempre ha sentido una especial fascinación por el mundo ufológico y los encuentros con seres extraterrestres. Pese a haber confesado no haber tenido nunca una experiencia de este tipo, películas como Encuentros en la Tercera Fase o E.T. El Extraterrestre respondían a sus fantasías juveniles. Está a punto de cumplirse el quincuagésimo aniversario de la primera de estas películas y, para muchos, uno de los picos más importantes de la carrera de uno de los auténticos maestros del cine moderno estadounidense.

Lo cierto es que, con la edad, uno parece recuperar algunos de los sueños de la infancia, por lo que no es de extrañar que Spielberg, conocido en la década de los 80 como el Peter Pan del cine de los 80, ahora quiera recuperar su espíritu de niño perdido y regresar a sus años de juventud. El Día de la Revelación viene a ser un híbrido de esto con el interés del Spielberg maduro de hacer con su cine un discurso sobre la sociedad estadounidense actual, en base a su perfil humanista y demócrata. A esto se suma un cierto interés en las últimas películas del cineasta por hacer balance del pasado.

Mi Amigo el Gigante era una adaptación de su libro favorito en su infancia; Ready Player One era un homenaje al cine de los años 80 que él ayudó a construir; West Side Story supuso quitarse la espinita de rodar un musical (postergada desde 1941) y adaptar el musical favorito de su padre; y Los Fabelman era una autobiografía (escasamente) camuflada. En El Día de la Revelación encontramos la confluencia de secuencias y recursos narrativos que nos retrotraen a otros títulos de su filmografía.

Ecos de sus grandes títulos

Todo el formato de thriller conspiranoico nos recuerda a títulos como Minority Report o La Guerra de los Mundos. La planificación es claramente spielbergiana. Cómo encuadra el director las figuras en el plano es inconfundible y queda patente desde el mismo inicio de la película. Los villanos de la historia y el discurso anticorporativista lo habíamos visto ya en títulos como Ready Player One. El empleo de material encontrado nos retrotrae a La Lista de Schindler y los documentos gráficos sobre el Holocausto. Pero, principalmente, la propia estructura de la película es un remedo de Encuentros en la Tercera Fase, con la mayor parte del metraje construyendo una historia sobre personajes inexorablemente conducidos por una llamada procedente del espacio exterior, que desemboca en una extensa set piece a modo de “revelación”.

Vemos en la película el interés de Spielberg por regresar a una temática de corte ufológico que responde a la fascinación que siempre ha tenido por el contacto con seres de otros planetas y por las teorías de ocultación de estos encuentros por parte de las autoridades gubernamentales al público general; sin embargo, en esta ocasión, el cineasta hace uso de esta fascinación personal para hablar de otro tema que le aflige como artista. Aquí subyace una necesidad de hablar de la realidad de nuestro planeta y de nuestras sociedades, de los abusos contra los derechos humanos, la deshumanización de grupos de personas (migrantes, racializados, económica y socialmente desfavorecidos), desde una mirada humanista y en respuesta a las políticas de la administración Trump.

Una obra personal… y fallida

El Día de la Revelación es, por lo tanto, una película hondamente personal para Spielberg, aunque la disfrace de producto de entretenimiento. Desgraciadamente, pese a todo lo anterior, también es, en nuestra opinión, una obra fallida.

Es cierto que, a nivel de factura, la cinta cuenta con momentos de alto voltaje, pero hay otros donde nos parece que la narrativa spielbergiana es deficitaria. Sobre todo, porque la película evidencia una sensación constante de déjà vu y con un resultado inferior al de los títulos a los que hace referencia. El guion de David Koepp es bastante irregular, plagado de incongruencias, agujeros de guion, personajes superficiales y, sobre todo, una sensación de trama dilatada en exceso. Los actores tratan de defender sus papeles, pero no hay mucho a lo que agarrarse, especialmente en el caso de Colin Firth y sus secuaces, más propios de (como indicábamos anteriormente) Ready Player One o una de las películas de Indiana Jones.

La película, con todos los temas relevantes que trata, peca de ingenua y superficial. Spielberg no profundiza en los temas que quiere abordar y prefiere provocar en el espectador una reacción emocional, más que intelectual. Esto supone también caer en una de las críticas más extendidas al cine del cineasta, su tendencia a lo almibarado. Por otro lado, pese a todo lo que acabamos de comentar, la cinta cae en un exceso de sobreexplicación. Spielberg quiere marcar paso a paso que el espectador haga la lectura correcta de su película y para ello subraya y reitera en exceso aquellos elementos que le parecen fundamentales de la historia.

Oficio técnico sin sorpresa

Colaboradores habituales, como Sarah Broshar (discípula del veterano Michael Khan y que aquí firma en solitario por primera vez el montaje de una película de Spielberg) en montaje o Janusz Kaminski en la fotografía muestran oficio, pero no pueden evitar que todo trasluzca un patrón preestablecido. Tampoco el apartado de efectos visuales termina de ser satisfactorio. Hace tiempo que Spielberg ya no es el Mago de los Efectos Especiales, y hay varios momentos en la película donde el uso del CGI nos resulta demasiado llamativo y artificioso.

John Williams, el gran acierto

Caso aparte es John Williams. Evidentemente, para una película como El Día de la Revelación, la participación del veterano músico era imprescindible y es, en nuestra opinión, uno de los grandes aciertos de la película. Ante el regreso del director a la temática OVNI, la inevitable referencia a Encuentros en la Tercera Fase, la música de Williams aquí no es tan revolucionaria como en aquella, pero sí sigue una estructura similar, construyendo un discurso musical poco a poco, de manera discreta y sin demasiada presencia, hasta llegar al clímax final, donde todos los elementos que se han ido apuntando pasan a un primer plano y la música adquiere tanta o más relevancia que la imagen.

Tal vez pecamos de exigir a Steven Spielberg cosas que a otros cineastas menos veteranos o más irregulares no les pediríamos, pero el legado tiene un precio. El Spielberg de El Día de la Revelación está muy alejado de la maestría que mostrara el Spielberg de Encuentros en la Tercera Fase o E.T. El Extraterrestre (no sólo éstas, también otras más recientes como A.I. Inteligencia Artificial o Minority Report) y no podemos evitar que eso influya negativamente en nuestra percepción de esta película.