El cine de terror sigue obsesionado con nuestro subconsciente. Tras el éxito de Backrooms y Obsession, el cine independiente, hecho con escasos medios, con pocas aspiraciones de obtener una distribución extensa en salas, apuesta por historias donde lo psicológico y lo sobrenatural se confunden, donde lo perturbador está profundamente alojado en nuestra psique, producto de traumas de infancia o la angustia y la depresión que acarrea nuestra vida cotidiana.
Una ópera prima marcada por el trauma
Con su opera prima Habitación nº 13 (Hemmet), el director sueco Mattias Johansson Skoglund navega por una historia sobre el maltrato, la vejez, la familia y la incapacidad de aceptarse a uno mismo.
Habitación nº 13 no es una película que recurra a grandes efectos especiales, ni a espacios imaginarios. De manera pulcra y austera, con escasos medios y evitando sobreexplicaciones o un tono grandilocuente, la película cruza de manera discreta el terreno de lo físico y se adentra en un entorno de percepción subjetiva y enajenada. Skoglund no nos oculta las interpretaciones lógicas y realistas del relato. Tenemos a un hombre de mediana edad, turbado por su relación con sus progenitores, con un padre fallecido violento y homófobo y una madre que ya no se puede valer por su misma y a la que hay que ingresar en una residencia.

Un protagonista atrapado entre pasado y presente
Para el protagonista, Joel, la realidad es gris y su estabilidad mental se ve afectada por su regreso a la casa familiar, su reencuentro con una madre enajenada (sin duda, lo mejor de la película), los ambientes decadentes de la residencia y la sombra del pasado de la violencia paterna. Sólo el reencuentro con una vieja amiga, Nina, supone un alivio ante esta presión psicológica, pero también un recordatorio de un pasado de incomprensión social por su orientación sexual. La senilidad de su madre acrecienta el miedo ante una presencia sobrenatural violenta, como si la reunión familiar y el regreso al hogar hubiesen invocado el desprecio del padre.
Hay algunos momentos en los que la película deforma la realidad, donde el director rompe el realismo de la narración con imágenes alucinatorias; sin embargo, el mayor desafío que se propone Skoglund como cineasta y guionista es sustentar el suspense y el terror en elementos realistas, pero inquietantes y sugerentes. Ante la falta de presupuesto, la insinuación se convierte en la principal herramienta.
Las limitaciones de la propuesta
Desgraciadamente, la austeridad de la propuesta tiene un peso demasiado determinante en el resultado final. Pese a los esfuerzos de Skoglund, la película luce pobre y lacónica y sus aciertos son insuficientes frente a sus carencias. Si bien nos parece un esfuerzo loable y somos capaces de hacer el salto de fe por encima de algunas de sus precariedades. En nuestra opinión, más allá del presupuesto, a la película le falta ritmo, dinamismo, emoción, profundizar más en las relaciones de los personajes y desarrollar aspectos de la trama para que las aspiraciones de Skoglund logren llegar a buen puerto.









