Con no pocos puntos en común con su opera prima, Pig, Michael Sarnoski deconstruye la leyenda de Robin Hood en La Muerte de Robin Hood, distanciando al forajido de la imagen aventurera y heroica que los siglos han ido forjando del personaje, ofreciendo una película crepuscular que muestra un gran conocimiento del folclore y que, en última instancia, reconcilia la leyenda con una versión más históricamente verosímil del arquero.

GERMEN DE LA LEYENDA

Como muchas figuras legendarias que han llegado hasta nuestros días a través de la literatura o el cine, la imagen que tenemos de Robin Hood y sus aventuras ha sido producto de historias forjadas en la tradición oral y luego reescritas a lo largo de los siglos, añadiendo nuevos elementos que se han ido sumando al folclore. Un ejemplo cercano sería la leyenda del Rey Arturo, en la que filólogos e historiadores parecen haber llegado a cierto consenso sobre el germen de su figura (un señor de la guerra britanorromano que lideró triunfalmente la batalla del Monte Badon contra la invasión anglosajona). De Robin Hood no existe una referencia histórica tan plausible, pero sí hay algunas referencias a nombres similares vinculados a criminales y proscritos en la primera mitad del siglo XIII.

Es a lo largo de esta época que empiezan a proliferar canciones y baladas donde las primeras bases de la leyenda se fueron estableciendo, seguramente fusionando fuentes de diferente origen. Hubo que esperar a finales del siglo XIV para encontrar las primeras referencias escritas, en muchos casos recogiendo en papel estas aventuras que habían proliferado de manera oral.

Algunas de las historias más destacadas fueron recogidas en un manuscrito de mediados del siglo XVII, entre las que se encontraba la primera versión escrita de La Muerte de Robin Hood, en la que claramente se ha inspirado Michael Sarnoski para esta película. Sin embargo, no es hasta el siglo XIX que la pintura o la literatura, en su interés por rescatar elementos identitarios del pasado, reinventan a Robin Hood con la imagen que ha llegado hasta nuestros días. Uno de los ejemplos más claros es la descripción que del personaje hace Sir Walter Scott en Ivanhoe.

La muerte de Robin Hood (c) DeAPlaneta
La muerte de Robin Hood (c) DeAPlaneta

FORAJIDO DE CINE

El Séptimo Arte no tardó en acercarse a un personaje, cuyas características lo hacían muy cinematográfico y un icono fundamental para construir el género de aventuras en la gran pantalla. Douglas Fairbanks, uno de los primeros héroes de acción cinematográficos, ya interpretó al personaje en 1922; sin embargo, si hay un referente claro en la historia del cine es Robin de los Bosques, dirigida en 1938 por Michael Curtiz y protagonizada por Errol Flynn, Olivia de Havilland y Basil Rathbone.

Con el paso de los años, el cine y, posteriormente, la televisión ofrecieron diferentes encarnaciones del ladrón que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. A resaltar, la cinta de animación de Disney de 1973, Robin y Marian de 1976 (quizás la más cercana a la cinta de Sarnoski) o Robin Hood, Príncipe de los Ladrones de 1991, con la que el cine de aventuras volvió a ponerse de moda a finales del siglo XX. Desgraciadamente, la historia del cine también está poblada de versiones mediocres de la leyenda.

ROBIN CREPUSCULAR

Viendo La Muerte de Robin Hood, queda claro que Michael Sarnoski es plenamente consciente de todo esto. Si bien su punto de partida es devolver al personaje a sus supuestos inicios históricos, negándole todo componente romántico y heroico, no niega la existencia del Robin del cantar de gesta. En este proceso de desmitificación, el cineasta confronta ambas versiones, haciendo que su protagonista esté continuamente renegando de aquellas hazañas que se cuentan de él (con referencias a baladas como Robin Hood y el Alfarero de finales del siglo XV y publicado por primera vez en 1795), al mismo tiempo que tiene que afrontar las consecuencias de sus años de violencia.

LUZ Y OSCURIDAD

La primera mitad de la película, especialmente la introducción de Robin y el posterior ataque a una granja, es oscura y notoriamente violenta, para dejar patente la ruptura con la imagen popular del personaje. La violencia no es estilizada, sino cruda y con saña. Robin asesina, ya sea en defensa propia o por venganza, sin ningún tipo de cortapisa moral y utilizando una fuerza bruta desatada. Esto contrasta con la segunda mitad de la película, donde el personaje lleva a cabo un cierto camino de redención, aunque sin renunciar a quien fue en el pasado. En este sentido, el itinerario del héroe aquí es similar al recorrido por el personaje de Nicolas Cage en Pig, también del mismo director.

En esa segunda mitad de la película es donde Sarnoski reescribe y desarrolla el poema de La Muerte de Robin Hood. El director recupera a los personajes de la priora de Kirklees y Roger el Rojo (aquí, un caballero leproso), interpretados por Jodie Comer y Murray Bartlett, pero aquí los redime de su rol de villanos del poema original, dándoles una finalidad valedora en los últimos días del proscrito. En este sentido, la película habla de las consecuencias de la violencia en nuestras vidas, pero con un discurso redentor y optimista hacia la humanidad representada en la figura de Robin Hood.

La muerte de Robin Hood (c) DeAPlaneta
La muerte de Robin Hood (c) DeAPlaneta

DECONSTRUCCIÓN HISTÓRICA

En este marco historicista, la película cuida la representación de la época, tanto en la dirección artística, la fotografía o la música. Todo se conjuga para situar al actor no en una época de leyenda, sino en un contexto histórico determinado, más allá de que algunos de estos elementos también sumen capas de lectura, como es el caso de la partitura y las canciones de Jim Ghedi, con sonoridades netamente celtas, y aludiendo a ese marco de fabulación a través de la tradición oral y el origen en forma de baladas y canciones de gesta de la leyenda.

Hugh Jackman compone un Robin Hood crepuscular y transgresor, con el mismo aliento existencialista de su interpretación en Logan, compartiendo ambas películas también la desmitificación de dos personajes altamente idealizados por sus respectivos lectores. La interpretación de Jackman es introspectiva, con algunos momentos de histrionismo y de contundente fisicidad cuando el personaje desata su rabia y su violencia (aspectos, de nuevo, compartidos por Logan).

CUANDO LA LEYENDA SE CONVIERTE EN REALIDAD, IMPRIME UNA NUEVA LEYENDA

Con su película, Michael Sarnoski no pretende renunciar a la leyenda, sino utilizar el germen histórico para construir su propia mitología, que, pese a todo, no cae muy lejos del lugar donde nos había conducido hasta ahora. El resultado es una película que funciona a diferentes capas, que es equilibrada e inteligente, y que, sin perder el sentido del espectáculo, propone al espectador un visionado con el que pensar sobre la violencia en nuestra sociedad y el valor de enaltecer figuras o historias con las que crear una identidad cultural como pueblo por encima incluso de las certezas históricas.