La Momia de Lee Cronin es el tercer acercamiento de la asociación entre la productora de James Wan, Atomic Monster, y Blumhouse para renovar el catálogo de monstruos clásicos de la Universal, después del fracaso del Dark Universe. Al igual que El Hombre Invisible y Hombre Lobo, esta nueva película busca la manera de revitalizar estos mitos, modernizando las historias, pero ajustándose a una serie de estructuras tradicionales que mantengan el ADN de las criaturas. Si El Hombre Invisible utilizaba la violencia de género como capa de lectura social y Hombre Lobo la deconstrucción del género masculino en la sociedad actual, este nuevo acercamiento a los componentes mitológicos del Antiguo Egipto se sustenta también en un componente muy cercano, pero igualmente aterrador, los secuestros de menores.

DOBLE MOTOR NARRATIVO

El director y también guionista nos presenta una película que se va construyendo a dos niveles. Por un lado, el esperado en este tipo de producciones, sustentado en un componente sobrenatural, y donde encontramos el vínculo con la mitología egipcia y sus rituales funerarios. Aquí, nos desprendemos de todo el trasfondo arqueológico que desde el principio viene acompañando a la figura de La Momia, pero sí se mantiene el componente de legado milenario oculto. Esta Momia es muy diferente a la tradicional y, de hecho, casi que tal y como se nos presenta podría ser aplicable a otro tipo de historia de terror que nada tiene que ver con lo transmitido por la cultura popular y el cine, principalmente.

El otro motor de esta historia es el familiar. Cronin no pretende que la trama familiar sea el soporte de la historia de terror, sino que la construye como una trama de terror de consistencia propia y que parte de una realidad palpable. Las múltiples noticias que acompañan la actualidad internacional en relación a la desaparición de niños pequeños, el impacto emocional y psicológico en los progenitores y el resto de la familia, la inseguridad de poder encontrar a los menores secuestrados y los temores de cuál puede haber sido su destino son conceptos con los que nosotros como audiencia podemos empatizar fácilmente en la película.

Laia Costa y Jack Reynor son los padres de la familia afectada por la maldición de La momia de Lee Cronin.
Laia Costa y Jack Reynor son los padres de la familia afectada por la maldición de La momia de Lee Cronin.

ESCENIFICANDO EL TERROR

El cine de Lee Cronin se había ido granjeando una identidad autoral desde su cortometraje Ghost Train en 2013. Su primer largometraje, Bosque Maldito, ya mostraba esa doble función de terror familiar y sobrenatural, así como una mirada incómoda e inquietante a lo cotidiano. Su participación en la, de momento, última entrega cinematográfica de la franquicia de Posesión Infernal fue recibida con entusiasmo por los fans, por su capacidad para recoger la vertiente más gore y de humor negro del original de Sam Raimi. De hecho, de las tres reformulaciones de los monstruos clásicos que hemos comentado, ésta es la primera que incorpora el nombre del director en el título en señal de autoría (algo, en nuestra opinión, prematuro ante lo escueto aún de la carrera del director).

En esta película, su gusto por los ambientes incómodos, por las imágenes desagradables, y por una fisicidad repulsiva se repite. Aunque recurre a los efectos digitales, gran parte de esto lo logra con el uso de maquillaje y efectos prácticos, lo que hace esa visceralidad más cercana y real. Estamos ante una película de pústulas, sangre y todo tipo de jugos corporales y apéndices. En este sentido, apreciamos el riesgo de optar por una línea más explícita y cruda de una producción comercial, con ambiciones de taquilla, habitual.
Frente al dramatismo de la historia, Cronin suma también una línea de humor (negro, por supuesto, como no podía ser de otra manera con estos ingredientes). En ocasiones, el humor sirve de alivio ante la tensión, pero lo cierto es que, por lo general, Cronin lo usa para generar más incomodidad en el espectador y, ocasionalmente, como guiño estilístico a su paso por la franquicia de Posesión Infernal.

A SARCÓFAGO ABIERTO

En nuestra opinión, Lee Cronin ha reflexionado mucho sobre la película que quería hacer y ha sido valiente a la hora de llevar sus planteamientos a las últimas consecuencias. Sin embargo, en nuestra opinión, el conjunto resulta fallido precisamente por querer subrayar todo en todo momento. Cronin usa la fotografía, la dirección artística, el sonido, los efectos, el trabajo de los actores, todo de manera simultánea y continuada para mantener el nivel de intensidad, de incomodidad y la sensación de repulsión en el espectador. Esto acaba siendo excesivo y, en ocasiones, tan desproporcionado que, más allá del humor consciente, la película cae en más de una ocasión en la comedia involuntaria. Lo mismo sucede con los personajes y las interpretaciones. Hay un buen elenco de actores, pero se les quiere llevar a una interpretación tan tensa y subrayada, que el valor dramático se diluye y se vuelve caricaturesco. Por mucho que la propuesta nos parezca atractiva, mucho nos tememos que el resultado no nos llega a satisfacer y, en nuestra opinión, la película acaba hundiéndose en sus propios méritos.