De manera discreta y a paso calmado, Damian McCarthy se ha ido posicionando como un referente ineludible del género de terror actual. Su labor como cortometrajista ya fue definiendo las temáticas de su cine y, de manera modesta, sus dos primeros largometrajes, Caveat y Oddity (vista en la octava edición del Festival Isla Calavera), demostraron su capacidad para generar atmósferas inquietantes y claustrofóbicas. Estos trabajos ya compartían ingredientes comunes, como el uso de juguetes u objetos inanimados como marcadores siniestros o un discurso de crítica a la violencia heteropatriarcal.

TRADICIÓN ORAL

Estos antecedentes hacían que su nueva película, Hokum, fuera ampliamente anhelada por los fans del género. Ya desde las primeras imágenes podíamos apreciar los aspectos propios, como la importancia de los mitos de la tradición oral irlandesa, un espacio aislado y claustrofóbico, personajes que resultan inquietantes desde la cotidianidad, o la presencia de juguetes y elementos decorativos tradicionales y ominosos. Como en sus anteriores trabajos, Hokum nos presenta una trama donde interactúan varias tramas que, de alguna manera, van confluyendo: un protagonista marcado por un trauma familiar infantil, la leyenda de una bruja atrapada en un hostal rural y la violencia contenida en un pequeño pueblo.

ENTRE LOS PSICOLÓGICO Y LO METAFÍSICO

Como en trabajos anteriores de McCarthy, la película confronta una trama de raíces reales y cotidianas con un componente sobrenatural arraigado en la tradición, de manera que lo psicológico y lo metafísico se entrecruzan y se confunden desde la mirada racional y, al mismo tiempo, traumatizada del protagonista. El cineasta vuelve a apoyarse en una mirada narrativa perturbada donde el espectador tendrá que dilucidar qué parte de los elementos siniestros que acompañan la historia son reales o forman parte de la mente trastornada del protagonista.

OBJETOS DEL MÁS ALLÁ

La atmósfera inquietante de la película viene representada por ese hostal rural, repleto de decoración tradicional, y un entorno natural que aísla la construcción del resto del pueblo. Aquí regresa el interés de McCarthy por la cuentística tradicional, con sus leyendas de brujas y elementos sobrenaturales vinculados con el bosque o la naturaleza. El hostal, sus trabajadores y hasta sus inquilinos parecen sacados de un cuento infantil. Todo el apartado artesanal (las figurillas infantiles, los relojes de mesa con autómata, los espejos, los cuadros de la pared, el empapelado, la moqueta) apunta a un espacio fuera del tiempo y es que las historias de Damian McCarthy, aunque se desarrollan en la actualidad, tienen esa sensación de realidad atemporal, fuera del plano físico.

VIOLENCIA TELÚRICA

Al igual que sus películas anteriores, Hokum nos habla de la violencia contra las mujeres y lo hace entendiéndola como algo heredado que, lejos de justificarla, deja claro el entorno vicioso masculino que sigue siendo nuestra sociedad. McCarthy lo vincula con lo más arraigado de nuestra naturaleza, de ahí la importancia de un entorno, ya sea natural o arquitectónico, contaminado y consumido por un mal ancestral y endémico. En este contexto, la figura de la bruja representa ese sufrimiento atávico femenino, no sólo víctima de la violencia masculina, sino además acusada de ser quien la provoca.

LA PUERTA A LA MADUREZ

Frente a Hokum, las películas anteriores de Damian McCarthy se nos presentan ahora como ensayos en busca de una forma madura y definida que aquí adquiere su expresión definitiva. Con su nueva película, el cineasta no sólo cuenta con mayores medios para contar su historia y su factura resulta ya compacta, también cuenta con un guion más maduro, donde todas las temáticas que venían concretándose encajan ya de manera orgánica en el conjunto de la obra cinematográfica. En este sentido, “Hokum” no sólo es la obra más conseguida por el autor hasta la fecha, sino que también es su primera obra de madurez.

El cineasta ha conseguido limar las principales asperezas que lastraban sus dos primeros largometrajes; aunque la consecución de este equilibrio haya generado nuevas inconsistencias. Como compendio de lo anterior, Hokum resulta para el espectador que ya conocía la obra anterior de McCarthy un cierto déjà vu. Por otro lado, es verdad que el resultado cinematográfico es impecable, pero en su imperfección las películas anteriores tenían algunos momentos puntuales, pero extraordinarios, que Hokum no ha podido replicar o superar.

ÚLTIMA CAMPANADA

Nos reafirmamos en que Hokum es la mejor película hasta la fecha de Damian McCarthy y donde la artesanía del autor tiene su mayor expresión, pero no podemos negar que hay una frescura en la imperfección de Caveat y Oddity que aquí no alcanza la misma dimensión. En cualquier caso, Hokum es, en nuestra opinión, uno de los títulos ya de referencia del fantástico en este 2026 y Damian McCarthy un autor al que hay que seguir prestándole nuestra atención.

Adam Scott protagoniza Hokum, de Damian McCarthy.
Adam Scott protagoniza Hokum, de Damian McCarthy.