‘KILLROY WAS HERE’: Terror antológico

Entre los días 22 y 26 de julio se celebraba, por vez primera de manera virtual -y con acceso gratuito en todo el mundo-, una nueva edición el evento anual más importante para los aficionados del entretenimiento fantástico, la Comic-Con de San Diego, apodada este año con la coletilla @Home (“en casa”). El anuncio del estreno el próximo 12 de octubre -con meses de retraso con motivo de la crisis sanitaria- de una undécima temporada de la serie The Walking Dead, fue uno de los grandes hitos de este entrega, así como el panel de Los Nuevos Mutantes, otro de los títulos damnificados por la Covid-19.

Entre otras presentaciones, el director, guionista y escritor de cómics Kevin Smith dio a conocer su nuevo trabajo. Esta vez el autor de comedias de culto como Clerks (1994) o Mallrats (1995), regresa al terror con la antología Killroy was here (“Aquí estuvo Killroy”). Tomando como título el grafiti que se popularizó durante la Segunda Guerra Mundial de la mano de los soldados aliados, presenta varias historias que suceden alrededor del personaje de Killroy.

Es una especie de niño vengador. Si te lo montas con niños, Killroy aparecerá. Y es un personaje bastante chiflado, con cabeza calva y nariz asomando sobre la tapia”, expuso el cineasta. El tráiler desvelado es una sucesión de imágenes clave de los distintos relatos que muestran tanto el toque de humor negro siempre presente en su filmografía como la crudeza explícita que alcanza a través de momentos gore. Rodada y en postproducción pero sin fecha de estreno anunciada para esta nueva película de Smith tras Jay y Bob el silencioso: El reboot (2019), la cinta estará protagonizada entre otros por Jason Mewes, uno de sus actores fetiche, y su hija Harley Quinn Smith, otro rostro habitual en sus largometrajes.

Fotograma de uno de los segmentos de 'Nightmare Cinema'.
Fotograma de uno de los segmentos de ‘Nightmare Cinema’.

Cine antológico de terror

Y es que el cine antológico vuelve a estar de moda, o bien nunca ha dejado de estarlo. Desde clásicos como Creepshow (George A. Romero, 1982), escrito por Stephen King en homenaje a los cómics de EC de los años 50 como Cuentos de la Cripta, o Los ojos del gato (Lewis Teague, 1985), también con guion del autor bestseller, a otras más recientes como The ABC’s of Death, Nightmare Cinema de Mick Garris o la saga V/H/S, han marcado el camino, y entre las producciones más recientes llaman la atención títulos como A night of horror: Nightmare radio.

Vista en la pasada edición del Festival de Cine Fantástico de Canarias Isla Calavera, la propuesta de los realizadores argentinos Nicolás y Luciano Onetti, que se presentó como proyecto en Cannes en la sección “Upcoming Fantastic Films”, ya está disponible en la programación del canal Dark y saldrá a la venta en DVD en Estados Unidos el próximo 1 de septiembre. En este caso, el hilo conductor es la historia de Rod, un hombre que lleva un programa de radio dedicado a historias de terror, y agrupa varios cortometrajes, incluidos Into the Mud y Gotas, de los españoles Pablo Sánchez Pastor y Sergio Morcillo.

'A night of horror: Nightmare Radio'
‘A night of horror: Nightmare Radio’

Vampus Horror Tales

Por otro lado, próximamente verá la luz en el circuito de festivales Vampus Horror Tales. Con producción creativa del director Víctor Matellano (Vampyres, Wax), otros cuatro realizadores debutantes, Manuel M. Velasco, Isaac Berrocal, Erika Elizalde y Piter Moreira, se suman para contar varias historias de terror de la mano de un anfitrión excepcional, un siniestro enterrador interpretado por Saturnino García (inolvidable por su papel de Justino, un asesino de la tercera edad, 1994). Una propuesta filmada en blanco y negro y formato scope para recordar los títulos pulp y el comic horror, tanto en concepto como en estética, y que ha contado con Colin Arthur (2001, una odisea del espacio, La historia interminable) en la supervisión de efectos especiales.

'Vampus Horror Tales'
‘Vampus Horror Tales’

TECNÓMADAS. Capítulo 8.1 PERSECUCIÓN

VELDRAM

—¿Qué es eso? ¿Puedo verlo? —preguntó Veldram, apoltronado en la cama que había tras el asiento del conductor. Su madre conducía mientras su padre echaba una cabezadita.

—Ummfff… es una especie de instrumento musical —rezongó Telémacus, medio dormido. El sueño que había tenido la noche anterior parecía asirse a él como un olor desagradable, y se negaba a soltarle—. Lo encontramos en aquel sótano, en la nave.

El chico cogió la especie de cítara y la sopesó. Nunca había sido bueno con la música, ni tenía oído para sacar las melodías de memoria, pero al ver aquel instrumento una cancioncilla de origen incierto le vino a la cabeza. No estaba seguro de haberla oído antes, solo… estaba por allí, merodeando.

—Es bonito. ¿Lo tocaban los antiguos?

—Eso parece.

—Tú podrías conseguirlo si te lo propones —dijo su madre—. Eres listo.

—También soy guapo. Cambio.

—Esa parte la has heredado de mí —murmuró su padre.

Vala sonrió, mirando por el retrovisor. En el segundo camión iba Arthemis junto con Liánfal —habría pagado por asistir a una conversación entre esas dos y escuchar qué se tenían que decir—, y en el tercero Tsunavi con Logus. Había sido una decisión difícil arriesgarse a dejar solo a su único médico con aquella psicópata de colmillos afilados, pero de algún modo (¡sine qua non!) tenían que vigilarla. A nadie le gustaba la idea de poner en sus manos aquel volante junto con la responsabilidad de mantener a salvo a un tercio de su tribu… pero Bloush había muerto, y ya no les quedaban más manos capaces. Los lumitas no eran diestros manejando ese tipo de tecnología.

Miró al horizonte. Por el sur avanzaba un crepúsculo violeta, pero les quedaba por la derecha, y no los alcanzaría al menos hasta dentro de un par de horas. Parecía como si faltara una escena de enlace entre el último vestigio de civilización que acababan de dejar atrás y lo desconocido que esperaba delante. La silueta de la primera luna, gris sobre gris tras el embozado peso de las nubes, los vigilaba como un ojo atento, allá arriba. Era un satélite brillante como una bola de nieve acompañado por un halo de polvo. Bajo él, el delgado cordón del Hilo ardía en su mitad superior con los fuegos rojos del crepúsculo, mientras la inferior estaba pintada de azules.

Por delante, hacia el este… una muralla vertical de humo denso que formaba una pared casi sólida donde parecía acabar el mundo: era el humo que surgía de los barrancos siempre ardientes, los que tendrían que cruzar para entrar en una nueva zona del desierto. Y eso le provocaba un miedo sobrecogedor.

—Quiero volar —le dijo al artificio azul del cielo. Poder pasar por encima de aquellas barreras terrenales y ser libre. Pero si había alguien allá arriba, vigilando (tal vez una luna gris con su ojo bien abierto), no respondió. Poco le importaban al cielo las penurias de las criaturas condenadas a la tierra.

¿Qué les aguardaba al otro lado de los barrancos, si es que lograban encontrar un vado para cruzarlos? ¿Más monstruos sedientos de sangre? ¿Pintorescos y extravagantes nativos con pintorescos y extravagantes atuendos que cantaran pintorescas y extravagantes canciones en exóticos lugares, con sus cabezas inclinándose en señal de bienvenida y guirnaldas de flores? El primero en encontrar signos de vida inteligente fregaría la loza.

—¿Por dónde cruzaremos los barrancos, mamá?

—Cuentan las historias de los buscadores que hay lugares por los que se pueden vadear, pero vamos a tener que buscarlos. Recorreremos a lo largo las grietas a ver si los encontramos. Y rezaremos porque todo ese humo no se nos venga encima.

—No arriesgaremos los camiones, se mantendrán a una distancia prudencial —dijo Telémacus, los ojos aún cerrados—. Para eso tenemos los esquifes, para explorar.

—¿Quién los pilotará?

—Los que tengamos cascos con respiradores de oxígeno. Mi armadura tiene uno, y Arthemis también tenía hasta que lo perdió. Pero se le podría hacer un apaño.

—La cuestión es si querrá arriesgarse —gruñó Vala—. Vale que se apuntara a este viaje para escapar de ser reclutada, pero no la veo predispuesta a hacer nada más allá de lo que estipule su contrato.

—Lo hará, ya lo verás. A pesar de su insoportable socarronería, es una mujer muy valiente. Lleva toda su vida luchando, oponiéndose a imponderables mucho más grandes que ella.

—Parece que la admiras.

—No, solo reconozco sus valores.

Tuvo que admitir que estaba en lo cierto. Pero le molestaba la admiración que parecía sentir su marido hacia aquella asesina. No es que estuviera celosa, pero es que no comprendía los motivos. ¿Que era una buena protectora para su gente? Eso no se lo negaba nadie. ¿Que no compartía con ellos ninguno de sus ideales y solo estaba allí por su propio interés, por lo que podría dejarlos colgados en cualquier momento? También. Al menos era joven y vibrante, no como los líderes de la tribu, que parecían trozos de desechos a esquivar, la carne bajo sus ropas disminuyendo cada día que pasaba como una marea en retirada.

El giroscopio del salpicadero empezó a dar vueltas como un loco. Estaba escalado angularmente a través de una rejilla normal en relación al plano del aparato, y perpendicular a la nariz del camión, lo cual le proporcionaba tres coordenadas. Pero algo le afectaba, algún tipo de electromagnetismo desquiciado, lo que hacía imposible que el sapiencial del camión calculase bien la distancia con los objetos que tenía delante. Vala lo desconectó y pasó a conducción manual.

—Entramos en terreno peligroso.

Veldram colocó las manos sobre la caja y el mástil de la cítara, y las dejó hacer, a su aire. Unos sonidos comenzaron a surgir de la madera como si esta se hubiese tragado una docena de ratones barítonos. Al vibrar, los dedos extraían de las cuerdas sus bemoles silenciosos, sus superfluos tiempos verbales, sus pentagramas confluyentes. Mientras Veldram tocaba, su padre empezó a tararear la misma melodía, sin equivocarse, y eso que nunca antes ninguno de los dos la habían escuchado.

El chico soltó el instrumento, asustado. Sus padres lo miraron, y luego entre sí. Eran conscientes de que algo muy raro acababa de ocurrir.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Vala.

—Déjame ver ese cacharro —pidió Telémacus, agarrando la cítara. La examinó a fondo, palpando con los dedos allá donde no llegaba la vista… y descubrió algo: una caja metálica, caliente, tachonada de circuitos, escondida bajo los trastes—. Aaahhh… aquí hay algo. Empiezo a entenderlo.

—¿El qué?

—Parece un zoótropo empático.

—¿Un… qué? —Veldram arrugó la frente.

—Una caja de resonancia de conocimientos. Las había en la época antigua. No es que tú supieras tocar esa melodía, o que a nosotros nos sonara… es que esa caja la estaba proyectando en nuestras cabezas.

—¿Cómo es posible? ¿Un instrumento musical que se sabe él mismo las melodías y se las sugiere al intérprete?

—Parece imposible, ¿verdad? Pero así es. Lo que no sé es por qué esta melodía en concreto. ¿Era importante para el anterior dueño de la cítara? ¿O es que quería transmitir algún mensaje a los que encontrasen el instrumento cuando él ya no estuviera?

—Supongo que para averiguarlo habrá que tocar la melodía hasta el final —opinó Vala—. Y preguntarle a alguien que sepa de música. Creo que Liánfal es una buena candidata. Tocaba el septéreo en su juventud, y muy bien, por lo que me han contado.

—Se lo preguntaremos, pero más adelante. Estamos llegando a las primeras cortinas de ceniza —dijo Telémacus, espabilándose. A través del parabrisas delantero se veía una manta de copos blancuzcos que parecía haber sido tendida con pinzas del cielo. Y no era nieve. Era humo.

 

 

Los camiones no se detuvieron, pero aflojaron un poco la marcha. Telémacus se arriesgó a usar la radio para hablar con los otros conductores.

—Ya veis que tenemos delante la barrera. Voy a adelantarme en un esquife para explorar, a ver si encuentro un vado. Vosotros acampad aquí.

—No creas que voy a dejarte ir solo, tigre —dijo la voz de Arthemis—. Entre los dos cubriremos más terreno en menos tiempo.

—Te recuerdo que ya no tienes tu máscara, así que si esto es una manera de prevenir el que pueda hallar antes que tú un enclave de antigua tecno…

—Yo tengo dos formas de ofrecer mi ayuda, tigre, y solo una de las dos no acaba con el otro con la frente abierta de un disparo. La tomas o la dejas, tú decides.

Telémacus sonrió.

—Creo que la tomaré, pero que conste que acercarse al barranco no es agradable. Tu armadura te protegerá del calor, pero tendrás que procurarte una manera de filtrar el humo. Es posible que esté lleno de partículas radiactivas.

—Confía en mí —dijo ella, sardónica—. Sé lo que hago.

De pronto, la voz de Tsunavi se superpuso a las suyas. Contenía esa alegría, ese placer sardónico que en ella solo podía significar una cosa: problemas.

—Creo que no vamos a tener tiempo de hacer nada de lo que estáis planeando, tortolitos… —Pronunció la última palabra apoyándose en la «T»—. Mirad por el retrovisor.

Al instante se dieron cuenta de que aquella nube que se les acercaba a toda velocidad en lontananza, a ras de suelo, no era ningún fenómeno natural. Ni tampoco el montón de objetos negros que la estaban provocando. Ni el par de artefactos voladores parecidos a aerostatos que colgaban a baja altura sobre aquella formación militar de pulgas. Eran fuerzas del drav Bergkatse, o quizá de Raccolys, qué más daba. El hecho era que los habían encontrado.

Telémacus simplemente deglutió.

Felbercap —maldijo. Bajó la ventanilla y se asomó, silbándole al esquife más cercano para que se les acercara.

—¿Adónde crees que vas? —preguntó Vala, cogiendo el volante. Se había puesto pálida y había empezado a sudar.

—Me adelanto a buscar ese paso. Sígueme lo más cerca que puedas. ¡Que toda la gente que va en el techo de los remolques se meta dentro, vamos a acercarnos peligrosamente al barranco! —ordenó por la radio.

—De acuerdo, jefe —gruñeron Arthemis y Liánfal. Logus tardó un poco más en responder pero también confirmó que Tsunavi y él habían recibido la orden. A continuación, cuando el esquife se colocó junto a la cabina, Telémacus abrió la puerta y saltó a bordo.

—¡Ten cuidado! —le gritó Vala—. Seguro que no estamos siendo nada sabios con todo esto…

—Como dijo alguien inteligente, la lógica es una forma organizada de equivocarse con seguridad. —Le guiñó un ojo antes de ponerse el casco. Sintió cómo las facultades y ayudas superiores de la armadura escalaban hacia su hipotálamo, con sus servomentes y sus jerarquías operativas. La diferencia con respecto a no llevar puesto el casco no era excesiva, pero las mejoras sensoriales de aquel software podían suponer una ventaja táctica de varias décimas de segundo… lo cual, en combate, establecía una línea divisoria entre la vida y la muerte.

Tocó el hombro al conductor para que intercambiara el sitio con él, y se sentó a los mandos. El otro hombre, como no tenía máscara, tuvo que saltar al camión y quedarse allí. El esquife aceleró, dejando un rastro lineal de humo, y salió disparado en dirección al borde del barranco… que desde aquella distancia, tan cercano, parecía más bien un cañón gigantesco. Súbitamente apareció el borde de la sima, una violenta cuchillada, un cañón escarpado. Cuando estuvieran pegados a él, el propio accidente del terreno, que distaba mucho de ser natural, les contaría su propia historia.

Veldram vio alejarse a su padre y se pasó al asiento delantero, junto a Vala. El parabrisas empezaba a teñirse de gris como un dibujo puntillista, a medida que los copos de ceniza se superponían formando un mandala. El joven colocó la cítara a su lado —decidió que la llamaría septéreo a partir de ahora; era un nombre mucho más chulo—, y acarició la caja de resonancia emocional. Inmediatamente, una melodía que jamás había oído empezó a surgir de la parte más profunda de su memoria a largo plazo. Y la tarareó.

Vamos, papá, encuéntranos un paso a través del infierno.

Sus dedos tamborilearon sobre la cítara, marcando un ritmo acelerado de tres por cuatro.

 

 

TELÉMACUS

 

Los barrancos ardientes de Devianys. Una cosa era haber oído hablar de ellos en las historias de taberna y otra acercarse tanto a uno como para que su putridez sulfurosa hiciera que tus ojos lagrimearan y tus pulmones ardieran por dentro. El casco le protegía, pero sintió la fuerza de aquel aire cargado de fuego, de la nube roja en cuyo interior zigzagueaban relámpagos. Si había una entrada a ese famoso inframundo que describían muchas religiones, sin duda era aquella.

El diminuto esquife —por comparación a la anchura del cañón— se colocó paralelo a él y avanzó a la máxima velocidad que permitía su motor aerodeslizante. Telémacus temía que la cantidad de ceniza que se estaba tragando la turbina acabase dañándola, pero no le quedaba más remedio que seguir. Tenía que encontrar algún vado o el convoy se quedaría atrapado entre la espada y la pared, con el muro de llamas delante y los asesinos dravitas detrás.

Se arriesgó a aproximarse al borde de la sima y echó un vistazo a su interior. Lo que vio le sobrecogió: la grieta tenía en aquel punto más de trescientos metros de anchura, y no se veía el fondo. Abajo se arremolinaban nubes de fuego y torbellinos de ceniza vestidos con una cota de malla de partículas rutilantes, chispas, pavesas y nubarrones de favilas en combustión. Pero lo más sobrecogedor eran las siluetas de enormes estructuras hundidas en el manto, cuyas sombrías siluetas recordaban a edificios, a objetos que tal vez pudieron ser puentes en otro tiempo, o quizá pedazos de asfalto de larguísimas carreteras que antaño unieron ciudades. Todo había sido destrozado, troceado, apilado y arrojado al barranco hacía varias generaciones, antes del Día del Apagón. Por contraste con las zonas más brillantes, las que dañaban el ojo, entre tanto carmesí había regiones negras donde oscuridades mayores se quejaban mientras se fracturaban. El manto del planeta era un sumidero titánico que se lo tragaría y lo procesaría todo, reduciendo metales y minerales a sus elementos básicos. Era un cementerio vertical abarrotado de pruebas de que hubo una civilización en Enómena que precedió a la actual. Las leyendas de los buscadores decían que ahí abajo había infinitos tesoros de antigua tecno, cociéndose en el horno infernal, pero nadie se atrevía a bajar para comprobarlo.

Solo con ver la grieta, el cazarrecompensas entendió por qué.

Giró el control del esquife, unos mandos parecidos a los de una moto, para acelerar al máximo. Un ventisquero de chispas le impactaba de frente, convirtiendo el mundo en el ojo de una inmensa ola hecha de carbones ardientes. Por el retrovisor vio que el camión de cabeza, conducido por su mujer, giraba para seguirle, aunque más separado del borde de la grieta. Los otros le siguieron detrás, formando una fila. Vistos desde el aire, serían como una procesión de hormigas corriendo junto a una grieta que partía en dos el mundo, de la que surgía un acantilado vertical de humo tóxico. Pero eso no fue lo que le preocupó, sino que el ejército de vehículos que se les acercaba estaba a cada segundo un poco más cerca.

Y, por los dioses, ¿qué era aquella cosa que colgaba del aire?

 

 

El globo aerostático que Telémacus había visto a lo lejos era realmente lo que parecía, pero de cerca se parecía menos a un aerostato y más a un palacio flotante: la propiedad privada de algún dictador loco a la que unos inmensos balones de hidrógeno mantenían separada del suelo.

El globo era una pagoda invertida con cuatro niveles de anchura decreciente, el de más abajo rematado por una púa que apuntaba hacia el suelo. En las esquinas de cada tejado invertido había una estatua que representaba las cuatro naturalezas de la traición, entendida como una de las bellas artes. Del edificio central se abrían decenas de ramas como de árbol, que sostenían grandes hélices que impulsaban el palacio, con una vela puntiaguda en forma de nariz que servía para corregir la dirección.

Semejante extravagancia no se quedaba corta en ningún aspecto, pues había sido concebida en un sueño por el drav Bergkatse, e incluía una atalaya que recreaba un carro de los tiempos prehistóricos de la Vieja Tierra, de aquellos que tenían dos ruedas e iban tirados por caballos —no sabía por qué, pero el Padre Addar se sentía como en casa cada vez que se subía en él—. Era un trono flanqueado por escudos de armas de dragones tallados junto a un palio de índigo real. Desde allí, el general mandaba sus tropas. Ese carro asomaba como un balcón de la pagoda superior, la más ancha, y estaba flanqueado por dos extravagancias más: dos proscenios de teatro que colgaban de sus propios globos en los que el Intérprete de los Muertos asistía a dos óperas a la vez, protagonizadas por cantantes profesionales y reos condenados a muerte. La de su derecha era un fragmento de Lamadar, una obra con un recitativo seco en la que unos prisioneros condenados a muerte ofrecían la mejor interpretación de sus vidas mientras los torturadores los sometían a tormento, mientras que la de su izquierda, Trocchano, tenía un contorno melódico similar a un aria, en la que una parodia de un Intérprete de los Muertos defendía argumentos según los cuales merecía vivir para siempre ante un tribunal de dioses.

Resultaba asombroso cómo cada parte individual de aquel engendro volador podía mantener su propio mensaje simbólico al tiempo que incluía el significado del todo; era como si cada pequeño detalle superpusiera una capa más de simbolismo, sin que hubiera una definición global planeando por ahí de la que echar mano.

Padre Addar estaba de pie encima de su carro, con pose altiva, de emperador. Miraba los puntitos que eran los camiones fugitivos, ya casi a distancia de tiro, y se enorgullecía de su partida de caza. En otros tiempos, los reyes organizaban cacerías de animales exóticos para demostrar que podían domar a la naturaleza, y que no existía depredador en el mundo que pudiera imponérseles en ferocidad. Ahora, él cazaría a los asesinos del drav, su antiguo amo. Había reservado espacios para sus cabezas en sus paredes favoritas.

Alzó las manos sobre un teclado de piano que bordeaba por dentro su carro, y pulsó varias notas. En los teatros que colgaban del cielo a derecha e izquierda, los reos cautivos en cajas de metal fueron estimulados por brutales descargas eléctricas al ritmo de la música, y sumaron sus gritos al coro. Sus caras se deformaron subjetivamente, adoptando forma de pera: seres encerrados dentro de sus propios gritos, sin defensa posible ante su propia voz. Sus ecos ocupaban los espacios a su alrededor.

Addar no era un cacófilo, un amante de la fealdad, todo lo contrario… era un cacoformotista, es decir, un creador de belleza a partir de elementos horrendos. Sus ojos se obnubilaron, la piel de su cara perdió capacidad de expresión como si estuviera hecha de plástico… pero él se alzó majestuoso como un maestro de orquesta, dispuesto a extraer —a cacoformotear— una sinfonía a partir de la matanza de inocentes que estaba a punto de suceder. Aislados por su propia música o a pesar de ella.

Un aerodeslizador se le acercó por estribor, con un cazarrecompensas del gremio subido a un estribo. Era un miembro del Clan Taxidermista, expertos en despellejar a sus víctimas y llevarlas al estado de disecación corporal sin que murieran ni se desmayaran en ningún momento. Contaban que el dolor alcanzaba cotas de auténtica locura.

—¡Mi señor! —le gritó el taxidermista, que si mal no recordaba se hacía llamar Bestia—. ¡El radar detecta un grupo de tres vehículos grandes y otros tres pequeños y veloces delante! Están junto al cañón, recorriéndolo a lo largo.

Addar no juntó las cejas, pero una contracción en sus pómulos comunicó la misma emoción.

—Buscan un vado… Adelántate con cuatro deslizadores y frénalos. Que el tóptero vaya también para daros apoyo. No dejes que se oculten en el humo ni que se metan dentro del barranco.

—Sí, amo.

Bestia alzó en el aire una vara de potencia que siempre se llevaba a todas las cacerías, capaz de emitir una onda de concusión que podía lanzar por el aire varios metros a un humano adulto, y lo volteó sobre su cabeza. Hubo un diálogo invisible con otros jefes de turba. Sus vehículos adelantaron al grupo principal, que se mantenía a la velocidad del palacio flotante. El único vehículo volador además del palacio que se habían traído a la cacería, un tóptero de alas negras y armado con una tronera lanzamisiles, también se adelantó para reconocer el terreno.

Padre Addar pulsó una nueva combinación de notas en su teclado, que el coro respaldó con sus gritos de agonía. Aquellos que no gritaban lo suficiente como para dar las notas limpias, sentían látigos chasqueando al cruzar sus espaldas desnudas.

Buena tarde para un concierto.

Dark estrena ‘CUENTOS PARA VIERNES POR LA NOCHE’

Este viernes, 31 de julio a las 23:00 horas, Dark, el único canal especializado en terror en España, estrena Cuentos para viernes por la noche. Se trata de una colección de historias breves que combinan cuidadosamente la intriga, lo fantástico y el terror.

En una atmósfera que remite a clásicos como Cuentos de la cripta o La dimensión desconocida, cada episodio cuenta con un presentador que nos introduce en el relato de turno.

Las historias narradas son independientes entre sí aunque cuentan con el mismo elenco. En todos los episodios hay seis personajes que cambian su caracterización pero que conservan el mismo nombre y algunos rasgos de su personalidad.

Para celebrar el estreno previsto para este viernes se emitirá un episodio doble.

'Cuentos para viernes por la noche'
‘Cuentos para viernes por la noche’

 

Álex Pina, creador de LA CASA DE PAPEL, recibirá un premio honorífico en FIMUCITÉ

El Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (FIMUCITÉ) suma al elenco de invitados de su decimocuarta edición al creador de La Casa de Papel, Álex Pina, quien visitará la isla con motivo del evento ‘Somos La Resistencia: La Casa De Papel En Concierto’, programado para los días 25 y 26 de septiembre, en el que se interpretará en estreno mundial la banda sonora de la exitosa serie de televisión, adaptada a formato sinfónico. El autor recogerá en este marco un Premio Honorífico en reconocimiento a su trayectoria y por haber creado productos televisivos de extraordinaria calidad que han permitido impulsar e internacionalizar la música para el audiovisual español.

Fundador de Vancouver Media, Álex Pina logró en 2018, por primera vez en la historia de la ficción española, un Premio Emmy Internacional al mejor Drama. Es también creador de otras series icónicas como ‘Vis a Vis’, ‘El Barco’, ‘White Lines’, ‘El Embarcadero’ y ‘Los Hombres de Paco’. Además, recibió el Premio Ondas en 2004 por ‘Los Serrano’, y ha recibido otros galardones internacionales como el Fénix iberoamericano o la Ninfa de Montecarlo al mejor drama por ‘La Casa de Papel’. En cine ha dirigido y escrito el guion de ‘Kamikaze’ y ha sido además guionista y productor de ‘Fuga de cerebros 1 y 2’, ‘Tres metros sobre el cielo’ y ‘Tengo ganas de ti’, una de las películas más taquilleras de la industria española.

Compuesta por Manel Santisteban e Iván Martínez Lacámara, la música de ‘La Casa de Papel’ sonará en el Auditorio de Tenerife de la mano de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, bajo la dirección artística y musical del reconocido compositor y director de orquesta Diego Navarro, director de FIMUCITÉ.

Ya se encuentran a la venta las entradas para las dos funciones previstas de ‘Somos La Resistencia: La Casa De Papel En Concierto’, que contará con la presencia de los compositores Manel Santisteban e Iván Martínez Lacámara, y la cantante Cecilia Krull, quien interpretará sobre el escenario la popular canción principal de la serie, ‘My life is going on’.

El 14º Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife se celebrará entre el 18 y el 27 de septiembre de este año con el apoyo de Cabildo de Tenerife, Ayuntamiento de Santa Cruz, Ayuntamiento de La Laguna, Gobierno de Canarias, Auditorio de Tenerife y Orquesta Sinfónica de Tenerife.

El controvertido thriller de supervivencia ‘LA CAZA’ llega a los cines españoles

Este viernes 31 de julio llega a los cines españoles La Caza, la nueva propuesta de Blumhouse, el estudio responsable de éxitos como Déjame Salir o las entregas de La noche de las bestias, una de las películas que más debate ha generado en el último año.

Dirigida por Craig Zobel (Z for Zachariah, The Leftovers) y escrita por Damon Lindelof junto con Nick Cuse, este thriller de terror ambientado en la América moderna cuenta en su reparto con Betty Gilpin, Hilary Swank, Ike Barinholtz, Emma Roberts y Justin Hartley entre otros. La producción de la película corre a cargo de Jason Blum (El Hombre Invisible, Déjame Salir) junto con Damon Lindelof, el co-creador de las series The Leftovers y Lost.

Sinopsis de ‘La Caza’

Doce extraños se despiertan en el claro de un bosque. No saben dónde están ni cómo han llegado hasta ahí. Tampoco saben que han sido escogidos… para algo muy concreto… para ser cazados. A raíz de una teoría conspirativa nacida en la dark web, un grupo de la élite mundial se reúne por primera vez en una recóndita mansión para divertirse cazando a seres humanos. Pero su plan maestro no sale como esperan ya que una de las víctimas, Crystal (Betty Gilpin, Glow), conoce el juego de los cazadores mejor que ellos mismos. Matándoles uno a uno, Crystal conseguirá invertir la situación y acercarse poco a poco a la misteriosa mujer (encarnada por la dos veces oscarizada Hilary Swank) que ideó el juego.

Crítica: ‘UNDER THE SKIN’. Sirenas

En todas las culturas existen mitos y leyendas de figuras femeninas capaces de encandilar a los hombres y llevarlos a su perdición, convirtiéndolos en víctimas de su propia lujuria e incapacidad de resistirse al canto sexual. Para su tercer largometraje, el realizador británico Jonathan Glazer se basó en la novela Bajo la Piel (Under the Skin) de Michel Faber, adentrándose así en ese territorio mitológico desde una perspectiva postmoderna y donde, más que una femme fatale al uso, encontramos una reflexión sobre las políticas sexuales de la sociedad moderna y, en un caso de inversión de roles, una denuncia de los casos de depredadores sexuales que, desgraciadamente, vemos multiplicarse a través de los medios.

Under the Skin es una película que debió estrenarse en nuestro país en 2013, pero que, ironías de la distribución cinematográfica, su llegada a nuestras pantallas siete años tarde hace que sea hoy más apropiada y relevante que entonces.

Glazer lleva a cabo una película difícil, críptica, pedante incluso (que no pretenciosa). El cineasta simplifica al máximo el componente narrativo, eliminando cualquier elemento explicativo de lo que sucede y ofreciendo una consecución de escenas intrigantes y turbadoras, visualmente subyugantes, pero también cargadas de frialdad y extrañeza.

Siendo una película sobre la sexualidad, contando con una actriz voluptuosa como Scarlett Johansson, quien además se expone aquí físicamente como nunca antes, estamos lejos de encontrarnos ante una obra erótica. Esa extrañeza y ese distanciamiento hace que los componentes sexuales de la película, lejos de ser atractivos, resulten incómodos y hasta frígidos. Esta dificultad explica las dificultades de distribución de la cinta, pero al mismo tiempo son lo que hacen que resulte una película diferente, interesante y provocadora.

Review: ‘IRON MAN VR’. En la piel de Tony Stark

En 2008, el director y actor Jon Favreau sentó las bases del universo cinematográfico de Marvel Studios con un largometraje que demostraba al mundo que Robert Downey Jr. había nacido para interpretar a Tony Stark y que una adaptación coherente del Hombre de Hierro era posible. En el mundo de los videojuegos, el personaje de Iron Man no ha tenido demasiada suerte ni popularidad hasta la publicación de Iron Man VR, un título exclusivo para PlayStation VR en el que el jugador se enfunda, con literalidad virtual, en las codiciadas armaduras de Stark Industries.

Desarrollado por Camouflaj

El videojuego desarrollado por el estudio Camouflaj, bajo la dirección de Ryan Payton, es una aventura para un solo jugador en un entorno inmersivo en el que encarnaremos al genio, millonario, playboy y filántropo de Marvel. Tony Stark ha decidido abandonar la fabricación de armas para el ejército para crear una tecnología de uso personal con la que impartir justicia y enmendar sus errores del pasado. Entre tanto, la hacktivista Ghost (vista en el cine en Ant-man y la Avispa, 2018) se hace con el control del antiguo arsenal de armas de Stark para orquestar su venganza.

Con las gafas VR puestas, siguiendo la recomendación de utilizar auriculares y el uso indispensable de los dos mandos PlayStation Move, veremos a través de los ojos de Tony Stark, tanto dentro de la armadura como fuera de ella. En las primeras fases, los jugadores aprenderán a dominar los modos de vuelo y de combate para resolver entuertos por todo el planeta en misiones posteriores. Para un fan del personaje, la sensación realista de activar el casco con la aparición de los míticos instrumentos de navegación es realmente emocionante.

Iron Man VR

El jugador contará en todo momento con la asistencia de la inteligencia artificial Friday y Gunsmith, que evitarán la desorientación en las misiones y emularán la experiencia cinematográfica. A los 5 minutos de juego, el usuario domina la mecánica de uso de la armadura y se entrega a la sensación adictiva de volar con el traje metálico.

La banda sonora de Kazuma Jinnouchi (de la serie Ultraman), deudora del estilo creado por Ramin Djawadi y que es ya un sello de identidad del personaje, redondea la experiencia.

El arsenal de armaduras disponibles es personalizable y es posible su configuración añadiendo armamento y cambiando colores, aunque desde el interior se tenga una visión limitada del metal.

Referencias al universo Marvel

Durante el juego podremos encontrar múltiples referencias al universo Marvel, como la mansión de Tony en Malibú, la Torre Stark, la Torre OsCorp (propiedad del uno de los villanos de la saga Spiderman) en Shangay, el primo de Tony Morgan Stark y la mención de otros personajes del sello como Thor, Namor, Máquina de Guerra o Capitana Marvel. Además, como no podría ser de otro modo, Camouflag ha incorporado un tributo al gran Stan Lee, creador del personaje junto a Larry Lieber, Don Heck y Jack Kirby en 1963.

Iron Man VR aprovecha al máximo la tecnología VR de Sony, su jugabilidad y su detallada reconstrucción del universo del superhéroe, lo que podría alzarlo como uno de los títulos indispensables para el sistema de Realidad virtual de Sony.

Iron man VR

Gran éxito de ‘PENÍNSULA: TRAIN TO BUSAN 2’ en su estreno en Asia

Península, película que estrenará A Contracorriente Films en cines españoles en el primer semestre de 2021, ha conseguido grandes resultados en su estreno en la cartelera asiática. A pesar de las medidas de capacidad y de limitación de aforo de las salas, la película ha superado los 13 millones de dólares en la taquilla de Corea del Sur durante los primeros 5 días, recaudación que equivale al 93% del total del Box Office del país. Estrenada en 2.575 pantallas, más de 1,8 millones de espectadores han pasado por las salas coreanas para ver el nuevo trabajo de Yeon Sang-ho.

Además de Corea del Sur, la película se ha estrenado en otros cuatro territorios del continente asiático: Singapur, Malasia, Taiwán y Vietnam. Con las cifras de estos países, la taquilla total de Península, en sus primeros días en cartelera, supera los 20 millones de dólares.

La nueva película del director de Seoul Station, The Fake o Psychokinesis, es la continuación de su exitosa Train to Busan, una de las grandes sensaciones del cine fantástico coreano reciente, y que además se presentó también en el Festival de Cannes en su edición de 2016. Estrenada ese mismo año, la película consiguió más de 11 millones de espectadores en su país, convirtiéndose en el primer film en superar la barrera de los 10 millones de espectadores. Península fue una de las películas elegidas en la selección oficial del Festival de Cannes 2020, y se presentará en la sección Oficial a Competición de la 53 edición del Festival de Sitges.

En esta ocasión, los hechos se sitúan cuatro años después de los acontecimientos narrados en Train to Busan. El virus que desató el caos zombi se ha propagado por la península de Corea, y en un desierto postapocalíptico, un grupo de supervivientes vagan de noche huyendo de los muertos vivientes.

Península cuenta con un reparto formado por Gang Dong-won, Lee Jung-hyun, la joven actriz Lee Re, Kwon Hae-hyo («El día después»), Kim Min-jae y Koo Kyo-hwan.

Crítica internacional

La prensa internacional ha dicho de ella:

«Una película inmensamente emocionante (…) Todo el reparto está excelente»
Screen Daily

«Más grande, más fuerte, más elegante»
Spotv News

«La película tiene escenas de acción sin precedentes»
Sports Chosun
«El mejor blockbuster del 2020»
Media Pen

«El nuevo gigante del universo de Yeon»
eNews24

«Más grande que su predecesora (…) la acción de la película es espléndida»
Osen

‘VOCES’, estreno en cines este viernes 24 de julio

Este viernes 24 de julio llega a las salas de cine Voces, la película de terror clásico de este verano protagonizada por Rodolfo Sancho (El Ministerio del Tiempo), Ana Fernández (Las chicas del cable), Ramón Barea (Todos los saben), Belén Fabra (El Ministerio del tiempo), la actriz ganadora de un Goya Nerea Barros (La Isla Mínima) y el joven actor Lucas Blas.

Voces, es una película escrita por Santiago Díaz, sobre un argumento de Ángel Gómez y Víctor Gado, y producida por Feelgood Media (Juan Moreno y Guillermo Sempere), Kowalski Films (Koldo Zuazua), LaNube (José Carmona y Ana Figueroa) y Estudio V (Arantxa Domingo, Roberto Sanz y el propio Ángel Gómez).

Voces cuenta con la participación de Radio Televisión Española y Canal Sur Televisión, con el apoyo del Ministerio de Cultura ICAA, los derechos internacionales han sido adquiridos por Film Factory, y será distribuida en cines de la mano de Entertainment One.

SINOPSIS DE ‘VOCES’

Daniel (Rodolfo Sancho), Sara (Belén Fabra), y su hijo de 9 años, Eric (Lucas Blás), llegan a la casa en la que pretenden comenzar una nueva vida, sin saber que esa propiedad ha sido conocida desde siempre en los alrededores como “la casa de las voces”. Eric es el primero en advertir que tras cada puerta se ocultan extraños sonidos y se intuyen voces que parece que intentan comunicarse con la familia. Lo que achacan en principio a un producto de la imaginación de Eric se convierte rápidamente en una inquietante realidad también para sus padres.

¿Hay realmente voces en la casa? Y de ser así, ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? Germán (Ramón Barea) y su hija Ruth (Ana Fernández), expertos en psicofonías, acudirán en ayuda de un desesperado Daniel en busca de respuestas.

Crítica: ‘FIRST LOVE’. Melodrama a lo Miike

Takashi Miike es un cineasta todoterreno, con una filmografía que supera las 100 películas y que se caracteriza por el exceso y la violencia, aunque cuando quiere optar por terrenos más clásicos y contemplativos también ha salido triunfal. Obviamente, en una carrera tan extensa podemos encontrar de todo, desde películas magistrales hasta títulos menores y meramente alimenticios. First Love es uno de sus últimos trabajos y se suma a una de las tradiciones más reseñables dentro de la filmografía de Miike, el cine de yakuzas.

De ritmo rápido, escenas ultraviolentas y giros narrativos continuos, se trata de una cinta que responde a la perfección a lo que el espectador solicita de una película de Miike.

Es cierto que tiene trabajos más logrados y originales, pero aquí cumple con nota y ofrece un producto entretenido y ligero al espectador. La curiosidad es que, bajo esa capa de tiroteos, peleas a espada y combates cuerpo a cuerpo, la película, como indica su título, es básicamente una historia de amor entre dos almas atormentadas, cuyas vidas en otras circunstancias no se hubiesen cruzado jamás. En este sentido el componente emocional de los personajes es llevado por Miike al exceso, incluso la parodia. Todo son situaciones límite e histriónicas, con giros y revelaciones más propias de un culebrón y que Miike representa sin medias tintas.

Hay también una saturación de tramas simultáneas y personajes, hasta el punto de que en ocasiones cuesta seguir los hilos narrativos y algunos resulta francamente gratuitos, pero aun así todo suma para que el ritmo no decaiga y el espectador se mantenga en la butaca azuzado a base de estímulos continuos.