En su segunda película como directora, Maggie Gyllenhaal construye un mosaico de referencias, que parten de la figura de Mary Shelley y su obra inmortal Frankenstein, o El Moderno Prometeo, pero que reúne todo un amalgama de referencias cinéfilas, culturales y sociales. ¡La Novia! es una película de poderoso discurso feminista, irreverente, punk y postmoderno, que no duda en disparar a diferentes frentes al mismo tiempo, a la vez que aglutina un heterodoxo conjunto de componentes culturales.

MARY SHELLEY O EL FEMINISMO

A Mary Shelley, el feminismo le vino de cuna. Su madre, Mary Wollstonecraft, fue una escritora y filósofa inglesa que, con su obra Vindicación de los Derechos de la Mujer, estableció en 1792 las bases de lo que sería el feminismo liberal. Autora con 19 años de la obra que le daría fama universal, luchó para que ésta fuera finalmente publicada con su nombre, y no el de su marido, Percy Shelley. No es, por lo tanto, baladí que Maggie Gyllenhaal se haya basado en su obra, sino que además la haya convertido en la verdadera voz revolucionaria dentro de la cabeza de su criatura. El discurso feminista que establece la película es totalmente punk y anarquista, estableciendo de esta manera la cineasta un puente entre la Mary Shelley originaria y movimientos feministas actuales como Pussy Riot.

CHICAGO AÑOS 30

Gyllenhaal traslada la acción al Chicago de los años 30, momento cumbre del crimen organizado en Estados Unidos, con figuras como Al Capone o Lucky Luciano y que, desde la industria de Hollywood, dio lugar al cine gansteril de los años 30. En este sentido, ¡La Novia!, estilísticamente, es una relectura postmoderna de aquellas películas. La trama se desarrolla también en una época donde la crisis económica tras el Crack del 29, provocó la proliferación de forajidos que, a ojos de la gente de la calle, eran aplaudidos como héroes por atracar a aquellos bancos que les quitaban las casas. Así, en la película, esa pareja criminal y en perpetua fuga que conforman la Criatura de Frankenstein (Christian Bale) y La Novia (Jessie Buckley) reencarna el espíritu de Bonnie & Clyde, con claros guiños por parte de Gyllenhaal a la película de Arthur Penn de 1967.

¡La Novia!, de Maggie Gyllenhaal. (c) Warner Bros. Pictures
¡La Novia!, de Maggie Gyllenhaal. (c) Warner Bros. Pictures

TERROR UNIVERSAL

La década de los 30 fue también la época del ciclo de los monstruos clásicos del terror de la Universal, empezando por Drácula y, por supuesto, Frankenstein. Estas películas, junto con el cine de gánsteres, importaron no sólo la estética del expresionismo alemán de los años 20, sino a muchos de sus profesionales que huían de su país tras el auge del nazismo. De aquí, Gyllenhaal recoge sobre todo los juegos de claroscuros y la planificación aberrante, repleta de planos angulosos, para la película. La caracterización de los dos protagonistas bebe también del trabajo de Jack Pierce para La Novia de Frankenstein de James Whale.

DE BUGSY SIEGEL A BUSBY BERKELEY

Otra referencia fundamental en la película vinculada con el cine de los años 30 es el musical. En este caso, con una escena en particular a ritmo de “Puttin’on the Ritz”, tema de Irving Berlin, asociada en aquella década con Fred Astaire, pero que también tiene un vínculo con la obra de Mary Shelley gracias a El Jovencito Frankenstein de Mel Brooks.

Lo cierto es que, sin ser un musical, ¡La Novia! tiene alma de musical. No sólo por sus guiños a los musicales de Busby Berkeley, sino también porque su estética y su tono nos retrotraen a musicales irreverentes y de naturaleza punk y contestataria, como Rocky Horror Picture Show o El Fantasma del Paraíso.

Hasta la partitura musical de Hildur Guðnadóttir es más roquera de lo habitual en la compositora islandesa. En este sentido, la película nos parece emparentada con las dos entregas de Joker de Todd Phillips (no casualmente con partituras también de Guðnadóttir), pero desde una perspectiva feminista. Otra película no musical, pero sí, con la que podemos emparentar a ¡La Novia! es Cruella, con la que sí comparte espíritu feminista punk y anarquista.

METAFICCIÓN

El cine dentro del cine se vertebra a lo largo de la película. La fascinación de la criatura por el cine y por el actor Ronnie Reed, interpretado por Jake Gyllenhaal, y que nos recuerda a estrellas del Hollywood dorado como Gary Cooper, convierte la realidad de la película en algo permeable, donde realidad, ficción cinematográfica y la propia mente distorsionada de los dos protagonistas se entremezcla. De pronto, toda esa referencialidad que venimos comentando de la película adquiere una justificación dentro de ese estado enajenado que mueve a los personajes y donde la percepción de la realidad muta por su cercanía con el cine.

EL CUERPO DECONSTRUIDO

Con todo esto, ¡La Novia!, como película, se transforma en su propia criatura de Frankenstein, construida a partir de múltiples retazos cosidos unos a otros. La puesta en escena de Gyllenhaal bebe de todo esto. No es un discurso único, sino que, en su búsqueda de la identidad de la protagonista, hace una construcción de su propia identidad como obra artística donde el conjunto no forma un todo, sino un pastiche de ideas y formas heterodoxas.

Estéticamente, la fotografía y el diseño artístico apuntan a una relectura postmoderna de todos esos componentes clásicos que hemos comentado. Sin ser una fotografía expresionista, sí juega mucho con los colores apagados y el contraste de los claroscuros. Toda la caracterización de los personajes (vestuario, maquillaje, peluquería) también nace de la sociedad y del cine de los años 30, pero actualizada a una mirada postmoderna que busca romper la perfección estilística de la época para representar mejor la psicología estriada de los protagonistas.

¡La Novia!, de Maggie Gyllenhaal. (c) Warner Bros. Pictures
¡La Novia!, de Maggie Gyllenhaal. (c) Warner Bros. Pictures

IMPERFECTO POR EXCESO

Como hemos visto, no podemos decir que ¡La Novia! sea una película vacía de contenido, todo lo contrario; sin embargo, tampoco podemos decir que esa multiplicidad de componentes acabe siendo algo cohesionado y coherente. Particularmente, hay elementos de la película que nos parece que no funcionan y que lastran la trama principal, como la subtrama de los dos detectives, o la persecución mafiosa. Son dos tramas que suman en el discurso feminista (el techo de cristal y la explotación sexual), pero que, en nuestra opinión, no terminan de cuajar en el conjunto y que nos distraen de la trama principal. Es cierto que Gyllenhaal se ha apresurado a comentar que ese no es su montaje y que hay varias concesiones a las recomendaciones del estudio.

A falta de ver un director’s cut, ¡La Novia! nos parece una película muy ambiciosa, inteligente, que aglutina muchos componentes. Aunque no todos ellos funcionan como deberían y la impresión final es de obra irregular, no podemos menos que alabar que esa imperfección sea por exceso de ideas y no por carencia de ellas.