A veces, una película nos puede resultar mejor o peor en base a lo que esperamos de ella y no por lo que realmente es. Nuestra impresión de Verity: La Sombra de un Engaño es un ejemplo de ello. Las novelas de Colleen Hoover abundan en historias de amor conflictivas, con personajes con traumas ocultos del pasado que desembocan en relaciones tóxicas, pero que, gracias a la fe en el amor, son capaces de recomponerse y (citando el título de una de estas novelas) romper el círculo. Sin embargo, Verity, la sombra del engaño, publicada en 2018, es una rara avis dentro de su producción literaria. Con trama criminal de fondo, resulta una historia mucho más perversa y oscura.

Una adaptación fiel, pero plana

Por lo general, libro y película se ajustan a la etiqueta de thriller de suspense con cierta carga de erotismo y, como adaptación cinematográfica, podemos decir que Verity: La Sombra de un Engaño es una traslación fiel de la página a la pantalla; con sus licencias y modificaciones, sí, pero leal a las intenciones de la escritora. Dicho esto, quien haya leído el libro se va a encontrar con una película cuidada, con buena fotografía, un elegante diseño de producción, con una puesta en escena que no desentona y un trío de actores que cumplen con las necesidades de sus personajes y con lo que estos representan. Evidentemente, a ese nivel de lectura, nada que objetar a la película, aunque el resultado sea plano, cargado de tópicos y escasa ambición.

Un potencial desaprovechado

Nuestros inconvenientes comienzan cuando a esa misma trama le vemos un mayor potencial. Por hacer un símil literario, qué diferente hubiese sido esta historia si en lugar de venir firmada por Colleen Hoover, la hubiese firmado Delphine de Vigan. Esa trama de robo de identidad necesitaba un mayor desarrollo. Lowen Ashleigh encuentra en Verity Crawford su yo exitosa. Autora de bestsellers, con una casa ideal, con un marido atractivo y atento, es todo lo que ella desea y aspira a parasitar esa vida. Echamos en falta una mayor transición de la una a la otra y un mayor juego psicológico con ese desdoblamiento. Tampoco se profundiza en el juego metafictivo sobre qué es realidad y qué ficción literaria. El erotismo está forzado y apenas se saca partido al homoerotismo entre los dos personajes femeninos, o a las fantasías de una con la otra.

Interpretaciones desiguales

Esta falta de profundidad afecta también a las interpretaciones. Dakota Johnson parece aquí sentenciada a reproducir los clichés explotados ya en la saga de 50 Sombras de Grey y Anne Hathaway queda desaprovechada como Verity (qué diferente calado esta interpretación y la de Mother Mary, sin estar muy lejos un personaje del otro). Sólo Josh Hartnett cumple con nota. Si bien su personaje es tan o más plano que los roles femeninos, a lo largo de la película logra desplegar una presencia, un carisma y una construcción de suspense de lo más seductora y siniestra.

Verity: La Sombra de un Engaño tenía los ingredientes para ser una película compleja, llena de aristas y dobles lecturas, pero se queda en una variante de trazo fino de aquella adaptación de La Asistenta que pudimos ver hace escasos meses.