Cuando en 2022 se estrenó Fall todo apuntaba a ser una película de escasos medios y pobres resultados (rodada en pleno COVID para más INRI), de argumento absurdo e inverosímil y nula trascendencia. Es cierto que no fue una película revolucionaria, pero gracias a su sentido de la artesanía y el vértigo sí resultó una pequeña sorpresa inesperada. Ahora nos ha llegado una segunda parte que busca repetir la fórmula y ampliar el espectro.

La primera entrega vino firmada por Scott Mann, director de títulos directos a formato doméstico, por lo general apoyados en la presencia de algún rostro estelar como Robert De Niro o Pierce Brosnan. Empleando trucajes tan antiguos como el cine, con la primera entrega logró dar a la puesta en escena un uso de la perspectiva y la sensación de altura verdaderamente convincente. Aunque trucara la perspectiva, la película evitó el uso de pantalla verde o decorados digitales en favor de localizaciones reales y aquello fue el gran acierto de la película.

Dirigida por los hermanos Michael y Peter Spierig

Fall 2: Deadline viene firmada por los hermanos Spierig, con títulos en su haber afortunados como Daybreakers o Predestination y otros aberrantes como Saw VIII. La trama traslada la acción de una torre de comunicaciones a 600 metros del suelo al monte Kwan en Tailandia (ficticia imitación del monte Hua en China) a 1500 metros de altura. Las razones por las que las dos protagonistas escalan la montaña son tan absurdas e inverosímiles o más que en la primera película. El intento de trasfondo psicológico y desarrollo de personajes es inane. Tampoco es que las interpretaciones de Harriet Slater y Arsema Thomas, o un muy secundario Tom Brittney ayuden a dar más peso a la trama.

Es cierto que quien se acerque a la película, habiendo visto o no previamente la película anterior, no busca personajes complejos o una trama sorprendente. Busca vértigo y emoción. Y ahí es donde la película comete los errores que inteligentemente supo evadir la cinta original. Aquí los hermanos Spierig sí recurren a fondos digitales y decorados. Es cierto que para ayudar a las actrices y para jugar con la cámara, se contó con una plataforma a 14 metros del suelo; sin embargo, la película pierde la sensación de realismo y altura que tenía la primera entrega. En todo momento tenemos presente la sensación de estar viendo un decorado con pantalla verde de fondo, por lo que la impresión de riesgo es nula. Sin más asidero al que agarrarse, la experiencia de ver la película es totalmente decepcionante y hace realidad las bajas expectativas que Fall logró evitar en 2022.

Fall 2: Deadpoint es, por lo tanto, una película artificiosa, que convierte en cartón piedra digital los aspectos más positivos de su predecesora, fracasando a la hora de cumplir las expectativas ganadas.

Fall 2: Deadpoint
Fall 2: Deadpoint