El nombre de David Koepp, cinematográficamente, lo tenemos muy vinculado con Steven Spielberg, con el que ha trabajado de manera regular desde que coincidieron por primera vez con la adaptación de Parque Jurásico. Sin embargo, en su filmografía también destacan colaboraciones con cineastas como Brian De Palma, Robert Zemeckis, Ron Howard, Sam Raimi o Steven Soderbergh. En este sentido, con el paso de los años se ha ganado un puesto en Hollywood como guionista eficaz, autor de los libretos de películas que han tenido un notable recorrido en taquilla y que, por lo general, no chirrían en la parte literaria.
Es también un buen trabajador en equipo, en el sentido de que se adapta a cada proyecto, no tiene ínfulas de artista y suele aportar buenas soluciones creativas. Sus propios proyectos como director predican precisamente esto, buen ambiente de rodaje y un espíritu más artesanal que experimental. Bajo Cero fue el título que recibió en España su debut como novelista en 2019, una obra de corte fantástico, con espíritu muy de serie B, de lectura sencilla, pero ágil y adictiva. Esto precisamente es lo que podemos encontrar en su adaptación a pantalla grande con Turno de Noche.
DE LA NOVELA A LA PELÍCULA
Es curioso que la adaptación de esa primera novela del guionista fetiche de Steven Spielberg, quienes juntos estrenan este año una de las películas de ciencia ficción más esperadas, El Día de la Revelación, llegue de la mano de una producción tan modesta (10 millones de dólares). También es cierto que Koepp como director también juega lejos de las grandes ligas donde se desenvuelve habitualmente como guionista. Tampoco es que esta historia requiera un mayor presupuesto y es posible que, de haberlo tenido, seguramente nuestro comentario crítico sería menos positivo. Al fin y al cabo, se trata de una película que es un guiño a la serie B de los años 50 y 60 y estilísticamente se apoya en ese valor anacrónico.
MENOS ES MÁS
Turno de Noche es una película sencilla, que va directa al grano, con personajes estereotipados, pero bien construidos, y cuya acción no requiere de un gran desarrollo, sino una buena narrativa que sepa sacar el partido correcto a los ingredientes de la historia. Todo el trabajo de Koepp como adaptador de su propia obra y del director Jonny Campbell es mantener el equilibrio exacto entre todos los elementos de la película. La trama es atractiva, pero simple; los personajes resultan divertidos y coloridos; la acción no se magnifica, sino que se mantiene a pequeña escala; y el apartado de visibilización de los componentes fantásticos se apoya más en elementos artesanos que en un gran despliegue de efectos visuales.
Sin apostar por ampulosos componentes de producción, ni buscar ser especialmente originales con la propuesta, la película funciona por su sano equilibrio entre lo fantástico, la acción, el humor y lo cotidiano. El metraje es de unos ajustados 99 minutos y el trabajo de montaje de Billy Sneddon sabe mantener un espléndido ritmo narrativo, sin perder la atención del espectador, pero sin precipitar acontecimientos.
LA VIEJA ESCUELA
Todo esto da al conjunto un encanto particular y ofrece al espectador un entretenimiento modesto, sin grandes pretensiones, pero bien facturado. Afortunadamente, aún quedan producciones conscientes de que no hace falta inflar la puesta en escena de la película ad nauseam en la búsqueda de un espectáculo desbordante pero vacío y que, con las cantidades justas de habilidad cinematográfica, se puede entregar una película digna y divertida.
Joe Keery (Stranger Things), Georgina Campbell (Barbarian) y Liam Neeson (Agárralo como puedas) protagonizan esta película de acción con toques de comedia y sci-fi.









