Con La Silla el director y guionista Ángel de la Cruz ha querido probar un nuevo cambio de rumbo en su filmografía. Procedente del terreno de la animación, donde fue co-director junto con Manolo Gómez de El Bosque Animado (2001) o El Sueño de una Noche de San Juan (2005) y guionista, por ejemplo, de dos adaptaciones de cómics de Paco Roca, Arrugas y Memorias de un Hombre en Pijama, también se ha desenvuelto en el terreno de la comedia con Los Muertos Van Deprisa, No Hay más Remedio o Mañana no te Olvides. Ahora prueba fortuna en el terreno del terror, con una trama que busca generar angustia y claustrofobia en el espectador, sirviendo además de homenaje a todo un clásico de la literatura de género.

EL MAESTRO

Desde el principio, La Silla se presenta como un tributo a la literatura de Stephen King, no sólo por los continuos guiños a sus novelas, sino también porque muchos de los elementos de la trama recuerdan o forman parte de los tropos narrativos recurrentes en su obra. El hecho de que el protagonista, interpretado por Jaime Lorente, sea un escritor de novelas de terror es algo habitual en las historias del novelista de Maine; que se pase la mayor parte de la película inmovilizado nos recuerda a títulos como Misery o El Juego de Gerald. La forma en la que De la Cruz pretende ir generando un crescendo narrativo a partir de una excusa argumental mínima, es otro de los tours de force reconocibles de King. Desgraciadamente, conocer el corpus literario del maestro no te valida para ser un buen imitador.

EL JUEGO DE LA SILLA

Aunque participan diferentes personajes secundarios que entran y salen de la trama a conveniencia, La Silla es una película pensada como un one-man-show, donde Jaime Lorente tiene ante sí el reto no sólo de llevar el peso completo de la película, sino un papel que exige una gran demanda física por parte del actor. En este sentido, Lorente pone toda la carne en el asador. Las limitaciones de movimiento de su personaje imponen un juego actoral basado en el lenguaje corporal. El principal problema es que, dramáticamente, todas estas limitaciones de movimiento, la tortura física que supone la historia, vienen determinadas por otros elementos donde la psicología del personaje, su carga moral y su relación con el resto de los personajes van a suponer un mayor peso que las ligaduras a la silla y ahí es donde falla el guion de Ángel de la Cruz.

La Silla, de Ángel de la Cruz
La Silla, de Ángel de la Cruz

ESPACIO CERRADO

Hay que reconocer que el reto que se marca el director y guionista no es sencillo. Desarrollar toda una trama, cada vez más intensa y claustrofóbica, a partir de un componente anecdótico, prolongarla en el tiempo hasta alcanzar la duración estándar de un largometraje y que el ritmo narrativo no decaiga requiere de una gran habilidad. Habilidad que Ángel de la Cruz aquí no demuestra. El principal reto para este tipo de tramas es no caer en lo inverosímil o lo ridículo para mantener la atención del espectador, pero La Silla fracasa en ambos propósitos. Tras un prólogo bien narrado y contenido, con una cuidada puesta en escena, la película logra ese efecto en espiral buscado, pero no en el sentido deseado. A medida que la película avanza, resulta más absurda, grotesca y bochornosa.

La continua aparición de elementos que podrían facilitar la liberación del personaje, pero que acaban naufragando, busca generar pequeñas set pieces de tensión donde el espectador empatice con la frustración del protagonista para poder pedir ayuda. Sin embargo, éstas resultan mal ejecutadas, ridículamente alargadas y, en muchos casos, narrativamente incongruentes, coronando en un encadenado de resoluciones cochambrosas e incoherentes con las que el director cierra la trama.

LA FINA LÍNEA

La separación entre el terror y el ridículo puede ser una línea fina y mucho nos tememos que en esta propuesta de Ángel de la Cruz todo ha pendulado más hace lo segundo que lo primero. Las buenas intenciones están ahí y el trabajo esforzado del actor protagonista, pero lamentablemente, una vez se trasgrede esa leve separación es muy difícil regresar a Tierra Prometida. La Silla se la juega a una sola carta y sale perdiendo de manera rotunda.