Dentro de los valores tradicionales de nuestra sociedad, la figura materna es el bien absoluto. Partiendo del modelo de la Virgen María, pero, antropológicamente, desde mucho más atrás, las madres representan el amor y la bondad, el cuidado y el sacrificio, la protección y la seguridad. Con La Otra Madre, el director Rob Savage, junto con los guionistas Nathan Elston y Josh Malerman, ha buscado romper algunos de los patrones de esta representación de la maternidad.

COSAS DE MADRES

No es la primera vez que la actriz Jessica Chastain se enfrenta en la ficción a una figura materna demoníaca. En 2013, bajo las órdenes de Andrés Muschietti, ya rodó Mamá (con un caracterizado Javier Botet); sin embargo, en esta ocasión ella misma se tiene que desdoblar para ambos roles. Todo para hablar de la desintegración de una familia de clase media estadounidense. Hay un claro discurso conservador, donde, ante la distante y poco afectiva figura materna de la Primera Mami, tenemos el rol más cariñoso y lúdico de la Otra Mami, aunque también más agresivo y absorbente. Todo para reforzar una moraleja final en favor de la unión familiar.

La figura sobrenatural se convierte así en una desnaturalización grotesca de la idealización de la figura materna, esculpida a partir de los miedos de la niña como testigo de la destrucción de su familia. Podríamos ver aquí una interpretación psicoanalítica, una proyección fantasmal de los temores y ansiedades de una niña de 8 años, que no sabe interpretar adecuadamente las evidencias de la relación de sus progenitores; sin embargo, la película prefiere saltarse esa parte e ir desde un primer momento a la parte de terror.

EL TERROR

La película se convierte rápidamente en una sucesión de set pieces, con la participación de la criatura en diferentes localizaciones (la casa familiar, un parque de bolas, un parking de centro comercial). Hay homenajes a clásicos de terror como Poltergeist. La puesta en escena de Savage es dinámica y efectista, por lo general más llevada por el espectáculo que por las necesidades narrativas. También es cierto que esa sensación invade todos los elementos de la película, partiendo de un guion que aprovecha la falta de definición de las características de la criatura para desdibujar las limitaciones del mundo físico en el que viven los personajes.

REFLEJO VACÍO

La Otra Madre se salda como una película dispersa, a la que le falta definir las reglas del juego que nos propone, y eso genera la sensación de que la trama se puede alargar sine die, mientras al director le apetezca seguir integrando set piece tras set piece. Al igual que la Otra Mami, la apariencia simula la de una película, pero mientras la estás viendo percibes que sólo se trata de una imitación vacía.