Entrevista a J. D. Álvarez, autor de «FANTASMAS DE KENSINGTON»

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J.D. Álvarez (Madrid, 1974) ha publicado en España la novela El comedor de barro (1997), el poemario Nicotina (2005), el libro de entrevistas a la fotógrafa Ouka Leele, Esa luz cuando justo da el sol (2006), y diferentes relatos y poemas en las antologías Lo del amor es un cuento (1999), Aldea poética II (2000), Tic-tac, cuentos y poemas contra el tiempo (2007), La Revista de La escuela de Letras de Madrid y Maratón de escritores (2011).

En Bulgaria, ha publicado numerosos poemas en los periódicos literarios La palabra y Kil, así como el relato El tiempo y la guerra en la antología de ciencia ficción Terra Fantástica, además del poemario Nicotina, y la novela Fantasmas de Kensington (2011). Actualmente ejerce como editor de Neverland Ediciones.

¿Quién fue Peter Llewelyn Davies y quién es en Fantasmas de Kensington? ¿Con qué clase de personajes comparte protagonismo en tu novela? ¿Puedes hablarnos de los símbolos que los lectores se pueden encontrar en el libro?

Si Peter Llewelyn Davies fue quien dio nombre a Peter Pan -aunque la personalidad de Peter Pan estuviera construida a partir de las personalidades de sus otros hermanos, Michael y George- Marcus Crow, el herrero manco, viene a ser Garfio. Tal y como comenta muy acertadamente Silvia Herreros de Tejada en el epílogo de mi novela, Peter y Marcus, como Peter y Garfio (Hook) no se gustan… pero se comprenden. Tanto es así, que la existencia de uno sin el otro sería incompleta. Son dos caras de una misma moneda.
En cuanto a Peter Llewelyn Davis, continuando con él para que se comprenda mejor al personaje, J.M. Barrie cometió un grave error con el testamento que dejó Silvia Llewelyn. Barrie, además de escritor, realizaba labores de copista y era ambidiestro. Con una mano escribía literatura y con la otra copiaba escritos. Era así de raro. Y mientras copiaba el testamento de Silvia Llewelyn, cambió el nombre de Jenny (hermana de la criada de la familia) por Jimmy, tal y como a él le llamaban entonces. Según el testamento, Silvia decía: “Me gustaría que Jenny cuidara de los niños”. Así, Barrie trascribió “Me gustaría que Jimmy cuidara de los niños” y terminó tutelando a los 5 Llewelyn Davies por un error, por una errata, y a día de hoy no queda claro si fue provocado por él o si fue algo inconsciente. Desde ese momento Peter Llewelyn creció con un padre postizo, J.M. Barrie, y aunque el escritor lo sacó adelante durante la infancia y adolescencia, tanto a él como a sus hermanos, el niño Peter, tras alcanzar la madurez, rompió lazos con Barrie porque sencillamente no le soportaba, del mismo modo que Barrie aborreció a sus otros hermanos también. Es más, ni siquiera les dejó testamento y los derechos de autor de toda la obra referida al personaje de «Peter Pan» pasaron a ser de la autoría del Great Ormond Hospital. Algo incomprensible y carente de moral y tacto.

En cuanto a la simbología en la novela, algo crucial para mí, te comentaré algunos ejemplos muy relacionados con el personaje de Peter Llewelyn Davies.
Los niños muertos de Fantasmas de Kensington, queda claro que son los niños perdidos de “Peter y Wendy”. 
Brechin Road, donde se ubica el burdel de Kirriemuir, es el nombre de la calle donde vivió J.M. Barrie de niño con su familia en la vida real, y por supuesto, Kirriemuir es el pueblo donde Barrie nace en Escocia.

Little White Bird, el nombre del pueblo donde se refugia el protagonista, Peter Llewelyn Davies, es en realidad el título del primer cuento donde aparece Peter Pan, una especie de niño–pájaro (como se ve en “Peter Pan en los Jardines de Kengsinton”) y ese pajarillo muerto que aparece en la ventana de Marcus es en realidad el propio Peter, que ha decidido matar al mito de Peter Pan para ser libre. Es su último vuelo, Little White Bird; y ese último vuelo es la muerte.
1860 es la fecha en la que se construyó el caserón que compra Peter, el protagonista, en The Little White Bird, un caserón que parece no haber envejecido, como le sucedía a Barrie, quien siempre era joven a pesar el transcurso de los años. 1860 es la fecha en la que nació J.M. Barrie. Es curioso, parece que Peter Llewelyn Davies se suicidó el mismo año que nació su tutor tal vez con la intención de acabar con el mito de Peter Pan, como si se tratara de una venganza personal. Nunca se ha hablado de esto en los estudios sobre la figura de J.M. Barrie, pero merece la pena mencionarlo.

Quisiera destacar un fragmento de  Fantasmas de Kensington:

–Veré qué se puede hacer –dijo Marcus terminando el último trago–. Sin embargo, no entiendo cómo un hombre de ciudad como usted es capaz de atreverse a vivir aquí. Si yo tuviera la posibilidad, mañana mismo pondría rumbo lejos de este apestoso sitio, pero es algo que todavía no puedo llevar a cabo… aunque, por otro lado, como único deseo sería una mierda, así que lo justo sería pedir dos. En otra parte todo sería distinto.
–¿Y quién se lo asegura?
–Sólo sé que lo sé.

En esta parte, hay una alusión al momento en el que Peter Pan, dentro de “Peter Pan en los Jardines de Kensington”, siendo un niño–pájaro, habla con las hadas de la isla de los pájaros y ellas le preguntan qué dos cosas desearía. Luego él vuela hasta la casa de madre al ser concedidos sus deseos y descubre que otro niño ocupa su lugar, por lo que decide desde ese momento decide no crecer y más tarde crear la Isla de Nunca Jamás, una especie de paraíso para los muertos, lo cual siempre ha dejado en entredicho si realmente Peter Pan vive en una isla o si más bien está muerto y es una espacie de fantasma. Durante toda la novela juego con este concepto continuamente.

En cuanto a Marcus, el antagonista de Fantasmas de Kensington tiene el salón lleno de relojes. Está obsesionado por el paso del tiempo (como Garfio, a quien persigue el cocodrilo con un reloj en las tripas). La gran frase que caracteriza a Marcus es: “el tiempo apremia”, por tanto, no es gratuita ni casual, como casi nada de lo que ocurre en esta novela que presento.

¿Cómo se estructura la obra y a qué público va dirigida?

La estructura de la novela está construida como una fábula de pies a cabeza, es decir, terminológicamente Fantasmas de Kensington sería un relato falso, una ficción en la que se encubre una verdad; una ficción, a su vez, repleta de alegorías que consisten en patentizar en el discurso, por medio de metáforas consecutivas, un sentido recto y otro figurado, a fin de dar a entender una cosa expresada por otra distinta. En definitiva, si literariamente tuviera que definir Fantasmas de Kensington, diría que no es otra cosa que una fábula barriniana y peterpaniana, repleta de distintas alegorías que hacen continua referencia a la vida y obra tanto de J.M. Barrie como de Peter Llewelyn Davis. En la novela, continuando con la estructura, hay una parte crucial, la referida a la nieve como símbolo y efecto literario. Creo que a partir de ese momento hay un antes y un después en la trama que de algún modo anticipa cosas al lector. Hay una gran nevada en el pueblo, The Little White Bird, casi una glaciación. Silvia Llewelyn, madre de Peter Llewelyn, fue amiga del explorador Robert Falcon Scott, con quien paseó por los Jardines de Kensington antes de que él muriera en su segunda expedición a la Antártida. De ahí cierta relación inconsciente por mi parte con la gran nevada que aparece en Fantasmas de Kensington. La nevada siempre ha simbolizado la muerte o la llegada de la muerte, dentro de la literatura.

En mi novela es algo así como una nevada en el infierno. Peter cierra todas las persianas de la casa, recordando a su madre de nuevo: Silvia Llewelyn cerró todas las persianas de la casa cuando supo que iba a morir de cáncer para apartarse del mundo y de sus hijos, no quería que nadie la viera en ese estado, en esas condiciones de degeneración física. Peter, con sus fantasmas del pasado, hace lo mismo. Cierra para siempre las ventanas al mundo. Entonces la sombra le explica la situación. Pero antes Peter dice en voz alta, para sí, hablando solo:

―“Estoy casi convencido… de haberla visto… Todo lo que recuerdo… es como estar soñando, en una nube, mirando desde arriba, por unos segundos, confundido, infeliz, asustado, viendo y al mismo tiempo sin ver esos rasgos pálidos y sin vida para después huir hacia algún limbo perdido en algún rincón distante de la casa”.

Estas palabras son literales. Las pronunció Peter Llewelyn Davies, en el velatorio de su madre, Silvia. En mi novela se atribuyen o sirven como referencia para describir a la sombra y la situación de Peter en un momento determinante en Fantasmas de Kensington. El público al que iría dirigido sería a partir de 17 años.

¿Por qué este homenaje a Peter Pan y a su creador? ¿De dónde viene tu pasión por esta figura?

Mientras preparábamos la edición de Peter Pan. La obra completa, tarea que llevó 4 años de elaboración hasta la distribución del libro, fue necesario un estudio exhaustivo no solo de los textos que conformarían la recopilación, sino de la trayectoria vital de J.M. Barrie. De este modo fui descubriendo una serie de anécdotas sobre el escritor que me llevaron a su vez a otras curiosidades y poco a poco fui desentramando el aterrador origen y construcción de Peter Pan por parte de J.M. Barrie, nada que ver con la imagen edulcorada de Disney. Barrie, como persona, me resultó fascinante. Así empezó a germinar la idea de escribir una novela cuyo título tenía claro desde el primer momento y me marché a Londres con la finalidad de hacer un recorrido por los Jardines de Kensington, el Great Ormond Street Hospital al que Barrie donó los derechos de autor de su novela, la casa donde escribió Peter y Wendy situada en Gloucester Road y el Metro de Sloane Square donde se suicidó Peter Llewleyn Davies.

Buscando ediciones originales de su biografía y obra, encontré por casualidad en una librería de viejo cerca de Gloucester Road la biografía de Barrie The man behind the image, de Janet Dunbar, con recortes de periódicos de la época que hablaban de la mencionada biografía, escondidos dentro del libro. Fue como un acto de magia, de hecho, los tengo enmarcados en mi estudio. A partir de ahí todo cambió y la lectura de aquella biografía me hizo ver a un J.M. Barrie diferente, un hombre apocado, oscuro, retraído e infantil que sin duda reconstruyó la infancia de los niños huérfanos a los que decidió tutelar, los Llewelyn Davies, pero que también casi los destruyó cuando decidieron crecer, madurar y hacerse hombres para deshacerse de ese espectro de nombre Peter Pan que durante tantos años los persiguió. Así nació Fantasmas de Kensington.

Aparte del universo de J.M. Barrie, ¿qué otras referencias literarias, cinematográficas o culturales crees que han podido reflejarse en tu libro?

Referencias literarias y cinematográficas hay cientos a lo largo de todo el libro. Desde el cine de Tim Burton o Hitchcock, hasta la poesía de la generación beat americana, los relatos de Ambrose Bierce y un larguísimo etc. Creo que el lado oscuro de una gran parte del cine y la literatura que ha pasado por mis manos a lo largo de los años, quedan patentes.

¿Cuáles son tus próximos proyectos como escritor?

Estoy escribiendo una nueva novela que se desarrolla igualmente en Escocia, no te puedo decir nada para no desvelarlo, pero sí te puedo adelantar que Fantasmas de Kensington será el primer libro de lo que yo llamo «la trilogía escocesa», con temas muy diferentes, pero con dos nexos comunes: la oscuridad y la muerte.