REPORTAJE: SUPERMAN. CREERÁS QUE UN HOMBRE PUEDE VOLAR

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Hoy en día estamos ya acostumbrados a que los personajes del cómic salten de la página de papel a la gran pantalla con relativa normalidad, y con resultados que, en algunos casos, han sido realmente aplaudidas. Una película como El Caballero Oscuro, basada en el personaje de cómic Batman, se convirtió no sólo en un gran éxito comercial, sino en una cinta aclamada por el público y la crítica como una de las mejores del año. Sin embargo, hace 35 años esto no era así. El cómic era entendido como un medio menor, dirigido a un público infantil, y sus historias y personajes por lo tanto no podían más que ser llevados al cine de manera paródica o muy infantilizada. Fue en esta época, en 1977, que se estrenó Superman, la película que vino a cambiar la concepción que del noveno arte tenía el cine y gran parte del público.
[dcs_img width=”212″ height=”300″ thumb=”true” framed=”black” mleft=”15″ author=”” desc=”Action Comics nº1″ lightbox=”true” icon=”zoom” title=”Action Comics nº1″ pos=”right” mright=”15″]https://tumbaabierta.com/wp-content/uploads/2011/06/tumbaabierta_superman_action_comic_n1.jpg[/dcs_img]
Superman hizo su primera aparición en la revista Action Comics N°1 en abril de 1938, presentando al que sería el primer héroe con habilidades sobrehumanas, y padre por lo tanto de todos los superhéroes que llegaron a continuación. Sus creadores, Joe Shuster y Jerry Siegel, se inspiraron en diferentes personajes mitológicos, como Hércules, así como héroes salidos de la literatura Pulp. El personaje fue un hito inmediato, conquistando a miles de lectores y pronto convirtiéndose en un verdadero icono cultural. Varios fueron los intentos de llevar el personaje tanto al cine como a la televisión. La serie de animación realizada por Max Fleisher en los años 40 y la de imagen real protagonizada por George Reeves en los 50 contaron con una excelente acogida, especialmente por parte del público infantil. Sin embargo, cuando a mediados de los 70 los productores Ilya y Alexander Salkind se atrevieron a sacar adelante el proyecto de una superproducción sobre el personaje, en seguida vieron la necesidad de hacer algo que realmente hiciera justicia a la leyenda del personaje y a su valor en nuestra cultura occidental. Para ello lo principal era dar legitimidad al proyecto, construyéndolo a partir de la presencia de un grupo de artistas que no sólo dieran un peso comercial a la producción, sino que, al mismo tiempo, aportaran un status artístico.

El primer paso de los productores fue conseguir un guionista de peso que se encargara de dar una credibilidad literaria a la obra. Tras tantear algunos nombres, consiguieron involucrar a Mario Puzo, quien en aquel momento ya se había convertido en uno de los guionistas más prestigiosos gracias a su libreto para El Padrino. Los Salkind y Puzo idearon un proyecto épico, de grandes dimisiones, que esperaban poder desarrollar, no en una, sino en dos películas que se rodarían de manera simultánea. Esta historia repasaba toda la historia del origen del personaje. Desde su huida de Krypton siendo un bebé, pasando por su llegada a Smallville donde sería criado por el matrimonio Kent como si fuera un ser humano normal, hasta su llegada a Metropolis, donde debía enfrentarse a sus primeros retos como superhéroe, incluyendo el enfrentamiento con tres villanos supervivientes de Krypton.

Ya con un guión en la mano, los productores empezaron la búsqueda de grandes actores que ayudaran a conseguir la financiación de la película. De manera proverbial consiguieron convencer a Marlon Brando para que interpretara a Jor-El, el padre del héroe. Eso sí, Brando a cambio supo negociar para sí el mayor salario pagado hasta entonces a un actor, 3.7 millones de dólares más un 10% de la recaudación por tan sólo 13 días de trabajo. La entrada de Brando fue determinante para que Gene Hackman, en aquel entonces ya un actor de excelente reputación gracias a sus papeles en títulos como French ConnectionLa Aventura del Poseidón, aceptara también el papel del villano, Lex Luthor.

Ya con estos cabos atados el siguiente paso era conseguir un director que estuviera a la altura. El primer director contratado fue Guy Hamilton, reputado director británico, autor de algunos títulos de James Bond, como GoldfingerDiamantes para la Eternidad o El Hombre de la Pistola de Oro. Hamilton solicitó una reescritura del guión, para lo que se contrató a los guionistas David Newman, Leslie Newman y Robert Benton, y se inició la producción de la película en los estudios Cinecittá. El escándalo creado en Italia con motivo del estreno de El Último Tango en París hizo inviable que Brando pudiera rodar allí sus escenas, por lo que la producción se trasladó a Londres, a los famosos estudios Pinewood, donde se encontraba el famoso plató de 007, uno de los más grandes de la época. Sin embargo, este cambio originó un nuevo inconveniente, ya que Hamilton no podía pasar más de 60 días en el país debido a sus problemas con Hacienda. Los Salkind prescindieron en ese momento del director, derivando a un joven realizador llamado Richard Donner, quien acababa de triunfar gracias a la estreno de su película La Profecía.

Donner vio inmediatamente el potencial del proyecto y se aseguró de que, ante todo, la película que surgiera de ahí no fuera un producto fantasioso por el mero hecho de estar basado en un cómic. Su intención era que la película irradiara verosimilitud y que el público fuera capaz de creerse los personajes, la historia y sobre todo, que un hombre pudiera volar. Con la ayuda del guionista Tom Makiewicz se encargó de eliminar del guión todo aquello que pudiera resultar chocante o paródico, empeñándose además en potenciar el papel de la historia de amor entre Superman y Lois Lane en la película.

La búsqueda del Superman perfecto fue titánica. Se tantearon todos los actores habidos y por haber en Hollywood, incluso a algunos actores no profesionales que pudieran dar el perfil. Nombres como Robert Redford, Paul Newman, Al Pacino, o Clint Eastwood recibieron una oferta para ponerse los leotardos azules y rojos, hasta que al final apareció de manera casi milagrosa Christopher Reeve. Reeve era un actor desconocido, rubio y escuálido, que, sin embargo, irradiaba esa honestidad y simpatía que eran la esencia inmutable del personaje. Donner logró convencer a los productores que ahí se encontraba el verdadero Superman y el actor empezó un intenso periodo de trabajo para ponerse en forma. Posteriormente Reeve demostró haber sido la elección perfecta, al tratarse de un actor que se tomó en serio su papel, no sólo por la oportunidad que suponía para su carrera, sino también por el respeto que tenía hacia su figura como icono cultural. Para el papel de Lois Lane también fue necesaria una búsqueda exhaustiva, y nuevamente el papel fue a manos de Margot Kidder, una actriz desconocida que consiguió convencer a Donner gracias a su desparpajo y a la tremenda química que irradiaba en pantalla junto a Christopher Reeve.

Para el resto del reparto se buscaron diferentes actores tanto americanos como británicos que siguieran manteniendo ese tono de prestigio a la obra, así se contrató a Glenn Ford para interpretar a Jonathan Kent, el padre adoptivo de Superman, a Ned Betty como el inepto ayudante de Luthor, Otis, o a Terence Stamp para encarnar al megalómano general Zod. Ya con el reparto completo, se inició un rodaje extremadamente complicado, alternando la grabación de secuencias para Superman 1 y 2 y donde las presiones para agilizar la producción empezaron a enturbiar la relación entre los Salkind y Richard Donner. Sin embargo aún había un elemento fundamental que quedaba por solucionar, aún no estaba claro que el equipo de efectos especiales fuera capaz de hacer volar al superhéroe.

Muchos fueron los experimentos que se llevaron a cabo, rodar con un croma detrás, cables, animación, incluso maquetas de aeromodelismo a escala con la forma del superhéroe. Pero nada daba el resultado adecuado. Al final se empleó un sistema heredado de La Guerra de las Galaxias (Star Wars), basado en el uso de un croma y una cámara con capacidad de rotación y movimiento que realmente daba la impresión de que Christopher Reeve era capaz de volar. A esto se sumaba la increíble interpretación del actor, quien ideó un modo de que sus movimientos ayudaran a dar esta sensación de vuelo.

En la última etapa del rodaje de la película la relación del director y los productores era verdaderamente volátil. Los Salkind utilizaron al director Richard Lester como intermediario con Donner, ya que la relación entre ellos estaba muy viciada. Por su parte, la Warner Bros., ya preocupada por el estreno de la película presionó para que se completara la primera aventura del Superhéroe, dejando para después del estreno el poco material que quedaba por rodar de Superman II.

Otro elemento determinante en la creación de la película fue también la banda sonora. Donner había contado en La Profecía con el gran compositor Jerry Goldsmith y le ofreció encargarse de la partitura de Superman. Problemas de agenda hicieron que finalmente Goldsmith tuviera que abandonar el proyecto y la partitura fue adjudicada a John Williams, quien había alcanzado una gran fama y prestigio gracias a su trabajo para StarWars. Williams utilizó un enfoque similar, a base de retentivos leitmotivs, de manera que los diferentes personajes de la película quedaron perfectamente definidos por la música. Su marcha para el héroe se convirtió en un tema extremadamente popular, hasta el punto que incluso hoy en día es imposible no pensar en el personaje sin acordarse de la música de Williams.

El estreno de la película fue apoteósico. Desde el momento en el que los innovadores títulos de crédito aparecieron en la pantalla el público se enamoró de este acercamiento al superhéroe de su infancia. El look futurista de Krypton, el carácter nacionalista (fordiano) de la etapa en Smallville, la fusión de elementos retros y urbanistas de Metropolis, la excelente labor de los actores, el cuidado guión, con diálogos llenos de vida y profundidad, la espléndida fotografía de Geoffrey Unsworth o los increíbles efectos especiales convirtieron a esta película en un título único. Desgraciadamente ni siquiera este éxito pudo salvar la relación entre Donner y los Salkind, y estos optaron por sustituirle por Richard Lester para terminar de rodar Superman II, que llegó a los cines un año más tarde.

Hoy en día Superman. La Película se mantiene no sólo como un título clave del cine, sino también como el referente en el que se han inspirado realizadores posteriores como Sam Raimi o Bryan Singer para llevar con éxito a la gran pantalla otros superhéroes como Spiderman o los X Men. Además pese a los éxitos recientes del cine de superhéroes, aún hay muchos seguidores de la película de Donner que siguen considerando Superman como la mejor película inspirada en un cómic realizada hasta la fecha.