El 26 de junio de 1922 nacía al sur de Nueva York el legendario Richard Emerson Smith, apodado “El padrino de la caracterización”, y probablemente uno de los maquilladores cuya huella en la cultura popular sea mucho más profunda de lo que inicialmente pueda parecer. El pasado viernes hubiera cumplido 98 años. Autodidacta e innovador, como algunos de sus predecesores más célebres, como el responsable de los monstruos clásicos de la Universal Jack Pierce, Dick Smith se propuso mejorar el realismo y la expresión de los personajes que diseñaba. En sus primeros años de carrera en la cadena de televisión NBC de Nueva York desarrolló una técnica de aplicación de máscaras divididas en 3 piezas que aún es un standard en la industria más allá de la utilización de materiales flexibles para la elaboración de prótesis fabricadas a partir de un modelado exquisito y pintadas con mucha destreza artística.

En el salto al cine de Smith, sus habilidades para envejecer a los intérpretes de manera creíble fueron requeridas para convertir a Dustin Hoffman en anciano en Pequeño gran hombre (Arthur Penn, 1970). Uno de sus trabajos más memorables llegaría con El Padrino de 1972 y la transformación de Marlon Brando en Don Vito Corleone utilizando una inteligente mezcla de prótesis dentro de la boca y piezas de látex pegadas a la piel con las que deformar y envejecer la anatomía.

Dick Smith dio vida a “la niña” de El Exorcista

Suyo es el diseño del imaginario que rodea la adaptación de la novela El Exorcista, estrenada en 1973 a las órdenes de William Friedkin y que muchos aficionados aún consideran acertadamente como “la película más aterradora de todos los tiempos”. La evolución del personaje de Regan MacNeil poseída por el terrible demonio Pazuzu no solo precisó de pelucas y máscaras que alteraron el aspecto de la actriz infantil Linda Blair, sino que se requería la construcción de marionetas idénticas a la niña a tamaño real para recrear giros imposibles de cuello o escarificaciones en la piel.

Los espectadores de varias generaciones aún apartan la vista cuando el personaje vomita “puré de guisantes” a presión a través de un ingenioso mecanismo de manguera convenientemente oculto en la boca de Blair. Además, gran parte de la audiencia aún piensa que Max von Sydow ya era anciano durante esa época a pesar de que el actor sueco tenía 44 años tal y como acredita su actuación sin maquillaje en las primeras secuencias del filme.

Robert de Niro también pasó por sus manos para la transformación en un vengativo taxista (Taxi Driver, 1976) y, de vuelta al fantástico impresionó del nuevo al patio de butacas con las deformaciones producidas por el experimento de William Hurt en Viaje alucinante al fondo de la mente (1980) y la inolvidable cabeza explosiva vista en Scanners (1981) de David Cronenberg.

Convirtió a David Bowie en un vampiro envejecido y decrépito

David Bowie como un vampiro consumido en El Ansia (Tony Scott, 1983) y F. Murray Abraham interpretando al maquiavélico compositor Antonio Salieri en Amadeus (Milos Forman,1984) se sirvieron de la magia de Smith, siendo su trabajo para esta última película merecedor del Oscar al mejor maquillaje.

Smith falleció el 30 de julio de 2014 a los 92 años, dejando tras de sí una legión de profesionales del maquillaje que aprendieron y se inspiraron en su trabajo para impulsar el arte de la caracterización de personajes hasta el increíble nivel al que se encuentra en la actualidad.

Uno de sus alumnos más aventajados, Rick Baker, visitó Tenerife en 2019 como homenajeado en el Festival de Cine Fantástico de Canarias Isla Calavera. Ganador de 7 Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, Baker dedicó en 1982 el primer Oscar concedido en la categoría de Mejor Maquillaje, y que recogió por su trabajo Un Hombre lobo americano en Londres, a su mentor Dick Smith.