Whistle: El Silbido del Mal está lejos de ser una película original, novedosa o que sorprenda al público. A poco que leamos su sinopsis o en cuanto vemos sus primeras secuencias, la sensación de déjà vu es inevitable y constante. En este sentido, la película es cine de fórmula que busca acercarse al público no por su carácter innovador, sino por su promesa de devolvernos las mismas sensaciones que otros títulos ya más asentados.

PERSEGUIDOS POR LA PARCA…. OTRA VEZ

El proyecto parte de dos artesanos del género. El guionista Owen Egerton debutó con Hollow en 2015 y desde entonces se ha mantenido afincado en el terror, tanto como escritor como director. Por su parte, Colin Hardy debutó también en 2015 con The Hallow y a continuación firmó la primera entrega de La Monja. Lo cierto es que la principal tara de la película recae en el guion. Egerton firma un libreto formulaico, con giros y personajes poco verosímiles, a los que les falta más desarrollo y presencia.

Afortunadamente, en cuanto a esto último, la cinta cuenta con un reparto que cumple (hasta donde se lo permiten sus respectivos personajes). La presencia de Dafne Keen (Logan) es uno de los principales ganchos, aunque realmente son intérpretes como Sophie Nélisse (recordada por La Ladrona de Libros) o Sky Yang quienes aportan más carácter a sus personajes. Los veteranos Nick Frost y Michelle Fairley tienen apariciones más limitadas, pero bien aprovechadas por el director, Colin Hardy.

LA FESTIVIDAD DE LA MUERTE

La película no dista de ser un nuevo refrito de la saga de Destino Final, con la particularidad de que aquí, quienes escuchan ese silbato de origen azteca van a ver anticipada la muerte que les estaba destinada. Esto convierte a las set pieces de las distintas muertes de la película en el elemento más festivo de la misma. La escenificación de algunas de estas muertes está muy lograda y es donde Hardy da rienda suelta al componente gore de la película, que no es nada del otro mundo, pero sí resulta disfrutable. La presencia anticipatoria de la muerte de cada personaje también es un elemento destacado de terror, pero, de nuevo, sin ofrecer nada especialmente novedoso al espectador.

DISCRETA, PERO CUMPLIDORA

En nuestra opinión, lo que eleva a esta película por encima de la media de otros copycats similares está en la habilidad de Colin Hardy para dar mayor empaque a lo que no es otra cosa que un refrito poco discreto y reiterativo de otras sagas de terror, de nuevo, con Destino Final a la cabeza. Dado que es consciente de que no va a sobrevolar la sombra de la referencia, el director opta por la línea referencial, con guiños a títulos clásicos de terror, con apuntes que recuerdan visualmente al cine de Wes Craven o de John Carpenter. La puesta en escena es juguetona y dinámica, al mismo tiempo que se enriquece la estética de la película con un loable trabajo de dirección de arte y de dirección de fotografía, más cercano a la estética del cómic.

Whistle: El Silbido del Mal no trascenderá en nuestras vidas más allá de la salida de la sala donde la hayamos visto, pero al menos se esfuerza en que esos 100 minutos en los que estamos enfrascados en la historia sean entretenidos más allá del material de partida.