Crítica: ‘OFRENDA A LA TORMENTA’: De aquellos truenos, estas tormentas

Disponible en Netflix

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En España hemos tardado en tener la visión del cine como industria que tienen en Estados Unidos. Durante mucho tiempo, en nuestro país la búsqueda de productos comerciales a los que poder sacar largo recorrido y exprimir comercialmente, salvo excepciones, estaba mal visto. Afortunadamente, cuando se ha tratado de llevar la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo al cine, la mentalidad ha sido distinta.

No sólo se han completado las tres historias, sino que además se ha hecho un esfuerzo para que la producción haya sido continuada y manteniendo al mismo equipo de producción, con lo que ello conlleva de coherencia estilística. Incluso, ante los obstáculos que planteó la pandemia, se abogó por tener visión de futuro y lanzar la tercera entrega directamente a través de Netflix.

En este sentido, lo más positivo de la trilogía y de esta última entrega lo encontramos en este espíritu empresarial y poco habitual en nuestro país.

Como película, Ofrenda a la Tormenta sabe continuar los diferentes hilos dejados por las dos entregas anteriores, aunque ello supone mantener los mismos aciertos y los mismos errores. Entre los primeros, la puesta en escena atmosférica de Fernando González Molina y una espléndida Marta Etura. Entre los segundos, muchas situaciones incoherentes o inverosímiles, ideas desaprovechadas a nivel argumental y personajes secundarios poco o mal desarrollados.

Particularmente, esta tercera entrega nos ha parecido ligeramente inferior a Legado en los Huesos y por encima de El Guardián Invisible.

En conjunto, una trilogía entretenida y con buenas dosis de suspense, pero a la que le falta más visión de la historia que quiere contar y le sobra efectismo.