Prolífico escritor, sobre todo, de literatura criminal, Donald E. Westlake no puede quejarse de su suerte a la hora de ser adaptado al cine. No sólo sus novelas han sido múltiples veces versionadas en la gran pantalla, sino que, además, de algunas de ellas han salido varias obras maestras del séptimo arte, y un buen puñado de excelentes películas como A Quemarropa, Un Diamante al Rojo Vivo, Los Timadores o Arcadia. Esta última, dirigida por Costa-Gavras en 2005, parte de The Ax, la misma novela que la nueva película del director surcoreano Park Chan-wook, No Hay Otra Opción.
Precisamente como muestra de esta buena fortuna de Westlake, aquí tenemos una obra que ha caído en manos de dos extraordinarios cineastas, quienes, pese a partir del mismo material de base, han conseguido ofrecer dos películas excelentes, pero muy diferentes entre sí.
Park Chan-wook y la violencia como lenguaje
La violencia es un tema recurrente en el cine de Park Chan-wook y, aunque no le había adaptado directamente hasta la fecha, también podemos arriesgarnos a decir que el universo de Westlake ya le era muy cercano. Al fin y al cabo, por ejemplo, hay muchos elementos de la novela A Quemarropa en Oldboy. Eso sí, No Hay Otra Opción es muy diferente a Oldboy y también se aleja bastante de la novela original en la que se basa.
Del thriller feroz a la comedia negra
La base es la misma que en la versión de Westlake, donde un hombre perdía su trabajo después de muchos años dedicados a la empresa y, tras una infructífera búsqueda de empleo, decidía empezar a deshacerse de la competencia para poder llegar a su trabajo ideal. Chan-wook traslada esta historia no sólo al contexto de la Corea del Sur actual, sino, sobre todo, a las características de su universo cinematográfico.
El humor de Hitchcock y Scorsese como influencias
En 1969, Alfred Hitchcock fue invitado al National Film Theatre y allí una espectadora le preguntó por qué, con el sentido del humor que tenía, no había dirigido comedias y él respondió “pero todas las películas que he hecho son comedias”. Hitchcock es, sin duda, una de las referencias fundamentales en el cine de Park Chan-wook, como también lo es Martin Scorsese. El cineasta coreano ha bebido mucho de la gramática de estos dos maestros, especialmente en lo que se refiere a la escenificación de la violencia y la manera de usar la cámara para involucrar al espectador en la acción. No Hay Otra Opción es un buen ejemplo de cómo también ha heredado de Hitchcock su sentido de la ironía y del humor negro.
Por regla general, situamos a Park Chan-wook en el género del thriller o incluso del terror, con una impronta de violencia estilizada, pero también incómoda y brutal. Esto, al igual que con el cine del director de Psicosis, hace que el componente de humor quede muchas veces eclipsado por el salvajismo de las imágenes. En esta película, el cineasta ha querido invertir los roles y que la parodia y el humor queden por encima del descarnado discurso de la película.
Con otro tono, No Hay Otra Opción podría ser una cruda historia de supervivencia, también podría ser un retrato despiadado de los efectos colaterales del capitalismo feroz de nuestra sociedad; sin embargo, Chan-wook ha preferido endulzarnos la píldora convirtiendo la novela de Donald Westlake en una comedia absurda con la que dejar en evidencia la civilización superficial, deshumanizadora y materialista en la que nos hemos convertido.
Man-su, el hombre que pierde su lugar en el mundo
El protagonista, acomodado en un paraíso burgués, de repente se convierte en un fracasado, incapaz de mantener el nivel de vida para su familia, y cuyo valor como persona y su prestigio social quedan cercenados al ser incapaz de conseguir un nuevo trabajo. Pero es que lo mismo sucede con los competidores que pretende quitarse de en medio y con el resto de los personajes. Todos representan una farsa que se queda en evidencia, como el traje nuevo del emperador, cuando el principal motor de la sociedad, la economía, se paraliza.
Por su discurso social y su humor absurdo, habrá quien relacione la película con Parásitos, prestigioso título firmado por Bong Joon Ho, otro de los grandes nombres del cine en Corea, pero estamos ante una película muy diferente.

Barroquismo visual y precisión quirúrgica en la puesta en escena
En el reparto destaca un polifacético Lee Byung-hun, actor al que estamos acostumbrados a ver en papeles más glamurosos y carismáticos, pero aquí se le ve disfrutar de un personaje que es todo lo contrario, un hombre gris, aburrido, torpe en todos los sentidos. Man-su es una persona cuya seña de identidad es su posición laboral y que, tras perder su trabajo, cae en un pozo de inseguridad e inutilidad, un lastre en su propia vida y en la de su familia.
Park Chan-wook escenifica todo esto con precisión quirúrgica, gracias a la forma en la que retrata el paulatino desgaste de la casa familiar, cómo envuelve al espectador en la narración jugando con una puesta en escena barroca y desafiante, o el extraordinario juego de la luz y el cromatismo que le configura a la imagen la dirección de fotografía de Kim Woo-hyung.
Park Chan-wook reafirma su reinado en el Nuevo Cine Coreano
Integrante de la ola de Nuevo Cine Coreano que él mismo impulsó allá por 2003 con Oldboy, Park Chan-wook sigue revalidando con No Hay Otra Opción su posición como cineasta líder de este movimiento y como uno de los cineastas más interesantes del panorama cinematográfico actual.










