En los últimos años, el terror nórdico ha encontrado en la pantalla un hogar tan natural como inquietante: ahí están Déjame entrar (2008), su remake estadounidense de 2010, la serie del mismo título de 2022 y la extraña fábula fronteriza de Border (Gräns), todas nacidas de la imaginación del sueco John Ajvide Lindqvist. Ahora, el escritor regresa a la televisión con Summer of 1985, adaptación de su novela Sommaren 1985, una miniserie para la radiotelevisión pública sueca SVT que promete mezclar nostalgia ochentera, misterio criminal y criaturas imposibles en el aparentemente idílico archipiélago de Estocolmo.
Un verano de amistad, miedo y descubrimientos
La premisa nos traslada dos décadas atrás, cuando Johannes, un chico de catorce años, vuelve como cada año a la isla de Särsö con su grupo de amigos. Lo que parecía otro verano de bicis, baños y pequeñas traiciones adolescentes se tuerce cuando un chico aparece ahogado en circunstancias sospechosas y la pandilla descubre, en la vecina isla de Svärtan, a una criatura herida que se parece demasiado a una sirena para ser un simple animal marino. A partir de ahí, el coming‑of‑age luminoso se contamina de thriller: lo que se vende como un accidente se convierte en investigación oficiosa, y lo extraordinario irrumpe en la cotidianeidad con la misma violencia que la pubertad en los cuerpos de sus protagonistas.
Lo sobrenatural como espejo cotidiano
Lindqvist ya demostró en Déjame entrar que su interés no está en el susto fácil, sino en cómo lo sobrenatural ilumina las zonas muertas de lo cotidiano: el vampirismo como metáfora de la soledad y el acoso escolar, el monstruo como espejo de la fragilidad humana. En Border, la historia de una funcionaria de aduanas con un olfato imposible derivaba hacia una reflexión sobre la identidad y el cuerpo como territorio ajeno. Summer of 1985 parece dialogar con ese mismo impulso: la sirena no es solo una criatura de horror, sino el catalizador de una historia sobre amistad, lealtad y el tránsito doloroso entre la infancia y la edad adulta, en una comunidad que prefiere mirar hacia otro lado.
Concebida como una miniserie de seis episodios de unos 44 minutos, está escrita por Amy Deasismont (creadora y protagonista de Thunder in My Heart) y Melina Maraki, que firman los guiones y aportan una sensibilidad contemporánea a la memoria ochentera. El director Björn Stein (Underworld: El Despertar), con experiencia en el nordic noir y el thriller escandinavo, ejerce como realizador conceptual, marcando el tono de este híbrido entre drama juvenil y relato criminal con criaturas extraordinarias. En palabras de su equipo creativo, está pensada para que la vean juntos adolescentes y padres: un producto claramente multigeneracional.
En el plano industrial, Summer of 1985 es también un movimiento estratégico. La serie supone la primera producción sueca del estudio norteamericano Media Res International —responsable de The Morning Show o Secretos de un matrimonio— para SVT, con la productora Anna‑Klara Carlsten al frente. No es casual que los materiales promocionales comparen la propuesta con Stranger Things: un grupo de chavales, un verano eterno, un crimen en apariencia aislado y algo ancestral que despierta bajo la superficie del agua.
De Goonies a sirenas: el rito del miedo
Esta mezcla de misterio, aventura y rito de paso entronca con una genealogía reconocible que va más allá de la serie de los hermanos Duffer: desde el espíritu colectivo y veraniego de Los Goonies o la melancolía iniciática de Cuenta conmigo, hasta los homenajes cinematográficos más recientes como Super 8, It o Verano del 84, que también rescataban esas amistades a prueba ante lo desconocido.
La diferencia es que, donde otras producciones explotan la cita pop y el guiño referencial, Lindqvist suele apostar por una incomodidad más soterrada, menos complaciente.










