CRÍTICA: “LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI” de Álex de la Iglesia

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Género: Comedia | Terror
País: España
Año: 2013
Duración: 119 mins.
Fecha de estreno en España: 27 de Septiembre de 2013
Web: www.lasbrujasdezugarramurdi.es

Dirección – Álex de la Iglesia | Guión – Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría | Producción – Enrique Cerezo | Montaje – Pablo Blanco | Fotografía – Kiko de la Rica | Música – Joan Valent

Reparto – Hugo Silva (José), Mario Casas (Antonio), Carmen Maura (Graciana), Terele Pávez (Marichu), Carolina Bang (Eva), Gabriel Delgado (Sergio), Jaime Ordóñez (Manuel), Secun de la Rosa (Pacheco), Pepón Nieto (Calvo), Macarena Gómez (Silvia), Javier Botet (Luismi), Carlos Areces (Conchi), Enrique Villén (deficiente mental), Santiago Segura (Miren).

Tras un inquietante prólogo y una satisfactoria secuencia de créditos, Las brujas de Zugarramurdi coge al espectador, lo mete en un vagón de carga con la familia de La matanza de Texas, y lo hace descarrilar hasta estamparlo contra los pirineos. Que ese viaje ya lo hayamos hecho hace dieciocho años, no le quita un ápice de diversión.

Con la dualidad universal sobre el sexo femenino como tesis central del film (ni con ellas, ni matarlas), y jugando continuamente con el doble sentido de la palabra bruja, la película expone un discurso a partes reaccionario, a partes ultra feminista, que deja patente nuestra imposibilidad como varones heterosexuales de hacer frente a una existencia sin el martirio y el gozo sublime de compartir el camino de la vida junto a una mujer. Es sin duda esta temática la que nos da la clave de la evolución de sus creadores, al comparar con las cuestiones menos intimas que servían como comentario al margen en la celebrada película apocalíptica de 1995.

Álex de la Iglesia se ha acostumbrado a rodar con los días contados y dinero de menos. Ya es imposible saber si el frenesí con el que se desarrollan las persecuciones y demás escenas de acción son producto de una planificación exquisita o de la falta de tiempo, pero ante un resultado tan apabullante, solo queda quitarse el sombrero mientras por lo bajini rezamos para que algún día, alguien le deje rodar algo sin prisas y con el presupuesto adecuado, porque la salud del bilbaíno está en juego.

Una vez perdidos en le bosque, un espíritu malsano envuelve la trama haciendo que todo sea extremadamente raro e incoherente. La oscuridad de la celtiberia más profunda envuelve cada rincón de la senda que nos lleva hasta el dislate final: Un aquelarre tan barroco y terrorífico que conseguirá que Rob Zombie rompa su carné de director y se dedique a la repostería.

Lamentablemente estamos ante otro ejemplo de presupuesto ajustado al céntimo que habrá requerido de la habitual pericia del director, para poder contar su historia perdiendo por el camino escenas, legibilidad y posiblemente las pestañas. Los fallos de raccord y algunos momentos WTF concernientes a las decisiones de los protagonistas, nos hacen vislumbrar levemente algunos de esos problemas a los que se enfrentan los directores de cine continuamente y que en principio deberían ser del todo invisibles. Aun así, todo esto no es óbice para poder disfrutar de la mala leche, la atmósfera y esos personajes inolvidables marca de la casa.

El cine de Álex sigue siendo necesario, a pesar de todo lo avanzado desde que en los noventa, un puñado de vascos se tirara al ruedo del cine distinto. Las películas de este señor siguen siendo un evento esperado por muchos y a pesar de los altibajos, ese núcleo de irreductibles seguidores seguirá ahí sin importarle el final del viaje al que nos quiera llevar. Esta vez pinta en brujas, así que todos a la escoba.