Crítica: ‘EL HOMBRE INVISIBLE’. Mi problema con Leigh Whannell

Estreno en cines (España): 28 de febrero de 2020

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Tras su participación en Nosotros, Elisabeth Moss vuelve al cine de terror con El hombre invisible.
Tras su participación en Nosotros, Elisabeth Moss vuelve al cine de terror con El hombre invisible.

Reconozco que no conmuto demasiado con el cine de Leigh Whannell, excepto en sus alianzas con James Wan, allí donde el cineasta malasio toma la voz cantante, pero es que Wan me parece un narrador mucho más depurado y elegante. A falta de ver Upgrade, tanto Insidious 3 como esta nueva versión de El Hombre Invisible me parece que caen en un tipo de cine simplón y efectista, donde más que terror se busca generar en el espectador el sobresalto fácil a través de recursos manidos como los efectos de sonido o la música.

Sobre el papel, este proyecto de revisión de la novela de H. G. Wells en clave contemporánea, con una trama de violencia de género y dando el papel protagonista no al científico sociópata, sino a la mujer víctima de una relación tóxica y controladora tenía mucho potencial.

El arranque de la cinta es brillante y, en mi opinión, lo más destacable de la película. A esto sumaría como dato positivo la forma en que Whannell sabe situar la presencia invisible al espectador, y alguna floritura visual que agiliza y da empaque a la acción.

Desgraciadamente, para mantener esa presencia sobrenatural, no se le da entidad al hombre invisible, mientras que el papel de Elisabeth Moss está en el filo del exceso, algo que la actriz no puede contener en todo momento.

Finalmente, esa búsqueda del golpe de efecto hace que la cinta tenga una deriva hacia lo absurdo y lo inverosímil, que, en mi opinión, termina malogrando la película.