Cuando Scream debutó el 20 de diciembre de 1996, pocos imaginaban que una película lanzada en temporada navideña recaudaría mundialmente 173 millones de dólares y revolucionaría el subgénero slasher. La genialidad de Wes Craven Y Kevin Williamson residía en crear una película que era simultáneamente aterradora y una deconstrucción meta del cine de terror. Ghostface no fue solo un asesino; fue un crítico de cine con máscara que hacía preguntas sobre películas mientras mataba. Esa dualidad definió a toda la franquicia: ser efectiva como thriller mientras satirizaba sus propias convenciones, desde la figura de la final girl hasta las “reglas” del slasher verbalizadas en pantalla.
La secuela que analizó las secuelas
Scream 2 (1997) llegó apenas un año después, recaudando cerca de 33 millones en su fin de semana de estreno. Si la primera película hablaba del género, la segunda hablaba de las secuelas. La historia replicaba deliberadamente el esquema del primer filme, convirtiendo esa repetición en un comentario metacinematográfico sobre la rapidez con la que la industria hollywoodense explota sus propios triunfos.
Cambios y tropiezos con Scream 3
Scream 3 (2000) cerró la trilogía original con cambios significativos. Ehren Kruger asumió la escritura cuando Williamson no estuvo disponible, y el tono se modificó sustancialmente reduciendo la violencia explícita. El resultado fue una película que, aunque recaudó 161 millones, decepcionó a crítica y audiencia en comparación con sus predecesoras.
Reboots y una serie
Once años más tarde, Scream 4 intentó relanzar la franquicia comentando sobre reboots y remakes. Pero con un presupuesto de 40 millones de dólares, solo recaudó 38 en Estados Unidos, aunque globalmente alcanzó 97 millones. Pero en el impasse cinematográfico, entre 2015 y 2019 la serie Scream en MTV expandió la franquicia, con elencos independientes y usando una máscara diferente a la original de Fun World por falta de derechos en las dos primeras temporadas, para recuperar a Ghostface en la tercera y última.

El renacer sin Wes Craven
Sin embargo, la verdadera resurrección vino con Scream (2022), dirigida por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett. Primera película sin Wes Craven, fallecido en 2015, recaudó 140 millones a nivel global, sorprendente durante la pandemia. Introdujo los personajes de Sam y Tara Carpenter (Melissa Barrera y Jenna Ortega), nuevos protagonistas que permitieron que la franquicia recuperara su atractivo.
Scream VI (2023) se convirtió en el mayor éxito de la franquicia con 166.6 millones de dólares de taquilla en todo el mundo. El fenómeno Jenna “Miércoles” Ortega, de Netflix, impulsó esta entrega a nuevos récords. Pese a la ausencia de Neve Campbell, los directores Bettinelli-Olpin y Gillett comprobaron que la saga podía evolucionar más allá de su trilogía original.

El esperado regreso de Sidney Prescott
Ahora el próximo 27 de febrero llega Scream 7 con un giro crucial: el regreso de Neve Campbell como Sidney Prescott y el debut como director, en la franquicia, de Kevin Williamson. Ahora la protagonista ha construido una vida tranquila, pero un nuevo Ghostface aparece, amenazando a su hija, interpretada por Isabel May. A este retorno se suma también Courteney Cox como Gale Weathers, la periodista veterana, que no ha fallado en ningún episodio y es uno de los pilares históricos de la saga. Forzada a hacer frente a su pasado nuevamente, Sidney debe terminar con la masacre definitivamente.
Treinta años de terror autoconsciente
Lo significativo no es meramente la presencia de esta séptima entrega, sino qué representa: después de treinta años, el slasher meta reflexivo ha pasado de ser novedad a institución. La franquicia siempre ha sido un espejo constante al cine de terror, forzando al género a examinarse con humor negro y pensamiento crítico. Si Scream 7 mantiene ese compromiso mientras honra el legado de Craven, podría demostrar que está franquicia sigue tan viva como en su estreno.










