Más de tres décadas después de su primera visita, Peter Jackson volvió a Sitges, ahora con el título de “Sir”, con una película capaz de convertir el «mal gusto» en arte. El neozelandés dejó huella en la 59ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico, donde recogió el Gran Premio Honorífico y presentó la restauración en 4K de Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro, el delirio gore que en 1992 lo consagró como uno de los alquimistas más salvajes del cine de género.
Una invasión zombi para abrir la noche
La jornada empezó con una invasión. Jackson apareció junto a Rick Baker, maestro absoluto de los efectos especiales, en la terraza del Centro Cultural Miramar para inaugurar la Sitges Zombie Walk. Ante una marea de fans disfrazados y caracterizados para la ocasión, el cineasta lanzó un “¡Arrasad con todo!” y la localidad entera pareció entender que aquella noche pertenecía a los muertos vivientes.
El regreso de Braindead
Horas más tarde, el Auditori del Meliá, la sede principal de proyecciones, se quedó pequeño. Allí esperaba Diana Peñalver, protagonista femenina de Braindead, que recordó su experiencia en aquella comedia zombi “como si fuera un sueño”. A su lado, Ángel Sala, director artístico del festival, confesó que en 1992 presentó la película con 39 grados de fiebre y que llegó a creer que el título español (Tu madre se ha comido a mi perro) era producto de su propio delirio.
Cuando apareció Peter Jackson, la sala se levantó y permaneció así durante largos minutos. No fue una ovación protocolaria: fue el homenaje cinéfilo de toda una generación. El creador de la Tierra Media cinematográfica, el resucitador de Kong, el artesano de vísceras y marionetas, recibía el reconocimiento de quienes habían aprendido a amar el cine fantástico gracias a su desvergüenza creativa.

Kong, el primer amor
“Mi película favorita de todos los tiempos es el King Kong de 1933”, reconoció Jackson al recoger la estatuilla con la silueta del Gran Gorila. Aquella criatura de stop-motion fue su primer amor cinematográfico y, de algún modo, la semilla de todo lo que vino después: la obsesión por la escala, la emoción desbordada y la posibilidad de que un monstruo conmueva más que muchos héroes.
Al día siguiente, en un encuentro dentro de la programación de Sitges Industry, Peter Jackson se mostró más cercano, más reflexivo y sorprendentemente autocrítico. Habló de su miedo a las arañas y del impacto que Criaturas celestiales tuvo en su carrera, la película que dio a Kate Winslet su primer gran papel. También evocó a Wes Craven y Tobe Hooper, presentes en aquella edición de 1992, como referentes de una época en la que el terror aún se construía a base de intuición y coraje.
Luego llegó la frase que más sorprendió a la sala: “No me gusta realmente hacer películas”. Para alguien que ha dirigido batallas de proporciones bíblicas, la confesión sonó casi provocadora. Explicó que disfruta escribiendo, pero que rodar lo somete a una tensión constante: la lluvia, los imprevistos, la sensación de que todo puede descarrilarse en cualquier momento.

Un nuevo Tintín en el horizonte
“Una película es algo en constante cambio”, añadió. Para Jackson, el guion no es una prisión sino un punto de partida. Hay que dejarse llevar, adaptarse, aceptar que la idea inicial y el resultado final rara vez coinciden. Es una filosofía que explica su trayectoria: del gore artesanal a la fantasía épica, del archivo de los Beatles en la serie documental Get Back (2021) —del que visionó 65 horas de material una y otra vez— a un nuevo guion de Tintín, la secuela de la película de Steven Spielberg que él mismo dirigirá.
Así, Sir Peter Jackson, dignidad que recibió en 2010 como Caballero Compañero de la Orden del Mérito de Nueva Zelanda, vino a Sitges a reencontrarse con el público que lo vio nacer como cineasta y a comprobar que Braindead sigue teniendo la misma energía eléctrica que hace tres décadas.












