EL DIARIO DE JULIÁN LARA EN L.A. #2: El dia que conocí a Spielberg… y a George Lucas

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Nada hacía presagiar que aquel 1 de junio cuando me levanté de la cama en mi cutre-apartamento hollywoodiense mi vida cambiaría por completo. Por supuesto que nunca sabes a qué te vas a enfrentar cuando sacas un pie de la cama y lo plantas en el suelo. Puede ser el último día de tu vida, te puede tocar el cupón, te puede dejar tu novio o tu novia, te puede caer un rayo, te puede atropellar un coche… o puedes conocer a Spielberg, que afortunadamente fue lo que me pasó.

Me levanté y antes de ir a clase charlé un ratillo con mi mujer por Skype gracias a mi maravilloso iPhone4. Era mi primer día de clase aprendiendo a manejar el AVID. Al terminar la exhaustiva clase tenía una reunión con un productor, algo que siempre mola. El caso es que acabé un poco tarde y me planteé si ir o no a la USC (University of Southern California), que está a tomar por culo, vamos, por el downtown, algo lejos si vives en Hollywood, que es mi caso.

Por qué quería ir yo a la USC? Pues porque tengo una amiga que trabaja allí y me va informando de los eventos que me pueden interesar, que en este caso era una charla con una agente de la WME (William Morris Endeavor), una de las agencias más importantes. Físicamente no tenía ganas, pero moralmente tenía que ir. Así que cogí mi cutre-bici y pedaleé hasta desear mi coche con todas las fuerzas… pero eso no era lo peor del largo viaje en bici. Lo peor es cuando pasaba un Lamborghini por mi lado. Es deprimente. Y sí, aquí un Lamborghini o un Ferrari son coches normales, como un Seat Ibiza en España.

El caso es que cuando llegué hasta la USC, con el característico dolor de huevos que proporciona una hora de bici, me percaté de que algo raro ocurría allí. Mi evento tenía lugar en el George Lucas building, que queda a la izquierda según se entra, pero algo ocurría a la derecha, en el Steven Spielberg building (recordemos que ambos son ex-alumnos de la USC y tienen sendos edificios dedicados a ellos mismos).

Vi un cartel que ponía: Katzenber Dedication… y yo pensé: “solo hay un Katzenberg, Jeffey Katzenberg“, y me inicié en ese momento hacia mi destino crucial. Crucé la puerta y en el patio, al fondo, estaba toda la muchedumbre congregada. Por supuesto, antes de acceder tuve que camelarme a las 3 niñas del “check in” indicándoles que a pesar de que mi nombre no estaba en la lista… tenía que estar, fue más fácil de lo que pensé y entré rápido, justo cuando Jeffrey estaba terminando su discurso y me percaté de la presencia de dios, perdón, de Spielberg a 3 metros de mí, literalmente. Justo en ese momento casi me temblaban las piernas, no me lo podía creer. Eran las 7:20 de la tarde del 1 de Junio, un día y una hora que jamás olvidaré.

Me acerqué en el momento oportuno, lo saludé y le di mi tarjeta. La cogió, la miró y me preguntó que qué tipo de películas hacía, en fin, le expliqué resumidamente que estaba allí para aprender y obtener mi Film Degree, él creyó que yo estudiaba en la USC, pero le especifiqué que estoy en la LAFS.

Lejos de darme una patada en el pecho, el hombre se interesó por saber cuándo me graduaba, así que la conversación se alargó durante unos 5 minutos, en los que aproveché para decirle que soy un cliente habitual del restaurante de su madre. Pero claro, no podía faltar esa fotillo de rigor, así que cuando saqué mi iPhone, el dios del cine me lo quitó de las manos, abrió la cámara y echó un par de fotos que no le gustaron… in the meantime, la gente de alrededor se ofrecía para echarnos la foto, pero Steven decía que no, que la quería hacer él, y a la tercera salió la que estáis viendo aquí.

Al final de la conversación, ya cuando me despedía, le pregunté que si me recibiría 10 minutos en su oficina y me dijo “who knows?“… ahí queda eso. Le estreché la mano y me despedí… para irme a la barra a pedirme unos vinitos, porque me puse ciego de Chardonnay, mientras esperaba a que viniera mi primo para celebrarlo conmigo.

Por allí también estaba Jack Black y más gente, pero mi cuerpo ya no daba más de sí, lo juro… ah, porque he olvidado decir que también conocí en aquel acto a George Lucas, pero el pobre hombre no era tan simpático como Spielberg, no veis en la foto que mi ceja se paralizó? Pues eso, que me entraron ganas de decirle: “mira George, que la fuerza te acompañe…” o como me dijo un colega por el facebook: haberle dicho “hasta luego Lucas“… je je je.

Desde aquí le mando un caluroso saludo a aquellos seguratas que me impidieron acercarme a Spielberg en el Festival de Cannes de 2008. Tres años después me pueden comer el…Fin del informe.