Desde que en 2019 estrenara Puñales por la Espalda, las aventuras de Benoit Blanc han pasado a convertirse en una cita obligada para los amantes del misterio, del whodunit y del formato detectivesco al estilo Agatha Christie. Para Rian Johnson, la primera entrega se convirtió en un oasis creativo después de su controvertido paso por Star Wars con Star Wars: Los Últimos Jedi; sin embargo, lo cierto es que el cineasta ya había establecido las bases en su filmografía para convertirse en el nuevo baluarte del cine detectivesco.
Su debut con Brick en 2005 ya había avalado su capacidad para renovar el género, sin apartarse de sus estructuras básicas. Le seguirían Los Hermanos Bloom o la fantástica Looper. A día de hoy, entre las entregas cinematográficas de Puñales por la Espalda y el formato televisivo de Poker Face, nadie puede negarle a Johnson su posición de Rey del Misterio moderno.
El renacer del género detectivesco moderno
Puñales por la Espalda. De Entre los Muertos mantiene las constantes de las dos entregas anteriores, reforzando la presencia de Benoit Blanc como moderno Hércules Poirot. La estructura es clara, una primera parte de exposición de personajes y la trama principal, un segundo bloque con la incorporación de Blanc a la historia y su investigación, y un clímax final con la rocambolesca solución del crimen. Es cierto que, en esta ocasión, ese primer bloque introductorio es más extenso de lo habitual, alargando el metraje hasta las dos horas y veinticinco minutos, convirtiendo a esta tercera parte en la más larga de las tres películas y dilatando la llegada del personaje de Benoit Blanc. Sin embargo, esto, que podría ser un lastre para la película, evita inteligentemente dañar el desarrollo de la película.
Una estructura clásica para un héroe moderno
El secreto es un guion magníficamente escrito, con fastuosos personajes, interpretados con carisma por un reparto coral de espléndidos actores. El tour de forcé entre los dos Josh, O’Connor y Brolin, es extraordinario. Si bien lo extravagante del personaje del Monseñor Jefferson Wicks lo convierte en uno de los elementos atractivos del espectáculo, O’Connor consigue aportar una gran humanidad y cercanía al Padre Jud Duplenticy.
El elenco de secundarios liderados por una nunca lo suficientemente reconocida Glenn Close hace que la trama, más allá de la figura de Benoit Blanc, se sostenga sólida por sí misma.
El equilibrio entre humor, ironía, suspense y dramatismo es notable, como lo es también la cuidada puesta en escena de Rian Johnson, potenciada por una magistral dirección de fotografía de Steve Yedlin. Es cierto que el peso de la duración se hace notar en el conjunto, pero ello no implica en absoluto desajustes importantes de ritmo en la narración. El montaje está perfectamente afinado y la trama y los personajes logran mantener en todo momento la fascinación del espectador.
La mejor entrega de la saga
En este sentido, nuestra impresión es que nos encontramos ante la mejor entrega de la saga, no sólo por contar con un guion superior a los anteriores, sino por la exquisita labor de artesanía que supone el conjunto de la película, donde lo moderno y lo clásico adquieren un equilibrio perfecto.









