Desde su publicación en 2022, La Asistenta ha convertido a su autora, Freida McFadden, en una de las escritoras más vendidas del actual mercado editorial, liderando durante 83 semanas la lista de libros más vendidos de Amazon y alrededor de 4 millones de copias vendidas. A esto se suman tres secuelas, dos en formato novela y una como novela corta, con las que ya supera los 12 millones de libros vendidos. Con estas cifras era imposible que la industria de Hollywood no apostara más pronto que tarde por una adaptación cinematográfica.
Fenómeno editorial de Freida McFadden: el éxito de La asistenta
La novela ya tenía los ingredientes necesarios para atraer a un público amplio: intriga, erotismo, violencia y un toque de sororidad, todo ello empaquetado en una narrativa simple y ágil para incentivar un consumo rápido de la obra. Para la versión cinematográfica hacía falta también encontrar un reparto principal que despertara el morbo del público. El auge como estrella de Sidney Sweeney daba el perfil ideal de cara a la taquilla para protagonizar la película. La presencia de Amanda Seyfried da la contrapartida veterana a la joven estrella, mientras que el apartado masculino recae en Brandon Sklenar, cuyo papel de Spencer Dutton en el spin off de Yellowstone, 1923, ya le había proporcionado esa imagen de sex symbol de apariencia muy fornida y ruda, pero no carente de sensibilidad.

Hollywood apuesta por adaptar La asistenta tras millones de ejemplares vendidos
La adaptación de la novela ha recaído en las manos de la guionista Rebecca Sonnenshine, mientras que para dirigir la película se ha optado por una mirada masculina: la del director Paul Feig, más prolífico en la comedia. Sin embargo, sus dos entregas de Un Pequeño Favor parecen haber pesado en su favor para presentarle como realizador idóneo para esta producción.
Paul Feig dirige la adaptación con guion de Rebecca Sonnenshine
Entendemos que para los seguidores de las novelas de McFadden, esta adaptación y con este elenco puede resultar ideal. Feig ofrece una puesta en escena simple, pero elegante y no exenta de aire de sofisticación. El director es hábil a la hora de depositar la mayor responsabilidad de la película en la fisicidad de Sweeney y Sklenar, marcando la tensión sexual entre ambos desde un principio a espera de la obligatoria secuencia de explosión erótica. Mientras, Seyfreid aporta intensidad y amenaza con su personaje, construyendo la atmósfera adecuada para la también esperada revelación de la trama. Feig cierra la película e incluso coloca el lazo para servir en bandeja de plata de cara a la más que segura secuela y adaptación de la segunda novela.

Desde la perspectiva de los menos adeptos o directamente desconocedores de la obra de McFadden muy probablemente las impresiones sean muy diferentes. La Asistenta es un producto del montón. La trama no sólo resulta altamente previsible y, a pesar de eso, inverosímil y ridícula, sino que además viene adornada con un ramillete de diálogos risibles y cursis y una patina de erotismo suave de lo más rancio. Sydney Sweeney sigue siendo una actriz un tanto insípida, al igual que Sklenar. Mejor parada del envite sale Amanda Seyfreid, aunque sin grandes alardes.
Una historia irregular que divide a crítica y público
Tema aparte es lo dudoso e inconsistente del discurso de la película, si acaso lo podemos denominar así. La película presenta una trama tramposa supeditada a la creación (deficiente) de suspense y que busca cerrar con una moraleja de sororidad, cuando la historia se ha sustentado más bien en un discurso francamente misógino.
La Asistenta se salda así como un producto de temporada, de consumo rápido y escaso poso, con factura plana y un total desinterés por un mínimo de coherencia o respeto por los personajes.









