El efecto nostalgia ha sido uno de los factores que más ha proliferado en el cine moderno. La necesidad de recuperar películas o estrellas del pasado para unificar en la sala a los espectadores del pasado y del presente, con un toque emocional, ha impulsado muchas producciones, para bien y también para mal. Un recurso habitual ha sido generar una nueva película (ya sea remake, reboot, secuela, precuela o secuela espiritual), con nuevo reparto, pero manteniendo un espacio para que los protagonistas de la original tengan un rol secundario o un cameo especial con el que complacer a los fans.

Cuando el pasado se sobredimensiona

Este efecto nostalgia ha tenido como elemento añadido el revalorizar o darle una importancia que nunca tuvo a aquellos títulos que intenta reverdecer. Para justificar la nueva versión hay que establecer que hay un legado, un fenómeno de culto o un valor generacional detrás. En ocasiones esto se limita simplemente a un éxito en taquilla pretérito que se quiere retrotraer al presente.

Menos común, pero también en la propia fórmula, está el reconvertir lo anterior en una parodia. Quizás por ser conscientes de que el proceso embellecedor de lo que en el pasado no tuvo lustre puede resultar forzado y ridículo.

Anaconda (1997): un éxito circunstancial

Todo esto se une en Anaconda, que no es un remake, ni un reboot, ni una secuela de la película de 1997 dirigida por Luis Llosa y protagonizada por Jennifer Lopez, Jon Voight, Ice Cube y Eric Stoltz. En su momento la cinta fue un anecdótico sleeper sin mayor trascendencia salvo el hecho de ser uno de los títulos que lanzó al estrellato la carrera de Jennifer Lopez. La actriz y cantante ya había llamado la atención con pequeños papeles en títulos como Mi Familia, Asalto al Tren del Dinero, Jack o, especialmente, Sangre y Vino; sin embargo, en 1997 su trabajo dramático en Selena y el éxito comercial de Anaconda dejaron patente que había nacido una estrella.

Anaconda por su parte rentabilizó su taquilla con una serie de (aún más) infumables secuelas directas al formato doméstico y un prescindible crossover con la cinta de 1999 Mandíbulas.

Tom Gormican y la comedia del despropósito

Ahora, Tom Gormican, quien llamara la atención en 2022 con la comedia tronada a mayor lucimiento de Nicolas Cage y Pedro Pascal El Insoportable Peso de un Talento Descomunal, ha sido el encargado de rodar este nuevo acercamiento a la película original en formato de comedia de trazo grueso protagonizada por Jack Black y Paul Rudd.

El guion, coescrito por Gormican junto a Kevin Etten y Hans Bauer, es puro material de derribo, una sucesión de escenas que pretenden crear cierta empatía del espectador con este grupo de personajes que, a modo de modernos Ed Woods o Bobby Bowfingers, pretenden con más picaresca y atrevimiento que talento, hacer una nueva película en homenaje al “clásico” del 97.

Olvídense del carisma que suelen derrochar habitualmente los dos protagonistas o secundarios reivindicables como Steve Zahn o Thandiwe Newton. Aquí los histrionismos y salidas de tono de los actores no hacen más que empeorar aún más el panorama, y más que empatía lo que se genera es vergüenza ajena o pena por nombres como Newton o Selton Mello, quien abría este 2025 con la estupenda Aún Estoy Aquí y lo cierra con este horror. Los cameos son de traca, no sólo ridículos e innecesarios, sino casi a modo perdonavidas por parte de algunos de los rostros de la película original.

Un cierre amargo para 2025

Sinceramente, Anaconda de 1997 era una película torpe y olvidable que tuvo la suerte de abrirse un hueco en la taquilla; pero ni con todos sus defectos se merece un escarnio tal como es este despropósito con el que hemos cerrado de la peor manera el año 2025.

Anaconda, de Tom Gormican. (c) Sony Pictures
Anaconda, de Tom Gormican. (c) Sony Pictures