El regreso de Danny Boyle y Alex Garland a su saga de infectados después de 28 Semanas Después se dilató, pero el resultado está siendo reconfortante. Ambiciosamente concebida como trilogía, esta nueva etapa de la saga también ha querido delegar las labores de dirección de su segundo capítulo en manos de alguien ajeno. Si en la segunda entrega el elegido fue el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo, en esta ocasión, la escogida ha sido Nia Dacosta, quien, de esta manera, ha podido resarcirse de la mala experiencia y la nefasta recepción de su incursión en el Universo Cinematográfico Marvel con The Marvels.

Continuidad inmediata

Si en el caso de 28 Semanas Después se desligaba la trama y los personajes de lo sucedido en la primera entrega, en esta ocasión, nos encontramos con una continuación de 28 años después inmediata, retomando a los personajes principales escasos momentos después del cierre de la película anterior. A falta de ver la tercera entrega, que llegará a las carteleras en 2027 y volverá a estar dirigida por Danny Boyle, todo parece apuntar a que el resultado final va a ser una única trama repartida a lo largo de las tres películas, con el personaje de Spike como hilo conductor.

Por esto, la elección de Dacosta, a priori, podía resultar más arriesgada. Si Fresnadillo podía tener más margen de maniobra para desarrollar una secuela que funcionara de manera independiente, Dacosta no sólo se encontraba ante el reto de estar más constreñida a nivel argumental, sino también en lo referente a puesta en escena, al tratarse de un tramo de historia que debe mantener una continuidad estilística con lo anterior y lo que ofrecerá de nuevo Boyle a continuación. Aún así, sin distanciarse del patrón establecido, consigue ofrecer una película que se siente también muy propia.

28 años después. El templo de los huesos. (c) Sony Pictures Entertainment
28 años después. El templo de los huesos. (c) Sony Pictures Entertainment

Los infectados como reflejo de la humanidad

Desde los tiempos de George Romero, es habitual en el cine de zombis/ infectados que estos sean más bien un catalizador de un discurso sobre la propia humanidad y, especialmente, el egoísmo y la violencia que anida en la necesidad de supervivencia. 28 Años Después. El Templo de los Huesos no es una excepción a esto. Es más, frente a la película anterior, aquí, salvo por la presencia del personaje de Sansón, los infectados tienen escasa presencia.

Curiosamente, la película parece más bien un crossover de dos figuras más tradicionales del cine de terror. Toda la trama del Dr. Kelson y Sansón parece una relectura un tanto psicodélica del Frankenstein de Mary Shelley, con el médico buscando una cura a la infección a través de la gigantesca figura del Alpha. Por otro lado, la figura de Jimmy y sus Dedos nos puede recordar más a la figura del vampiro con su cohorte de esbirros, algo enfatizado con la presencia de Jack O’Connell, quien ya en 2025 diera vida a uno de los mejores villanos cinematográficos del año con Los Pecadores. Otro referente en este ineludible en este sentido es también el Alex y sus drugos de La Naranja Mecánica.

28 años después. El templo de los huesos. (c) Sony Pictures Entertainment
28 años después. El templo de los huesos. (c) Sony Pictures Entertainment

Nuevos villanos para un mundo desolado

Sir Jimmy Crystal tiene todos los ingredientes para retomar el testigo del Remmick de Ryan Coogler. En la cinta de Danny Boyle, la presentación del personaje en los últimos minutos de metraje parecía apuntar a una versión cani del Rey Arturo, con sus caballeros en patinete; sin embargo, en la película de Dacosta, el perfil cambia, con una mirada más brutal y deshumanizada.

Ralph Fiennes y Jack O’Connell son los reyes indiscutibles de la función, especialmente en el enloquecido clímax final. El nexo de unión es Spike, personaje protagonista de la película anterior y que aquí pasa a un segundo plano, más como testigo (y por lo tanto marcando la mirada del espectador) que como agente de la acción.

28 años después. El templo de los huesos. (c) Sony Pictures Entertainment
28 años después. El templo de los huesos. (c) Sony Pictures Entertainment

Estilo visual y tono narrativo

Como decíamos al principio, la puesta en escena de Nia Dacosta continúa con la estética planteada por Danny Boyle en la película anterior, enfatizando el valor tribal tanto de la civilización postinfección como de los propios infectados. Sin embargo, Dacosta está menos interesada en los juegos visuales y de formato tan queridos por Boyle y su narrativa es más tradicional, al mismo tiempo que, sobre todo en la presentación de Jimmy y los Dedos, la violencia llega a ser más cruda y explícita incluso que en la película anterior.

La música como elemento de identidad

Como en la entrega anterior, aquí la música juega también un papel relevante. Recuperación del tema principal de la saga compuesto por John Murphy en los créditos finales, aquí la descripción tribal de esta sociedad en cuarentena queda reflejada por una partitura primitiva de Hildur Guðnadóttir, quien viene a sustituir, aunque de manera más discreta al Murphy de las dos primeras entregas y a la banda escocesa Young Fathers de la película anterior. Es en el apartado de música preexistente e intradiegética que la película da más énfasis, con el uso de canciones de Duran Duran y, sobre todo, Iron Maiden en el clímax final.

Un nuevo hito del cine de infectados

El resultado es una película espléndida, que mantiene muy bien el listón con respecto a la saga y la entrega anterior, ligeramente inferior a ésta en nuestra opinión, pero que no sólo tiene todos los ingredientes para convertirse en una de las película de género fantástico de este 2026, sino que también afianza la posición de la saga creada en 2002 como una de las más sobresalientes aportaciones al género de zombis/ infectados.