En el lenguaje narrativo existe la figura del cul-de-sac, recurso argumental donde los personajes parecen estar en una situación irresoluble y deben buscar algún giro con el que conseguir que la trama siga avanzando. En 2002, David Fincher nos sumergía con La Habitación del pánico en la angustiosa pesadilla burguesa de ver tu casa invadida por un grupo de violentos ladrones. Esta excusa argumental le serviría para desarrollar un tenso y virtuoso thriller repleto de callejones sin salida. Ahora, Fede Álvarez nos presenta No respires, película especular donde la perspectiva pasa a la posición de los ladrones, que súbitamente se ven superados por lo que parecía un robo sencillo.

A Álvarez no le preocupan demasiado buscar lecturas sociales de su historia, ni un desarrollo complejo de personajes, ni siquiera parece molestarle las incongruencias e inverosimilitudes de su guion.

Todo ello se convierte en meras herramientas para pergeñar una angustiosa y claustrofóbica montaña rusa, donde cada habitación supone un nuevo cul-de-sac para los protagonistas.

Con esta poderosa puesta en escena, un montaje frenético, sin pérdida de ritmo en sus ajustados 90 minutos de metraje, y un diseño de sonido y música que va a las tripas del espectador, No respires es puro regocijo para los amantes del género.