Crítica: “Gremlins” (1984) de Joe Dante

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Género: Fantasía | Comedia
País: Estados Unidos
Año: 1984
Duración: 106 mins.
Fecha de estreno en Estados Unidos: 28 de Agosto de 1984
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Dirección – Joe Dante | Guión – Chris Columbus | Producción – Michael Finnell | Montaje – Tina Hirsch | Fotografía– John Hora | Música – Jerry Goldsmith


Reparto: Zach Galligan (Billy Peltzer), Phoebe Cates (Kate Beringer), Hoyt Axton (Randall Peltzer), John Louie (Chico Chino), Keye Luke (Mr. Wing), Scott Brady (Sheriff Frank),
Frances Lee McCain (Lynn Peltzer), Judge Reinhold (Gerald Hopkins)

1º) No darle de comer después de medianoche.
2º) No mojarlo.
3º) Evitar que le dé la luz del sol.

Las tres reglas que no podemos incumplir si no queremos enfrentarnos a los Gremlins. Las tres reglas que al no ser cumplidas nos dieron una de las películas más míticas de los ´80 y uno de los mejores films (anti)navideños de todos los tiempos.

Y es que, otro año más y cada vez antes, llega la Navidad. Entre turrón, villancico horrible, polvorón, familiar pesado y demás tonterías comerciales, tenemos la tele. Obviando el suicidio (ver algún especial navideño de caspa y bobada), queremos ver una película. ¿Cuál? Si odias estas fiestas o quieres reírte de ellas (y aprender que hay que ser responsable con las mascotas y no tomarse en serio la sociedad en la que vivimos) tenemos… ¡Gremlins!

Sí, lo sé. Hay mentes sensibles que la tachan de políticamente incorrecta y este escriba responde: “¡Sí! ¡Y me alegro de ello! Si no te gusta la escena del bar, ¡largo de aquí!”.

Puede que el tiempo pase por la estética de Gremlins, pero no en su contenido, su mala baba y su mensaje. Es decir, todo lo que la hace una cinta de lo más recomendable permanece intacto. Un espectador puede seguir disfrutándola ¿y cuándo mejor que ahora, en Navidad?

Y es que otro autor que reflexionó y satirizó a nuestra sociedad estaba en el alma de Gremlins: Roald Dahl. Dahl escribiría un relato que inspiraría a los monstruitos de la película. En el cuento, los pilotos de aviones de la Segunda Guerra Mundial justificaban las averías por culpa de malvado diablillos (justamente, lo que suelta el borrachuzo vecino del prota en la película). Como curiosidad, Walt Disney se interesó en hacer una película, pero quedó en nada.

A partir de la premisa de Dahl, el director Joe Dante, con Chris Columbus como guionista, perpetraron una gamberrada magistral. En las labores de producción, no podemos olvidarnos, estaba Steven Spielberg, deseoso seguramente de bromear tras ser tan políticamente correcto con E.T y trabajar con Dante. El padre de Tiburón era fan de Aullidos, pero como curiosidad, Dante se impuso a un profesional de la animación desconocido en aquella época: Tim Burton, que por esas fechas aún no había dirigido ninguna película.

Sea como sea, los chicos de Amblin planearon con Gremlins crear una película de miedo que pronto degeneró a una comedia negrísima sobre la Nochebuena, los regalos e incluso la responsabilidad.
La cinta comienza con Hoyt Axton, que da vida al despistado inventor Randall Peltzer, un padre que busca un regalo de última hora en el barrio chino… Y consigue un extraño mongwai, una criatura con tres normas que no pueden ser rotas. El protagonista es el hijo del inventor, Billy (Zach Galligan), que está hermanado con héroes de los ´80 como Marty McFly. Su chica Cate Beringer (que interpreta Phoebe Cates) y su amigo renacuajo Pete (Corey Feldman, que se haría conocido gracias a películas como Jóvenes Ocultos, Los Goonies, Cuenta conmigo…) deberán hacer frente a las consecuencias de que se rompan las tres normas.

El regalo no es un objeto, es Gizmo. Esta criatura representa lo perfecto y lo bueno frente los gremlins, que son la fealdad y lo maléfico. No es raro que los gremlins se muestren bajo la capa de agua (que borra la máscara de lo que bueno que queremos aparentar ser) o la luz (que nos descubre lo que somos). Con Gizmo y el término de las tres norma, el monstruo despierta y nosotros tememos (y desde fuera, en nuestro sofá, frente a la ficción, reímos). La metáfora está ahí.

Lo mejor es que Gremlins no se toma en serio. Hay gags como el de Blancanieves (mucho guiño fílmico), que siempre nos obligará a reírnos. Añadir que algunos chistes nos hacen sentirnos malas personas (cuando nos reímos tras ver al pobre perro de la familia siendo acosado y colgado de las luces navideñas por los gremlins, sin ir más lejos).

Gremlins es comedia negra. Y de las buenas. Nos encontramos aquí con momentos satíricos y esperpénticos que son todo un deleite. Desde la historia del padre disfrazado de Papá Noel y su fatal destino pasando por los macarrillas gremlins y sus crueldades y delirios.

No es de extrañar que la oscuridad y la violencia de dibujos animados que tiene el film (por algo el legendario Chuck Jones hizo un cameo) asustase (traumatizase) a alguno de pequeño (y de mayor)… Pero de ahí su gracia. Porque no olvidemos que la película tiene sus momentos violentos, pero son todos tan tontorrones y exagerados que ¿quién se los puede tomar en serio? Pues Asociación Americana de Cineastas, que cambió desde entonces su sistema de calificación por Gremlins e Indiana Jones y el Templo Maldito. Menos mal que es la primera película en la que Warner Bros utilizó su logo con el escudo (para aguantar los “detalles” de seres peores que los Gremlins: los “censores”, ya se sabe).

Y es que hay gente que no entiende que Gremlins tiene mucha moraleja, como ya decía antes. Reflexiona sobre cosas tan feas como los monstruos, los supermercados, las familias, la Navidad… El problema es que algunos espectadores se creen más listos y se quedan con la mera superficie, en vez de con la extrema crítica de los clichés que se curraron Joe Dante y compañía.

Y suma y sigue: Gremlins se llena de escenas bizarras: el caos en las calles, el profesor de ciencias Mr. Hantso que se enfrenta a su “monstruo”, la bestial despedida de la señora rica y su silla conectada a la pared…

¿Y qué decir de la música que acompaña este desmadre y corre a cargo de Jerry Goldsmith? Una de las bandas sonoras más pegadizas y más inolvidables que nos entregase este genio. A Goldsmith se le pegó el humor negro de Dante y compañía para llevarnos a este mundo surrealista que se nos presenta y hasta hace un cameo cuando el padre inventor está llamando desde la reunión de creadores, siendo el que lleva el sombrero extraño (misma escena donde hace un cameo Spielberg, por cierto).

Y otro de los puntos más sorprendentes de la película son los efectos especiales. Salvo algún momento de stop motion, Gremlins no han envejecido mal. Al menos, para un servidor, tiene su encanto ver al pobre Gizmo (y la voz de Howie Mandel) flipando con la televisión, siendo la criatura más horriblemente molona de la historia del cine. Las marionetas tenían su encanto, mucho más que alguna de las creaciones digitales actuales.

No se puede negar que también da cierto repelús encontrarse con los “hijos” de Gizmo, representados por ese punk Stripe, uno de esos villanos adorables que no nos gustaría encontrarnos en ningún sitio. Como curiosidad, en el primer borrador, el amigo Gizmo se convertía en Stripe, pero a Spielberg le gustó tanto Gizmo que cambió esto (estresando a los que llevaban los efectos especiales, que solo habían pensado en cómo hacer con Gizmo la primera mitad de la película).

Por todo lo anterior, la mezcla de comedia y terror hizo que Gremlins, en 1984, fuese un éxito como las adoradas Indiana Jones y el Templo Maldito o Los Cazafantasmas, todas ellas, dignas hijas de su época.

Hubo una secuela (hecha a regañadientes) y con la que el propio Dante aprovecharía para burlarse de las segundas partes. Casi una parodia de sí misma, dejó un par de grades momentos, pero nada como la original. Al menos, un apunte curioso: en Gremlins, los creadores se meten con la Navidad (y lo religioso), en Gremlins 2. La nueva generación con la televisión y los avances científicos (¿la nueva religión?).

Gremlins recibió varios Premios Saturn (entre ellos a los efectos especiales para crear a Gizmo), pero hoy se encuentra en ese terreno de nadie, donde se la recuerda para bien, pero no con el cariño y la reivindicación que se merece. Para un servidor, Gremlins merece ser un film de culto.

En definitiva, “mogwai” significa en cantonés “espíritu maligno” y Gremlins significa para todos los admiradores “la película navideña definitiva”.

No los moje, no deje que les de la luz y no les alimente después de la medianoche… Podría ser una aventura digna de ser vivida.

Gizmo