REPORTAJE: FRANK DARABONT. EL HOMBRE TRAS THE WALKING DEAD

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Desde que iniciara su carrera en el cine hace 25 años, Frank Darabont se ha caracterizado por su buen hacer, ganándose un gran prestigio como guionista, y sabiendo dar el paso a la dirección con películas que le permitieran enlazar su cuidado por las historias y los personajes con una puesta en escena pausada y deudora de lenguaje clásico de Hollywood. Títulos como Cadena Perpetua o La Niebla le han avalado como un buen narrador cinematográfico y actualmente está abriendo un nuevo campo con su trabajo en televisión con la serie The Walking Dead. Aprovechando que acaba de editarse en DVD la primera temporada de esta serie y que ya nos empiezan a llegar algunos avances de lo que veremos en la segunda, hemos querido hacer un pequeño repaso por su filmografía.

Darabont nació el 28 de enero de 1959 en un campo de refugiados en Montbeliard, Francia, después de que sus padres abandonaran Hungría huyendo de la Revolución Húngara de 1956. Siendo todavía un bebé, su familia se trasladó a Estados Unidos, y allí se crió, leyendo y viendo todo aquello que llegaba a sus manos relacionado con los géneros de ciencia ficción y terror. Esto creó en él una mente inquieta, abierta a leer la realidad que le rodeaba en forma de cuento fantástico. En este sentido, un escritor que le ayudó no sólo a desarrollar su personalidad, sino a hallar su estilo narrativo fue Stephen King. Darabont entró en el mundo del cine a los 20 años en 1983. Una de sus primeras obras fue un cortometraje titulado The Woman in the Room a partir de la adaptación de una novela de Stephen King. King quedó satisfecho con el resultado y Darabont, quizás envalentonado por esta buena reacción por parte del escritor de Maine, le solicitó los derechos para adaptar al cine sus novelas cortas Rita Hayworth y la Redención de Shawshank y La Niebla.

Tras esta primera experiencia en el mundo del cine, Darabont pasó a realizar diferentes labores de producción, hasta que a mediados de los 80 empezó a escribir guiones para productos de bajo presupuesto, generalmente vinculados al género de terror. El primer título en el que apareció acreditado como guionista fue en la cinta de 1987 Pesadilla en Elm Street 3. Los Guerreros del Sueño. Aquí Darabont se unió a una franquicia que había resultado revolucionaria con su primera parte, pero que en su primera secuela había echado a perder sus aspectos más interesantes. El guionista y el director, Chuck Russell, optaron por dar un giro de 180 grados, apuntar datos sobre el origen de Freddy Krueger y apostar por potenciar los aspectos más imaginativos de la propuesta, así como su humor macabro. El resultado no fue redondo, ni mucho, menos, pero sí una tercera parte que se mantiene junto con la original de Wes Craven como una de las más creativas y entretenidas de la saga.

La buena relación de Darabont con Russell les llevó a volver a colaborar en otro proyecto en 1988, El Terror no Tiene Forma. Director y guionista habían descubierto que entre sus afinidades comunes se encontraba su afición por la ciencia ficción clásica de los años 50, así que ambos decidieron hacer un homenaje a las películas que vieron de pequeños, realizando un remake de una de ellas, The Blob de 1958. Ambos consiguieron fusionar de manera coherente y entretenida las características del cine de aquella época, con las nuevas tendencias del cine de terror, realizando una cinta con un toque gore y gamberro que aportaba un encanto especial al remake.

Darabont se mantuvo en el terreno de las secuelas y los remakes dentro del género de terror con su siguiente película, La Mosca II. En este caso, el resultado fue un tanto diferente. Se trataba de una película que buscaba beneficiarse de manera descarada del éxito de la cinta de David Cronenberg, y si bien en el guión podemos encontrar algunos aspectos interesantes, la cinta obtuvo el poco éxito que se merecía. Un año más tarde, en 1990, Darabont tuvo la oportunidad de debutar como director de un largometraje con Enterrado Vivo. Se trataba de una producción para televisión, no especialmente destacable, y donde Darabont se limitaba a las labores de dirección a partir de un guión ajeno escrito por David A. Davies y Mark Patrick Carducci.

En 1992 entró a formar parte del equipo de George Lucas, quien le contrató como guionista para la serie Las Aventuras del Joven Indiana Jones. Aquí desarrolló los libretos de varios capítulos, lo que le sirvió no sólo para adentrarse en el mundo del famoso arqueólogo, sino para granjearse el aprecio tanto del productor como de Steven Spielberg, quien no estaba vinculado a la serie, pero que quedó gratamente sorprendido por el trabajo de Darabont.

1994 fue un año de alegrías y decepciones para Frank Darabont. Le contrataron para adaptar a la gran pantalla la novela de Mary Shelley Frankenstein, que contaba con la producción de Francis Ford Coppola y la dirección de Kenneth Brannagh. La intención de Coppola era aprovechar el tirón de su éxito con Dracula y seguir explotando los monstruos clásicos. Darabont se esforzó en realizar un guión que estuviera a la altura de las circunstancias y que, además, fuera lo más fiel posible al texto original. Sin embargo, Brannagh no respetó en absoluto el libreto de Darabont y efectuó una serie de cambios con los que el guionista no estaba de acuerdo. Aquí encontramos una de las primeras muestras del carácter belicoso de Darabont, quien no dudó en hacer públicas sus desavenencias con el director y su falta de entendimiento con respecto al enfoque de la historia. Esto, sumado al tremendo fracaso crítico y económico de la cinta, no hizo más que echar más madera al fuego con el que se estaba castigando a Brannagh por sus excesos y megalomanía en este proyecto.

Por esta misma época, Darabont estaba en pleno proceso de realización de su segundo largometraje, el primero para la gran pantalla. Se trataba de la adaptación de uno de los relatos de Stephen King que éste le había confiado al principio de su carrera. Rita Hayworth y la Redención de Shawshank no era un relato de temática fantástica, sino un homenaje al cine de cárceles, del que King es un gran aficionado, con referencias a varios de sus títulos más representativos, como El Hombre de Alcatraz. Sin embargo Cadena Perpetua iba más allá de ahí. Se trataba de una cinta rodada con mimo y detalle, con un gran sentido de los personajes y del ritmo de la historia. Como director Darabont supo reunir un excelente grupo de actores, de los que extrajo excelentes interpretaciones, destacando las notables composiciones de Tim Robbins y Morgan Freeman. La película sería un éxito y le reportó siete nominaciones a los Oscars, incluyendo mejor guión adaptado y mejor película, aunque no se llevó ninguna de ellas.

En 1998 Darabont fue convocado por Steven Spielberg para revisar de forma no acreditada el guión de Salvar al soldado Ryan, y al año siguiente, volvió a ponerse tras la cámara para dirigir una adaptación de otra obra de Stephen King, La Milla Verde. De nuevo se trataba de una historia de temática carcelaria, aunque en esta ocasión sí acompañada por ese contenido fantástico propio del escritor de Maine. La cinta se caracterizó por las mismas virtudes de su anterior película como director, es decir, un enfoque clásico, con mucho cuidado en los detalles y la interpretación de los actores, y una mayor atención al componente emocional de la historia por encima de los aspectos fantásticos. El resultado no fue una película tan redonda como Cadena Perpetua, pero sí un trabajo estimable, que dejaba claro que Darabont era un autor a tener en cuenta.

En 2001 Darabont volvió a ponerse tras la cámara para dirigir The Majestic, a partir de un guión ajeno escrito por Michael Sloane, menos experimentado en estas lides. La película buscaba recuperar el tono de las cintas clásicas de Frank Capra, con su mensaje esperanzador y humanista, sin embargo quedó nuevamente claro que al Darabont director no le sienta demasiado bien trabajar con otro guionista que no sea él mismo y la película fracasó en taquilla, a pesar de contar con un Jim Carrey que pretendía repetir aquí su éxito con El Show de Truman y Man on the Moon. Este fracaso alejó a Darabont una temporada de la dirección y se centró en la escritura.

En 2002 Spielberg volvió a solicitarle para que retocara, una vez más sin acreditar, el guión de una de sus películas, Minority Report, y en 2004 se encargó de escribir el primer borrador de la cinta de Michael Mann Collateral. Ese mismo año, Spielberg le recompensó sus trabajos anteriores sin acreditar, recomendándolo para elaborar el guión de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. Desgraciadamente, pese a que tanto Spielberg como Harrison Ford quedaron encantados con su libreto, George Lucas decidió rechazarlo, lo que nuevamente levantó las críticas de Darabont, quien no dudó en dar a conocer su decepción a los medios. Este desencanto le llevó también a regresar a la televisión, donde se encargó de dirigir sendos episodios para las series “Raines” y The Shield.

De manera paralela, Darabont emprendió la adaptación del segundo de los relatos cuyos derechos le había otorgado Stephen King en 1983, La Niebla, un delicioso homenaje al cine de terror de serie B de los años 40 y 50. A partir de una historia de fantasía que entronca con los argumentos clásicos de series como La Dimensión Desconocida, Darabont construyó todo un estudio sobre el efecto del miedo en el ser humano, aislando a un grupo de habitantes de un pequeño pueblo en el espacio reducido de un supermercado, y obligándoles a convivir juntos con la amenaza de la muerte rodeándoles. El guión de Darabont resultó modélico en su tratamiento de los personajes, consiguiendo sorprender al público con los giros de la historia, pero también permitiendo a ésta llegar más allá como metáfora de los efectos del 11S entre la población estadounidense.

Si en La Niebla podíamos ver algunos nexos en común con el clásico de George Romero La Noche de los Muertos vivientes (en ambas, la amenaza se encuentra en el exterior de la tienda, oculta en la niebla, pero los verdaderos monstruos están dentro, intentado lidiar con sus miedos aunque sea a costa del prójimo), el siguiente proyecto de Darabont le llevaba directamente a la temática zombie. Basada en una popular serie de comics, The Walking Dead devolvía a la pequeña pantalla ese gusto del guionista y director por historias y personajes cotidianos amenazados por elementos sobrenaturales. Formando equipo con Charlie Adlard, Tony Moore y el creador de la serie original, Robert Kirkman, Darabont no sólo escribió los guiones de la primera temporada, también dirigió el episodio piloto y ejerció de productor, avalando con su nombre y prestigio el buen funcionamiento de la serie.

Este éxito ha permitido aumentar de seis a doce el número de capítulos producidos para la segunda temporada de esta serie que empezará a emitirse en octubre y que está acaparando actualmente toda la atención de este cineasta. Eso sí, esperamos que esto no suponga una despedida de Darabont del cine a favor de la pequeña pantalla. Es cierto que actualmente creadores como él están encontrando más facilidades en televisión que en Hollywood, pero la industria del cine necesita urgentemente narradores como él, capaces de congraciar la fantasía con personajes humanos y cercanos con los que el espectador pueda identificarse.