Si hay una palabra que pueda definir el final de los años cuarenta y toda la década de los cincuenta del pasado siglo XX, paranoia es, sin duda alguna, la más acertada.

La paranoia es un término psiquiátrico que describe un estado de salud mental patológico en el que el paciente sufre delirios -percepciones y creencias sistemáticas y erróneas, desconectadas de la realidad y resistentes al cambio- de los cuales los más comunes y más conocidos son los de persecución y de grandeza. En la forma más grave, la psicosis conocida como esquizofrenia paranoide, el paciente puede tener alucinaciones en las que personajes históricos, mitológicos o religiosos se le aparecen y le transmiten mensajes, alucinaciones obviamente conectadas con los delirios de grandeza del paciente.

El psiquiatra y escritor español Enrique González Duro, en su libro La paranoia: Delirios persecutorios, de grandeza y otras locuras de los cuerdos (1991), afirma que: el pensamiento paranoide es rígido e incorregible: no tiene en cuenta las razones contrarias, sólo recoge datos o signos que le confirmen el prejuicio, para así convertirlo en convicción. 1

Tal patología clínica define a la perfección los comportamientos de buena parte de los líderes políticos que manejaron el mundo de una forma totalmente delirante durante aquellos años, un comportamiento que desembocó en la todavía recordada y, casi me atrevería a decir que añorada por muchos, “Guerra Fría”.

En un mundo tan extremo y radicalizado como el resultante de la Segunda Guerra Mundial, los contendientes se olvidaron de cualquier consideración ética y se embarcaron en una peligrosa deriva ideológica que les hizo borrar, de un plumazo, las mismas leyes y los mismos principios que inspiraron la contienda en contra del régimen del canciller alemán Adolf Hitler y del resto de sus aliados en el conflicto bélico anterior.

Un inmejorable ejemplo de lo expresado en el párrafo anterior lo representa la figura senador republicano Joseph Raymond McCarthy (1908-1957) quien decidió emprender una nueva e infame “caza de brujas”, la cual sacudió los Estados Unidos de América durante casi una década.

El combativo y ciertamente cuestionado político transformó la Comisión de Actividades Anti-americanas -creada en 1934 para investigar la colaboración de ciudadanos y/ o empresas norteamericanas con el Reich alemán- en otra cosa bien distinta. En manos del senador de Wisconsin dicha institución se convirtió en una versión contemporánea de los no menos infames juicios de Salem, que tuvieron lugar entre 1962 y 1963. Para los que participaron en aquella charada, entre ellos, el abogado y asesor Roy Marcus Cohn, además de un recién llegado llamado Richard M. Nixon y del mismísimo patriarca de la familia Kennedy, detener la amenaza comunista era una prioridad de Seguridad Nacional y, por lo tanto, cualquier medida estaba justificada y/o bendecida. 2

Por ello, y al igual que sucedió en los juicios celebrados en el pueblo de Salem, poco importó que a los acusados se les privara de sus más elementales derechos, entre ellos, la presunción de inocencia, y que, para articular sus discursos, los miembros de la comisión se valieran de toda una suerte de argumentos trufados de mentiras, chismes malintencionados e insinuaciones sin fundamento. 3

En su afán por controlar “los corazones y las mentes” de los norteamericanos -a imagen y semejanza del ministro de propaganda del régimen nazi, Joseph Goebbels Joseph McCarthy persiguió, extorsionó y arruinó la vida y la carrera profesional de todos aquellos que se negaron a delatar a quienes podrían tener alguna que otra inclinación subversiva, mayormente asociada con la ideología comunista, valiéndose, claro está, de unos métodos muy similares a los utilizados por la Gestapo alemana durante más de una década. El fruto de tanta tropelía fue la redacción de las celebérrimas listas negras, aquéllas en las que se incluyó a todas las personas sospechosas de ser simpatizantes para con la ideología comunista. Ahora, con el paso del tiempo, resulta digno de reseñar que, del total de las personas acusadas, poco más de un seis por ciento era, realmente, seguidor y/ o simpatizante del partido comunista…

Y es en esos momentos tan convulsos y desquiciados cuando empieza a germinar el trabajo del escritor y guionista Richard Burton Matheson (1926-2013). Al escritor originario de Allendale (Nueva Jersey), uno de los pilares de la ciencia ficción contemporánea, se le considera uno de los escritores que mejor ha sabido plasmar la paranoia y la indefensión del ser humano frente a los avatares de la civilización.

En sus novelas y relatos más conocidos el hombre está expuesto a las consecuencias de una pandemia (I am Legend – Soy leyenda); a un suceso relacionado con la tecnología y/ o la ciencia (Duel y The Incredible Shrinking Man); o a las consecuencias directas de sus propias decisiones (Buttom, Buttom) y sus personajes poco pueden hacer por cambiar el resultado final.

I am Legend

Es cierto que, en algunos casos, esos mismos protagonistas llegan a encontrar un nivel de lucidez que les lleva a comprender el sentido de su propia existencia, caso de Robert Neville o Scott Carey. Sin embargo, no es menos cierto que la obra de Richard Matheson está gobernada por un claro determinismo darwiniano y por un pesimismo hacia la raza humana que, desgraciadamente, la civilización se empeña en confirmar diariamente, sobre todo en los peores momentos.

Los miedos que refleja el escritor en sus trabajos son los miedos acuñados tras el final de la Segunda Guerra Mundial; es decir, el miedo atómico y sus consecuencias –tal y como le sucede a Scott Carey, el increíble “hombre menguante”-; el miedo a la gran pandemia bacteriológica, a imagen de la devastadora Peste Negra del medievo; o el miedo a la omnipresente tecnología, responsable de la deshumanización de las personas. Al final, los personajes de Richard Matheson se ven obligados a luchar en un escenario cada vez más adverso, asaltados por la desesperación y la paranoia que les atrapa sin remedio.

De entre todos esos personajes escritos por Richard Matheson, el que es más relevante a la hora de hablar de una pandemia que asola la raza humana es Robert Neville, eje central de la novela I am Legend, publicada en 1954 por la editorial Gold Medal Book. En ella, un hombre, sólo y perseguido por sus recuerdos, sobrevive en un mundo asolado por una epidemia que ha transformado a los seres humanos en vampiros y, además, ha hecho que los muertos abandonen sus tumbas y anden sobre la Tierra.

Richard Matheson reunió en las páginas de su novela el mito del vampirismo, recreado por Bram Stoker en las páginas de Drácula, y le superpuso el concepto de una pandemia bacteriológica mundial, cuyos principales síntomas eran la sed de sangre y la repulsión hacia el ajo, los símbolos religiosos y la luz del sol. No obstante, la bacteria responsable de todo aquello también había sido la causante de que los muertos salieran de sus tumbas, tal y como le sucede a la mujer del protagonista. (…) Neville meneó la cabeza. El mundo ha enloquecido, pensó. Los muertos se pasean por las calles y no me sorprende. El retorno de los cadáveres es hoy un asunto trivial. ¡Con qué rapidez acepta uno lo increíble, si lo ve a menudo! En un mundo como ése, Robert Neville pasa a ser el último ser humano con vida, un fósil viviente, símbolo de una civilización que murió al desatarse la epidemia. 4

Sobra decir que el aislamiento y la desesperación que rodea al personaje terminará por ser tan angustiosa o más que la que experimentan los personajes de la película dirigida por Donald Siegel en 1956 Invasion of the Body Snatchers. En este sentido, cabe decir que las palabras pronunciadas por Carol Malone (Meg Tilly), personaje que aparece en la película Body Snatcher (Abel Ferrara. 1993) -tercera adaptación cinematográfica de la novela original de Jack Finney The body snatchers– bien pudieran servir de resumen de la peripecia vital que soporta Robert Neville ¿A dónde vas a ir, hacia dónde vas a correr, dónde te vas a esconder? Es inútil… No hay nadie más como tú. 5

Al final, Neville debe aceptar que está viviendo una odisea que le supera, por más que él trate de sobrellevarla y se obstine en encontrar respuestas a una situación que, tiempo atrás, dejó de tener una explicación racional.

Esto mismo se le puede aplicar al personaje de Ann Collins, protagonista de otro relato del escritor titulado The Stranger Within. En él, una mujer se queda embarazada, a pesar de la imposibilidad física de su marido para concebir hijos, tras someterse a una vasectomía. Toda la catarata de preguntas que asaltan a la mujer son las mismas que asaltarán la mente de David Mann, el personaje al volante del Plymouth Valiant rojo en Duel, acosado, éste, por un psicótico conductor a los mandos de un vetusto y amenazador camión cisterna modelo Peterbilt 281 que no cesa en su empeño por sacarlo de la carretera. 6

Tanto Neville, como Carey, Collins, o Mann son seres que tratarán de salir indemnes y cuerdos de la pesadilla paranoica y sin sentido a la que se verán abocados, fiel reflejo de la mentalidad de Richard Matheson y del momento histórico en el que le tocó vivir. En el caso de Robert Neville, éste logra encontrar un último momento de lucidez, el cual le permite despedirse del mundo sin el desasosiego que le ha perseguido desde que se dio cuenta de que era el “último hombre vivo” sobre la faz del planeta. Neville miró a los nuevos habitantes de la Tierra. No era como ellos. Semejantes a los vampiros, él era un anatema y un terror oscuro que debían destruir. Y de pronto nació la nueva idea. Divirtiéndose, a pesar del dolor. Se dio la vuelta y se apoyó en la pared mientras se metía las píldoras en la boca. Se cierra el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo. Soy leyenda.7

I am legend © 1954 Gold Medal Book. Fawcett Publications.
The Last Man on Earth © 1964 Associated Producers Inc., and Produzioni La Regina
Duel © 1971 Universal Television. A NBCUniversal Content Studios. All Rights reserved.

Notas:
1- Duro, E. G. (1991). La paranoia. Delirios persecutorios, de grandeza y otras locuras de los cuerdos. (1st ed., Vol. 18). Madrid.: Ediciones Temas de Hoy, S.A.
2- El senador llegó a ser considerado el peor exponente de todos los representantes de la cámara baja de los Estados Unidos de América, luego de su intervención durante el juicio de los soldados alemanes integrantes de la primera unidad de la división Panzer SS “Leibstandarte SS Adolf Hitler” responsables, éstos, de la masacre de soldados norteamericanos en Malmedy (Bélgica, diciembre 1944)
3-  Los juicios celebrados en Salem quedaron inmortalizados por la mano de Arthur Miller en su obra “The Crucible”, una dramatización de aquellos eventos que sacudieron a la mencionada población.
4- La idea de la pandemia que acaba con la civilización no es nueva. Dejando a un lado los textos de carácter religioso, existe un claro antecedente, desconocido hasta los años sesenta del pasado siglo XX, aún viniendo de una escritora tan reconocida y de tanta importancia dentro de la literatura de género como lo es Mary Shelley.  The last man es una obra de ciencia ficción, publicada en 1826, que no gozó del mismo reconocimiento que otras obras de la autora romántica. Excesivamente pesimista e impregnada de una doble lectura –tiene tintes autobiográficos- la obra no fue ni entendida, ni valorada por sus contemporáneos. De ahí que The last man y su protagonista, Lionel Verney, el último hombre vivo, permaneciera en el olvido hasta que, en 1965, se volvió a reeditar, cosechando el reconocimiento que le estuvo vetado en su momento.
5- Si hablamos de situaciones realmente angustiosas, Richard Matheson escribió, basado en su relato Alone by Night (1961), uno de los mejores guiones de cuantos se rodaron en la serie The Twilight Zone protagonizado, éste, por William Shatner. El episodio titulado Nightmare at 20,000 Feet (Richard Donner. Temporada 5 -episodio 3) nos coloca en el papel de un pasajero que es la única persona que ve cómo una horrenda criatura está tratando de sabotear el avión en el que está montado. La angustia de Robert “Bob” Wilson (William Shatner) choca contra la incapacidad de quienes le rodean para ver lo mismo que él. Son veinticinco minutos en los que se termina por palpar la desesperación del personaje, quien no logra que los demás sean conscientes del peligro al que están expuestos.
6- Duel supuso el debut del director, productor y guionista norteamericano Steven Spielberg en noviembre del año 1971. Pensada, originalmente, para ser emitida en televisión como parte del programa ABC Movie of the Week, la película terminó luego proyectándose en la gran pantalla y con metraje adicional.
7- Matheson, R. B. (1954). I am legend: A Gold Medal original (1st ed.). New York, NY: Gold Medal Books.
Lecturas recomendadas (en lengua inglesa)
Brejla, Terry. (2011). The Devils of His Own Creation: The Life and Work of Richard Matheson. San Jose: Writers Club Press.
Gagne, Paul R. (1987). The Zombies that Ate Pittsburgh: The Films of George A. Romero. New York: Dodd, Mead & Company.
Matheson, Richard. (1954). Born of Man and Woman and Other Stories. New York: Chamberlain Press.
(1954). I Am Legend. New York: Gold Medal Press.
(1956). The Shrinking Man. New York: Gold Medal Press.
(1958). A Stir of Echoes. New York: J. B. Lippincott.
(1971). Hell House. New York: The Viking Press.
Salisbury, Mark, ed. (1995). Burton on Burton. London: Faber and Faber.
Wiater, Stanley, Bradley, Matthew R, Stuve, Paul, eds. (2008). The Richard Matheson Companion. Colorado Springs: Gauntlet Press.
Wiater, Stanley. (2009). The Twilight and Other Zones: The Dark Worlds of Richard Matheson. New York: Citadel.