Reportaje: Todo lo que debes saber sobre “LA MUERTE DE SUPERMAN”

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Superman Action Comics 483

Quienes pudieron leer, en noviembre del año 1992, los números publicados por la editorial DC con Superman como protagonista; es decir, Action Comics# 483, The Adventures of Superman# 496, Superman Man of Steel# 17 y Superman# 73 (vol.2) se encontraron con una inquietante página final, la cual cerraba todos y cada uno de los ejemplares mencionados. En dicha página, se veían hasta tres viñetas ocupadas casi en su totalidad por un imponente y grotesco puño golpeando, una y otra vez y sin ninguna compasión una pared de hierro, la cual, en la cuarta y última viñeta, empezaba a sentir los efectos de la fuerza desatada sobre ella.  

Superman Action Comics 483

Poca cosa más, salvo la frase…Doomsday is coming!, excusa más que suficiente para dar pie a todo tipo de interpretaciones por parte de los lectores habituales de la colección. Esto, por desgracia para quienes disfrutamos con las aventuras del Hombre de Acero, no pasó en nuestro país, debido a los problemas de publicación que, por aquel entonces, tenía el veterano personaje, a pesar de los intentos de Ediciones Zinco por remediarlo.

Lo que en realidad escondía aquella imagen era el comienzo de una de las historias más importantes y trascendentales del noveno arte, tanto por su intensidad como por su impronta posterior, una historia que se acabó conociendo, simplemente, como La muerte de Superman. Su importancia no sólo estaba determinada por poner fin a la existencia de uno de los personajes capitales del lenguaje gráfico, -por no decir el más importante-, sino por la tremenda campaña mediática, ajena, ésta, al mundo del cómic, y la reacción social posterior que tal suceso acarreó.

Hay que tener en cuenta, que además de las generaciones que han crecido leyendo al personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster, el hecho de que la década de los años noventa del pasado siglo XX fueron años de cambios y revoluciones dentro del mercado editorial, el cual había permanecido dominado por dos grandes editoriales, desde la década de los sesenta.

El cambió llegó tras el surgimiento de algunas editoriales independientes, especialmente Valiant Comics e Image Comics. El sello Image estaba encabezado por una serie de contestatarios dibujantes, los cuales habían decidido plantar a las grandes editoriales –DC y Marvel– y trabajar para sí mismos. En teoría aquella deserción debería estar condenada al fracaso, pero el tiempo demostró que su atrevimiento supuso un antes y un después en el mercado gráfico y, con ello, un profundo cambio en la manera de entender la industria del noveno arte.

Bien es cierto que los autores fundadores de Image se habían encumbrado bajo la sombra de Marvel Comics, situación que propició que la veterana editorial DC asistiera al espectáculo de una manera mucho menos comprometida que su competidor directo. No obstante, Todd McFarlane había trabajado, también, para DC en Infinity Inc., y no hay que olvidar que Rob Liefeld dibujó una más que meritoria miniserie protagonizada por Hawk and Dove (Halcón y Paloma) , según el guión de Barbara y Karl Kesel (1988-1989), pero, tal y como ya se ha mencionado, el éxito de ambos se debió a su trabajo en series publicadas por la Casa de las Ideas.

Sea como fuera, el fulgurante éxito de Image fue un “aviso para navegantes” y en DC se dieron cuenta de que los modos y las maneras de la nueva editorial habían llegado para quedarse y que quien no supiera adaptarse pagaría las consecuencias.

El caso de Valiant, surgida en 1989, tras la abrupta salida del que fuera todopoderoso editor en jefe de Marvel Comics, Jim Shooter, también es digno de reseñar, tanto por su acierto a la hora de crear un universo cohesionado y conexo como por las innovaciones en el campo de la promoción mercantil desarrollada por la editorial. Los números “Zero” los cuales suelen contar el origen de tal o cual personaje, así como las portadas metalizadas, los logos de diferentes colores y los cupones y/ o regalos que se incluían o se podían solicitar merced a dichos cupones, fueron estrategias de ventas que luego el resto de las editoriales copiaron y explotaron hasta el infinito.

La diferencia con Image Comics fue que Valiant acabó siendo vendida al gigante de los videojuegos Acclaim Entertainment en 1994, apenas dos años después de la salida al mercado de los principales títulos de la editorial. La empresa continuó publicando el material de Valiant, pero sin el interés y los requerimientos de continuidad y calidad exigidos por los fundadores del sello editorial, razón por la cual su luz dejó de brillar tras unos pocos años de existencia en el panorama editorial.

Frente a todo esto, DC contaba a su favor con su extenso panteón y la larga tradición que la editorial tenía para con la misma sociedad americana y, por ende, con buena parte del mundo. Por eso, cuando los responsables de la editorial se plantearon un “golpe de efecto” para no perder más cuota de mercado de la que ya estaban perdiendo, recurrir a Superman era apostar a “ganador y colocado”, tal y como se diría en el argot de las apuestas de las carreras de caballos.

En el extremo contrario estaban los que pensaban que matar a un personaje de la importancia de Superman era terminar con uno de los mayores y mejores activos de la editorial, uno de los pocos supervivientes de los convulsos años cincuenta con su denostada “caza de brujas” en contra de los cómics, desatada por el doctor Fredric Wertham y buena parte de la sociedad norteamericana de aquel momento.

Además, las experiencias en dicha materia nunca habían sido del todo satisfactorias. Marvel Comics ya sufrió las iras y el acoso de los aficionados cuando se le ocurrió matar a la primera NOVIA, con mayúsculas, de Peter Parker, más conocido como Spider-man. Gwen Stacy moría a manos del demente duende verde, en un arco argumental de dos números titulado The Night Gwen Stacy Died (Amazing Spider-man# 121 y 122. 1973) y la posterior reacción de los lectores no se hizo esperar, colapsando la centralita de la editorial e inundando las oficinas con centenares de cartas, muchas de las cuales no eran, precisamente, “correctas y educadas” por decirlo de una forma suave. Lo curioso del caso es que si bien Gwen Stacy era un personaje recurrente, no era el personaje principal de la serie, aunque el factor emocional siempre cuenta.

The Night Gwen Stacy Died

Otra cosa bien distinta es que, luego, en el mundo gráfico, casi nadie muere eternamente. La propia Gwen regresa a la vida del trepamuros en Amazing Spider-Man #144 (Mayo 1975), aunque no sea la Gwen original sino un clon, y mejor lo dejamos ahí, que si no…

Salvo en casos muy claros la mayoría de los héroes fallecidos resucitan. Un caso que desmiente esta afirmación fue la muerte de la capitana Jean DeWolf, un suceso narrado por Peter Davis en los números  Peter Parker, the Spectacular Spider-Man #107 – #110 (Octubre 1985–Enero 1986). Para este personaje no hubo ni marcha atrás, ni clon que la sustituyera, a pesar de que algunos ejecutivos de la editorial llegaron a decir que la capitana, en realidad, NO estaba muerta.

DC Comics, por su parte, ya había tenido la oportunidad de comprobar las reacciones de los lectores, aunque de otra forma, dado que recurrió a ellos para que decidieran si el nuevo Robin,  Jason Todd –quien nunca había terminado por convencer a los seguidores de Batman, tras el abandono de Dick Grayson al asumir la personalidad de Nightwing– debía morir o no. Así, en una encuesta telefónica entre más de 10.000 lectores,  el veredicto final fue una sentencia de muerte para el personaje, la cual fue “ejecutada” en el arco argumental Batman: A death in the family (Batman# 426-429, Diciembre 1988 – Enero 1989). Y Jason Todd también resucitó, para seguir con la máxima escrita en el mundo gráfico.

Batman. A death in the family

De todas maneras, matar a Robin no era, ni mucho menos, comparable con terminar con la vida de uno de los símbolos de la cultura popular estadounidense como lo era y lo es Superman.

Es cierto que en la vida del héroe –y en la de los jóvenes lectores de la época- ya existía un lejano precedente de dicho suceso, contado en una trama que se desarrollaba en el Superman# 149 (Noviembre 1961). En esta ocasión se trataba de una historia “alternativa” donde el malvado Lex Luthor –luego desterrado de por vida a la “Zona Negativa” por su horrendo crimen- lograba acabar con la vida del personaje utilizando la letal y siempre destructiva kriptonita. Claro que, al ser una historia alternativa, su resonancia dentro de la cronología del hombre de acero no fue muy significativa, tal cual dejaban claro los editores responsables “Let´s not feel too badly.  After all, this was only an imaginary story

Así mismo, no es menos cierto que, en 1985, DC Comics se puso manos a la obra para tratar de organizar su vasto y caótico universo gráfico, ante las incongruencias que los propios responsables de la editorial estaban empezando a cometer. Para lograrlo, en abril del año 1985, se publicó el primer número de una maxiserie de doce titulada Crisis on Infinity Earths, excusa argumental para tratar de simplificar cincuenta años de continuidad y desatinos editoriales.
El guionista Marv Wolfman y el dibujante George Pérez fueron los encargados de ensamblar piezas, rechazar otras y acabar con todos aquellos personajes y universos que no le supusieran un gran quebranto a las arcas de la editorial.

Sobra decir que para lograr el propósito inicial –organizar el universo de DCCrisis on Infinity Earths debería haber durado no uno, sino varios años y, además, contar con la promesa escrita, por parte de la editorial que propició el invento, de no volver a tocar lo que allí se estaba tratando, algo que luego no pasó.

Sea como fuere, el evento se saldó con una larga, muy larga lista de víctimas, de la cual adjunto un extracto para que se hagan una idea aproximada de la magnitud del desaguisado: Alexander Luthor Sr., (Tierra-3 –conocida como el Sindicato del Crimen de América) y su esposa, Lois Lane Luthor; Alexei Luthor (Tierra-2 –donde viven los héroes de la edad de oro, años 40); Aquagirl (Tula); Dove (Don Hall del dúo Hawk & Dove); Green Arrow (Tierra-2); Huntress (Tierra-2); Kole; Lori Lemaris; The Losers; Robin (Tierra-2); Starman (Prince Gavyn) Flash (Barry Allen, Tierra-1); Supergirl (Tierra-1) y Wonder Woman Tierra-1), aunque su muerte no fue tal, sino que la amazona fue enviada, a través del tiempo, para que luego la editorial la presentara, actualizada y dispuesta a seguir dando guerra, en 1987 de la mano del siempre espectacular y detallista George Pérez.

El caso de Barry Allen, el Flash de la edad de plata –visto por primera vez en Showcase #4 (Octubre 1956), una serie responsable de resucitar el género superheróico, tras la ya comentada debacle post Comic Code y el Dr. Wertham– fue diferente, porque éste sí fallece, durante el octavo número, al igual que la prima de Kal-El, Kara Zor-El, descubierta por los lectores en un ya lejano 1959 (Action Comics #252). Kara muere en brazos de su primo, Superman, en la séptima entrega, en un momento que fue inmortalizado para la posteridad por George Pérez, quien dibujó una de las portadas más impactantes y tristes de la historia del medio.

Supergirl Death

Años después de la publicación de la maxiserie, George Pérez comentó en la revista Wizard que se había barajado la posibilidad de que Superman, el de nuestro tiempo –Tierra-1- muriera al final de la entrega número doce, combatiendo al diabólico y megalómano Anti-Monitor, el MALO con mayúsculas, responsable de tanta barbarie.  De esta forma, el original Superman de Tierra-2, aquel que fuera creado por Jerry Siegel y Joe Shuster en 1938, regresaría a la Tierra en el lugar del fallecido y la continuidad quedaría restablecida.

La idea –desechada por DC– sí fue tomada en consideración por John Byrne, responsable en esos momentos de preparar el relanzamiento que luego Superman sufriría, en 1986, año en el que se publicó la miniserie The Man of Steel (Julio-Septiembre 1986)

No es descabellado imaginar que la negativa de la editorial se debió no solamente al proyecto en el que estaba trabajando John Byrne, sino al rechazo en sí que debía provocar, tal y como ya se ha dicho, el nombrar, siquiera, el hecho de matar a Superman, aunque algunos sí que estuvieran dispuestos a llevarlo a cabo, y no me refiero al buen doctor Fredric Wertham o a quienes censuraron y prohibieron la publicación de Superman en nuestro país, porque solo los ángeles podían volar.

No obstante, los tiempos cambian y en DC sabían que debían contrarrestar no sólo el éxito de Image Comics, sino sucesos tan señalados como la publicación, por parte de Marvel Comics, del X-Men# 1 (Octubre 1991), obra de Chris Claremont y Jim Lee, número con cinco portadas distintas, el cual vendió más de ocho millones de ejemplares cuando llegó al mercado.

X-Men 1. 1991

Ante sucesos de esta índole, a la veterana editorial no le quedó más remedio que ponerse a pensar e idear un suceso que diera la réplica al éxito de sus competidores.
En un primer momento se pensó orquestar la boda entre Lois Lane y Clark Kent, no en una tierra alternativa, ni nada por el estilo, sino en la Tierra-1, para entendernos.

El proyecto sonó bien, pero, por aquel entonces, ya se estaba trabajando en una adaptación televisiva de las aventuras de Clark Kent y Lois Lane–serie que luego se llamaría  Lois & Clark: The New Adventures of Superman (ABC/ Warner Bros, Septiembre 1993-Junio 1997)- adaptación que la editorial aprovechó más tarde para el lanzamiento de la mencionada boda gráfica entre ambos personajes.

Por dicha circunstancia y sin perder de vista que no hay nada más impactante que una muerte, sobre todo de alguien que uno conoce, los esfuerzos de la editorial se concentraron en otro sitio. Y, de igual forma que se aceptaba que Superman era el HÉROE con mayúsculas, también está establecido que, tal como muy bien recalcó el historiador y la piedra angular sobre la que se sustenta el estudio del héroe contemporáneo, Joseph Campbell, “Un héroe que teme a la muerte no es un héroe.” Al final, y ante un razonamiento como el formulado por Campbell en sus tratados, la editorial se decidió a dar el paso y el fin de Superman comenzó a fraguarse en las oficinas de la Distinguida Competencia.

Sin dejar a un lado todos esos reparos ya comentados, un equipo artístico encabezado por los guionistas Dan Jurgens, Rogers Stern, Louise  Simonson, Gerad Jones, Jerry Ordway y Karl Kesel se puso manos a la obra para lograr que la propuesta llegara a plasmarse en las páginas de los cómics. A su vez, el apartado grafico recayó en Jon Bogdanove, Tom Grummett, Jackson Guice, Dan Jurgens y M.D. Bright, y el entintado, en Brett Breeding, Rick Burchett, Doug Hazlewood, Dennis Janke, Denis Rodier y Romeo Tanghal.

Al final, el último enfrentamiento del hombre de acero con una despiadada criatura llamado Doomsday, denominada así por el miembro de la Justice League Booster GoldIt’s like Doomsday is here“- se desarrolló para ser visto en Action Comics# 684, Adventures of Superman# 497, Justice League of America# 69, Superman# 74 y 75 y Superman the Man of Steel# 18 y 19 –publicado entre diciembre de 1992 y enero de 1993.

En DC trabajábamos en dos vertientes, a la hora de desarrollar aquella trama: una era articular la muerte del personaje de la forma más realista y desgarradora posible y otra enfrentarlo a una criatura que fuera pura fuerza bruta, capaz de poner en jaque al hombre de acero. En DC no teníamos villanos que pudieran comportarse de esa forma, cosa que sí sucedía en Marvel Comics. En DC había muchos villanos que buscaban dominar a Superman con la mente, pero no teníamos esa especie de festín visual de golpes que Marvel Comic sí demostraba en sus colecciones.
Fundimos las dos ideas y se avanzó a partir de ahí. Sin embargo, aquellas ideas no habrían servido de nada si no hubiésemos contado con cuatro equipos creativos ejecutando cada paso de la trama de manera correcta. Y creo que si se lee “La Muerte de Superman” por si misma no impresiona del todo. Sabíamos que la compensación a nuestro trabajo llegaría posteriormente con el arco argumental “Funeral por un amigo”, una historia que daría la profundidad y la caracterización de los sentimientos que faltaban durante “La Muerte de Superman”. En realidad, todo aquel trabajo fue un logro tremendo y el testimonio de lo que se puede conseguir en un proceso basado en la colaboración.

Dan Jurgens. (Los secretos de los guionistas de cómic book.  Mark Salisbury – La Factoría de Ideas, colección Solaris Etecé nº5) Junio del 2001.

Después, y de manera paralela, comenzó una cuidada y muy bien planteada campaña publicitaria, la cual alertaba a los lectores de un suceso tan sonado como inesperado para cualquier aficionado habitual del personaje. El acontecimiento terminó por sobrepasar las barreras del propio mercado gráfico para formar parte de los titulares de los principales rotativos americanos y de los titulares en los informativos televisivos de todo el mundo. DC, siguiendo la estela de Valiant Comics, Image Comics y la Casa de las Ideas, creó alrededor de la historia toda una serie de elementos adicionales, pensados para captar la atención del aficionado y de todos aquellos que terminaron por sufrir la influencia de la mencionada campaña publicitaria.

A las ya habituales portadas alternativas, con logos de diferentes colores, trading cards –de diversos tipos y texturas-, y la mejor edición posible para la época, DC añadió diferentes elementos, poco habituales tales como una edición especial del Superman# 75, presentada en una bolsa de color negro y con el símbolo de Superman ensangrentado. En dicha edición especial, la portada del ejemplar que venía dentro, cambiaba la imagen del Superman# 75 estándar y el logo habitual de la colección por el gris de una lápida mortuoria, en la que figuraba inscrito el nombre del héroe.

En la bolsa, además del ejemplar que cerraba la saga, se podían encontrar otros elementos igualmente atractivos para cualquier amante del personaje, tales como un brazalete negro en señal de duelo, la esquela del personaje publicada en el Daily Planet y un póster especial, creado para la ocasión, que sólo se podía adquirir de esta manera.

En dicho póster se podía ver cómo era trasladado el féretro del héroe, el cual estaba sujeto por Batman, Robin, Wonder Woman, Green Lantern, Flash y Aquaman. Siguiéndolos vemos a Lois Lane, a los padres terrestres del héroe, Jonathan y Martha kent, a Jimmy Olsen, a la nueva Supergirl, a Green Arrow, a Black Canary, a Nightwing y así hasta más de un centenar de personajes de todo el universo DC.

Hasta la mismísima BBC británica comercializó, además, un audiobook producido por BBC Radio 5 en donde se narraba el encuentro y posterior batalla de Superman con Doomsday, el cual también fue todo un éxito, dada la enorme calidad interpretativa que demostró el elenco de actores escogido para narrar el acontecimiento. Una década después, dicho audiobook fue comercializado en CD, ante la imposibilidad de conseguir la propuesta original en dos cintas de cassette.

De todas formas, y lejos del artificio propio que esconde toda campaña publicitaria, la verdadera sorpresa estaba dentro de las páginas de la historia en sí y no en las ediciones especiales, ni nada por el estilo.

Y es que, si se confeccionara un ranking de narraciones gráficas duras y difíciles de leer, posiblemente, La muerte de Superman sea una de las que encabece la lista.

Admito que el componente emocional multiplica, de manera exponencial, dicha sensación, pero no es menos cierto que el trabajo de los escritores pone el acento en el dramatismo y en una atmósfera tan densa como difícil de respirar.

Al principio, es difícil de creer que aquella mole de color gris terminará poniendo en jaque al hombre de acero. Su ansia por destruir todo lo que se pone por delante lo empareja con otros dementes villanos del mundo gráfico. Quizás por esa razón, los dos primeros números no sean tan sorprendentes como uno pudiera pensar, sensación que pronto cambiará al ver el comportamiento amoral y sanguinario que domina las acciones de aquel ser desconocido, pero letal. Para él, todo lo que se cruza en su camino es susceptible de ser destruido, aniquilado y/o asesinado, sin ningún tipo de reparo, tal cual experimentarán, en sus carnes, los miembros de la Justice League International (Guy Gardner, Blue Beetle, Booster Gold, Maxima, Fire, Ice, y Bloodwynd) quienes tuvieron la poca fortuna de estar en el lugar equivocado, en el momento justo.

Será Superman quien, cuando todo parece perdido, trate de equilibrar la balanza y de salvar cuantas más vidas mejor.

Una vez que el héroe se las ve cara a cara con Doomsday los peores temores se confirman. Ni siquiera Superman está en disposición de acabar con la estela de muerte y destrucción que deja, tras de sí, la criatura de bíblico nombre. O, por lo menos, el sacrificio al que deberá exponerse si quiere lograrlo, deberá ser el último y definitivo.

En el momento en el que Clark Kent/ Superman se despide de Lois, antes de volver al campo de batalla en el que se ha convertido la ciudad –en la séptima splash-page del Superman# 75-, las pocas dudas que pudieran quedar sobre el resultado final de la contienda se desvanecen.

A partir de ese momento todos seremos testigos de una lucha a muerte, agónica y vacía de toda esperanza. Una lucha sin una razón, como grita Lois Lane, mientras trata de evitar que aquel engendro acabe con su vida “What is he?…What does he want?” Una lucha entre el héroe de varias generaciones de habitantes del planeta Tierra y un ser que representa lo peor de la madre naturaleza.

La prosa que acompaña las últimas siete páginas del Superman# 75, escritas por Dan Jurgens, bien pudieran haber sido escritas por Joseph Campbell, dado que funcionan tanto a modo de canto fúnebre como de epitafio tras la pérdida de un ser excepcional, capaz de sacrificarse por sus semejantes sin tan siquiera cuestionarse su final.

En la página 21, ambos antagonistas sellan su destino con un golpe final que hizo temblar los propios cimientos de la ciudad de Metrópolis. Ya sólo queda tiempo para que Lois se acerque hasta Superman o, mejor dicho, hasta su pareja, Clark Kent, quien, antes de morir, aún tiene fuerzas para preguntarle a Lois si Doomsday está muerto.

Estos instantes finales se muestran en un desplegable –el cual ocupa las últimas páginas del Superman# 75– y funcionan como una suerte de telón de fondo, mientras los restos de la capa roja del héroe presiden la escena, la cual está marcada por la desolación de Lois Lane, de Jimmy Olsen y de todos los que asistimos al momento en el que se ponía fin a la sensación de seguridad que te invadía cuando Superman aparecía volando en el cielo para poner las cosas en su sitio.

Inmediatamente después de la publicación de Superman# 75 llegaría a las librerías el siguiente arco argumental de esta tragedia gráfica, titulado World without Superman: Funeral for a Friend (Action Comics #685-686, Adventures of Superman #498-500, Justice League America #70, Superman vol. 2, #76-77, Superman: The Legacy of Superman #1 y Superman: The Man of Steel #20-21) en un mundo que empieza a despertar de la pesadilla que acaba de presenciar.

Superman Funeral for a friend

En estos números seremos testigos de cómo, hasta que ya no quedó ninguna esperanza, hubo personas que quisieron tratar de reanimar a Superman, en una angustiosa y baldía carrera contra reloj. Una vez que se desvanece toda esperanza es hora de empezar con los preparativos para las honras fúnebres, y llorar en soledad la pérdida de un amigo.
Ya se sabe que cada uno lleva este tipo de situaciones como buenamente puede, pero todo el arco argumental pone especial énfasis en recoger las reacciones y los sentimientos de quienes compartieron su vida con la del héroe, en mayor o menor medida.

Llegado el momento de honrar al héroe caído no sólo acudieron todos los héroes de la editorial, sino hasta el, por aquel entonces, Presidente de los Estados Unidos de América, Bill Clinton, acompañado de su esposa, Hillary.

Funeral for a Friend termina con dos números, Superman the Man of Steel# 21 y Superman# 77, dedicados, en buena parte, a los padres del héroe, los cuales deben aceptar una dura y triste realidad; es decir, la pérdida de un hijo, una realidad que acaba por pasarle factura a Jonathan Kent.

La última página del Superman# 77 es el punto y final de dos arcos argumentales que encogieron los corazones de los lectores que, durante más de cinco décadas, habían comprado y leído las historias del hombre de acero y sin una aparente vuelta atrás.

Tras tres meses sin una sola colección del personaje –una circunstancia que no sucedía desde finales de los años treinta, del pasado siglo XX- y luego de la publicación de número 500 de la colección Adventures of Superman, la editorial DC anunció la salida del tercer arco argumental, titulado  Reign of the Supermen! (Action Comics #687-691, Adventures of Superman #501-505, Superman vol. 2, #78-82, Superman: The Man of Steel #22-26 y Green Lantern vol. 3, #46) que supuso la llegada de cuatro héroes reclamando el trono de Superman.

Para muchos, este regreso vino acompañado de un cierto alivio al comprobar que su héroe favorito sólo se había marchado unos meses y que, una vez pasado ese tiempo, regresaría a las estanterías de las librerías como si tal cosa.

Reign of Superman

Otros, en cambio, pensamos que gran parte del dramatismo logrado con los primeros arcos argumentales se perdía al tratar de justificar un regreso que, por momentos, sólo parecía estar apoyado sobre unas bases claramente mercantilistas, pero que no lograban justificar el hecho en sí.

Sea como fuere, Superman regresó para quedarse y su impronta volvió a brillar dentro de la sacrosanta trilogía de la editorial DC Comics, junto a Batman y Wonder Woman.

Una década después, Dan Jurgens, regresó al momento en el que Superman murió, y de la mano del periodista del Daily Planet, Ty Duffy, repasará todo lo que sucedió durante aquel fatídico día en el que el “juicio final” fue una realidad y no una página en un libro sagrado. Lo mejor de esta historia, dividida en cuatro partes, son las reflexiones finales del héroe, reales y humanas. Day of Doom bien pudiera ser considerada como el epílogo de los dos primeros arcos argumentales ya comentados, y ejercer de punto final a toda la saga conocida como La muerte de Superman.

Posteriores revisiones del engendro Doomsday, tales como Hunter/ Prey, Doomsday War, Return of Doomsday y Reign of Doomsday aportan algún que otro dato sobre el origen y la personalidad del engendro, pero terminan siendo más una excusa para que el lector haga su pedido mensual de comic en su librería habitual que otra cosa.

Y en cuanto a las ediciones completas de toda la saga -tras las ediciones incompletas y de hoja caduca comercializadas por ediciones Zinco en aquellos momentos-  en la actualidad sólo se puede conseguir, de forma más o menos asequible, la versión Omnibus, comercializada por DC Comics hace tan sólo unos meses, que, salvo por el número 70 de la serie Justice League, recoge todos los números de los tres arcos argumentales publicados en su día.

En el año 2008, Planeta DeAgostini comercializó un tomo de 800 páginas –sí, así como suena, aunque la versión Omnibus tiene 1124- que contaba con una selección de material extra.

El lujoso tomo era la versión española del tomo The Death and Return of Superman Omnibus americano, comercializado en septiembre del año 2007, el cual, y por causas que se me escapan, no reproducía toda la saga en su totalidad, además de omitir las páginas de algunos de los números publicados.

Visto sin el afán completista de muchos lectores, los errores no dificultan demasiado el entendimiento a la hora de la lectura, pero sí que es cierto que algunas de las omisiones se dejan notar.

Aun así, la propuesta de Planeta DeAgostini es la única opción de leer, en lengua castellana, la saga de La Muerte de Superman, aunque mi recomendación es que, si se quiere leer en su totalidad, se busquen los números originales de los dos primeros arcos argumentales, más los números The Adventures of Superman# 500 y The Legacy of Superman# 1 y disfruten con la lectura. En cuanto al tercer arco argumental, Reign of the Supermen!, lo dejo a la libre elección de cada uno.

Lo cierto es que ya han pasado 75 años desde que la idea de dos jóvenes, Jerry Siegel y Joe Shuster, lograra ver la luz –para deleite de muchos- y dos décadas desde que el héroe llegado desde el extinto planeta Kripton aterrizara en Nueva Jersey…perdón, en Smallville… y muriera. ¿Dónde tendrá uno la cabeza a estas alturas?…  Y pasen los años que pasen, siempre permanecerá, imborrable, en nuestra memoria aquel aciago día en el que Superman murió.

La muerte de Superman

1 COMENTARIO

  1. hola no soy fan de superman, pero siempre he querido encontrar los tomos de una de sus muertes que no pude terminar de leer en su epoca.
    solo recuerdo que superman estaba muerto y al no tener familares cercanos, su cadaver es recogido por lex luthor y este hace un deshuase con sus organos vendiendolos al mejor postor a criminales ,ricachones y guardandose para el su corazon….lo que traia una nueva era de supermaleantes o antiheroes….eso lo lei a principio de los 80s era una edicion mexicana….si pudieras ayudarme a conseguir informacion sobre que paso despues te estare muy agradecido….

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