Crítica: «El legado de Bourne» con Jeremy Renner

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Género: Acción | Thriller
País: Estados Unidos
Año: 2012
Duración: 135 mins.
Fecha de estreno Estados Unidos: 10 de Agosto de 2012
Fecha de estreno España: 15 de Agosto de 2012
Web: www.ellegadodebourne.es

Dirección – Tony Gilroy | Guión – Tony Gilroy, Dan Gilroy | Producción – Patrick Crowley, Frank Marshall, Ben Smith, Jeffrey M. Weiner | Montaje – John Gilroy | Fotografía– Robert Elswit | Música – James Newton Howard

Reparto: Jeremy Renner (Aaron Cross), Rachel Weisz (Marta Shearing), Edward Norton (Eric Byer), Joan Allen (Pamela Landy), Albert Finney (Dr. Albert Hirsch), Oscar Isaac (Nº 3), Stacy Keach (Turso), Scott Glenn (Ezra Kramer), David Strathairn (Noah Vosen)

Tony Gilroy estaba ante una difícil papeleta con El Legado de Bourne. Guionista de la saga y director de dos notables producciones sobre espionaje (Duplicity y Michael Clayton), el neoyorkino ahora debía insuflar de vida a una franquicia finiquitada, con un nuevo héroe y una nueva historia capaces de generar si no nuevas secuelas, sí convertirse en uno de los títulos del año.

¡Pero es Tony Gilroy! ¿Qué puede salir mal? Para empezar, Matt Damon, Jason Bourne de aquí a la eternidad, se llenó la boca criticando al trabajo del guionista en El Ultimátum de Bourne (en una entrevista concedida a GQ). Y matizó sus declaraciones de esta forma: “Creo que si no funciona, simplemente podemos ignorarla y hacer como si nunca ocurrió y quedará bien. Pero espero que funcione y nos sirva de ayuda si volvemos a la franquicia, lo cual me encantaría”. Duras palabras.

Así con todo, Gilroy no se amilanó y con Jeremy Renner como nuevo protagonista ha construido una historia que transcurre en paralelo a los acontecimientos de la anterior entrega de la saga. Evitándose de esta forma grandes justificaciones para dar cohesión a la historia. Si hay un agente perseguido, ¿por qué no puede haber otro? Ello no evita, sin embargo, que los que no conozcan las películas predecesoras se pierdan durante los primeros compases del metraje. El director y guionista hace continuas alusiones (rescatando incluso algún que otro plano) a los actos de Bourne y las consecuencias que tienen (o pueden tener) en el aparato militar y de espionaje norteamericano. Se da todo por sabido, por lo que la parte de la platea que entre de nuevas en la saga se sentirá aturdida por la cantidad de información que se le está escapando.

Por suerte para estos, en el momento en que Aaron Cross (Jeremy Renner) es presentado (después de vivir su particular Infierno Blanco), la película se olvida de las tramas conspirativas, la política y el thriller, y vuelve a los derroteros originales de la franquicia: un agente se convierte en una molestia para la CIA e inician una cacería para acabar con él y salvar así, sus programas secretos de inteligencia.

Aunque ahora contamos con una ligera (pero determinante) diferencia. Aaron Cross sabe quién le persigue y por qué.

Este elemento, clave para el desarrollo de la trama en la trilogía original ha sido sustituido por otro que se materializa de forma tangible y que, por suerte, encuentra su desenlace en este film y no tendría continuidad en futuras e hipotéticas entregas. Por suerte, sí. El planteamiento es risible, no se explota como es debido y (por mucho que digan algunos críticos) no es original. A la mente me vienen un par de películas protagonizadas por Robert de Niro que, de una u otra forma, jugaban con situaciones que guardaban ciertas similitudes.

Un arranque que desconecta más que engancha (aunque apreciado por los fans) y un McGuffin efectivo pero vergonzante son dos de los problemas con los que tiene que lidiar una película que se limita a calcar el esquema de las anteriores durante 135 largos minutos. El ritmo de la narración está un poco descompensado, lo que lleva a una primera parte del film donde la acción aparece a cuenta gotas (muy bien realizadas, eso sí) y una eterna persecución final con una suerte de T-1000 (¡qué pesado, no se rinde nunca!), resuelta en dos patadas.

Y es una pena, porque herramientas y recursos había de sobra para explorar (y explotar) las posibilidades que ofrecía la saga. En un futuro, quizás.

A pesar de todo, El Legado de Bourne tiene aspectos muy reseñables. El primero es la alegría que produce comprobar que el equipo de cámara se ha comprado un trípode. El segundo es un casting de secundarios interesantísimo en el que destacan las breves apariciones de Zeljko Ivanek y de Oscar Isaac. Y el tercero (no por ello menos importante), Rachel Weisz. Ya sea haciendo de florero o de motor de la historia, ya sea participando en “joyas” como Detrás de las paredes o joyas como My Blueberry Nights, siempre es un placer disfrutar de ella.

Si El legado de Bourne no funciona simplemente podemos ignorarla. Y si funciona solo puede ir a mejor.