Crítica: “Dolor y dinero”

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Género: Acción | Thriller
País: Estados Unidos
Año: 2013
Duración: 129 mins.
Fecha de estreno EEUU: 26 de Abril de 2013
Fecha de estreno España: 30 de Agosto de 2013
Web oficial: www.dolorydinero.es

Reparto: Dwayne Johnson (Paul Doyle), Mark Wahlberg (Daniel Lugo), Ed Harris (Ed DuBois), Anthony Mackie (Adrian Doorbal), Bar Paly (Sorina Luminita), Tony Shalhoub (Victor Kershaw), Rob Corddry (John Mese), Rebel Wilson (Robin Peck)

Dolor y dinero es el reverso tenebroso del sueño americano. Es un tartazo en la cara a esas películas de los años ochenta en las que el protagonista conseguía que sus fantasías se hicieran realidad con trabajo duro y un poco de suerte. Aquí el lujo se obtiene con el sufrimiento ajeno, y si es necesario, por el camino de la sierra mecánica. Lo peor de todo es que esto, salvando las licencias poéticas que se ha tomado el director, ha ocurrido de verdad.

Cuando en Hollywood no utilizan una franquicia preexistente para vender sus películas, lo siguiente en la lista de elementos de marketing válidos para los ejecutivos son cuatro palabras mágicas: Basado en hechos reales. Utilizando como base tres extensos artículos aparecidos en el Miami New Times, los guionistas del film construyeron esta farragosa historia de victoria a toda costa protagonizada por gente con muy pocas luces. Sin conocer el tono que estos escritores le dieron a su libreto original, su suerte y nuestra desgracia se manifestaron por obra y gracia de Michael Bay.

Trece años han pasado hasta que el director ha conseguido llevar a la gran pantalla esta pequeña historia. Su responsabilidad para con los robots transformables de Hasbro le ha tenido ocupado con una de las franquicias de mayor éxito de los últimos años y ha sido la generosidad de Paramount la que ha logrado que este proyecto personal llegara a buen puerto. Sin embargo, y lejos de lo que pudiéramos pensar, el director no hace más que volver a utilizar los mismos trucos aprendidos durante la gestación de su pantagruélica filmografía.

Michael Bay se repite, y eso es un hecho probado desde que descubrió el travelling circular. Tiene ya esas vías de trescientos sesenta grados más gastadas que su lista de recursos narrativos y es que el californiano ya no sabe contar historias de otra manera. No nos dejemos engañar por el ajustado presupuesto de esta cinta. Al director de Pearl Harbour nadie le dice que no, y si hay que volver a montar un plano secuencia que atraviese las habitaciones de un motel para mostrar dos conversaciones en paralelo, parece no haber problema alguno aunque no sea la primera vez que lo pone en práctica y ese hallazgo solo le haga gracia a él mismo.

Dejando a un lado que el casting de personajes principales nos pueda parecer más o menos soso, observamos de nuevo otra manía (o gesto de autor, que dirán algunos) del realizador, cuando arropa a su elenco con un puñado enorme de actores cómicos para repetir la ya habitual estrategia de dejarles improvisar y conseguir supuestos momentos hilarantes. Teniendo en cuenta que el metraje de la cinta supera los 120 minutos, no es necesario decir que una vez más Michael Bay peca de no saber dónde y cuándo cortar.

Si en el reparto alguien destaca por encima de todos es Ed Harris, que repite aquí con el director de La Roca sin quedar muy claro quién le debía un favor a quién. A pesar de aparecer tarde en la trama, bien merece aguantar hasta casi el tercer acto, donde demuestra que sigue inundando la pantalla con su presencia pese a su reducido papel en la trama.

A pesar de todos los problemas que arrastra Dolor y dinero, no deja de ser una comedia negra entretenida y disfrutable dejando las expectativas en la puerta de la sala. Si no se desconecta el cerebro, se corre el riesgo de llegar a la conclusión de que los protagonistas de la cinta, a los que se retrata como auténticos mastuerzos, no son más que el producto de un sueño americano inalcanzable para muchos y aun así alimentado en gran medida por los productos creados en Hollywood. Pensar que Michael Bay se está riendo de su audiencia sería hilar demasiado fino, ¿verdad?