Crítica: ‘ANNABELLE VUELVE A CASA’. Reencuentro

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Primera imagen de 'Annabelle vuelve a casa', con Vera Farmiga como Lorraine Warren.
Primera imagen de 'Annabelle vuelve a casa', con Vera Farmiga como Lorraine Warren.

Después de debutar en el prólogo de la primera entrega de Expediente Warren, la muñeca Annabelle se convirtió en un icono del cine de terror moderno, aunque desgraciadamente desaprovechado. De los diferentes spin offs de la franquicia, las dos anteriores entregas de Annabelle han marcado el listón más bajo. Quizás sea por las bajas expectativas, quizás el regreso (de manera secundaria) de Vera Farmiga y Patrick Wilson como el matrimonio Warren, o porque ante las malas críticas de los anteriores trabajos James Wan y su equipo hayan decidido tomarse las cosas más en serio, lo cierto es que Annabelle vuelve a casa, tercera entrega en solitario de la tenebrosa muñeca, por fin, resulta, cuanto menos, satisfactoria.

No nos engañemos, no es una película original, ni mucho menos. No cuenta nada que no hayamos visto antes; sin embargo, este debut como director del guionista Gary Dauberman recupera la atmósfera y el terror perdido en los episodios anteriores.

A partir de una premisa simple, el cineasta nos lleva de visita a la feria y nos mete de lleno en la Casa del Terror. Annabelle recupera su presencia inquietante, incorporamos otros nuevos como La Novia o el barquero y se sabe sacar partido a todo el entorno de la casa.

Las tres protagonistas de Annabelle vuelve a casa cumplen con sus respectivos papeles, especialmente la joven Mckenna Grace, y nos guían por esta atracción repleta de tensión, sustos y figuras inquietantes.

Al final quizás todo resulta demasiado inofensivo, pero, al menos, uno sale de la película con la agradable sensación de haber visto, por fin, una película de terror.