Johannes Roberts lleva 25 años desarrollando de manera discreta una carrera cinematográfica apoyada sobre todo en una conciencia de fantástico de serie B. No se trata sólo de los presupuestos que maneja, sino que sus películas representan ese espíritu desprejuiciado y de divertimento, sin ínfulas de autor ni excusas sociales de fondo. No decimos que esto haga sus películas mejores o peores, pero sí marca una hoja de ruta. No pretende redefinir el género, pero sí ofrecer a sus espectadores productos realizados con artesanía y eficacia.

Terror animal en el festival de Sitges

Primate, película que pudimos ver en la pasada edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña Sitges, no es el colmo de la originalidad. No es la primera vez que vemos a un simio homicida en la gran pantalla y películas sobre personajes sitiados por animales infectados son casi un subgénero en sí mismas (un, dos, tres, responda otra vez, Cujo).

El argumento de la película tampoco pretende sorprender por su originalidad o su complejidad (un grupo de adolescentes queda atrapado en una casa con un mono infectado de rabia).

El perfil de los personajes tampoco es que sea nada del otro mundo, ni las interpretaciones de un reparto mayoritariamente femenino nada del otro jueves. Si acaso, nos quedamos con la labor del actor bajo el disfraz de chimpancé, Miguel Torres Umba, por la estupenda fisicidad del rol.

Pinceladas emocionales bajo la piel del terror

Hay algún componente curioso a la hora de generar un cierto componente emocional, como es la gestión del duelo por la madre muerta, el papel del chimpancé como asidero emocional que mantiene unida a la familia ante la pérdida, o la humanización del primate a través de sus habilidades lingüísticas, y su regreso a un estado primitivo cuando queda infectado por la rabia. Sin embargo, Roberts evita explorar todo esto. Lo usa como pinceladas para dar un barniz emocional a la historia, pero rápidamente pasa a la acción y se concentra en crear un relato de tensión y violencia.

Primate, de Johannes Roberts. (c) Paramount Pictures
Primate, de Johannes Roberts. (c) Paramount Pictures

Eficacia narrativa y espíritu práctico

La puesta en escena es eficaz y dinámica, directa al grano, con un buen control del ritmo y la tensión de cada secuencia. El montaje es una herramienta fundamental en todo esto. La música, aunque efectiva a la hora de generar tensión, sí nos resulta machacona y repetitiva. Manteniendo su espíritu de serie B (24 millones de dólares de presupuesto), la cinta no cuenta con grandes efectos, pero sí sabe sacar provecho de la necesidad. Lo más complejo era conseguir que el chimpancé fuera creíble y amenazador, sin tirar de animales adiestrados, ni de efectos digitales, que encarecerían y harían más complicada la película.

El traje de simio, unido a la labor de fotografía y montaje para camuflarlo lo máximo posible, cumple con su función, al mismo tiempo que Roberts hace suya una vieja máxima de la serie B, esconder a la criatura lo máximo posible.

Violencia y gore sin concesiones

Una de las cosas más llamativas de la película, a favor para los fans del género, es su inesperado nivel de violencia y gore. Aunque está protagonizada por personajes adolescentes, y sigue el esquema habitual de esas películas de terror juveniles que tanto proliferan, frente a ellas, Roberts opta por no suavizar la crudeza de las imágenes, sino todo lo contrario. Ya desde el prólogo, le deja claro al espectador que esta no es la típica película de terror comercial adolescente. La contundencia del mensaje del director la pudimos confirmar in situ en la sala, con las exclamaciones de sorpresa en el público ante la primera secuencia gore de la cinta.

Primate es, por lo tanto, un goloso producto de entretenimiento para un público que busque terror de la vieja escuela, con buenos efectos prácticos, una trama sencilla y directa, y sin aspiraciones de trascendencia. ¿Poco original y con una temática muy vista? Sí, pero tampoco pretende presumir de lo contrario. Además, ¿quién se resiste a repetir cuando ya hemos probado ese bombón que tanto nos gusta?