THE WALKING DEAD. PRIMERA TEMPORADA COMPLETA

[dcs_img width=»212″ height=»300″ thumb=»true» framed=»black» mleft=»15″ author=»Avalon» desc=»The Walking Dead. Temporada 1″
lightbox=»true» title=»The Walking Dead. Temporada 1″ pos=»right» mright=»15″]https://tumbaabierta.com/beta/wp-content/uploads/2011/04/caratula_walking_dead.jpg[/dcs_img]AVALON lanzará en España en DVD y Blu-Ray The Walking Dead, serie revelación de la temporada, el próximo 30 de mayo con tres ediciones diferentes con los más completos y exclusivos extras.

TRON, HACE 28 AÑOS

¿Se acuerdan del videojuego llamado comúnmente en nuestro país “Marcianitos” –Space Invader– en su versión original? ¿Aquella máquina donde te pasabas media tarde matando todo tipo de platillos volantes al mando de tú nave estelar,  la cual se movía de izquierda a derecha de manera frenética, hasta que te dolía la mano?

TERMINA LA FASE ESPAÑOLA DEL RODAJE DE «RED LIGHTS»

Red lights, el tercer largometraje de Rodrigo Cortés y su primera película tras el éxito internacional de Buried (Enterrado), acaba de concluir en Barcelona su fase española de rodaje. El director y su equipo continuarán el rodaje en Canadá, durante tres semanas más, rodando en localizaciones de Toronto y la provincia de Ontario.

EL VIEJO Y EL MAR. Y EL EXTRAÑO. Y EL KRAKEN

El extraño llegó por el sendero del risco. Cojeaba de la pierna derecha, no de un modo pronunciado, sino con un ligero vaivén, como una barca amarrada en un día de leve marejada. Caminó arrebujado en su abrigo, con una mano escondida en el bolsillo y la otra agarrando una enorme bolsa de lona. El cielo estaba encapotado y soplaba viento del norte. No le importó.

RELATO: PERSECUCIÓN

Como quien, por sendero solitario,
Camina temeroso,
Y habiendo vuelto la cabeza, sigue
Sin volverla ya nunca,
Pues sabe que un terrible
Demonio, muy cerca, sus huellas va pisando.

S. M. Coleridge

Sin duda el final de aquel hombre era inevitable. Su rostro se empapó súbitamente por un sudor frío e intenso. El miedo ahogó sus sentidos y también su valor. Su expresión había experimentado un repugnante cambio asociado a las innumerables situaciones de espanto de las cuales había sido testigo durante su estadía en aquella isla paradisíaca y contaminada de horrores.

Recordó aquel último desembarco hecho en aquellas tierras malditas y también el feroz griterío de sus fieles camaradas al traspasar la espesura de un bosque expectante. Recordó tormentas y combates, tesoros y mujeres… visualizó aquella frase que rebanó los sesos de los que ya habían tocado tierra. ¡Traidores! ¡Mueran malditos traidores! ¡Traición! Y con tristeza e impotencia dibujó en su mente el triste recuerdo que azotaba su hombría… aquel flamear de su negro estandarte alejándose de esas costas hacia mares profundos. Gorky, Julius, Philips… valientes corsarios… todos muertos y mutilados por aquellas especies anormales.

Percibió de pronto aquel nauseabundo aroma… el que acompañaba a cada noche de espanto. Quiso no pensar en su actual realidad y olvidar los acontecimientos que lo habían hecho palidecer durante su permanencia en aquella isla. No pudo, el fétido olor a materia descompuesta se apoderó del panorama. Ya no había escapatoria. Sus compañeros – lo que quedaba de ellos – aún flotaban en el húmedo pozo de piedra. La oscuridad envolvía el lugar con su manto de muerte, su cuerpo sería el próximo alimento para esas innombrables cosas de aspecto humano. Allí afuera lo esperaban. No podría con ellas… empuñó su filosa arma… estaba seguro de lo que ocurriría en los próximos minutos… esos seres inmundos querían robar su sangre. Dominaban la isla y a todo ser vivo. No morían, sus tejidos podían regenerarse.

¿Qué hacer? Apretó con fuerza su espada… la puso en su cuello y sintió como su filo creo una tibia gotera de color rojo. ¡No! Un guerrero no desaparecía de ese modo… pensó en su barco, en sus tierras, en su mar y en los traidores mercenarios. El fétido aroma lo rodeó por completo. Ya no había duda, aquellos seres lo esperaban en las afueras de la madriguera. ¿Cuántos eran?, cerró sus ojos y saltó hacia las fauces de una noche devoradora, en donde su propio fin lo esperaba…

Los primeros aplausos se dejaron escuchar en el fondo de la sala. El telón cayó lentamente y las luces laterales encendieron sus ojos repentinamente. Horacio dejó que los demás espectadores abandonaran la sala. Después tomó su abrigo y buscó la salida. Esa noche, la mediocre asistencia y el viejo teatro habían hecho enfriar los huesos de la audiencia. Horacio lo sintió, encendió un cigarrillo y se camufló en su grueso ropaje antes de abandonar el antiguo edificio.

Las calles de su ciudad parecían tranquilas, miró su reloj y comprobó lo tarde que era. Su mujer lo estaría esperando, no le creería la noble causa de su retraso, lo rechazaría por tres noches y se lo contaría a sus amigas… conocía la rutina.

Decidió entonces conseguir unos buenos pasteles y algo de beber, obviamente compartiría el botín con su impaciente compañera, aquella era una excelente oportunidad. Tomó la avenida San Agustín y dobló a la izquierda por la calle universitaria, sabía que cien metros mas arriba encontraría un local que lo abastecería… tomaría también un buen café. Pensó en la soledad que envolvía la calle y en los miles de pies que la atormentaban cada día. Nada ni nadie en el ambiente… una leve llovizna y un lejano bocinazo, ideal para sentirse en soledad y encender un nuevo cigarrillo. Se sumió en esa tranquilidad extrema y distinguió a lo lejos un bulto que se acercaba por la vereda del frente. El cigarrillo se humedeció y su calma tomó entonces otro rumbo. Sabía que aquellas calles no eran peligrosas, aunque su desconfianza le dijo otra cosa.

Siguió su camino y no se involucró con aquellos pensamientos. Aquel diminuto bulto quizás tomaría la derecha antes de cruzar la próxima calle. El frío otoñal pronto se hizo sentir. Necesitaba un café con urgencia, no tardaría en abordar el almacén.

La silueta cruzó de improviso la calle, Horacio se sobresaltó. Ahora caminaban de frente y por la misma vereda ¡Seguro que doblará antes de pisar el próximo paso de cebra!

Horacio miró a su alrededor y comprobó que estaba solo, la silueta venía hacia él, sin duda el encuentro sería inevitable ¿Tendría arma? ¿Quizás no? ¿Cómo saberlo? Sus músculos sintieron el roce con el otro cuerpo, el que prosiguió su camino con naturalidad. El peligro había pasado. ¿Pero, acaso no había visto ese rostro en una de las butacas del cine?

Recordó y comprobó con lucidez su descubrimiento. ¡Sí! Aquella silueta de negro aspecto y puntiagudo capuchón que ahora se alejaba, era la misma que estuvo a su lado en el teatro, no tendría por que preocuparse pues era solo una mujer… una pálida y delgada mujer de grandes ojos y negro cabello… pero, ¿qué hacía a esas altas horas de la noche? ¿Y en una calle tan solitaria como aquella? Ir solo al cine en una noche otoñal era solo privilegio de los hombres de la ciudad. ¡No! No pretendía ser él reflejo de su padre, la mujer también tiene derechos y como buen ciudadano moderno, los respetaría…

Cuando pisó las baldosas interiores del café sintió el agradable recibimiento de un personal atractivo. Prefirió la barra y un cenicero. Sin duda era ese un buen momento, un buen y único momento. El local, algo deteriorado mostraba las viejas reminiscencias de un pasado lejano. Muebles, cortinajes, cristalería, todo allí era historia… Horacio era historia, su vida y sus gustos navegaban por las cosas y situaciones pasadas. Una buena tendencia y a la vez un excelente medio para escapar del mundo civilizado.

Un hombre de aspecto tosco y largas barbas entró de improviso al local, llevaba bajo su brazo un diario, tan antiguo y obsoleto como él mismo. Horacio lo miró con atención – no había duda, era él – y vio como aquel extraño se sentaba en el fondo de la sala, al lado del último ventanal. Un café y un plato de carne engrandecieron su mesa y un apetito feroz terminó con la diminuta despensa. ¡Sí! Era él. El viejo ermitaño de la calle Lautaro. Tan viejo y anciano como aquel bar de media noche. ¿Quién habrá sido aquel decrépito hombre de la mesa número ocho? Nadie en la ciudad lo sabía, ni siquiera Gastón, el que cada noche le servía los alimentos. Sin duda, un personaje típico para una comunidad ambigua y decadente.

Horacio lo miró por última vez, encendió un nuevo cigarrillo y se dispuso a cancelar su pedido. Pero, algo llamó aun más su atención… algo o mejor dicho alguien. ¡Sí! Ese alguien había detenido su paso exterior bruscamente y clavado su vista hacia el interior del local.

¿Pero? ¿Sería posible? No estaba equivocado. Allí, detrás del viejo ermitaño y del sucio cristal se posaba el rostro de una mujer encapuchada. Horacio la quiso ignorar pero no pudo pues la silueta de negro lo devoró con su frío mirar, ¿qué hacer? ¿Salir de allí e invitarle un café? ¿Preguntarle su nombre?

Estaba en estas reflexiones cuando algo fuera de lo normal rasgó el momento. Horacio sintió miedo, pues lo que sus ojos vieron en esos segundos marcó su depresiva realidad… y ella lo hizo de nuevo, sonrió con extraña maldad al momento en que sus labios superiores mostraron el nacimiento de dos filosas formas de respetable tamaño, ¿sería posible? ¿En pleno siglo veinte y en medio de una ciudad emergente? ¡No! Él era un creyente de verdad, su Dios lo salvaría… ¿un creyente de verdad? ¡Sí! un creyente creería tal situación…

El ermitaño de la calle Lautaro desapareció bruscamente y en su mesa quedaban los vestigios de una cena sin compañía. Horacio aún meditaba sobre lo fantástico de su visión, cuando una mano pequeña y voluminosa se paseó con leve prisa por su espalda.

–    Bien amigo… son tres mil pesos, con los pasteles que usted me ha pedido.

Horacio no respondió y sólo se limitó a cancelar. Pensó entonces en la próxima realidad. Tendría que abandonar el bar y luego correr por las calles ¿correr? ¿Acaso temía a aquella insólita visión? Bajó su vista y reconoció su cobardía…

El frío traspasó de inmediato sus ropas y se aferró a sus blancos huesos, entonces pensó rápido y muy decidido. Tomaría el último microbús, su presupuesto no le permitía abordar un taxi. Caminó deprisa, miró por sobre su hombro una y otra vez. Se sentía extraño, observado, perseguido por alguien. ¡Sí! Aquella repugnante mujer de horrible dentadura lo observaba desde algún escondido lugar…

Cruzó la calle asfaltada y vio a lo lejos las luces que salvarían su angustioso pasar. Saltaría a ese rectángulo de acero y disfrutaría de un espléndido viaje. Dos monedas aseguraron su entrada y una tosca y curtida cara le hicieron la bienvenida. Conducir hasta esas horas mata el cuerpo y cansa la mente… aquel conductor lo podría confirmar.

El microbús tomó la calle Alcatraz y se detuvo en un semáforo. Buenas noches y gracias por su atención. Dos etílicos varones, educados y bien vestidos hicieron su desembarco, Horacio sonrió con disimulo. Un nuevo semáforo, un nuevo desembarco. Esta vez una pareja de alternativos estudiantes. Un cruce ferroviario y un hombre comido por el espanto. ¡No! ¡No! ¡No podía ser! ¿Sería una pesadilla? ¡No! Se trataba de un hecho real… perfectamente real… y Horacio volteó nuevamente su cabeza y la imagen confirmó su presencia. Allí estaba, pasiva y en el último asiento la pálida mujer de negro capuchón ¿qué hacer? Nadie lo ayudaría, nadie le creería su historia. Un nuevo horror le carcomió el cerebro. Entonces quiso razonar con cordura y evacuar de sus sentidos aquellos pensamientos vampirescos.

Y comenzó a contar las cuadras que lo separaban de su hogar y los pasajeros que lo acompañaban en ese viaje infernal. No pudo. Aquellos filosos colmillos no lo dejaron pensar… aquella horrible mujer… aquella maligna presencia. Trató de ocultar su nerviosismo y miró por la ventanilla, afuera la oscuridad de las calles evidenciaba un nuevo corte de energía. No era su día. Miró por tercera vez por sobre su hombro. Contó los pasajeros con mucho esfuerzo. Un dormilón hombrecillo de sucio aspecto y un par de chiquillos nocturnos. Allá, atrás y en el último asiento, dos formas disparejas que brotaban de una boca carnosa. Horacio no aguantó más. Saltó de improviso de su asiento y esperó la próxima parada…

Cuando vio alejarse al microbús y a sus cinco pasajeros, la tranquilidad volvió a sus venas. Ahora sólo tendría que caminar unas cuantas cuadras más de lo previsto, no importaba pues ya estaba a salvo de aquella mujer. ¿Qué? ¡No! El microbús se detuvo en la esquina siguiente y de él bajó una negra silueta. Pobre tonto, ¿cuándo aprenderás?

Entonces corrió como lo hace el ladrón nocturno y no quiso mirar hacia atrás. Por suerte conocía esas calles. La carrera se hizo dramática, el sudor empapó su camisa y también sus doloridos pies. Los pasteles cayeron al granoso pavimento. ¡Nadie! ¡Ni luces! ¡Ni vehículos! Juró no volver a ese teatro maldito. Y su corazón volvió a su sitio cuando a veinte metros de aquella oscuridad absoluta divisó el umbral de su tranquilo hogar. Cruzó la puerta y comprobó que el apagón era general. El tercero de esa semana. ¡Mala suerte! Adiós pasteles, adiós velada, adiós sorpresa. Pensó en su mujer y se encaminó a su habitación.

–    Aunque me lo digas una y otra vez. ¡No te creo! Estás loco. Un niño podría creer esas porquerías y no un hombre como tú. Es mejor que te metas a la ducha y no salgas hasta que ese maldito sudor se vaya de tu cuerpo…

Ella no lo aceptaba. Sus explicaciones no eran convincentes. La casa siguió en penumbras. Se alumbró con su fiel linterna y acto seguido ingresó a la cocina, las tripas se lo exigieron. Dormiría en el sofá, su mujer no lo necesitaba… ¿una ducha? No la tomaría pues necesitaba comer, descansar, cerrar sus ojos y olvidar el bochornoso incidente.

Dos gruesas rebanadas de queso y un agregado de mayonesa completaron su fría cena. La cocina estaba en paz y muy sucia. Seguramente su mujer había tomado la tarde libre con sus amigas en aquellos lujosos cafés del centro. En las afueras, el barrio era presa de la pasiva oscuridad. Directo al sillón favorito pensó y cuando quiso salir de la sala, un leve ruido exterior lo hizo detenerse. Su tranquilidad una vez mas fue absorbida por la incertidumbre, ¿qué ocurría en el patio trasero? Entonces corrió la cortina de género y vio una escena que lo hizo tambalear y soltar de sus manos el alimento.

¿Podría ser cierto? ¡Sí! Ella estaba allí. Burlona y aún más pálida, mirándolo con sus ojos de muerte y devorándolo con su feroz dentadura…

Un susurro retumbó en las paredes. Horacio abrió el cajón de los cuchillos y esperó oculto en las tinieblas, aunque sabía que aquella raza podía ver lo que los humanos ignoran…

La puerta trasera de la sala se abrió. Horacio aferró con fuerzas su arma de procedencia japonesa y se dispuso a lo que un mortal haría en esos momentos… ¿al corazón? ¡Sí! Esa especie tiene también su punto débil. Él lo conocía. La puerta cedió y unas manos largas y huesudas emanaron de la oscuridad. La figura de largo capuchón profanó los dominios de Horacio y éste se abalanzó cuchillo en mano sobre el ser que lo atormentaría en los infiernos…

¡Un grito de dolor! ¡Unos largos y blancos colmillos cayendo por un precipicio! Unas manos que cambiaron de color y se hicieron rojas y pegajosas… un crimen que esa noche marcaría el inicio de una locura tormentosa.

–    Bien ¿Qué opinas de este asunto? – preguntó el policía más joven a su rechoncho compañero – ¿crees que el tipo premeditó su acto?
–    No lo sé… este asunto es cosa de locos. El hombre está bajo tratamiento psiquiátrico, quizás sus doctores nos puedan aclarar algo…
–    Un enfermo más para las sucias celdas del sanatorio…
–    ¿Y la mujer?
–    Mala suerte para ella…. los vecinos dicen que sufría de celos y que seguía a su marido por las calles… pobre mujer, no sabía que ésta sería su última noche…

31º FANTASPORTO

21 de febrero – 6 de marzo de 2011

PALMARÉS

Sección  Oficial de Cine Fantástico

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  • Premio al Mejor Largometraje – Gran Premio Fantasporto 2011: Two Eyes Staring – Elbert Van Strien – Holanda
  • Premio Especial del Jurado: A Serbian Film – Srdjan Spasojevic – Serbia
  • Mejor Dirección: I Saw the Devil – Kim Jee-woon – Corea del Sur
  • Mejor Actor: Axel Wedekind – Iron Doors – Stephen Manuel – Irlanda
  • Mejor Actriz: Seo Young-hee – Bedevilled – Jang Cheol-soo – Corea del Sur
  • Mejor Guión: Elbert van Strien, Paulo van Vliet – Two Eyes Staring – Elbert Van Strien – Holanda
  • Mejores Efectos Especiales: La Herencia Valdemar II: La Sombra prohibida – José Luis Alemán – España
  • Mejor Cortometraje: Brutal Relax – David Muñoz – España
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    Sección Oficial 21ª Semana de los Realizadores

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    • Premio al Mejor Largometraje de la Semana de los Realizadores – Premio Manoel de Oliveira: The Housemaid – Im Sang-Soo – Corea del Sur
    • Premio Especial del Jurado: Miyoko – Yoshifumi Tsubota – Japón
    • Mejor Realizador: Carancho – Pablo Trapero – Argentina
    • Mejor Guión: Miyoko – Yoshifumi Tsubota – Japón
    • Mejor Actor: Lee Jung-Jae – The Housemaid – Im Sang-Soo – Corea del Sur
    • Mejor Actriz: Jeon Do-yeon – The Housemaid – Im Sang-Soo – Corea del Sur
    • Mención Especial del Jurado de la Semana de los Realizadores: R U There – David Verbeek – Holanda

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    Sección Oficial Orient Express

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    • Premio Orient Express al Mejor Largometraje: I Saw the Devil – Kim Jee-woon – Corea del Sur
    • Premio Especial del Jurado Orient Express – Premio International Film Guide (IFG): Enemy at the Dead End – Owen Cho, Kim Sang-hwa – Corea del Sur

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    Premio de la Crítica: Rabies (Kalevet) – Aharon Keshales, Navot Papushado – Israel

    Premio del Público: The Extraordinary Adventures of Adèle Blanc-Sec – Luc Besson – Francia

    Premios a la trayectoria:
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    • Mick Garris
    • Maria de Medeiros
    • Paulo Trancoso
    • João Meneses

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    ARTURO TOMO 1: EL UNICO Y FUTURO REY

    Guión: Francisco Pérez Navarro
    Dibujo y Tinta: Martín Saurí
    Álbum tapa dura de 72 páginas en B/N
    ISBN: 978-84-679-0194-8
    Precio: 16 euros
    Norma Editorial[/dcs_p]

    Acercarse a una obra como Arturo siempre conlleva cierto respeto, sobre todo en una época en la que el estilo que impera en el mundo gráfico dista mucho de ser el que impregna el trabajo de Francisco Pérez Navarro y Martín Saurí. Las prisas, la inmediatez, las fechas de entrega del mercado actual, nada de eso tiene que ver con la minuciosidad y el cuidado que llevan aparejadas todas y cada una de las páginas de esta obra, adaptación gráfica de una de las leyendas más inmortales de la historia.

    Arturo es la historia del rey que logró que Bretaña fuera una tierra unida y un reino comandado por un líder capaz de aglutinar las voluntades de una mayoría dividida. Sin embargo, es también la historia del mago Merlín, de Uther Pendragon, de la reina Ygraine y de todos aquellos que pugnaban por hacerse con el control de un pedazo de tierra ensangrentada por luchas fraticidas.

    Pérez Navarro mezcla fuentes tan clásicas como Morte D’Arthur, de Sir Thomas Malory, pero le añade a los personajes de la leyenda una tridimensionalidad que potencia sus rasgos humanos. El escritor no se olvida, tampoco, del elemento mágico propio de la historia, simbolizado éste en Merlín. Junto a sus palabras están los sobresalientes dibujos de Martín Saurí, precisos, detallados y, en pocas palabras, bellísimos. Por momentos se tiene la sensación de estar delante de las páginas de un valioso y centenario códice medieval, soporte ideal para contar una epopeya de estas características.

    Puede que, para muchos lectores, acostumbrados al color, a las aventuras superheroicas o los tintes oscuros y deprimentes del llamado cómic alternativo, Arturo sea una obra difícil de asimilar. No obstante, sus cualidades no deberían pasar desapercibidas para todo amante del noveno arte.

    Arturo es una obra de autor, de dos autores para ser más exactos, quienes se empeñan con su trabajo en demostrar que el cómic es una disciplina artística tan valiosa como lo pueda ser la literatura, e igualmente digna. Bueno sería que gracias a trabajos como éste nuestra sociedad -y con ella la comunidad educativa- se dieran cuenta de las posibilidades que ofrece el arte gráfico para introducir contenidos didácticos en el aula, dotados de la fuerza y el espíritu que impregnan una obra como esta, en vez de los insulsos libros de textos. Y todo, gracias al trabajo de dos grandes autores españoles como lo son Francisco Pérez Navarro y Martín Saurí.

    HABLAN LOS PROTAGONISTAS DE «INVASIÓN A LA TIERRA»

    La superproducción Invasión a la tierra, de Sony, llegó a los cines españoles el viernes 1 de abril y con sus 332 copias se situó en el puesto número 1 del box office con 4.569 € por copia.

    LOS ZOMBIES DE DOLMEN BATEN RÉCORDS DE VENTA ONLINE

    Según el comunicado de de prensa distribuido por Dolmen Editorial, el viernes 1 de abril de 2011 tres de los títulos que componen la exitosa colección Zombi llegaban a las tres primeras posiciones de los libros digitales más vendidos en la plataforma de venta online de Apple (App Store)

    PISTOLETAZO DE SALIDA PARA «EL HOBBIT»

    Despues de  bregar con distintos problemas de calendarios y directores, el popular realizador Neozelandés Peter Jackson retoma las riendas de la saga creada por J.R.R.Tolkien con pulso firme, reparto completo y fechas de estrenos confirmadas.